Corría el mes de Febrero del año 1937 y en Chile se promulgaba la Ley que dio origen al hoy llamado sueldo mínimo. Se llamaba Sueldo Vital, entendiéndose este como “el necesario para satisfacer las necesidades indispensables para la vida del empleado, alimentación, vestuario y habitación; y también las que requiera su integral subsistencia” (Ley 6020, disponible en Ley Chile.cl) Han pasado exactos 74 años y hoy el concepto se encuentra absolutamente desnaturalizado.

La Desnaturalización del Concepto de Sueldo Vital

El mínimo no es vital. Se llama mínimo, pero, ¿Mínimo para qué? De acuerdo a la última encuesta CASEN 2009, las personas que ganan el salario mínimo se sitúan en los grupos socioeconómicos más pobres, con un promedio de 3,73 personas por hogar y sólo 0,9 trabajando.

En este contexto, parece realista verificar el poder de compra del salario mínimo suponiendo que será distribuido en una familia de 4 personas que depende del trabajo de sólo una de ellas. Considerando la actual línea de la pobreza, equivalente a 2 canastas de alimentos y que a precios actuales bordea los $70.000, un salario mínimo de $172.000 sólo cubre un 61% de la línea de la pobreza para una familia de 4 personas.

Por ejemplo, una familia de 4 personas que no tiene deudas y recibe subsidio íntegro para pagar su cuenta de agua potable y 100% de gratuidad en prestaciones de salud, con $172 mil al mes, sólo podría pagar un arriendo de una pieza, comprar 1 kilo de pan al día, la persona que trabaja podría tomar micro o metro ida y vuelta todos los días, pagar una cuenta de luz básica y comprar 10 litros de leche y 5 litros de parafina.

La Relación entre el Sueldo Mínimo y la Pobreza

Así pues, para el caso chileno puede verse que estos salarios tienen un nexo indiscutible con la pobreza, con el fenómeno de los “trabajadores pobres”. Y es que aquí las evidencias sobran: del total de pobres e indigentes, el 20% trabaja, porcentaje no menor considerando que se trata de cerca de 500 mil personas. Es un insulto al trabajo y contra de la pregonada igualdad.

En esta tremenda y obviamente injusta realidad, el salario mínimo tiene un rol protagónico: 7 de cada 10 trabajadores pertenecientes a los hogares más pobres de Chile (el 1° decil), gana el mínimo o menos. Otra fatídica conclusión, posible de detectar a través de un ejercicio econométrico con la CASEN, indica que, entre 2006 y 2009, la probabilidad de ser pobre aumenta en un 21% (ceteris paribus) cuando se gana el mínimo o menos.

En tal sentido y de continuar la tendencia seguimos a tranco firme por la ruta de la injusticia. Los datos son elocuentes, no aceptemos el chantaje del riesgo de desempleo ni de las presiones inflacionarias (ver Informe Fundacion SOL), Chile es el país más desigual de la OCDE, y el único de este club dónde el salario mínimo es un salario de hambre que no cubre las canastas de necesidades básicas para una familia promedio.

Derechos Económicos y el Salario Mínimo Vital

Todas las personas tienen derechos económicos, sociales y culturales. Entre ellos se incluyen el derecho a la vivienda, la alimentación, el agua y el saneamiento, la educación y la atención sanitaria. Para acceder a estos derechos, muchas personas perciben un salario o ingresos con los que pagan bienes y servicios.

En todo el mundo hay cerca de 241 millones de personas que trabajan y viven en la pobreza extrema, es decir, no ganan lo suficiente para garantizar unas condiciones de vida dignas para ellas y su familia. Un salario mínimo vital es el ingreso mínimo necesario para que una persona que trabaja atienda sus necesidades esenciales y realice sus derechos humanos. El coste de la vida varía en función del lugar de residencia.

Exigir a las entidades empleadoras que paguen al personal un salario mínimo vital también contrarresta la creciente brecha salarial de género global, que sitúa a las mujeres en mayor riesgo de caer en la pobreza que los hombres. Pagar un salario mínimo vital tiene también sentido desde el punto de vista económico.

Implementación y Desafíos del Salario Mínimo Vital

Pese a que los beneficios de un salario mínimo vital son claros y que el concepto se ajusta al derecho y las normas internacionales de derechos humanos, los Estados siguen sin incluirlo como requisito en la legislación laboral nacional. En todo el mundo se han introducido sueldos mínimos obligatorios por ley para hacer frente a las bajas retribuciones.

Sin embargo, a menudo son insatisfactorios, ya que no tienen suficientemente en cuenta el coste de la vida del país o no se ajustan durante decenios. Cuando un gobierno especifica el importe más bajo que debe pagarse por el trabajo, éste se convierte a menudo en la cantidad más alta que percibe el personal de algunos sectores sin hacer horas extras excesivas.

La interpretación política y social relativa al sueldo mínimo varía de un país a otro, pero, en casi todos los contextos, el debate está dominado por los intereses de la clase más rica y poderosa de la sociedad. Durante decenios, quienes están a favor de mantener los salarios bajos han alegado que un mayor crecimiento económico, a menudo a través del éxito empresarial, es en última instancia positivo para los derechos y el sustento de las personas trabajadoras.

Muchas personas que trabajan en países en desarrollo se ven obligadas a subsistir con sueldos mínimos aún más bajos. La estructura del sector textil y la naturaleza de su modelo de negocio, basado en mano de obra intensiva, lleva a las empresas a tratar de reducir costes con mano de obra barata.

Los Estados quieren suministrar esa mano de obra barata para captar la inversión de esas empresas, lo que provoca una competencia destructiva, en la que las entidades empleadoras recortan los salarios del personal para competir en el mercado. Una encuesta global realizada por la Organización Internacional del Trabajo en 2017 confirmó que los salarios del personal de la confección dependían directamente de las prácticas de adquisición entre marcas y proveedores.

Activistas y sindicatos de todo el mundo exigen a sus gobiernos que reconozcan este deber y garanticen por fin un salario mínimo vital a las personas por su trabajo. El activismo y las organizaciones sindicales lideran el enfoque basado en los derechos humanos en la lucha por salarios justos y otros derechos laborales.

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