El trabajo abstracto es un concepto central en el análisis del capitalismo y la teoría marxista. Este artículo profundiza en su definición, explorando cómo se diferencia del trabajo concreto y cómo influye en las relaciones laborales y la producción de valor. Para comprender mejor este concepto, es útil analizar las perspectivas de diferentes pensadores y las transformaciones que ha sufrido el trabajo en la era postfordista.
Perspectivas Filosóficas sobre el Trabajo
El estudio comparativo del concepto de trabajo en los pensamientos de Hegel y Marx revela diferencias notables. Hegel concibe el trabajo en un plano universal, abstracto y espiritual, como una actividad reelaboradora y formativa de la vida del ser humano, algo de carácter positivo para la humanidad. En contraste, Marx considera el trabajo como algo esencial del hombre en cuanto es un ser activo en el mundo.
El Trabajo Abstracto en el Contexto del Capitalismo
El capitalismo no se caracteriza simplemente por la presencia del trabajo, sino por la dominancia del trabajo abstracto (la producción de valor) sobre el trabajo concreto (la producción y mantenimiento de la riqueza material). Desde este punto de vista, el postcapitalismo contemporáneo se asemeja más al socialismo utópico del siglo XIX, que buscaba un éxodo del capitalismo más que terminar con el sistema.
Un eje central es que la famosa sentencia de Marx, según la cual las fuerzas productivas están encorsetadas por las relaciones de producción (y que en una sociedad postcapitalista podrían liberarse), debe leerse distinguiendo "producción de valor" de "producción de riqueza": la producción impulsada por la acumulación de valor es la cadena que constriñe la producción impulsada por el uso y la necesidad.
Teorías Postcapitalistas y el Trabajo
El anti-trabajo, el post-trabajo y la desagregación del trabajo del salario están en el corazón del pensamiento radical sobre el postfordismo, la precariedad, el trabajo cognitivo, el doméstico, los cuidados, la multitud, la renta básica universal, la automatización y el capitalismo de plataformas. De esa desagregación también serían herederos las teorías postcapitalistas actuales, que se desarrollan en paralelo al crecimiento de una “política prefigurativa” que demanda a los activistas “crear en el aquí y ahora el mundo que te gustaría ver” más que “comprometerse con un fin colectivo mediante medios vanguardistas” y que rechazan la revolución entendida como “toma del aparato de Estado”, la lucha de clases como foco desde donde analizar los cambios sociales, y al movimiento obrero y al trabajo mismo en la medida en que son percibidos como parte de un ideario productivista ensalzado por el sistema, pero que también fue parte del imaginario del “socialismo realmente existente”.
Por eso sería otra característica común de las tendencias postcapitalistas la contraposición con la llamada “izquierda tradicional”, aunque en la mayoría de los casos la categoría no esté claramente definida. De ese modo, no dan cuenta de la amplitud de las tradiciones socialistas o comunistas, sino que separan al movimiento obrero de sus alianzas con los movimientos sociales como si sus preocupaciones no fueran temas de la izquierda.
El Arte y el Trabajo Abstracto
Beech registra que, a diferencia de lo que ocurría en el “postcapitalismo histórico”, el actual no es art-friendly. El arte no forma parte de sus distintas prefiguraciones de un mundo postcapitalista. Para encarar esta contradicción, Beech se propone resituar el origen histórico de esta “hostilidad” del arte al capitalismo, poniendo eje en su relación con el trabajo. Sus raíces, dirá, están en la transición entre artesano y artista de los siglos XVII y XVIII.
Aunque se compran y se venden, las obras de arte, insistirá Beech, no tienen valor en la medida en que no están producidas por trabajo productivo en sentido marxista. Retomando la diferencia que introducía Marx entre trabajo productivo e improductivo (dos formas de trabajo asalariado), Beech reafirma con los “teóricos del valor” que esta diferencia no depende de la modalidad y cualidad del trabajo, sino de la relación establecida (o no) con un capital. Cita como ejemplo: si limpio mi casa realizo un trabajo útil; si me pagan por limpiar otra casa realizo un trabajo asalariado pero improductivo (en la medida en que mi salario se paga por el servicio sin la expectativa de obtener una ganancia) y si limpio para una empresa de limpieza soy un trabajador asalariado y productivo (en la medida en que mi salario es un adelanto que el capital realiza esperando obtener con ello una ganancia).
Trabajo en Plataformas y la Fragmentación Laboral
El trabajo vía plataformas es la vía más extrema de fragmentación, el modo más radical de aprovechamiento del trabajo ajeno en un tiempo desorganizado y discontinuo. En ese sentido, es necesario mirar más allá del cerco de la subordinación. El trabajo en plataforma permite la explotación ajustada milimétricamente a las exigencias del consumo, sin necesidad de una extensión continua de tiempo de trabajo.
La tecnología informática/digital hace aquí su aparición. En particular, el teléfono celular o móvil hace toda la diferencia, en este caso, a trabajadores pretendidamente independientes. El tiempo deja de ser lineal y se vuelve caótico, se rompe en divisiones puntiformes. Eso opera ahora de forma menos directa visible y materialmente (es también, como ahora casi todos los poderes, poder invisible).
Subordinación y Control en el Contexto Digital
En la actualidad, por la evolución tecnológica, las empresas no requieren que los trabajadores sean fijados a un espacio geográfico determinado para explotar la fuerza de trabajo. La noción de subordinación y su sentido -en palabras de Michel Foucault “que el tiempo de los hombres se ajuste al aparato de producción”- no ha variado en las diversas etapas de la economía capitalista.
Las nuevas tecnologías digitales estarían ayudando a derribar las barreras de la empresa -la fábrica contemporánea-. El trabajo cada vez más se hace ahora a través de las tecnologías de la comunicación. En el posfordismo, cuando la línea de producción se convierte en flujo informativo, la gente trabaja precisamente comunicándose. La informática y las nuevas formas de comunicación digital diluirían de este modo cualquier espacio físico y temporal que pretendiera erigirse como límite o frontera. Así, el poder deja de reconocerse por el control disciplinario del cuerpo, disolviendo a la empresa como un territorio geográficamente delimitado.
Opciones Regulatorias para el Trabajo en Plataformas
Existen diferentes opciones regulatorias para abordar el trabajo en plataformas:
- Inexistencia de una cláusula de entrada: La situación de estos trabajadores queda en un espacio de indeterminación, determinándose caso a caso por los órganos de aplicación.
- Cláusula de entrada al derecho del trabajo: El sistema legal incluye una referencia explícita a la situación de estos trabajadores, atendida su progresiva masificación.
- Decisión normativa cerrada: El trabajo vía plataformas queda categóricamente regulado dentro del derecho del trabajo, sin exigir condiciones distintas a las del común de los trabajadores.
Hasta el momento, la opción más común en el derecho comparado es la que incluye una cláusula de entrada, como en el caso de la Ley n.º 45/2018 de Portugal.
| Opción Regulatoria | Descripción | Ejemplo Legislativo |
|---|---|---|
| Inexistencia de Cláusula | Determinación caso a caso | Mayoría de los ordenamientos jurídicos |
| Cláusula de Entrada | Referencia explícita en la ley | Ley n.º 45/2018 de Portugal |
| Decisión Normativa Cerrada | Regulación dentro del derecho del trabajo | Opción especulativa (sin ejemplo relevante) |
El Debate del Tiempo y la Flexibilidad Tecnológica
Con el trabajo en las plataformas, el debate del tiempo vuelve al centro del debate político-laboral. Ello, porque una de las manifestaciones centrales del trabajo en esta nueva etapa del capitalismo -la de la flexibilidad tecnológica- es la de romper con la limitación y continuidad de la jornada laboral tradicional.
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