Referirse a la mala calidad de la educación chilena, en todos sus niveles y sistemas, al margen de aparecer como un lugar común es casi de buen tono, por los dividendos que se le pueden extraer dependiendo de qué interlocutor se trata. Desde una mirada positiva, obviamente, como todo problema complejo, su explicación es de origen multifactorial. Posiblemente el factor que más incide podría ser la referencia a los modelos curriculares centrados en el profesor o en los contenidos como consecuencia de la formación de profesores basados en paradigmas meramente reproductores de saberes culturales, dirigidos a alumnos pasivos, acríticos acumuladores de información, sin tener en cuenta las diferencias individuales.

¿Ayudará un currículum centrado en el aprendizaje (CCA) a cambiar el actual estado de cosas? Una primera pista la obtenemos del Informe Delors (1996), documento que impactó profundamente a la comunidad académica mundial, su amplia difusión y discusión nos permite soslayar entrar en detalles, sin embargo, hay un elemento contenido en dicho informe que nos permite identificar un primer componente que necesariamente debería constituir un enfoque CCA. Nos referimos a la necesidad de aprender a lo largo de toda la vida, el informe cataloga esta competencia como la llave del siglo XXI, debido a que es una manera eficiente de vivir en un mundo cambiante y de una acumulación ilimitada de información.

Características de un Currículo Centrado en el Aprendizaje

Gutiérrez (2003), después de un profundo análisis, llega a la conclusión de que un enfoque curricular centrado en el aprendizaje debe sustentarse en una visión constructivista, por la calidad de los aprendizajes y las estrategias que se deben lograr deben ser altamente significativos para el que aprende, lo que se adapta bastante bien con los conceptos de aprendizaje significativo de Ausubel y lo referente al conocimiento previo, frecuentemente confundido con la idea de diagnóstico. El proceso tradicional de enseñanza-aprendizaje centrado en la transmisión de información y en la figura del profesor como fuente casi única del saber, debe derivar, tal como lo prescriben Feurestein y Vygotsky, en un profesor mediador entre el que aprende y lo que se debe aprender, para, entre otras cosas, permitir la autonomía del aprendiz; en este enfoque el rol del profesor cambia drásticamente.

En este contexto, un currículo centrado en el aprendizaje debe considerar:

  • Estrategias pedagógicas diferenciadas y adaptadas a los distintos ritmos.
  • El aprendizaje debe tener lugar en una nueva forma de trabajo pedagógico.
  • Aprendizaje tanto individual como colaborativamente y en equipo.
  • Conocimientos previos.

Si los OF están formulados desde la perspectiva del aprendizaje que cada alumno y alumna debe lograr, los CMO lo están desde la perspectiva de lo que cada docente debe obligatoriamente enseñar. Una característica del Ajuste Curricular (MINEDUC, 2009) es que vuelve a definir, con mayor precisión, los numerosos conceptos que lo componen. Entre otros estipula que los Objetivos Fundamentales (OF) son los aprendizajes que los alumnos y las alumnas deben lograr al finalizar los distintos niveles de la Educación Básica y Media; que los Contenidos Mínimos Obligatorios (CMO) explicitan los conocimientos, habilidades y actitudes implicadas en los OF, y que el proceso de enseñanza debe convertir oportunidades de aprendizaje para cada estudiante con el fin de lograr los Objetivos Fundamentales.

El Enfoque de Competencias en el Currículo

Este fenómeno de optar por el enfoque orientado de capacidades o competencias en el contexto de marcos curriculares no es extraño. Por ejemplo, en España en los últimos cincuenta años han promulgado cuatro leyes de educación, donde la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo Español (LOGSE), formulada en 1996, propugnaba el desarrollo de capacidades; por su parte, la Ley Orgánica de Educación (LOE), dictaminada en 2006, estipulaba el desarrollo de competencias. En el caso chileno, en los últimos veinte años se han dictado dos leyes educacionales, y para la Enseñanza Básica tres marcos curriculares, donde el D. 40 y sus diferentes modificaciones promueven el desarrollo de habilidades de orden superior.

Como es sabido, la LOCE traía aparejada un nuevo enfoque curricular, al introducir abruptamente conceptos bastante alejados del vocabulario habitual de los docentes en servicio en la Enseñanza Básica y Media, sin transición de objetivos generales, específicos y contenidos; se habla de objetivos fundamentales, contenidos mínimos obligatorios y posteriormente de aprendizajes esperados e indicadores de desempeño. Para implementar este nuevo currículum el MINEDUC introdujo recursos millonarios al sistema, desarrollando ingentes esfuerzos materiales y humanos para capacitar al profesorado conforme a la nueva visión educativa. No obstante, los equívocos persistían y posiblemente aún persisten.

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