En la última década, la reflexión sobre el desarrollo comunitario, la convivencia y la participación emerge cada vez con más fuerza dentro de las comunidades universitarias. Considerando su misión institucional, la Universidad tiene un papel fundamental en esta materia, pues su rol y deber formativo no solo atañe al plano académico y profesional.

La Universidad no se queda atrás, trabajando en un Reglamento de Campus y generando políticas y protocolos que promueven la democracia universitaria y el bienestar integral de sus miembros. En este contexto, es relevante señalar que el desarrollo comunitario es un eje de trabajo necesario en el quehacer universitario. Pero, ¿qué es el desarrollo comunitario?

Nuestra institución alberga una amplia diversidad de personas que se relacionan todos los días en su quehacer, constituyendo una comunidad compuesta por estudiantes, funcionarios/as, académicos/as y quienes mantienen un vínculo activo con la Universidad. Desde la Dirección de Asuntos Comunitarios (DAC) consideramos que el desarrollo comunitario implica el mejoramiento de esta convivencia, o más bien, de las relaciones entre las personas que comparten una vida común.

Características del Desarrollo Comunitario

Una comunidad robusta implica el fortalecimiento de los vínculos comunitarios y las relaciones interpersonales, construyendo sentidos de pertenencia, solidaridad, acompañamiento y contención. A continuación, se describen algunas características esenciales:

  • Fortalecimiento de Vínculos: Construcción de relaciones interpersonales sólidas y significativas.
  • Sentido de Pertenencia: Fomento de la identificación y el arraigo a la comunidad.
  • Solidaridad: Promoción del apoyo mutuo y la colaboración entre los miembros.
  • Acompañamiento y Contención: Ofrecimiento de apoyo emocional y práctico a quienes lo necesitan.

Para potenciar el desarrollo comunitario y mejorar la convivencia es prioritaria la participación, que se refiere al involucramiento de las personas con su comunidad para alcanzar objetivos comunes. La participación aporta a la formación integral del estudiantado, promoviendo habilidades individuales que se ejercen colectivamente, aún fuera del contexto universitario. Así, fortalece la formación ciudadana y la democracia, involucrando a estudiantes y miembros de la comunidad en proyectos colectivos y en toma de decisiones.

En la misma línea, una comunidad dialogante, consciente y comprometida consigo misma permite levantar inquietudes a tiempo, articulando a actores para poder encontrar soluciones pertinentes y diligentes a sus problemáticas. Una perspectiva comunitaria sobre la vida universitaria permite comprender que el paso por la universidad es una experiencia que se vive colectivamente.

Desafíos y Tensiones en la Comunidad Universitaria

A nivel nacional, somos testigos de un aumento de tensiones, conflictos y violencias en las instituciones de educación superior. Fenómenos como el acoso sexual, la sobre-carga académica, las funas, los conflictos y la digitalización de la vida universitaria por la pandemia y su posterior retorno se posicionan como prioritarios objetos de reflexión.

Considerando su misión institucional, la Universidad tiene un papel fundamental en esta materia, pues su rol y deber formativo no solo atañe al plano académico y profesional.

El Rol del Trabajo Social en el Desarrollo Comunitario

Desde hace años, el trabajo social ha estado vinculado a la lucha social y a la búsqueda del bienestar de los sectores más vulnerables. En este sentido, el trabajador social ha buscado comprender y ayudar a las personas de acuerdo a las experiencias traumáticas vividas o bajo un entorno de crisis sanitaria, social y económica.

El trabajo social es una disciplina que tiene como objetivo ayudar al desarrollo de relaciones humanas saludables y fomentar los cambios sociales que permitan a las personas tener una mejor calidad de vida. En principio, los trabajadores sociales pueden ejercer su profesión en escuelas, universidades, servicios familiares, institutos del gobierno y servicios ambulatorios/hospitalarios.

De forma general, los trabajadores sociales ayudan a niños, familias y adultos a acceder a programas y servicios que permitan su bienestar. Uno de los roles más importantes del trabajador social es la prevención.

Evolución del Rol Profesional del Trabajo Social

Al hablar del rol profesional del Trabajo Social desde una primera aproximación se centra en el concepto de asistencia y/o ayuda a los más necesitados, ya que está fuertemente orientada al bienestar y/o justicia social de las personas; frente a esto, la profesionalización de esta disciplina se ha desarrollado de forma paulatina, desde un principio vista desde la filantropía hasta el desarrollo de teorías sociales y especializaciones en el área social. El rol evoluciona en los diversos contextos sociopolíticos que impactan en la sociedad y sus cambios sociales, al igual que el surgimiento de nuevas problemáticas que pueden ser vistas de una manera global.

Concretamente, Albert et al. (1997) aluden a estas cuatro dimensiones esenciales para el rol social de los/las trabajadores sociales y cómo se posicionan frente a un usuario / sujeto:

  1. Finalidad: Da un sentido cultural, particularmente donde se abordan las diferentes problemáticas sociales.
  2. Competencias: Definen la identidad social de aquellos que lo ejercen. Los trabajadores sociales se encuentran con cuatro características:
    • Un agente de control social.
    • Un garante de derechos y deberes.
    • Un militante cuando aporta sus recursos al servicio de la comunidad.
    • Un agente de inserción.

Desde este marco explicativo, Albert et al. (1997) conciben el rol profesional y su estructuración específica en los procesos de intervención social, en los cuales muchas veces se limitan o configuran bajo una normativa institucional reduccionista, donde se percibe un status social o una posición profesional devaluada en el plano social y adicionalmente se encuentra influida por una escasa valorización de la profesión y sus credenciales efectivas para lograr concretar cambios y transformaciones en los espacios sociales (educacionales) en los cuales se desempeña.

Por consiguiente, se plantea que con la reconceptualización del Trabajo Social la concepción del rol en la intervención toma otros significados al posicionarlo desde otra perspectiva más integral, donde “las necesidades psicosociales permiten abarcar de manera más global al sujeto, una articulación entre los problemas individuales y los procesos estructurales. (..) lo social no se reduce a satisfactores económicos, sino que se extiende a lo sociocultural, psicosocial y sociopolítico” (Conde, 2003, p. 78).

Metodologías y Técnicas de Intervención

Los/as Trabajadores/as Sociales desarrollan capacidades que favorecen la intervención y la elección de los modelos o técnicas de intervención. Como resultado se pudo evidenciar un saber práctico que fundamenta y valida la acción profesional, comprendiendo la relación entre lo teórico y práctico de la profesión, lo cual permite guiar las acciones desde un saber específico en un contexto determinado.

Por otro lado, se suman las técnicas de intervención, las cuales son las herramientas y estrategias que se implementan mediante la reflexión, para ser utilizadas y/o adecuadas en los contextos de intervención en donde se mencionan como principales: la entrevista en profundidad, visita domiciliaria, talleres socioeducativos, trabajo en red y la creatividad de estrategias y técnicas frente a los diversos escenarios.

Podemos rescatar que ante la actual crisis sanitaria se ha tenido que adecuar estas técnicas a un campo tecnológico, con la creación de cápsulas informativas, videos informativos, llamadas telefónicas, videollamadas, entre otros.

Con lo anterior señalado, podemos destacar la importancia de una metodología reflexiva que genera el profesional, las herramientas y estrategias que engloban su quehacer. Ante esto, rescatamos la utilización y ejecución de técnicas, mediante el proceso reflexivo de un por qué y un para qué.

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