En el ámbito académico, la jubilación de un profesor marca el final de una etapa significativa, llena de dedicación y contribuciones valiosas. Un discurso de jubilación es una oportunidad para reflexionar sobre la trayectoria, expresar gratitud y compartir experiencias.

Con la presencia de una emocionada concurrencia, se celebró el Día de la Trayectoria Académica UC, donde el rector Ignacio Sánchez valoró el sostenido aporte del cuerpo docente. Destacó que la Universidad Católica cuenta con muchos académicos y académicas que han permanecido trabajando en la institución por varias décadas.

En representación de los académicos y académicas homenajeados, dio un discurso el profesor Guillermo Wormald, de la Facultad de Ciencias Sociales, quien fue reconocido por haber cumplido 50 años de trayectoria en la UC. En su alocución, el académico reflexionó sobre el ethos universitario y los elementos que definen el ser institucional de la Universidad Católica. Destacó la identidad católica abierta al mundo y el rol central del “diálogo entre fe y razón fundado en el objetivo común de la búsqueda de la verdad acerca de nuestra existencia”.

Wormald fue enfático con respecto al vínculo de la institución con la sociedad y el compromiso público: “Hoy, la universidad está muy alejada de aquella otra que, por los años sesenta, se la criticaba por ser una “torre de marfil”. Somos una institución vitalmente inserta en la reflexión y el debate de ideas basadas en evidencia, que aporta nuevas visiones y posibles soluciones a los problemas que afectan a nuestra sociedad”.

El académico enfatizó la importancia de la innovación en la enseñanza interdisciplinaria. “Son múltiples los proyectos que se vienen haciendo en este ámbito.

Una función especial de la Orquesta Sinfónica en el Teatro de la Universidad de Chile fue el presente con que la comunidad homenajeó a quienes se acogieron a retiro voluntario y cesaron merecidamente sus funciones tras décadas de trabajo.

Con emoción el Rector expresó a los funcionarios y académicos que se acogieron a retiro voluntario que este homenaje, es una manera de de expresar el profundo agradecimiento por su destacada labor. "Con este homenaje queremos decirles a ustedes 'muchas gracias'. Muchas gracias por una vida dedicada a la Universidad y a lo que ella representa: la esperanza para un futuro mejor para nuestro país. La Universidad de Chile, a través de su gente quiere que este país sea más inclusivo, cohesionado, diverso, pluralista, respetuoso, libre intelectualmente y más justo.

Junto a esto, invitó a los ahora exacadémicos y exfuncionarios a nunca olvidar lo que es "su alma mater". "Queremos que como jubilados sigan creciendo y practicando los valores de esta Universidad.

Los mejores recuerdos de Juana Valenzuela fueron los primeros. Entre los años 1973 y 1976, y gracias a la iniciativa de académicos de esta Universidad, pudo aprender más sobre su área de estudio. "Fueron años en que nos formarnos con grandes profesores de aquella época.

Dejar mi trabajo fue un cambio muy brusco, pero uno se adapta", dijo. A esto añadió que se va satisfecha con la tarea cumplida: "En el último tiempo de trabajo, me di cuenta que no tenía la misma fuerza que tenía al principio.

Con la voz de la experiencia, y también con gran cariño dedicó unas palabras a sus ahora excompañeros trabajo: "Les digo que trabajen siempre con la camiseta puesta. En este trabajo, como en todos, hay momentos muy difíciles, pero debemos rescatar lo positivo. Siempre hay que tratar de ser el mejor en la Universidad, en su vida personal y en su casa.

"Estoy contenta y emocionada por retirarme, orgullosa por haber trabajo en esta Universidad.

La Prof. Sepúlveda, además de desempeñarse como académica en su Facultad, hizo clases en las Ciencias Químicas y Farmacéuticas, y en Medicina. "Hacerle clases a los jóvenes de la Chile siempre fue espectacular", comentó respecto a su labor docente.

"Siempre tuve una muy buena relación con los estudiantes, eso que significó una gran experiencia porque ellos también me enseñaron mucho.

"Hace solo un mes que cesé mis funciones en la Universidad y ha sido muy difícil. Son 39 años de trabajo, de actividades y de vida en esta Institución", comentó Jorge Recabarren. Llegó a trabajar a la Universidad de Chile siendo estudiante universitario, gracias a "dos grandes amigos", como los define él: el Dr. Emilio Morales y el Dr. Fernando Mönckeberg.

"Lo más destacado de estos 39 años de trayectoria es el haber encontrado grandes amigos.

"Para el futuro de esta gran Universidad quiero que el Estado asuma de una vez por todas su rol.

"Me gustaría que volvamos a ser comunidades, a trabajar en conjunto, de forma colectiva.

"Nunca me quise ir de mi laboratorio, realmente amaba mi labor", recalcó Inés Guzmán, exfuncionaria del Hospital Clínico de la U. de Chile. Llegó cuando tenía 18 años, inmediatamente después de salir de sexto de Humanidades.

La Universidad de Chile fue el único lugar donde Inés Guzmán trabajó, donde conoció grandes personas, el lugar adonde sus hijos la acompañaron muchas veces y desde donde se llevó los mejores recuerdos: "A la Universidad yo la llevo en mi corazón.

Es emocionante representar a la Universidad de Chile en esta solemne ceremonia en la cual rendimos homenaje a académicos, académicas, funcionarios y funcionarias que sirvieron a la institución con especial fidelidad a lo largo de muchos años.

Nuestra organización es intensa, demandante y está expuesta a un fuerte escrutinio, pero no olvida que su misión histórica es servir a Chile, lo que constituye un orgullo y una responsabilidad.

En sus trayectorias hay realización personal y colectiva, pues en la Universidad de Chile nos constituimos como sujetos individuales siempre en una relación interdependiente con otros y otras.

Es decir, en nuestro hacer está nuestro ser. Y si lo aplicamos en este homenaje, podemos decir que vuestra encomiable labor en la Universidad de Chile muestra quiénes son y quiénes han sido.

“Sé, que su corazón está con los sentimientos encontrados, alegría de haber dado tanto de usted, de haber tenido la oportunidad de convivir con estos lindos niños, tantas historias… Tú mostraste todo esto y muchas cosas más, es por eso por lo que hoy queremos brindar por tu jubilación”.

En el acto de despedida, la directora del establecimiento Maylin Fritis, menciona que “con profundo afecto y respeto, sus colegas despiden a don Hernán Matus Araya, quien se ha desempeñado como docente de lenguaje, encargado de la biblioteca, encargado del Programa de Alimentación PAE. Se destacó siempre por su puntualidad, por recibir afectuosamente cada día a los estudiantes.

Despedimos a la Sra. Verónica Llancamil Arias, y destacamos en ella su abnegada labor, logrando que la Escuela Las Canteras con sus estudiantes superen los estándares de calidad en los resultados SIMCE, obteniendo la Excelencia Académica, este es uno de sus innumerables éxitos como docente.

La profesora de Lenguaje, María Teresa Navea expresó, “Es difícil despedir a dos grandes y queridos profesores nuestros que jubilan, Verónica Llancamil Arias y Hernán Matus Araya, ya que son y serán un verdadero ejemplo a seguir, docentes con vocación y compromiso social, que dedicaron gran parte de sus vidas a entregar no solo la semilla del conocimiento, sino que también la entrega de valores y principios, siempre exigiendo todo lo necesario para tratar de hacer niños y niñas de bien.

“Quiero comenzar por agradecer la oportunidad que se me ha dado de dirigirles unas palabras. Lo hago no solo por el honor que ello representa, sino también porque me ha proporcionado la ocasión de reflexionar sobre lo que ha significado trabajar en esta querida institución durante 40 años. Lo que expondré a continuación corresponde naturalmente a ideas o experiencias personales.

Al menos, estoy seguro de hacerlo al partir agradeciendo de un modo muy especial la presencia de nuestros familiares. Un sentimiento que surge muy espontáneamente en esta circunstancia en que celebramos el Día del Académico, es el de gratitud hacia Dios, por el tremendo privilegio que implica dedicar nuestra actividad profesional al cultivo y a la transmisión del conocimiento.

Otra causa de gratificación lo constituye el incentivo que representa para nosotros como profesores la interacción cotidiana con los alumnos. Por un lado, está la constatación de la influencia que ejercemos en su formación personal y profesional, lo que de por sí es un estímulo para actuar en forma responsable y consecuente.

Reconocemos también el tener la oportunidad de desarrollar nuestra vocación académica en esta particular Universidad, la mejor del país, y que destaca además entre las Universidades Católicas de todo el mundo por el nivel y la diversidad de sus disciplinas. No deja de ser paradojal que algunos opinen que una Universidad confesional presenta limitaciones para el cultivo del saber.

Me refiero al hecho que ella convoca a alumnos y a profesores de entre los más destacados, los que en conjunto potencian la calidad del trabajo académico otorgando prestigio a nuestra institución. En la solemnidad de la sala que nos acoge esta mañana, que desde hace pocos días lleva el nombre de nuestro más insigne alumno y profesor, San Alberto Hurtado, quisiera a modo de un modesto homenaje en este Día del Académico, nombrar a algunos maestros que dejaron una honda huella en esta Universidad, los que he escogido de entre aquellos que tuve la ventura de conocer y que ya no están con nosotros.

Este es un ejercicio de carácter muy personal, en el que las perspectivas y las experiencias resultan ser muy propias. Por lo tanto, lo que quisiera más bien hacer ahora es resaltar con hechos objetivos cuan diferente es la universidad actual de aquella de los años 70, en la que me inicié como profesor.

Por de pronto, el cambio en infraestructura es muy evidente, especialmente en los campus Casa Central y San Joaquín. Las construcciones de hospitales y edificios académicos de Medicina, sumados al Centro de Extensión y a los edificios de Derecho, Comunicaciones y Ciencias Biológicas, cambiaron totalmente la fisonomía de la Casa Central.

Como una muestra de lo anterior, a comienzos de esta semana nos alegramos con los Premios Nacionales en Ciencias Naturales y en Historia de nuestros profesores. Cada vez que encuentro la ocasión de hacerlo, menciono este hecho como una demostración del compromiso de la Iglesia Católica con el progreso de la ciencia.

A la vez, esta madurez en investigación, sumado al extendido entrenamiento de postgrado de nuestra planta académica, ha posibilitado el desarrollo de programas doctorales en todas las disciplinas. Otro cambio sustancial que también quiero mencionar es el profesionalismo en las tareas de administración y gestión, atributo muy apreciado por nuestros académicos y por el cual nuestra universidad es ampliamente reconocida entre todas las instituciones de educación superior del país.

Quiero por último referirme a un fenómeno que estimo requiere de atención y que también parece ser universal. Los profesores conversan menos entre ellos, asisten a pocos seminarios y conferencias, muestran escasa disposición a colaborar en tareas de bien común y, lo que es más grave, le dedican cada vez menos tiempo a los estudiantes, al menos a los de pregrado.

Sr. Rector, algunos de los profesores presentes en esta sala, en particular aquellos que cumplimos 40 años de trayectoria académica, estamos prontos a dejar formalmente la Universidad. Sin embargo, estoy seguro que seguiremos relacionados a ella, puesto que la vocación por el mundo del conocimiento y por la enseñanza no es algo a lo que uno renuncia de un día para otro.

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