Es, en primer término, un documento pontificio que contiene favores (privilegios, gracias) espirituales destinados a quienes -previas disposiciones espirituales- se comprometían a participar en la lucha contra los infieles, tanto de forma directa (en la guerra) como indirecta (a través de la limosna); con el transcurrir del tiempo, su doble finalidad espiritual y hacendística, se convertirá en una mera renta estatal, aunque conservara su secular motivación religiosa o su envoltorio espiritual.

Por tanto, la Bula sólo era comprensible desde la interdependencia de aspectos que hoy son independientes y autónomos, tales como Iglesia y Estado, fe y dinero... pero que antaño iban a la par, cuando no se confundían, en una curiosa relación fe-hacienda, según la cual, a mayor vitalidad, espiritualidad y vivencia de la fe, mayor era el ingreso proporcionado por la limosna y viceversa. Tal documento desencadenará una dinámica institución del mismo nombre y que se responsabilizó de la publicación, predicación y administración de la concesión graciosa de la Iglesia de Roma a la Corona española.

Afectaba a todos los fieles católicos quienes, de acuerdo con su categoría social, contribuían distributivamente con su limosna (oscilante entre los dos reales para los más pobres y los 10 pesos para los virreyes).

Organismos y Ministros

El Consejo de Cruzada, como institución suprema en España, y el Tribunal de Cruzada, como subdelegación del Consejo en Indias, constituyeron la columna vertebral de toda la organización relativa a la Bula. A través de un inmenso océano de leyes, sermones, instrucciones o cañas, nos acercamos a un mundo dinámico de lo más variopinto.

Nos encontramos en él, desde tesoreros embargados a piadosos predicadores que hacen apología de la Bula, o bien, fervientes fieles que toman la bula, a socarrones cronistas que se admiran de las de tesoreros para llenar el arca de la Hacienda.

En numerosas ocasiones, sobre todo en los primeros momentos en los que se van asentando los Tribunales, deben valerse de los funcionarios civiles, como oficiales reales, y de los ministros eclesiásticos, obispos y miembros del cabildo catedralicio.

Puede decirse que el tribunal se adaptó en todo tiempo y lugar acomodándose a cada circunstancia con el fin de asegurar y aumentar la recaudación de la limosna. La Cruzada se institucionalizaba en Indias, creando toda una tupida red o complejo engranaje de empleados que se extendía desde la ciudad sede del Tribunal hasta el más modesto poblado indígena, donde el propio doctrinero actuaba de predicador de la bula, realizador del padrón y recaudador de la limosna.

Aparte del Comisario Subdelegado, sin duda alguna, la pieza clave de todo el organigrama eran los contadores y tesoreros. Su apetencia por desempeñar dicho oficio estribaba en que, además de las exenciones que la Cruzada les proporcionaba, obtenían un beneficio económico por su cometido, que oscilaba entre el 14 y el 20 por ciento de la recaudación.

A pesar de ello, hubo ocasiones que no se encontraron postores o abandonaron la gestión durante el ejercicio del cargo, teniendo que cubrir su vacante los oficiales reales. Otros quebraron o incurrieron en fraudes, acabando embargados y en prisión.

Dinámica de la Concesión, Publicación y Administración

Una vez que el Papa otorgaba la concesión, se lo comunicaba al Monarca de España por medio del Comisario General, éste enviaba Reales Cédulas y despachos nombrando comisarios subdelegados generales, y tesoreros generales, al tiempo que se lo comunicaba a los virreyes y a los responsables del poder civil y religioso de los distintos territorios peninsulares y ultramarinos.

Los subdelegados generales, en las cabeceras de los arzobispados, a través de los subdelegados particulares de diócesis y partidos, nombraban predicadores y firmaban asientos con tesoreros particulares, los cuales rendían cuentas de su misión al Subdelegado general.

En el sermón, predicado por el más cualificado sacerdote, se declaraban las gracias y facultades de la bula, al tiempo que se decretaba la suspensión de todas las gracias distintas a la propia bula.

Para garantizar la administración se entregaban las bulas en presencia de un escribano o notario que levantaba padrón de ellas para llevado el predicador o receptor ante el comisario subdelegado del partido. En pueblos menores de 300 vecinos de españoles se hacía padrón ante el cura o doctrinero con asistencia del alcalde o regidor; las bulas se daban en la Iglesia, el Concejo, o en la casa del cura o doctrinero.

Acabada la predicación, dejaban en cada lugar las bulas que la justicia ordinaria o el cura ordenase para darlas en la Misa mayor de los domingos o fiestas a quienes no las hubieran tomado, en cuyo caso debían hacerse segundos padrones con estas bulas.

Posteriormente, los comisarios de cada partido recogían todos los padrones y los enviaban al virrey o autoridad suprema y al Subdelegado General para hacer una relación general como cuenta final de cada predicación.

Se ingresaba en la Caja Real o arca de tres llaves para después enviarlo a la Península con las remesas de cada flota, lo que venía a suponer aproximadamente las 3/4 de la limosna recaudada.

Este proceso general descrito sufría distintas variaciones dependiendo del lugar (capital de virreinato o doctrina rural), de los fieles (según la proporción de españoles, naturales, mestizos), de los ministros y del grado de asentamiento del sistema.

Impresión y Envío de las Bulas

El proceso de impresión de las bulas, imprentas donde se efectuaba, diligencias precisas para su ejecución, costos de edición, calidad del papel, etc. Hemos tratado de entra¡ en la imprentas del monasterio de Nuestra Señora de Prado de Valladolid, de san Pedro Mártir de Toledo, del Escorial, de Pofa Coeli de Sevilla y, sobre todo, en la de san Jerónimo de Buenavista, también de Sevilla, para contemplar cómo editaban las bulas y en qué condiciones, antes de proceder a su acarreo hasta el pueño de embarque.

Hemos podido comprobar cómo a veces no daban abasto para satisfacer la demanda al dispararse los pedidos, desde las 35.000 bulas enviadas en el trienio de l5l2- 1515 a los cinco millones remitidos en el primer tercio del siglo XVtrI, hasta imprimir casi 500 millones de bulas de los distintos tipos y valores a lo largo de tres siglos.

Y hemos constatado cómo el incremento de la demanda que se debía en buena medida al interés que autoridades civiles y eclesiásticas, así como predicadores y doctrineros, ponían en su publicación, predicación y adquisición de la bula por los feligreses.

Tras la impresión de las bulas en España, seguía un laborioso proceso de acarreo hasta los puertos peninsulares así como el embarque de los fardos de todo el material, su protección contra las posibles inclemencias del tiempo, los riesgos en su navegación, en su acarreo tras el desembarco hacia los lugares de destino, hasta su depósito en los almacenes reales, a la espera de su publicación y predicación.

Publicación de la Bula

El momento trascendental de todo el proceso era el de la publicación de la bula y su posterior predicación. Tal ceremonia, a la que acudían las primeras autoridades, el cuidado en la asignación de los asientos, la publicidad dada al acto y el esmero con que se realizaba, constituía todo un acontecimiento en el discurrir de la vida cotidiana indiana.

El análisis de la oratoria y su adaptación al auditorio -sobre todo cuando se trataba de los propios naturales- pone de manifiesto el gran esfuerzo de acomodación que habían de realizar los frailes predicadores, particularmente si consideramos las dificultades que conllevaba la explicación de conceptos como los de indulgencia, purgatorio y salvación.

Durante este recorrido por toda América siguiendo Ia estela de la bula, a lo largo de tantos años, hemos podido contemplar todo un sinfín de casos, situaciones y actitudes que nos han permitido conocer mejor la mentalidad de las personas según su raza, profesión y estamento social, así como numerosos pormenores de la vida cotidiana: disputas por cuestión de precedencia, fiestas con motivo de la publicación y predicación de la bula, principios motivadores que se invocaban, refrescos que se ofrecían a quienes acudían al sermón, actuación de los pregoneros, etc.

El Papel de los Eclesiásticos

Los eclesiásticos, obispos, clero regular y clero secular serán los primeros agentes colaboradores de la Corona en la predicación de la bula, aunque con diferentes conductas. Si en ocasiones los vemos como celosos colaboradores de la política virreinal, como en el caso de los franciscanos de la Nueva Galicia que se responsabilizan de toda la predicación y administración, en otras, como el caso de los jesuitas que creían que aceptar las gracias de la Bula suponía una relajación espiritual o connivencia con cierto comercio espiritual, ofrecen serias resistencias.

No encontramos, pues, una actitud común, sino casos que van desde el fraile juzgado por fraude hasta el predicador celoso al que se le felicita por su dedicación.

Los Indios ante la Bula

Si algo tiene de distintivo la institución bularia en las Indias, ello son los indios. Las realidades más notables en tomo a sus personas lo constituirán los aspectos siguientes: la prohibición inicial de la bula a los indios, el intento de conciliar la obligatoriedad en la asistencia con la libertad en tomar la bula, el trato favorable dado a los indios frente a los agravios de las autoridades civiles, la predicación del sermón en su propia lengua, el facilitarles el jubileo a través de las cajas de comunidad o la posibilidad de pagar en especie o gratuitamente, la mentalidad europea respecto al indio.

Recaudación y Administración de la Limosna de la Bula

Lo nuclear de la concesión pontificia era recaudar fondos para las guerras que la monarquía católica española sostenía contra los infieles; tal es el ritornelo que se repite constantemente en la documentación.

Lo que sí queda fuera de toda duda el que la bula de Cruzada acaba convirtiéndose en una renta muy segura y estable para la Corona, de la que las autoridades civiles americanas echaron mano asiduamente, y de la que la propia Real Hacienda se sirvió para hacer frente a sus numerosas obligaciones.

Recorrido Histórico de la Bula de la Cruzada en Indias

Este primer intento de aproximación histórica de esta longeva institución indiana lo iniciamos con una breve exposición sobre la Bula de Cruzada en España, fijándonos especialmente en sus principales hitos cronológicos, las concesiones pontificias, nombre del Papa que otorgó Ia bula, título del documento correspondiente y gracias que contiene.

Tras un siglo de inactividad con la entronización de los Reyes Católicos en 1474, la Cruzada se renovó con la concesión otorgada por Sixto fV el 13.X1.1479 en favor de la Guerra de Granada. Era la primera de las bulas a favor de la Reconquista granadinar0. En ella, se otorgaba una indulgencia plenaria a cuantos cooperasen en l¿ misma.

Parece ser que fue planteada como una ampliación de la Bula de Canarias, al solicitar los Reyes Católicos al Papa que confirmase las indulgencias para la conquista de Canarias y las ampliase a la reconquista del reino de Granada12. Los monarcas buscaban un nuevo tipo de Cruzada con mayores alicientes, semejantes a los de la lucha contra los turcos.

El 3.VI.1482 se llegaba a un acuerdo con la Santa Sede para unir sus fuerzas contra los infieles. El Papa atacaría al turco y los Reyes Católicos a los moros. El Papa impuso una décima de un año al estado eclesiástico y se reservaba un tercio de su producto para la guerra antiturca, dejando el resto para la campaña de Granada. La bula fue mucho más rica en gracias y favores que las anteriores, tanto para los cruzados como para los contribuyentes con su limosna, pues además de motivar a todos los fieles -españoles y extranjeroi- a q...

TAG: #Finiquito

Lea también: