El miedo es una emoción natural en el ser humano, clave para la supervivencia, preparándonos para el estrés y el peligro. Esta sensación genera pensamientos que nos hacen desconfiar de nuestra capacidad de afrontar problemas o decisiones y nos muestra vulnerables. Esto surge cuando tenemos etapas de bienestar, sintiendo la necesidad de estar alertas e incómodos para cumplir con nuestras responsabilidades.

Creemos que tenemos algún defecto que nos impide la superación. "Soy muy torpe", "no soy inteligente", "soy muy sensible". Es sentir que traicionamos al grupo de pertenencia al salir de nuestra zona de confort.

Identificando y Abordando la Inseguridad

Para superar la inseguridad, es crucial identificar la raíz del problema. No basta con un simple "no me siento bien" o "me asusta". Saber cuál es la emoción que impide ser más seguro es el primer paso para vencer el miedo.

Cada emoción está ligada a un pensamiento. Una práctica útil para poner las cosas en perspectiva a la hora de resolver un problema es tomar nota en tres columnas: qué sucede, qué pensamos de ello y cómo nos hace sentir.

Muchas inseguridades provienen de nuestra apariencia y nuestro intelecto. Hacer ejercicio, alimentarse correctamente y continuar aprendiendo son soluciones para mejorar nuestra autoestima.

Tomar riesgos fuera de la zona de confort es una excelente forma de ganarle a la inseguridad. La psicología del apego y la incertidumbre son grandes enemigos de la seguridad y la autoconfianza.

Superando el Miedo al Emprender

Ser nuestra propia jefa nos pone en posiciones nuevas a las que no estábamos acostumbradas. No olvides que es normal: sentir inseguridad es normal, porque estás haciendo algo nuevo, y eso provoca emoción y ansiedad. Sería muy extraño que no tuvieras miedo, pero debes convencerte que es algo normal y que no eres la única que le pasa esto.

Llena tu calendario: mientras más ocupaciones tienes, más segura estás. Acepta el miedo: ve el miedo como un indicador de las cosas que debes hacer, si tienes miedo a algo, es porque debes hacerlo. Y al concentrarte en ello, los resultados son mucho mejor.

Sal de tu zona de confort: lo tradicional y lo cómodo, siempre nos relaja y nos hace estancarnos, porque estamos bien en esa situación.

Combatiendo la Procrastinación

Procrastinar es una de las dificultades más comunes que enfrentan los profesionales independientes durante sus jornadas laborales. Entender qué es y cómo se manifiesta en el trabajo es el primer paso para superarla. Postergar de forma voluntaria tareas que sabemos que debemos hacer, eligiendo en su lugar actividades que resultan más agradables o menos demandantes.

En el ámbito laboral, especialmente para profesionales independientes que manejan su propio tiempo, puede generar retrasos en proyectos, pérdida de oportunidades y deterioro de la reputación. Comprender que la procrastinación es un comportamiento aprendido y que podemos modificarlo, es el primer paso para recuperar el control sobre nuestras jornadas laborales.

Esta suele presentarse de formas variadas durante la jornada laboral. Para un profesional independiente, puede significar posponer la respuesta a correos electrónicos importantes, dejar para última hora la entrega de proyectos o distraerse con redes sociales y plataformas digitales, que están al alcance de la mano las 24 horas.

En un entorno donde el trabajo independiente y remoto han crecido considerablemente, la flexibilidad que esto ofrece puede convertirse en un arma de doble filo. Si no se establecen límites claros, el exceso de libertad puede llevar a una mala gestión del tiempo y a la postergación constante de tareas.

El impacto de la procrastinación va mucho más allá de la simple acumulación de tareas pendientes. Además, incrementa el estrés y la ansiedad, afectando tanto la salud mental como física. En ambientes donde la cultura laboral puede ser exigente, esta presión acumulada puede derivar en agotamiento y pérdida de motivación.

Superar esto requiere compromiso y la aplicación de estrategias prácticas que ayuden a mejorar la concentración y la gestión del tiempo. Aplicar estas estrategias en el contexto laboral, donde la flexibilidad y autonomía son clave, puede marcar una gran diferencia en la calidad y cantidad de trabajo realizado.

Imagina que tienes que entregar una propuesta para un nuevo cliente el viernes, pero es martes y no has comenzado. En lugar de dejarlo para último minuto, aplicas la técnica de dividir tareas: el martes dedicas 30 minutos a reunir la información necesaria, el miércoles estructuras el contenido y escribes el primer borrador, y el jueves lo revisas y ajustas.

Para mantenerte enfocado, decides usar la técnica Pomodoro: trabajas en bloques de 25 minutos con pausas de 5, y apagas las notificaciones del celular. Además, al finalizar cada bloque, te das una pequeña recompensa, como tomar un café o revisar tu serie favorita.

Superar la procrastinación es un proceso que requiere tiempo, autoconocimiento y la implementación de estrategias concretas. Recuerda que la clave está en ser paciente contigo mismo y reconocer los avances, por pequeños que sean, para mantener la motivación y el compromiso.

Manejando el Síndrome del Impostor Después de un Ascenso

Ser ascendido en el trabajo es un gran logro y orgullo, pero al mismo tiempo, quienes obtienen un ascenso laboral pueden experimentar una sensación de inseguridad o de “no estar a la altura” para desempeñar su nuevo rol. Aquí te contamos cómo evitarlo o enfrentarlo.

El síndrome del impostor, del que muchos hablan y que es posible que hayas experimentado en carne propia alguna vez en tu vida, es descrito por un grupo de académicos españoles en el medio The Conversation, como un fenómeno psicológico que atrapa en dudas y temores a quienes obtienen un logro o destacan en algo, porque temen ser descubiertos como impostores.

Dicen que el primer paso para creerse el cuento es reflexionar sobre cómo te ascendieron y repasar tus logros previos. Así entenderás que si te eligieron para ese puesto, es porque te ven capaz de hacerlo. Luego para el ejercicio del nuevo cargo, será clave aceptar la posibilidad de cometer errores no graves. ¡No te propongas la perfección!

Debes establecer expectativas realistas y que tu equipo sepa que al principio estarás aprendiendo. Otro punto importante que mencionan, es poder asumir el nuevo rol con humildad y honestidad, especialmente cuando compañeros de equipo pasan a ser subordinados directos.

Establecer las diferencias desde un principio, permitir que sea un tema de discusión y repetir los nuevos límites, generará comodidad para ti y tu equipo. Lo importante es que puedas de a poco ir ganándole a la sensación de no estar a la altura y evitar que te paralice o que afecte a tu equipo de trabajo.

En la charla TED “Cómo usar el síndrome del impostor para nuestro beneficio”, el empresario australiano, Mike Cannon-Brookes, recomienda que cuando alguien se siente impostor, debe tratar de aprovechar ese sentimiento para convertirlo en algún tipo de fuerza para el bien.

Para superar el síndrome del impostor después de un ascenso laboral, es importante saber reconocer que el mérito propio te ha llevado a alcanzar esa nueva posición. Un ascenso siempre será un desafío, lo importante es aprovechar esa oportunidad de aprendizaje y no centrarse en los sentimientos de incompetencia.

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