Estás sentado en un café, trabajando en tu computador. Llega alguien y te lo pide. “No, yo lo estoy usando, además el computador es mío”. Pero insiste, y llega otra persona a decirte que hay que compartir y que además ya llevas mucho rato usándolo, y te fuerza a prestarlo. Raro, ¿no?
Ahora imagínate lo siguiente: Un niño jugando, concentrado y pasándolo bien. Viene otro niño y quiere su juguete. El niño dice que no. Se acerca un adulto y dice “vamos a compartir los juguetes” o “ya has jugado con eso harto rato, ahora le toca a ella”. ¿Qué siente el niño? Que compartir no se siente bien porque no le gustó que se llevaran el juguete cuando estaba pasándolo bien.
Fue el adulto el que decidió compartir. Primero, y siempre, uno de los elementos más importantes del aprendizaje, es el modelo de los adultos. Niños que se mueven en ambientes donde se promueven instancias para compartir, ven a sus padres compartir con ellos y con otros, y se les enseña verbal y no verbalmente el valor de compartir, probablemente tendrán más conductas de compartir.
Los adultos debemos comprender que al igual que a nosotros no nos gusta compartir TODO lo que tenemos, los niños también tienen derecho a decidir no compartir sin ser juzgados. Siempre podemos escuchar las razones que los niños tengan para no compartir: “es que es mi juguete favorito”, “es que ese niño se lo quiere llevar a su casa”, “es que no me lo va a devolver”, “es que cuando yo le pedí que me prestara su juguete él me dijo que no”. Todas razones atendibles y válidas.
Los niños tienen derecho a tener ciertos juguetes que no les gusta compartir. Debemos enseñar a nuestros hijos a respetar sus deseos, por lo tanto, si le piden un juguete, NO es una respuesta perfectamente legítima, pero los adultos tenemos una cosa con eso: cómo no va a compartir, qué va a pensar la otra mamá, va a ser un adulto egoísta, he creado un monstruo.
Pero si queremos criar un niño que sepa respetarse, debemos respetar cuando diga que no, escuchar sus razones, validarlas y apoyarlos. Y también ayudarlos a tolerar la frustración que significa cuando a ellos a los que les dicen que no, y de la misma forma enseñarles a respetar esta respuesta de parte de otros. No pueden tener todo lo que quieran. Así no funciona el mundo, además no vamos a estar siempre nosotros con ellos para ayudarlos a lograr lo que quieren (por ejemplo, las mamás que intervienen pidiendo ellas las cosas a otros niños porque sus hijos las quieren.
Hay tantas formas de ver el asunto: ¿queremos que compartan porque tienen ganas de compartir? Por eso, quizás, más que obligar a compartir, podemos invitarlos a tomar turnos, y ojalá que el turno se demore lo que el niño que tiene el juguete, quiera: “cuando termines de usar eso se lo pasas a tu amiga?, ¡muchas gracias!”. De esta forma podemos enseñarles que lo hagan incluso si es que no estamos nosotros mirándolos.
Si los dejamos por el tiempo que necesitan, no sentirán que les quitamos el juguete cuando nosotros consideramos que están listo. Cuando esto pasa, los niños se vuelven más ansiosos y menos dado a compartir ya que asocian el compartir como una experiencia desagradable en la que pierden un momento y un objeto que estaban disfrutando. Con la otra aproximación no existe la preocupación de perder el juguete ya que lo uso por el tiempo que quiero.
Si respetamos los NO de los niños y ellos son capaces de decir que no a los niños que quieren quitar sus juguetes, ponen límites al otro niño, responden asertivamente y se respetan a sí mismo. ¿Han pensado cuántos de nosotros, los adultos, tenemos problemas para decir que NO y poner límites?
Y cuando el niño entrega el juguete, una vez que dejó de jugar con él, ambos niños, el que entrega y el que recibe, sienten los buenos sentimientos que derivan del compartir. ¿Y cuando a nuestro hijo le toca esperar? Es difícil, si, y es ahí donde nosotros tenemos un rol en ayudarlos a esperar.
Aclaro que no estoy en contra de la generosidad, muy por el contrario. Hasta los 3 años, es difícil que un niño comparta. Naturalmente sienten que son el centro del universo, por lo que solo podemos darles experiencias y modelos de compartir. Luego de esa edad pueden comprender, pero igual puede molestarles de sobremanera compartir. En edad prescolar pueden comprender más, aun cuando les siga costando compartir.
Podemos hablarles del valor de la justicia y de los sentimientos de los otros o el punto de vista de los otros para promover el compartir. Pero recordemos que a esta edad aún es difícil que entiendan realmente los puntos de vista y emociones de otros, por lo que debemos mantener expectativas realistas. También recordemos que es difícil determinar una edad en la que el/la niña ya están en etapa de compartir ya que los ritmos de desarrollo de cada niño, sus características de personalidad y sus estilos de crianza varían.
Podemos prepararlos para situaciones en las que van a tener que compartir: cuando vayas a la casa de tu primo, vas a compartir sus juguetes con él, y nosotros llevamos los nuestros para que compartas también. Siempre respetando si hay algún juguete que quieran mantener con ellos: si no quieres compartir tu peluche está bien, pero el resto de los juguetes los compartimos.
“¿Te gustó que tomara tu juguete? “El otro niño está usando su turno. “¡Estás muy enojado! “Veo que ya no estás usando el caballo. Anda a buscar a Jose. Suerte en esta tarea, y si necesitas apoyo, puedes contactarme.
Habilidades necesarias para hacer amigos
Para aprender un deporte o una asignatura nueva en la escuela, los niños necesitan habilidades específicas. Lo mismo sucede cuando se trata de hacer amigos. Algunos niños comienzan a desarrollar de manera natural las habilidades necesarias para hacer amigos desde temprana edad. Otros necesitan un poco más de tiempo. Y hay quienes tienen desafíos que les dificultan hacer y mantener amistades.
Estos desafíos incluyen:
- Hiperactividad
- Ansiedad
- Impulsividad
- Problemas de concentración
- Dificultad con las habilidades sociales
- Retraso en el lenguaje
Estos son cuatro tipos de habilidades necesarias para hacer amigos y cómo ayudar a los niños a desarrollarlas.
1. Iniciar conversaciones
Iniciar una conversación podría parecer algo sencillo. Sin embargo, piense en lo que requiere: ¿Los niños saben cómo unirse a una conversación grupal? ¿Pueden proponer temas de conversación apropiados que interesen a los otros niños? ¿Saben si es el momento oportuno para tener una conversación?
Los niños tienen dificultad para iniciar conversaciones de diferentes maneras. Si son impulsivos, por ejemplo, podrían unirse a una conversación sin saludar primero. Si no interpretan bien las situaciones sociales, podrían decir algo inapropiado.
Cómo desarrollar esta habilidad: En casa, practiquen cómo iniciar conversaciones. En la escuela, elogie a los estudiantes cuando inicien conversaciones de manera apropiada. Enseña a los niños y ejemplifica frases básicas de saludo para utilizar con personas conocidas ("Kola, ¿cómo estás?") y con personas desconocidas ("Hola, soy María. Estoy en la clase de la maestra Smith").
2. Captar las señales sociales
Las señales sociales son parte de cómo nos comunicamos. Interpretamos el lenguaje corporal, las expresiones faciales de las personas o el timbre y tono de sus voces. Estas señales nos ayudan a saber cuándo dejar de hablar, cambiar de tema o retroceder porque estábamos demasiado cerca de alguien. No obstante, los niños que tienen dificultad con el lenguaje o las habilidades sociales pueden tener problemas para captar las señales sociales. Puede que tampoco "lean" bien las situaciones. Es posible que requieran ayuda para reconocer cuándo una persona perdió el interés o si tiene que terminar una conversación.
Cómo desarrollar esta habilidad: Haga notar algunas señales no verbales que usan las personas cuando quieren terminar una conversación, como mirar el reloj, ver hacia otro lado o bostezar. También puede enseñar señales verbales que indican que alguien está intentando terminar una conversación, como no responder a preguntas o decir "me tengo que ir".
3. Seguir las normas sociales
Seguir las normas sociales es fundamental para hacer amigos. Los niños tienen que aprender estas reglas, como tomar turnos al hablar y prestar atención a los demás cuando hablan. Sin embargo, puede que sea difícil para algunos niños. Pueden acaparar una conversación o no saber cómo disculparse si accidentalmente empujan a un compañero de clase. También es posible que no conozcan maneras apropiadas de demostrar su interés cuando alguien está hablando.
Cómo desarrollar esta habilidad: Enseñe a los niños cómo hacer preguntas que demuestren que escucharon y están interesados en lo que dice la otra persona. Usted puede darles un guión para que practiquen. Practicar juegos de rol en la casa puede ayudar con esta habilidad, en especial a medida que los niños aprenden a no salirse del tema y mantenerse enfocados durante una interacción social.
4. Escuchar a los demás
Escuchar es una parte fundamental del dar y recibir de las amistades. Si los niños interrumpen constantemente o no paran de hablar, corren el riesgo de alejar a posibles amigos. Para escuchar, los niños deben primero poder dejar de hacer lo que están haciendo (eso incluye hablar), prestar atención y saber cuándo es apropiado responder. Algunos niños saben de manera natural lo que tienen que hacer. Otros podrían necesitar aprender a captar las señales sociales y comprender las normas sociales.
Cómo desarrollar esta habilidad: Los recordatorios y los juegos de rol pueden ser de ayuda.
Desarrollo del habla en niños
Muchos padres se preocupan por el desarrollo lingüístico de sus hijos. Es una parte vital del desarrollo de todos los niños y aquí te guiaremos para saber qué debes esperar y cuándo.
Cómo se comunican los bebés
Incluso antes de que puedan hablar, los niños pequeños tienen bastante habilidad para hacerse entender: lloran para demostrar que tienen hambre, gorjean cuando están felices, voltean la cara a la comida si no les gusta o señalan un juguete que quieren. Estos primeros sonidos y gestos son formas simples de comunicación que establecen los cimientos para una comunicación más rica y basada en el idioma más adelante.
Al igual que los adultos que aprenden una lengua extranjera, los niños pequeños, en general, comprenden más de lo que pueden hablar. Los expertos en desarrollo infantil hacen una distinción entre lo que lo que los niños pueden comprender (llamado "idioma receptivo") y lo que pueden decir (llamado "idioma expresivo"). Es fácil darte de cuenta de lo que tu hijo puede decir; solo debes escucharlo. ¿Pero cómo puedes darte cuenta de lo que comprende? Una forma es observar cómo reacciona a las cosas que dices.
¿Cuándo aprenderá su nombre mi bebé?
Muchos niños comienzan a reconocer el sonido de su nombre cuando tienen entre 4 y 8 meses. Puedes darte cuenta cuando esto sucede en tu bebé al decir su nombre suavemente y ver si se voltea para verte. Pero asegúrate de que realmente esté reaccionando al nombre y no solo al tono o al sonido de tu voz.
¿Cuándo dirá mi bebé sus primeras palabras?
En general, los niños comienzan a decir sus primeras palabras no mucho después de cumplir un año. Pero cuando tienen aproximadamente 20 meses, muchos aprenden tanto como nueve palabras por día; más de 250 palabras nuevas al mes. Y, a menudo, cuando tienen alrededor de 2 años, los niños alcanzan otro logro: comienzan a combinar palabras en "oraciones" de dos o tres palabras, como "no hay leche" (que quiere decir "terminé mi leche" o "tiré mi taza de leche").
Es complicado indicar una edad específica en la que pueda preverse que todos los niños lleguen a una etapa particular de aprendizaje lingüístico. Sin embargo, la mayoría de los niños alcanzan logros lingüísticos básicos con pocos meses de diferencia. Si tienes preguntas o inquietudes con respecto al desarrollo lingüístico de tu hijo, asegúrate de llevarlo al médico.
Lista de verificación de desarrollo del habla:
- 9 meses:
- ¿Voltea la cabeza cuando dices su nombre suavemente?
- ¿Balbucea palabras como "ma-má", "pa-pá" o "ba-bá"?
- 12 meses:
- ¿Dice al menos una palabra?
- 18 meses:
- ¿Dice varias palabras por separado?
- 2 años:
- ¿Reconoce nombres de personas, objetos y partes del cuerpo?
- ¿Señala un objeto o una imagen cuando se lo nombran?
- ¿Repite palabras que escucha en conversaciones?
- ¿Construye "oraciones" de dos o tres palabras?
- ¿Sigue instrucciones simples?
Cómo ayudar a tu hijo a desarrollar el habla
- Comienza temprano: Desde el día de su nacimiento, puedes hablarle, cantarle y leerle a tu hijo para ayudarlo a comenzar a transitar el camino del aprendizaje. Prueba hablarle o cantarle durante la comida, el baño e incluso cuando le cambias los pañales. Será valioso para tu bebé y divertido para los dos. Cuando le leas, háblale de la historia y de los dibujos.
- Habla con tu hijo: Incluso cuando tu hijo se encuentre en la etapa de balbuceo, pueden tener "conversaciones". Trata el balbuceo de tu bebé como un idioma y responde con palabras reales como si comprendieras lo que dice (incluso si no entiendes). Después, deja que te "responda" con más balbuceos. Puede parecer un juego tonto, pero le estás enseñando a tu hijo cómo funcionan las conversaciones y cómo tomar turnos para hablar y escuchar.
- Juega a nombrar objetos: Puedes ayudar a tu hijo a aprender nuevas palabras al decir los nombres de sus cosas preferidas mientras los dos las usan: "Aquí viene el balón" o "Mmmm... cereal". Una vez que tu niño se familiarice con una palabra, también puedes comprobar su comprensión al preguntarle "¿Dónde está el balón?" y dejar que responda señalándolo. O, cuando sea un poquito más grande y sepa decir la palabra, puedes preguntarle: "¿Qué es esto?" y déjalo decir "¡Balón!"
- Construir y expandir: Cuando tu hijo hable con oraciones de una o dos palabras, incluye el significado en tu respuesta. Por ejemplo, si dice: "Pato no", podrías responderle: "¿No quieres el pato?" (O en un contexto diferente: "¿No encuentras el pato?"). De esta forma, puedes confirmar que tú comprendes lo que él dice y al mismo tiempo le muestras la estructura de la oración completa.
Es importante recordar que el desarrollo lingüístico más importante surge espontáneamente en las actividades que tú y tu hijo hacen a diario. Aprovecha las oportunidades de hablar, leer, cantar y jugar con tu pequeño. Le ayudará a aprender y también ayudará a fortalecer el vínculo entre ustedes. Y lo más importante es que también se divertirán mientras lo hacen.
Fomentando la Autonomía Personal en los Niños
El desarrollo de la autonomía personal es un objetivo prioritario en la educación de un niño. Los niños con pocos hábitos de autonomía, generalmente presentan problemas de aprendizaje y de relación con los demás. Presentarles nuevos retos que supongan un incremento en la dificultad y valorar el esfuerzo que realizan al enfrentarse a ellos: dejarles hacer cosas solos. Evitar que dependan exclusivamente de nosotros para resolver los problemas.
Estrategias para Fomentar la Autonomía:
- Vestirse: Lo primero es decidir lo que razonadamente le vamos a exigir, evitando pensamientos como: “prefiero hacerlo yo, lo hago antes y mejor”. Ponerlo a practicar. Hay que revisar cómo va realizando lo que se le encomienda. Elogiar y valorar su realización.
- Motivación de logro: La satisfacción por el propio progreso es imprescindible en el proceso de aprendizaje.
- Conducta prosocial: Las tareas compartidas suponen una oportunidad para fomentar la empatía y el altruismo. Colaborar entre compañeros, hermanos etc. beneficia al que presta ayuda y al que la solicita.
A veces frenamos su aprendizaje al realizar nosotros lo que podrían hacer ellos. Armarnos de paciencia y dejar de lado la prisa para enseñar. Dar tiempo para aprender.

