En el presente artículo se trata el tema de los dilemas morales como recurso para desarrollar la educación en valores.

¿Qué es un Dilema Moral?

Un dilema moral es una narración breve en la que se plantea una situación problemática que presenta un conflicto de valores, ya que el problema moral que exponen tiene varias soluciones posibles que entran en conflicto unas con otras.

Tipos de Dilemas Morales

  • Dilema de análisis: Es aquel dilema en el que el protagonista de la historia ya ha tomado una decisión y ejecutado una conducta, y se trata de que el participante emita juicios de valor sobre esa solución que se le ha dado al caso. Son, pues, dilemas cerrados.
  • Dilema de solución: El problema se plantea abierto, es decir, que se limita a exponer el caso y sus circunstancias, pero sin presentar una solución concreta, para que el participante sea el que tome la decisión sobre el curso de acción más correcto a su entender.
  • Dilemas hipotéticos: Son los que plantean problemas que no es probable que les sucedan a los participantes, pues proponen situaciones abstractas o muy generales, alejadas de la realidad.
  • Dilemas completos: Son aquellos que informan con amplitud de las diversas circunstancias que influyen en el problema, con el fin de que quien va a emitir un juicio sobre el mismo disponga de la mayor cantidad posible de información, hecho que contribuirá a que la toma de decisión sea más ajustada a criterio.
  • Dilemas incompletos: Son los que no proporcionan una información completa sobre las circunstancias concurrentes en el dilema, limitándose a plantearlo a grandes rasgos, sin detalles.

Circunstancias y Finalidad

Las circunstancias son los diversos factores o modificaciones que afectan a la conducta que se juzga, influyendo en la decisión final que se adopta. La finalidad es la intención con que se realiza la conducta.

Se considera que un acto es bueno cuando son buenos el objeto, las circunstancias y el fin. Por ejemplo, robar para repartir el dinero entre los pobres es un acto condenable porque, a pesar de que la intención es buena, el objeto (robar) es siempre condenable.

El Dilema Chileno del Desarrollo

En su Informe de Política Monetaria (IPoM) correspondiente al mes de septiembre de 2024, el Banco Central ha proyectado una tasa de crecimiento del PIB en torno al 1,8% promedio anual para el decenio 2025-2034.

Sin duda esta proyección plantea un escenario bastante sombrío y preocupante para la dinámica del desarrollo nacional y las condiciones materiales de bienestar para la población, y también viene a reforzar la tendencia de estancamiento económico que ha experimentado Chile durante el periodo 2014-2023 con un ritmo de expansión del 1,9% promedio por año.

De concretarse las proyecciones del Banco Central, Chile completaría 20 años de bajo crecimiento, lo que a su vez impactaría fuertemente en los niveles de inversión productiva, la generación de empleos formales, la tasa de desocupación que actualmente persiste en torno a un 8,5% y restringiría el crecimiento de los salarios reales dado el consecuente detrimento de la productividad.

Las consecuencias de estas proyecciones en el ámbito laboral generarían, por un lado, presiones contractivas a la demanda interna y un deterioro distributivo que puede ir incubando nuevas fuentes de malestar social.

Por otro lado, la continuidad del estancamiento podría acentuar la concentración de la matriz productiva y limitar la diversificación y el dinamismo de las exportaciones, aspectos que desde los años de 1990 a 2014 jugaron un papel crucial para la expansión de la economía.

Estas nuevas proyecciones de producto potencial han generado un debate transversal entre los economistas de distintas posiciones ideológicas, y el aspecto de mayor consenso al que se ha arribado dice no solo relación con las consecuencias económicas del estancamiento, sino que también con sus consecuencias sociales.

Bajo el telón de fondo de esta discusión, en este ensayo ofrezco una visión sobre la actual situación socioeconómica del país, desde una perspectiva histórica y estructural.

De acuerdo con este objetivo, planteo que el estancamiento económico de Chile debe comprenderse dentro de una perspectiva más amplia, en la que se incuba y reproduce lo que denomino el dilema chileno del desarrollo.

En términos más generales, problematizar el desarrollo de un país requiere comprender en su contexto más adecuado las estructuras económica, social y política y las dinámicas de sus interacciones para superar su situación concreta de subdesarrollo (en el caso de Chile su situación semiperiférica) y para avanzar democráticamente en lo social.

Así, el dilema chileno del desarrollo, y de otras economías que comparten rasgos estructurales similares, se trata de un problema contingente en función de la deriva política y el estancamiento productivo, y a la vez de una problemática históricamente cíclica.

Se trata entonces este ensayo de entender “el presente como historia”.

Ciclos Históricos del Dilema

Este dilema se centra en la dialéctica que perpetúa, de manera resiliente, las relaciones sociales, la estructura productiva y el funcionamiento de la política siguiendo un patrón cíclico.

Estos ciclos inician con la conformación y consolidación de un modelo histórico de acumulación liderado por las élites económicas, continúa con el avance contradictorio de los sectores subalternos, lo que genera y agudiza conflictos sociales, y culmina con un cierre elitario de la crisis que permite la continuidad o transformación del patrón acumulativo, repitiéndose este proceso una y otra vez.

Se pueden distinguir así tres ciclos marcados en la historia económica de Chile: el auge salitrero (1870-1930), el proceso de industrialización dirigida por el Estado (1930-1973) y el modelo neoliberal implantado a partir de 1973.

Ventajas Comparativas Estáticas

En línea con lo anterior, el bloque histórico nacional que se ha constituido en Chile desde 1830 ha ejercido sistemáticamente la hegemonía económica sobre la base de las llamadas ventajas comparativas estáticas que posibilitaron la generación de rentas diferenciales ricardianas o cuasi rentas.

El historiador Gabriel Salazar ha planteado en diversas obras escritas y foros de debate que la formación económica que tuvo lugar en Chile a partir del siglo XIX se ha basado en el sostén del paradigma librecambista, factor clave que permitió desde entonces el surgimiento de unas élites económicas con orientación mercantil-financiera, sobre la base de la dotación de los recursos agrarios y mineros controlados históricamente por estos sectores.

Con el transcurso del tiempo, esta alianza nacional de carácter primario-mercantil devino también en alianza transnacional al integrar la participación de capitales extranjeros en la operación de la actividad económica interna.

Si bien esta estrategia económica generó una expansión significativa de la economía chilena durante la primera fase de globalización (1870-1914), Chile vio retrasado su proceso de industrialización hasta la década de 1930 con dos intentos fallidos previamente, según ha documentado Salazar.

A pesar de que la sociedad chilena contaba con un importante artesanado industrioso en el seno de sus sectores subalternos, y de que este segmento social podría haberse constituido como un motor de modernización del incipiente capitalismo criollo, con potencial laborioso y poder político para diversificar la estructura productiva nacional y generar una fuente de capacidades técnicas y de conocimientos en concomitancia con políticas públicas de fomento a estos sectores, las élites dirigentes y económicas apostaron por la continuidad del crecimiento basado en ventajas comparativas estáticas.

Esta vocación casi exclusivamente mercantil-financiera explica sin duda la complejidad histórica que caracteriza a la economía política del cambio estructural en Chile en distint0s periodos de su historia económica, dando cuenta también de su permanente condición semiperiférica.

El Papel del Estado y la Ciudadanía

Los ejemplos a los que he recurrido hasta aquí ponen en el centro del debate el papel del Estado y la ciudadanía, y no solo el mercado, para la superación de nuestros rezagos económicos y sociales.

La política en su sentido más amplio y virtuoso -es decir, aquella que se basa en la inclusión y la participación de ingentes sectores sociales para definir un futuro más vivible- tiene mucho que aportar en la construcción de un modelo de desarrollo dinámico, inclusivo y sostenible.

Cabe preguntarse entonces, cómo se puede converger a tal clase de modelo de desarrollo basado en lo que Osvaldo Sunkel ha denominado un paradigma socio-céntrico.

Autonomía Integrada

Bajo el concepto de autonomía integrada, es decir la capacidad de un Estado para fomentar la política industrial en conjunto con el mercado equilibrando sus grados de integración y autonomía, Evans distingue entre el Estado desarrollista (altos grados de integración y autonomía como es el caso de Corea del Sur) del Estado predatorio (países con bajos niveles de integración y autonomía).

La autonomía integrada permite así reducir los niveles de captura de la burocracia estatal por parte de grupos de intereses privados específicos.

Bajo la lógica de esta tipología, no obstante, es evidente que el Estado de un país que basa su sustento económico mediante actividades primarias, típicamente las economías (semi)periféricas, no escapa a los riesgos de captura por parte de élites orientadas por la búsqueda de rentas ricardianas.

La relación Estado-mercado en este tipo de economías, no puede entonces más que restringir, o en extremo impedir, el cambio estructural para asegurar así la conservación y acumulación de rentas en los sectores que controlan las actividades primarias y mercantil-financieras.

El surgimiento de un sector productivo transformador, cuyo objetivo sea la obtención de rentas mediante la adopción, adaptación y difusión del progreso técnico; de la educación y del conocimiento (rentas schumpeterianas), puede provocar, al contrario, un proceso de diversificación de la estructura productiva capaz de dinamizar a largo plazo la productividad y el crecimiento, generar una distribución progresiva del ingreso y la riqueza y democratizar el poder económico de una sociedad.

Ello implica, sin embargo, que los sectores orientados por las rentas de corto plazo vean mermados en alguna magnitud discutible sus beneficios y su poder de captura.

Resulta claro entonces que buena parte de las soluciones a los problemas del capitalismo periférico pasan, como condición necesaria pero no suficiente, por la eliminación de la captura estatal por parte de las élites orientadas por las rentas cortoplacistas.

Sin embargo, una vez emergido el sector productivo orientado por las rentas schumpeterianas, la acción política del Estado debe garantizar la autonomía integrada entendida en el sentido de Evans.

Reindustrialización Periférica

En el panorama actual, las dinámicas económicas y geopolíticas que han reconfigurado los alcances de la globalización están motivando en distintas regiones y economías del planeta nuevos procesos de reindustrialización.

Esta tendencia es también una posibilidad para las economías del Sur global y no ponen en cuestión la necesidad que tienen muchas de sus economías de generar ingresos por la vía del comercio de manera significativa.

La reindustrialización periférica tampoco tiene por qué ser sinónimo de autarquía ni de sustitución de manufacturas importadas por locales.

Una política industrial exitosa puede desarrollarse mediante encadenamientos productivos hacia atrás, articulando la base productiva primaria con incorporación de procesos agregadores de valor.

Las experiencias de los países nórdicos o de Australia son ejemplos que avalan esta idea.

Brechas de Desarrollo en Chile

Chile exhibe fuertes brechas de desarrollo en materias de crecimiento económico, productividad, heterogeneidad de la estructura productiva concentrada en sectores de bajo contenido tecnológico, escasa diversificación exportadora junto con elevados niveles de concentración del ingreso y la riqueza.

En términos de crecimiento, un factor clave que ha incidido en la imposibilidad de sostener tasas de expansión iguales o superiores al 4% promedio anual en el periodo 1990-2014, se debe entre otras causas a los escasos niveles de inversión productiva que caracterizan el desempeño económico durante la última década, tal como demostraron en 2019 los economistas Ricardo Ffrench-Davis y Álvaro Díaz.

Por otro lado, la productividad laboral como porcentaje de la de Estados Unidos representa hacia 2021 un 38%.

Si bien Chile ha venido cerrando esta brecha desde 1985, el ritmo de crecimiento de la productividad sigue siendo lento y en tal sentido la brecha se profundiza por el rápido avance tecnológico de los países desarrollados en un contexto donde la densidad del progreso técnico de la producción nacional es en extremo exiguo (el coeficiente de I+D en relación con el PIB no supera el 0.34%).

La situación de bajo crecimiento encuentra así un correlato directo con el estancamiento de la productividad, la escasa inversión productiva y los bajos niveles de progreso técnico.

En este último caso, baste consignar que el conjunto de exportaciones nacionales de baja, media y alta tecnología representan un 6.5% del total de envíos al exterior frente 93.4% que totalizan las exportaciones de productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales (cifras de UN-COMTRADE para 2022).

Indicadores Económicos de Chile
Indicador Valor
Tasa de crecimiento del PIB (promedio anual 2025-2034) 1.8%
Tasa de crecimiento del PIB (promedio anual 2014-2023) 1.9%
Tasa de desocupación (actual) 8.5%
Productividad laboral (como % de EE.UU.) 38% (2021)
Exportaciones de baja, media y alta tecnología (% del total) 6.5% (2022)
Exportaciones de productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales (% del total) 93.4% (2022)

En suma, la problemática de la productividad es un factor estructural del dilema chileno de...

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