El Día de la Trabajadora del Hogar es una fecha significativa para reconocer la labor y los derechos de las mujeres que se dedican al trabajo doméstico. A pesar de su importante presencia, no fue sino hasta la década del sesenta cuando las trabajadoras domésticas comenzaron a organizarse de manera más constante.
Hitos Históricos en la Lucha por los Derechos
A continuación, se presenta una cronología de eventos relevantes en la historia de la lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar en Chile:
- 1833: La Constitución excluye el servicio doméstico de la ciudadanía activa.
- 1849: Se aplica la Ley sobre Hurtos y Robos al servicio doméstico, castigando el "abuso de confianza".
- 1855: El Código Civil regula las relaciones laborales entre el "amo" y el "criado doméstico".
- 1917: Se excluye el servicio doméstico del derecho al descanso dominical.
- 1931: El Código del Trabajo incorpora al servicio doméstico a una legislación laboral, reconociendo su actividad como asalariada.
- 1964: Es creada la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular (ANECAP).
- 1988: Se funda la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO).
- 1990: Se reconoce una indemnización por despido sin importar motivo, equivalente al 4,11% de su remuneración mensual.
- 1998: Se reconoce a las trabajadoras de casa particular como beneficiarias del fuero maternal.
- 2008: Se iguala la remuneración mínima de las trabajadoras de casa particular con la del resto de los trabajadores.
Organización y Reivindicaciones
Frente a las desigualdades laborales que eran denunciadas por la clase trabajadora, ellas sintieron la necesidad de conformar un colectivo tendiente a promover mejores condiciones de trabajo, mejorar los sueldos, los contratos, definir la jornada laboral y obtener seguridad social, todos asuntos que permitirían una mayor valoración social de su actividad y su reconocimiento legal.
Si bien existen antecedentes anteriores de organización y lucha en el marco del movimiento general de trabajadores -principalmente a través de sindicatos como la Federación de Empleadas de Casa Particular que expresaba sus ideas por medio de su publicación Surge- un hito relevante de este proceso lo constituye la creación de la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular o ANECAP en el año 1964, la que se mantiene vigente en la actualidad. La ANECAP, junto a la acción de otras asociaciones que durante 1980 se agruparon en la Comisión Nacional de Sindicatos de Casa Particular, logró decisivas reivindicaciones.
Este día, coincide con la promulgación hace casi 10 años, de la Ley 20.786, que establece entre otros aspectos, la obligatoriedad del contrato de trabajo, así como el máximo de horas semanales a trabajar y los días de descanso no renunciables.
Otra puntualidad abordada por la ley, “tiene relación con la contratación de personas extranjeras. En caso de término de contrato, las/os empleadores se deben comprometer con un contrato de al menos un año de duración, además de financiar el pasaje de regreso a su país de origen en caso de término de la relación laboral. Para extranjeras/os residentes en Chile, rigen los mismo términos que para trabajadoras/es chilenos”.
Desafíos Persistentes
Según el Censo 2002, las mujeres que trabajan representaban el 37% de la masa laboral del país. La situación se tornó de verdad incómoda cuando el 8 de noviembre pasado se conoció el ranking del Foro Económico Mundial que mide temas de igualdad de género en 131 países, en el que Chile ocupó el lugar 109 con su 38,5% de participación laboral femenina. Si se toma en cuenta que en 1990, al momento de la recuperación de la democracia, esa participación llegaba al 31,7%, el crecimiento ha sido mezquino.
La brecha salarial con los hombres sigue siendo uno de los temas pendientes más importantes. En 2000, el sueldo promedio de las mujeres era de $212.432 pesos contra los $272.620 que recibían los hombres. En 2005, los montos no habían variado significativamente: $213.884 (US$ 407) versus $270.212 (US$ 514). A la brecha salarial se agrega otro problema: una de cada cuatro trabajadoras no tiene contrato (en los hombres la relación es de 1 a 5), y 38,8 % no está cotizando en el sistema previsional (AFP).
Según Lissette García, subsecretaria de Previsión Social, cerca del 52% de las pensiones en Chile son mínimas (entre US$ 125 y US$ 155 al tipo de cambio promedio de 2007) y de ese 52%, un 72% corresponde a mujeres.
Las mujeres tenemos trabajos más precarios, más tasas de desempleo, más lagunas previsionales, menos estabilidad laboral y más informalidad. Como la pensión se calcula proyectando la cantidad de dinero por la cantidad de años probables de vida, y las mujeres tenemos una expectativa de vida más larga que los hombres, recibimos menos dinero. Por ello, el proyecto de reforma previsional propone eliminar el requisito de 20 años de cotizaciones. Y si una persona no ha cotizado nunca, puede optar a la pensión solidaria de $75.000.
Margarita María Errázuriz, vicepresidenta de Comunidad Mujer, trabajó con la comisión que analizó la reforma y estima que el aspecto más relevante de la propuesta es “la Pensión Básica Solidaria para todas las mujeres del 60% de más bajos recursos, cualquiera sea su actividad laboral. La pensión básica solidaria partiría en julio de 2008 con un monto de $60.000 (US$ 115).
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