La apatía, esa sensación de falta de interés o emoción, puede ser un obstáculo significativo en nuestra vida diaria. Es una actitud de indiferencia, falta de respuesta y desconexión que nos roba energía y nos hace sentir aletargados.
¿Qué es Exactamente la Apatía?
Esencialmente, es sentir que no sientes. Es algo con lo que te has encontrado en algún punto de tu existencia. Cuando sientes que algo vital falta en tu vida pero careces del impulso para perseguirlo, estás afligido por esta emoción curiosamente carente de emociones.
A través de amplias investigaciones psicológicas, ahora se acepta científicamente que debemos experimentar sentimientos hacia algo para decidirnos a actuar personalmente. Y sin emociones convincentes que dirijan nuestro comportamiento, simplemente no estamos lo suficientemente estimulados para hacer mucho.
Es verdad que la apatía es un sentimiento, pero también es una actitud de indiferencia, falta de interés, falta de respuesta, desconexión y falta de pasión. Esa actitud nos roba tanta energía que nos sentimos aletargados, apáticos, enervados, casi demasiado "paralizados" como para actuar, y, definitivamente no tenemos la voluntad para hacerlo.
Esta es la razón por la que es fácil identificar a las personas apáticas a través de su pasividad. Su interés en enfrentarse a los retos de la vida se ve seriamente comprometido. Simplemente no les importa lo suficiente. Y, francamente, no les importa que no les importe.
Causas de la Apatía
Se ha estudiado (J. Ishizaki y M. Mimura, 2011) que la apatía puede ocurrir en trastornos como la "esquizofrenia, derrame, enfermedad de Parkinson, parálisis supranuclear progresiva, enfermedad de Huntington, y demencias como Alzheimer, demencia vascular y demencia frontotemporal."
En términos menos académicos, muchos otros escritores han conectado el surgimiento y duración de la apatía con estilos de vida caracterizados por la falta de sueño (y fatiga en general), una mala alimentación y falta de ejercicio; o a defectos orgánicos como el mal funcionamiento de la glándula tiroides o del sistema límbico.
Independientemente de la etiología, la peor consecuencia de todas estas condiciones, y de otras, es prácticamente la misma. Es decir, para todos los que padecen apatía, lo que se pierde es la esperanza fundamental de que la satisfacción o felicidad personal es posible. Ya sea que dejen de creer en el valor intrínseco de las metas que se habían impuesto, o que pierdan la fe en su capacidad de cumplir esas metas.
Como resultado, desaparece la energía emocional, física o mental que tenían para lograr lo que valoraban en el pasado.
Pregúntate a ti mismo:
- ¿Tienes pensamientos negativos sobre ti o tus prospectos?
- ¿Te da miedo actuar porque temes fracasar o ser rechazado?
- ¿Te sientes tan aburrido o decaído por las tediosas rutinas diarias que parece que no hay nada que esperar?
- ¿Hay algo dentro de ti que simplemente se rindió y ya no busca crear un futuro más feliz y gratificante para ti?
Si hay una causa general para la apatía, probablemente es pesimismo sobre tu futuro. Y esa actitud autodestructiva podría encontrar su raíz en una programación durante la infancia temprana, lo que lleva a la persona a creer que sin importar que tanto se aplique, de todas formas no podrá tener éxito, o, más comúnmente, puede venir de una serie de eventos en la vida actual que deja a las personas sintiendo que simplemente no pueden ganar.
Soluciones para Superar la Apatía
Mucho, de hecho, aunque llevar a cabo una "excavación" efectiva suele ser un proceso gradual de muchos pasos. Sin importar qué fue lo que inicialmente nos hace sentir desmotivados, es nuestra percepción del presente lo que nos mantiene estancados. Entonces, nuestra tarea inmediata es alterar esta percepción.
En breve, nos irá mucho mejor si nos enfocamos en lo que está dentro de nuestra mente que en lo que está fuera. Y no cabe duda que es necesario forzarnos, sí, forzarnos a desarraigar lo que ya tomó residencia en lo profundo de nuestro ser.
Pasos para superar la apatía:
- Determinar de dónde proviene tu apatía, y desafiar nuestras asunciones subyacentes.
- Ya que la apatía se trata fundamentalmente de actitud, empecemos a percibirnos a nosotros mismos y a nuestra historia desde una perspectiva diferente. Y debe ser una en la que nos ofrezcamos más compasión, empatía, comprensión y posiblemente perdón por insensibilidades, transgresiones o contratiempos pasados.
- Transición de la pasividad a la resolución de problemas.
- Inyectarle algo de novedad a la rutina.
Tal vez podemos retarnos a iniciar una conversación con alguien en el trabajo que no conocemos muy bien. O cambiar nuestro régimen de ejercicio. O hacerle cambios a nuestra alimentación, probar nuevos platillos o combinaciones de comida. Irnos de viaje, caminar por un rato en la naturaleza. Vale la pena considerar lo que sea que nos ofrezca una bocanada de aire fresco en la vida. - Desafiar tu apatía como sea posible.
¿Qué te emocionaba antes de que te abordara tu malestar presente? ¿Hay amigos con los que perdiste contacto pero cuya compañía siempre disfrutaste, especialmente porque te hacían reír? ¿Un tipo de música en particular que te pareciera llamativa? ¿Lugares que te inspiraran? A más cosas intentemos, hay más probabilidades de que seamos capaces de librarnos de las cadenas de la apatía. - Recordar y revivir tiempos más felices, cuando había más entusiasmo y vivacidad. ¿En qué pasatiempos o actividades participabas y encontrabas emocionantes? Difícilmente importa qué te alegraba en el pasado. Cualquier cosa servirá.
- Dirigir la atención a una meta factible en este momento.
Considerando nuestros propios valores, aptitudes y preferencias, podemos elegir una meta que capture mejor nuestro interés y atención y nos ayude a volvernos a involucrar creativamente con la vida. Incluso si significa seleccionar arbitrariamente entre tres o cuatro cosas que consideramos en el pasado, lo importante es no sucumbir ante la angustia. Debemos elegir algo en este momento. Siempre podemos cambiar de opinión. Lo importante es salir del pantano en el que estamos actualmente. Por lo mismo, no es recomendable elegir algo demasiado complejo. - Visitar a un terapeuta profesional. Si, después de trabajar en las sugerencias anteriores, todavía no eres capaz de escapar de la apatía, es probable que estés padeciendo una depresión subyacente más profunda. Y para esto probablemente necesitas ir a terapia.
El Síndrome de Burnout
Todas nos hemos sentido cansadas en el trabajo, ¿verdad? Es normal que levantarnos muy temprano, pasar ocho horas o más en la oficina y realizar los oficios diarios que se van haciendo repetitivos nos genere una sensación de fatiga. Pero, ¿alguna vez te has sentido completamente exhausta? ¿Tanto física como emocionalmente?
Si la respuesta es sí, quizá hayas experimentado el síndrome de burnout, un cansancio extremo que afecta tu salud física y mental y que entorpece las labores diarias, casi al punto de hacerte querer gritar: ¡NO MÁS!
El síndrome de burnout, también conocido como síndrome de desgaste ocupacional en español, fue concebido por primera vez por el psicólogo Herbert Freudenberger en 1974. Este hombre consideró que el cansancio laboral excesivo no debía entenderse como algo normal -aunque fuera común- sino que debía ser diagnosticado y que sus síntomas, causas y tratamiento tenían que estudiarse a profundidad. Es decir, fue el primero en darle la importancia que merecía.
Aunque no es considerado una enfermedad, el síndrome de burnout puede desencadenar en dolencias físicas, mentales o psicológicas, incluso provocando la depresión. Por lo que desde la psicología y la salud ocupacional se ha hecho sumamente importante detectar posibles casos en el entorno laboral.
Básicamente es una sensación de apatía por el trabajo, a tal punto que puede llevarte a no querer ir a la oficina, evitar a toda costa realizar tus labores e incluso ser mucho más irritable ante cualquier estímulo, especialmente al relacionarte con otras personas (lo que puede entorpecer o dañar las relaciones interpersonales tanto fuera como dentro del trabajo).
El asunto es el siguiente: estos síntomas son tan comunes y están tan normalizados, que las personas creen que ser infeliz en el trabajo o estar malhumorados es natural. Por eso, la detección del síndrome no es una tarea fácil.
¿Cómo diferenciarlo del cansancio común?
Para empezar, es importante determinar en qué nivel de cansancio estás. A veces, madrugar es agotador, pero una buena siesta lo compone. Otras veces, las labores mecánicas se vuelven repetitivas, lo que genera una insatisfacción, que al realizar otro tipo de actividades se desvanece.
En ocasiones, y sobre todo cuando el trabajo es creativo, la gran pregunta es: ¿lo estoy haciendo bien? Pero seguramente el producto final que creemos nos hará recuperar la confianza. Todo esto es normal, y puede no trascender a algo mayor o grave, pero hay otras sensaciones más profundas que pueden ser síntoma del burnout.
Hazte las siguientes preguntas:
- ¿Se te dificulta empezar a trabajar o de entrada no quisieras hacerlo en lo absoluto?
- ¿Te enojas más de lo normal o eres más irritable, incluso con compañeros o jefes?
- ¿Tienes problemas de concentración que pueden llevarte al total incumplimiento de tus labores?
- ¿Te sientes insatisfecha o desilusionada con tu trabajo?
- ¿Te cuesta dormir?
- ¿Cualquier recuerdo de tu trabajo te altera o te causa inconformidad?
Si la respuesta es sí, probablemente sufras del síndrome de burnout. El cansancio, producto de este síndrome es excesivo y paralizante. Y puede generar fuertes molestias físicas o emocionales. Si sientes que estás bajo un nivel de estrés abrumador que te bloquea, consulta a un médico acerca del síndrome del burnout.
Causas del Síndrome de Burnout
Las principales causas del síndrome de burnout pueden venir desde tres frentes: el organizacional (la empresa), el social y lo individual.
- Organizacional: sobrecarga de trabajo y contenido, el exceso de información, las tareas extras y las jornadas extenuantes.
- Social: la comunicación con compañeros, el ambiente físico o laboral y el clima entre los trabajadores.
- Individual: el tipo de personalidad, la resistencia a recibir órdenes o correcciones, y factores de género.
Síntomas del Burnout
El cansancio físico y emocional es normal, por supuesto, pero sentirse “quemado”, “exhausto” o “desmotivado” no lo es.
Usualmente los síntomas del síndrome de burnout son: irritabilidad y, por lo mismo, un deterioro de las relaciones interpersonales. Intolerancia a la frustración, evitar las tareas estresantes o que no hacen parte de las labores cotidianas. Trato interpersonal cínico, mecánico y apático con los compañeros, jefes o incluso con clientes o pacientes. También puede incluir algunos síntomas físicos como dolores de cabeza, de espalda o incomodidades digestivas, pues el estrés muchas veces se manifiesta en este sistema.
Etapas previas al burnout:
- Entusiasmo: Choque con la realidad del trabajo.
- Estancamiento: Sensación de haber alcanzado el punto más alto de la carrera.
- Frustración: No querer hacer nada al respecto.
- Apatía: Comportamientos cínicos o mecánicos.
- Burnout: Sensación de estar "quemado", nada motiva.
Consecuencias del Síndrome de Burnout
- Productividad laboral reducida.
- Consecuencias emocionales severas como la depresión.
¿Qué Hacer si Sentimos que Estamos en un Estado de Burnout?
Lo principal es detectar el burnout, darte cuenta de que el cansancio que sientes no es normal, sino excesivo y que te impide cumplir con las tareas y labores diarias. Después de que tengas esto claro, consulta a tu médico y háblale de tus síntomas específicos, él sabrá guiarte en el proceso. Recuerda: no te automediques ni diagnostiques, solo un profesional de la salud podrá darte respuestas claras y ayudarte a sobrellevarlo.
¿Cómo Tratar el Burnout?
Los tratamientos suelen incluir la separación del puesto de trabajo por incapacidad, un par de días en que puedas desarrollar otras actividades y recargarte de energía. Según cómo avance el síndrome de burnout y, especialmente de las recomendaciones del médico, podrá ser necesario el uso de antidepresivos.
Así mismo lo más recomendable es asistir a psicoterapia cognitiva o conductual, y tener varias sesiones con profesionales de la salud que guíen el proceso de reconciliación con el ambiente laboral, o que te encaminen en la búsqueda de otra vocación.
Medidas Preventivas Frente al Burnout
Hay varias cosas que se pueden hacer para prevenir el síndrome de burnout desde lo personal.
- Aprender a resolver problemas laborales y emocionales.
- Aprender a gestionar el tiempo y no dejar acumular tareas.
- Manejar la frustración y las temporadas de sequía creativa.
- ¡Parar! y escuchar a nuestro cuerpo.
- Dedicar tiempo a nosotras mismas mediante el ejercicio, la meditación, un hobbie o simplemente descansando.

