David, consciente de la facilidad con la que podía olvidar las grandes obras de Dios, exhortó a su alma a no pasar por alto ninguno de los beneficios del Señor, declarando: "Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios" (Salmo 103:2). El salmista prosigue recordando el perdón que había recibido de Dios.

Es crucial recordar de dónde nos ha rescatado Dios y la misericordia que ha mostrado hacia nosotros. Ya sea que estemos enfermos o no, debemos reconocer que tenemos un médico por excelencia, capaz de sanar cualquiera de nuestras dolencias. David enfrentó momentos difíciles, estando en peligro de muerte en numerosas ocasiones.

Aun en los momentos más oscuros, debemos recordar que nuestra ayuda y pronto auxilio provienen del Señor. Cuando somos agradecidos, alegramos el corazón de Dios. La boca del salmista estaba llena de bien, de manera que sus palabras, dichos y acciones estaban centrados y fundamentados en la Palabra de Dios.

Nuestra boca debe estar continuamente llena de la Palabra del Señor, hablando cosas que edifiquen a quienes nos rodean. Por eso, la palabra de Dios nos dice: "hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Efesios 5:19).

En los saludos iniciales y finales de las cartas de Pablo, encontramos numerosas palabras de bendición. A continuación, exploraremos algunos de estos versículos, junto con notas de estudio.

Versículos de Bendición

Romanos 1:7 RVC: A todos ustedes que están en Roma, los amados de Dios que fueron llamados a ser santos: Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con ustedes.

2 Corintios 13:14 RVC: Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes. Amén.

2 Tesalonicenses 2:16 RVC: Que la gracia y la paz de nuestro Dios y Padre, y del Señor Jesucristo, sean con todos ustedes.

1 Corintios 16:23-24 RVC: Que la gracia sea con todos los que, con amor inalterable, aman a nuestro Señor Jesucristo. Amén.

2 Tesalonicenses 3:16 RVC: Que el Señor de paz mismo les dé paz siempre y en toda circunstancia. Que el Señor esté con todos ustedes.

1 Tesalonicenses 5:23 RVC: Que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que guarde irreprensible todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Notas de Estudio

Llamados a ser santos: Significa ser llamados a formar parte del pueblo santo de Dios, santificado en el nombre de Jesucristo y por el Espíritu Santo.

Espíritu, alma y cuerpo: Esta expresión se usa para significar la totalidad del ser.

Gracia: Es la bondad excepcional de Dios hacia los seres humanos (como pecadores) para hacer posible su perdón y salvación. Esta misericordia inmerecida está siempre disponible para aquellos pecadores que creen en el evangelio y obedecen al Señor.

Paz: Traduce la palabra hebrea "shalom", que significa "estar completo", "estar sano", "estar bien en todo sentido", "ser próspero y feliz". Shalom es el completo bienestar que equivale a paz en su más profundo significado: paz con Dios, con uno mismo y con los semejantes.

Amor: Aunque la Biblia se refiere a diversos tipos de amor, su mensaje primordial nos habla del amor único del Señor: el amor de Dios por su creación, por el pueblo del pacto y por su Hijo amado. De aquí parte el llamado de Dios para amarlo a él y al prójimo.

"Dios te bendiga" en Hebreo

Si quieres decir "Dios te bendiga" en hebreo, puedes usar la frase "שאלוהים יברך אותך" (Sha lohem yivarech otach). Esta frase significa literalmente "Que Dios te bendiga". También puedes decir "תבורך" (Tivorech) para un hombre o "תבורכי" (Tivorechi) para una mujer, ambas significan "Que seas bendecido/a".

La palabra hebrea para "bendición" es "ברכה" (Berajá), que significa "regalo" o "presente". La palabra "ברך" (Barak) significa "bendecir" o "proclamar".

Se puede usar la frase "שאלוהים יברך אותך" (Sha lohem yivarech otach) en diferentes situaciones, como:

  • Cuando te despides de alguien.
  • Cuando quieres desearle a alguien buena suerte.
  • Cuando quieres expresar tu agradecimiento a alguien.
  • Cuando quieres mostrar tu cariño a alguien.

Es importante recordar que "שאלוהים יברך אותך" (Sha lohem yivarech otach) es una frase religiosa.

El Rostro Resplandeciente de Dios

Dios mío, ¡ten misericordia de nosotros, y bendícenos! ¡Haz resplandecer su rostro sobre nosotros! ¡Que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación! (Salmo 67:1-2).

El rostro resplandeciente de Dios es parte de la bendición que ordenó a los sacerdotes que usaran para el pueblo de Israel: «Que el Señor te bendiga, y te cuide! ¡Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia! ¡Que el Señor alce su rostro sobre ti, y ponga en ti paz! ‘De esta manera invocarán ellos mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré» (Números 6:24-27). A la luz del rostro resplandeciente de Dios, las personas serían bendecidas y marcadas con el Nombre de Dios como Su pueblo santo.

Que el rostro de Dios resplandezca sobre ti significa que Él te está mirando con favor. Las Escrituras hablan de aquellos que no disfrutan de la bendición del rostro resplandeciente de Dios, soportando en cambio su terrible ira: «El rostro del Señor está contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria» (Salmo 34:16).

La oración en nuestro salmo pidiendo que Dios sea misericordioso con nosotros, nos bendiga y haga que su rostro resplandezca sobre nosotros, ya ha sido respondida en Cristo Jesús, nuestro Señor. Aunque no merecíamos su amor y bendición, Dios fue amable con nosotros y nos envió el regalo de su Hijo para ser nuestro Salvador. En Cristo sabemos exactamente lo que significa que el rostro de Dios brille sobre nosotros.

El favor de Dios se ve cuando Jesús cumplió el propósito para el que había venido. «Se acercaba el tiempo en que Jesús había de ser recibido arriba, así que resolvió con firmeza dirigirse a Jerusalén» (Lucas 9:51). Cuando se acercaba el tiempo señalado de su muerte, Jesús volvió su rostro hacia la cruz. Con pasos decididos caminó hacia Jerusalén, donde tomaría sobre sí la carga del pecado del mundo. El rostro de Dios brilla sobre nosotros porque en ese día oscuro, fuera de Jerusalén, el rostro de Dios se apartó de Su Hijo sufriente.

Nuestro salmo le pide a Dios que nos bendiga y haga que Su rostro resplandezca sobre nosotros. ¿Por qué? Le pedimos su bendición para que su camino «sea conocido en la tierra» y su poder salvador sea conocido «entre todas las naciones». Cuando el rostro resplandeciente de Dios se vuelve hacia nosotros, reflejamos su gloria. «Los que a él acuden irradian alegría; no tienen por qué esconder su rostro» (Salmo 34:5). Reflejamos la bendición de Dios en actos de amor y servicio. Con el poder del Espíritu Santo, proclamamos la Buena Noticia del rostro resplandeciente de Dios en Jesús a un mundo perdido en la oscuridad. «Porque Dios, que mandó que de las tinieblas surgiera la luz, es quien brilló en nuestros corazones para que se revelara el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo» (2 Corintios 4:6).

ORACIÓN: Dios Todopoderoso, vivimos en la luz resplandeciente de tu amor y misericordia. Ayúdanos por Tu Espíritu a reflejar esa luz a los demás. Amén.

La Belleza del Rostro de Cristo

Nada hay más humano que pedir, y de algún modo, exigir ver el Rostro de Dios. La fe cristiana en estos más de 2000 años de existencia se ha constituido desde la belleza y la grandeza del rostro de Cristo. El cristianismo es la religión de la voz y la palabra, pero también es la religión del cuerpo y de la historia; es religión de exterioridad y de interioridad. En esta línea, tanto en el AT como en el NT existe una visión positiva acerca del rostro de Dios.

Así, por ejemplo, en la oración de bendición de Nm 6, 22-27, que Dios le revela a Moisés, se señala: El Señor te bendiga y te guarde; / el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, / y tenga de ti misericordia; / el Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz. La bendición de Dios, equivale a mostrar su rostro y con ello, recibir de Dios la totalidad del bien estar, la plenitud y la felicidad máxima, -lo que se expresa con el término Shalom-.

Otro ejemplo, aparece en el salmo 31, 17: Que brille tu rostro sobre tu siervo / ¡y sálvame por tu amor! En el transcurso del AT, el rostro de Dios aparece como un regalo para el ser humano, pero también como una súplica, una exigencia de contemplación, lo que se traduce en bendición y dicha. Sin embargo, en el AT, el rostro de Dios es siempre promesa, pero no cumplimiento. Es una invitación a despertar, ante todo, el sentido de la escucha.

En el NT, la Palabra se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros (Jn 1, 1). La Palabra tiene nombre y tiene una historia, se llama Jesús y es reconocido como el Cristo. El Hijo de Dios, no se cansa de mostrar al Padre a través de su rostro, y por eso dice: quien me ve a mí ve al Padre que está en los cielos (Jn 14, 9). Ver a Cristo, equivale, por tanto, a ver al Padre.

Por esto, ante sus discípulos que no le reconocen resucitado y ante las dudas, -muy humanas que estos tienen- les dice: mirad mis manos y mis pies soy yo mismo. Palpadme y pensad que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo. En este sentido, la recuperación de la belleza como expresión del cristianismo, es fundamental, porque nos interpela a una fe en el Dios histórico, que llama desde los sentidos.

De este modo, es imprescindible pasar desde el Cristo pensado -propio del discurso lógico-metafísico de la fe- al Cristo percibido por los sentidos humanos, porque lo más potente del mensaje de Cristo es el impacto de la belleza que su persona provoca y desde ahí llama. Sin embargo, la belleza, teológicamente, quedó oscurecida -a ratos olvidada- por los grandes discursos metafísicos y teológicos de la Edad Media y la Edad Moderna.

Los intentos de racionalizar al máximo la fe y sus categorías, la alejaron del plano del discurso teológico. En efecto, los poetas y artistas, lograron comprender la unidad misteriosa y azarosa que se produjo entre el pensamiento bíblico y el helénico integrando la belleza, la verdad, la unidad (los llamados trascendentales platónicos) en la figura de Cristo.

El cruce entre la cultura helénica y judía, en la que se origina el cristianismo, solo aportó a una nueva comprensión de la vida y de Dios mucho más integral y rica. Por un lado, el judaísmo a diferencia del helenismo, es una cultura de los sentidos exteriores -del oído, de la recitación y de la memoria- y es también una cultura de la historia; mientras que el helenismo, por otro lado, es una cultura del cosmos. El judaísmo privilegia la acción y el profetismo, y el helenismo, la sabiduría y el arte. Por esto la mística cristiana rebosa de identidad al conjugar estas dos cosmo-visiones.

En consecuencia, los artistas en general, son ejemplos de la manifestación suprema de la belleza que ha constituido el fundamento permanente de la atracción de Cristo sobre los hombres; no su eficacia, ni su doctrina, ni siquiera su ejemplo moral, sino aquella belleza hecha de sencillez, vulnerabilidad, casi ingenuidad y santidad que, sumadas, encontramos en Cristo.

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