Rafael Carranza, investigador centrado en la desigualdad económica, analiza el impacto de las nuevas formas de trabajo como los "contratistas dependientes".
Carranza plantea soluciones innovadoras para sistemas de protección social que sean universales, flexibles y adaptables.
En una entrevista, Carranza entrega su visión sobre los desafíos del trabajo del futuro, aclarando que lo hace a título personal.
Transformación del Mercado Laboral por las Nuevas Formas de Empleo
Hay que partir mencionando que estos empleos no son nuevos -la comida a domicilio o el transporte ya existían.
Lo que cambia son los espacios donde se organizan empresas, trabajadores y consumidores.
Esta es una nueva forma de organizar un trabajo que ya existía y que es difícil de clasificar a partir de las formas de empleo que conocemos.
Por un lado, pueden ser considerados trabajadores asalariados, ya que son supervisados o pueden ser despedidos.
Por otro lado, pueden ser considerados trabajadores independientes al tener mayor flexibilidad sobre cuándo trabajar.
La OIT, por ejemplo, los llama “contratistas dependientes”.
De la misma forma, estos trabajos no encajan con la idea tradicional de economías colaborativas, pues los dueños de las plataformas pueden poner condiciones sobre la relación entre trabajadores y clientes.
Implicaciones en la Seguridad Económica de los Trabajadores
Hoy en día la protección social está fuertemente condicionada por el empleo.
La previsión, la salud, el seguro de cesantía, están condicionados a tener una relación laboral formal.
Parte de los beneficios a los que se puede acceder dependen de las características del empleo: el nivel de ingreso, su duración, etc.
En este contexto, estos trabajadores no se encuentran protegidos.
Si bien los trabajadores valoran la flexibilidad que estos empleos proveen, en caso de enfermedad, accidente, desempleo o jubilación, no están siendo protegidos adecuadamente.
Estas nuevas formas de empleo son en parte una invitación a repensar la protección social, por ejemplo, a través de sistemas universales que provean mínimos complementados con sistemas contributivos que provean protección adicional.
Desigualdades Económicas y Movilidad
La respuesta probablemente sea un poco de ambas.
Este tipo de trabajos provee una oportunidad para quienes, por distintas razones, no puedan acceder a un empleo asalariado.
Esta oportunidad podría potencialmente permitir moverse a empleos de mayores ingresos, con mayor seguridad y estabilidad.
Esto puede pasar, por ejemplo, si esta experiencia es útil para postular a mejores trabajos.
Por otro lado, si tenemos un mercado laboral polarizado con empleos inestables y con salarios volátiles por un lado, y empleos estables por otro, podemos esperar que aumente la desigualdad económica en el tiempo.
Desafíos para los Sistemas de Protección Social
Es importante considerar que el cambio climático y la transición demográfica tendrán impactos sobre el empleo, y es de esperar que ese impacto sea desigual.
Se verán más afectados aquellos empleos susceptibles a las altas temperaturas e incendios, o industrias contaminantes.
De la misma forma, las labores de cuidado se harán cada vez más importantes y, mal manejado, tendrá un impacto importante en la participación laboral, en particular de las mujeres de menores ingresos.
El desafío es complejo.
Tenemos que pensar en sistemas de protección social robustos y sostenibles que reconozcan estos desafíos.
Deben proveer mínimos suficientes, ser flexibles y tener la capacidad de adaptarse rápidamente en casos de emergencia.
Estos son debates que van más allá de las discusiones técnicas, sin diálogo no será posible empujar reformas de este tipo.
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