Los niños, por naturaleza, son difíciles de criar, pues los progenitores aprenden en el proceso a ser padres. Sin embargo, existe un padecimiento denominado trastorno oposicionista desafiante o negativista desafiante, que tiende a dificultar aún más el proceso de crianza. Ese trastorno consiste en un patrón repetitivo en el que se presentan conductas negativas, desafiantes y desobedientes, las cuales se asumen ante la autoridad.

Patrón Desafiante

Según Josephine Elia (2019) el trastorno oposicionista desafiante constituye un patrón en el que los niños tienden a ser difíciles, desobedientes, desafiantes e irritables ante las figuras de autoridad, sin embargo, no presentan agresividad ni violan los derechos de los otros individuos, a diferencias de otras patologías.

Se desconoce la causa por la que surge el trastorno negacionista, pero muchas veces aparece en familias en las que los progenitores tienden a discutir reiteradamente.

La Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile destaca que entre los principales síntomas de este padecimiento se encuentran:

  • Tener un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante por al menos unos 6 meses de duración.
  • El niño o adolescente se irrita con facilidad
  • Hacer pataletas constantemente
  • Establecer discusiones con adultos
  • Desafiar a las figuras de autoridad
  • Rehusarse a cumplir las demandas de los adultos
  • Molestar deliberadamente a otras personas
  • Tiende a acusar a los demás por los errores cometidos o por los malos comportamientos
  • Ser fácilmente molestado por los demás
  • Ser muy susceptible
  • Tener carácter colérico
  • Resentirse fácilmente
  • Ser muy rencoroso o vengativo
  • Suele evidenciarse un deterioro en cuanto a las actividades sociales, académicas o laborales
  • Los comportamientos no necesariamente aparecen durante trastornos psicóticos o del estado de ánimo

Diagnóstico

El diagnóstico del trastorno oposicionista desafiante se hace una vez que el profesional de la salud detecta la aparición de patrones repetitivos de conductas característicos de esta patología, según lo estipula el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM - V).

Asimismo, el médico deberá elaborar una historia médica y observar el patrón conductual, de acuerdo con los informe de los padres, profesores o figuras de autoridad presente en la vida del niño.

Orellana Ayala (sf) plantean que también pueden utilizarse otros instrumentos como:

  • Pediatric Symton Checklist
  • SNAP-IV
  • NICHQ Valderbilt Assessment Scale

Existen otras herramientas empleadas por los profesionales de la salud (médicos, psicólogos, psiquiatra, neurólogo, psicoterapeuta).

Para hacer el diagnóstico del trastorno oposicionista desafiante, es necesario llevar a cabo una evaluación diferencial de otros padecimientos tales como: déficit cognitivo, trastornos del humor, bipolaridad, trastornos psicóticos, trastornos de conductas, entre otros (Orellana Ayala, sf).

Trastorno Oposicionista Desafiante y Psicoterapia

Castro et. al. (2014) creen que el primer paso a seguir para tratar el trastorno oposicionista desafiante es diferenciar la conducta de otras patologías, a fin de establecer un diagnóstico adecuado.

Se debe considerar que durante la niñez los infantes suelen presentar una mala conducta, incluso, dentro de los parámetros adecuados de conducta.

“La mayor parte de las conductas disruptivas se dan de forma habitual en niños sin psicopatología identificable. En realidad, las malas conductas forman parte de la conducta normal de la infancia, por lo tanto, en estos casos el abordaje consiste simplemente en una intervención educativa, determinada por el modelo educativo de las familias” (Castro et. al., 2014).

En tal sentido, los investigadores plantean la necesidad de que los niños y adolescentes con trastorno oposicionista desafiante se traten desde varias perspectivas:

  • Terapia individual: se recomienda utilizar un enfoque cognitivo conductual para ayudar al paciente a resolver sus problemas, mejorar sus habilidades comunicativa, así como aprender a manejar la ira e impulsividad. Igualmente, se sugiere implementar distintas técnicas que faciliten la resolución de problemas.
  • Terapia familiar: se realiza con la finalidad de producir cambios en el entorno familiar y para fomentar una mejor interacción de los individuos que conforman el núcleo primario del individuo.
  • Terapia grupal: consiste en una terapia donde intervenga el niño o adolescentes con otros individuos de su misma edad y problemática. Esto ayudará a fomentar las relaciones sociales o interpersonales. En todo caso, se busca que con la asistencia esas terapias, los sujetos aprendan a minimizar los sentimientos de ira, irritabilidad e impulsividad.

Barkley (citado en Castro et. al., 2014) explica que existen 8 pasos con los que se busca mejorar conducta, relaciones sociales y la adaptación de los niños y adolescentes que sufren el trastorno oposicionista desafiante:

  1. Brindar una atención positiva al menor
  2. Tras conseguir su atención, procurar que el infante obedezca
  3. Dar las ordenes de una manera eficaz
  4. Enseñar al niño a no interrumpir actividades
  5. Formular un sistema de recompensa con fichas en su hogar
  6. Castigar el mal comportamiento, pero de una forma constructiva
  7. Tratar de que el niño pase tiempo afuera de su casa
  8. Controlar al menor en lugares públicos, de una manera adecuada, a partir de su condición

Finalmente, en casos de trastorno oposicionista desafiante los fármacos también pueden disminuir la sintomatología, cuando existe comorbilidad con el trastorno de déficit de atención.

Estrategias de Manejo Conductual

Existen variadas opciones en el país, tales como el Programa Triple P de Parentalidad Positiva o los Talleres del programa Chile Crece Contigo. Estos programas aumentan las interacciones positivas y las habilidades de comunicación emocional entre padres e hijos, enseñándoles la importancia de la consistencia y exigiéndoles practicar las nuevas habilidades con sus hijos.

Proponemos 4 áreas de intervención no farmacológica que se deben tener en cuenta:

  1. Antecedente de trauma o violencia, que condicione las respuestas agresivas o desafiantes en los niños por un estado de hiperalerta.
  2. Entrenamiento parental: Los padres de estos niños con frecuencia relatan problemas con la crianza, dificultades en el vínculo, o se encuentran sobrepasados con su conducta. Muchas veces ellos mismos son agresores o víctimas de violencia intrafamiliar.
  3. Intervenciones en el ámbito escolar: Estos niños pueden ser muy disruptivos en el ámbito escolar, lo que dificulta su aprendizaje, en especial en niños que presentan un trastorno de aprendizaje de base.
  4. Psicoterapia: La terapia psicológica es otra herramienta importante en el manejo de estos pacientes, esta puede ser individual o familiar.

Manejo Farmacológico

En algunos pacientes se hace necesario el uso de fármacos para el manejo de síntomas como la agresividad. El uso de antipsicóticos, en específico de Risperidona, se debe reservar por un periodo de tiempo relativamente corto (hasta 4 meses), lo que puede ayudar a las familias a sobrellevar la situación.

La Risperidona se puede utilizar desde edades tempranas. Puede ser administrada en comprimidos de 1 mg, o en gotas de 1 mg/ml. En menores de 6 años: se sugiere iniciar con 0,5 mg al día, y puede ir dividido en 2 tomas. En adolescentes, hasta 6 mg al día. Es importante tener en consideración sus posibles efectos adversos, siendo el alza de peso el más importante.

La farmacoterapia de primera línea para el TOD es el metilfenidato, sobre todo si existe comorbilidad con síndrome de déficit atencional. La terapia de segunda línea son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina: sertralina, paroxetina y fluoxetina, siendo esta última la única aprobaba por la FDA para niños menores de 12 años. Otros medicamentos usados en el manejo del TOD son los inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina, como la atomoxetina, recomendada cuando existe un componente ansioso importante.

Claves para Padres y Cuidadores

  • Reconoce y elogia los comportamientos positivos de tu hijo.
  • Sé lo más específico posible, por ejemplo, «realmente me encantó cómo ayudaste a guardar tus juguetes anoche».
  • Demuestra el comportamiento que deseas que tu hijo tenga.
  • Piensa bien antes de actuar y evita las luchas de poder.
  • Establece límites dándole instrucciones claras y eficaces e implementando consecuencias razonables y constantes.
  • Establece una rutina haciendo un cronograma diario y consistente para tu hijo.
  • Trabaja en conjunto con tu pareja u otras personas del hogar para garantizar que se apliquen los procedimientos disciplinarios de forma adecuada y consistente.
  • Asigna una tarea doméstica que sea esencial y que solo se llevará a cabo si la hace el niño.

Diferenciación del Trastorno de Conducta

Es importante intervenir en los casos de TOD para disminuir la probabilidad de que un niño o adolescente desarrolle un TC más grave. Una forma más grave del TOD se denomina Trastorno de Conducta (TC) y puede conducir a acciones violentas y destructivas.

Por otro lado, el trastorno de conducta implica un patrón más grave y destructivo.

Algunos comportamientos asociados al trastorno de conducta incluyen:

  • Ha usado un arma que puede provocar serios daños a terceros (p.
  • A menudo falta en la escuela, empezando antes de los 13.

Herramientas de Evaluación y Diagnóstico

No existe una prueba única para el TOD y debido a que el trastorno a menudo ocurre con otras afecciones, puede ser difícil establecer un diagnóstico definitivo. Por lo general, los médicos utilizan una variedad de herramientas de detección bien validadas además de sus propias observaciones experimentadas del comportamiento y los patrones de interacción de un niño.

Las herramientas de detección incluyen listas de verificación del comportamiento infantil para identificar problemas de comportamiento, cognitivos y emocionales y cuestionarios y observaciones de los padres sobre el comportamiento de un niño.

Consideraciones Finales

El Trastorno Negativista Desafiante es una enfermedad difícil que puede afectar a toda la familia. Es importante que los padres y cuidadores busquen apoyo y orientación para controlar eficazmente el comportamiento de su hijo. Con las intervenciones y el apoyo adecuados, los niños con TOD pueden aprender a controlar su ira y su frustración y mejorar su funcionamiento general.

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