El desempleo es un problema complejo con múltiples dimensiones. Si bien, es concreto que mientras las y los trabajadores conquisten más derechos laborales como el aumento de salario y demás, esto implica un aumento de costos para los grandes empresarios, no siempre es el motivo principal del desempleo, o incluso revertir estas conquistas mínimas como propone Rau con mayor flexibilidad tampoco es sinónimo de que el desempleo se acabará o que todas las manos disponibles puedan trabajar aunque todas y todos lo desearamos.

¿Es el Desempleo Solo Responsabilidad de los Costos Laborales?

Para Tomás Rau, hay varios factores responsables de haber aumentado los costos para los empresarios, y con ello a la vez desincentivado la contratación formal, esto dentro de una fórmula que busca justificar el problema del crecimiento económico en el país, crecimiento que viene estancado hace por lo menos una década. Entre estos factores se encuentran: el aumento del salario mínimo, lo costoso que es despedir en este país, la reducción de la jornada laboral y la expansión de derechos como el postnatal y la sala cuna universal.

Según este director de la UC, estas políticas son las que han frenado la creación de empleo y han aumentado la informalidad, especialmente en los llamados sectores vulnerables. Sin ir más lejos, lo que trae entre líneas para revertir la situación son propuestas que apuntan a flexibilizar aún más el mercado laboral, disminuir los costos de despidos y revertir las regulaciones del actual Gobierno en este ámbito, apostando a que la desregulación incentivará el empleo y la formalización.

La Perspectiva Marxista sobre el Desempleo

Es así que desde una perspectiva marxista y anticapitalista, el diagnóstico del académico busca esconder y omitir el papel fundamental que juega el desempleo o como llamaba Marx el papel del ejército industrial de reserva, lo que es un concepto clave de El Capital. Por ejemplo para los revolucionarios siguiendo los planteamientos de Marx, el desempleo no es que sea un efecto accidental de los altos salarios ni de políticas estatales necesariamente aunque estas pueden ayudar o no a ello, sino que es una necesidad funcional propia de la naturaleza del sistema capitalista.

Mientras exista el capitalismo, los empresarios y el capital requerirá siempre de una sobrepoblación relativa de trabajadores desempleados o subempleados, que deben estar disponibles para ser explotados según las necesidades del propio mercado. No es casual, que en este momento donde se discute el problema del crecimiento económico y que parte de este problema que desincentiva a un mayor crecimiento son los altos costos que “espantan” a los grandes grupos económicos, se ponga al centro el problema del empleo, y es que para los empresarios y sus políticos la masa de desempleados cumple dos funciones principalmente: por un lado cumple la función de disciplinar a los trabajadores empleados, para pelear por ejemplo por mejores condiciones, impidiendo que los salarios suban significativamente, y además buscan garantizar que el capital tenga siempre mano de obra lista y barata para amortiguar los costos y con ello mantener su tasa de ganancias, mientras sean estas últimas las que predominen el desempleo es algo que bajo este sistema no se acabará.

El Rol del Estado y las Políticas Laborales

Es así, que aunque Rau critique el “intervencionismo” estatal por distorsionar los incentivos económicos y por no acompañar los cambios regulatorios o los cambios que dan mínimos derechos a las y los trabajadores con políticas efectivas de reinserción laboral, proponiendo, eliminar “trabas” para la contratación y focalizarse en la productividad. Las políticas laborales bajo el capitalismo difícilmente pueden revertir el desempleo estructural.

Pueden haber reformas que alivien temporalmente la situación de algunos trabajadores y trabajadores, pero el sistema mientras exista este Estado al servicio de la administración del negocio de los grandes empresarios, siempre tenderá a recrear un ejército de reserva para mantener las ganancias y el control empresarial. Por lo tanto, la acumulación de capital para los grandes empresarios en la sociedad va de la mano con la acumulación de miseria y precariedad para los sectores populares y los trabajadores, independientemente del nivel puntual de los salarios o los costos laborales.

Aquí caben varias preguntas que debemos hacernos las y los trabajadores ¿El desempleo es un efecto colateral de regulaciones mal diseñadas, o es una condición estructural del capitalismo? ¿La solución pasa por flexibilizar el mercado laboral, o por transformar radicalmente las bases de esta sociedad terminando con este sistema económico, político y social que favorece a una minoría a costa de nosotros? La respuesta no solo la define la política pública, sino también el horizonte de expectativas que podamos tener el conjunto de la clase obrera.

El Trasfondo Electoral y la Agenda Pro-Crecimiento

Cabe señalar que este tipo de planteamientos por parte de sectores económicos y columnistas no surgen en un vacío tampoco. En la actual situación política, a medida que se aproximan las próximas elecciones presidenciales, se intensifican este tipo de discusiones,, debates y discursos orientados a instalar la idea de que la única salida al estancamiento económico es mediante por un lado terminar con el enemigo de la “permisología”, pero también por otro profundizar la flexibilización laboral y el retroceso de los mínimos derechos conquistados por la clase trabajadora.

Esta ofensiva busca orientar la agenda pública y política hacia una perspectiva pro-crecimiento de cara al próximo Gobierno que, en la práctica, ojalá esto se traduzca en una mayor precarización de las condiciones laborales. Este debate se refleja de forma concreta en las propuestas de los principales candidatos presidenciales de la derecha y la extrema derecha, como por ejemplo el caso de Evelyn Matthei (Chile Vamos) propone reducir el impuesto a las empresas del 27% al 18% en diez años, apostando a que la rebaja tributaria y que la desregulación sean motores del crecimiento y el empleo.

Por su parte candidatos como José Antonio Kast (Republicanos) y Johannes Kaiser (Libertario) insisten en reformas que bajen impuestos para dinamizar la economía, alineados con la receta tradicional del mercado y la flexibilización laboral. Por otra parte, tenemos a los y los candidatos del oficialismo como Jeannette Jara (PC), Gonzalo Winter (Frente Amplio) que buscan la continuidad del actual Gobierno de Boric que no se ha expresado un cambio sustancial en la realidad de millones de trabajadores y trabajadoras.

O en los casos de las candidatas Carolina Tohá (PPD) y Paulina Vodanovic (PS) que buscan compatibilizar estabilidad y crecimiento con las demandas sociales, sin perder de vista la necesidad de aumentar la inversión, las ya conocidas viejas recetas de la ex Concertación. Es así, que el debate sobre el empleo y la política laboral se juega en el centro de la disputa presidencial.

Con más o menos matices el debate busca poner en el centro el "crecimiento" y la "productividad", muchas veces como justificación para avanzar en políticas de flexibilización o reducción de derechos laborales, o por lo menos es lo que vienen pregonando los portavoces de los grandes empresarios en el debate presidencial. Estos discursos y propuestas no sólo reflejan posiciones técnicas o académicas, sino que responden a intereses de un sector y a estrategias de disputa ideológica que marcarán el rumbo de las reformas laborales en los próximos años.

Preparándose para el Futuro

Frente a este escenario, las y los trabajadores debemos prepararnos para enfrentar los ataques que seguramente vendrán contra nuestros derechos. Pero, a la vez, para poder prepararnos tenemos que sortear obstáculos que impiden nuestra organización, las cuales se siguen adaptando a los ritmos del gobierno actual y ahora también al ciclo electoral.

Este es el caso de la principal central sindical, la CUT, que este último tiempo ha preferido las mesas negociadoras buscando la buena voluntad de los grandes gremios empresariales, y ahora ha apostado por sumarse al escenario electoral antes que ofrecer una alternativa real para organizar y preparar a la clase trabajadora frente a los desafíos que se avecinan. Por lo tanto, una de las tareas imprescindibles para las y los trabajadores es recuperar los sindicatos, que hoy en muchos casos están en manos de burocracias sindicales más preocupadas de mantener sus privilegios que de organizar cualquier resistencia, lucha o preparación.

Hoy más que nunca, urge fortalecer la organización desde las bases, democratizar los sindicatos y construir una alternativa de lucha real, capaz de enfrentar la ofensiva pro-empresarial que se intenta instalar desde el debate público y las candidaturas presidenciales.

TAG: #Empleo #Desempleo

Lea también: