Los trastornos de ansiedad cursan con una alta activación fisiológica, emociones de inquietud o pánico. Dentro de esta categoría se incluyen trastornos como el trastorno de ansiedad por separación, el mutismo selectivo, la fobia específica, la fobia social, el trastorno de pánico, la agorafobia y el trastorno de ansiedad generalizada.
¿Qué es la mente y cómo funciona?
La mente se puede definir como el conjunto de facultades intelectuales o mentales de una persona. La mente humana hace referencia al grupo de procesos psíquicos de carácter cognitivo que engloban funciones como la percepción, memoria, razonamiento (funciones ejecutivas), etc. Dependiendo de cómo se conecten y activen las neuronas de las distintas partes de nuestro cerebro, nuestras capacidades mentales serán más o menos eficientes.
Principales capacidades cognitivas que conforman la mente:
- Atención: La atención es la base para comunicarnos con el mundo externo y con nuestro mundo interno. Esta capacidad cognitiva nos permite centrarnos en los estímulos que nos rodean para actuar en consecuencia.
- Percepción: La percepción es la capacidad mental que hace posible que interpretemos la información que vemos, oímos, olemos, saboreamos o sentimos. Gracias a la percepción, damos sentido a nuestro entorno y a las sensaciones de nuestro propio cuerpo.
- Memoria: La memoria nos permite incorporar, almacenar y recuperar información de nuestras vivencias o de aquello que hemos aprendido. Es la capacidad de crear recuerdos y de acceder a ellos.
- Razonamiento (Funciones ejecutivas): Las funciones cognitivas superiores, como el razonamiento, hacen posible que relacionemos la información que percibimos con la información que tenemos almacenada, que generemos hipótesis y solucionemos los problemas que se nos plantean.
- Coordinación: La coordinación consiste en la capacidad para realizar movimientos de manera eficiente, precisa y ordenada. La coordinación es la función mental responsable de que podamos interactuar con nuestro entorno eficazmente.
Tipos de procesos mentales:
Si atendemos al grado de consciencia que tenemos sobre los procesos mentales, es posible dividirlos en dos grupos:
- Procesos conscientes: Se trata de aquellos procesos de la mente de los que tenemos conocimiento, nos damos cuenta de ellos o somos conscientes de que están sucediendo. Por ejemplo, recordar la información estudiada para un examen sería un proceso consciente de la mente, puesto que al llevar a cabo este proceso, tenemos que acceder voluntaria y conscientemente a un recuerdo almacenado.
- Procesos inconscientes: Serían todos aquellos procesos mentales de los que no tenemos constancia que estamos llevando a cabo. Hay estudios que demuestran que nuestro cuerpo experimenta cambios fisiológicos (temperatura, por ejemplo) cuando se nos expone a estímulos emocionales tan breves (milisegundos) que no somos conscientes de su presentación. Por tanto, a pesar de no tener conocimiento de la presencia de esos estímulos, nuestra mente reacciona a ellos. Un proceso inconsciente de la mente sería, por ejemplo, cuando se nos expone a publicidad subliminal: no hemos sido consciente de que hemos visto la imagen de un refresco, pero nos entra sed y ganas de comprar el refresco en cuestión.
Trastornos del lenguaje
El lenguaje es una función superior de nuestro cerebro, una adquisición específica de la especie humana, siendo su expresión más habitual el lenguaje oral, aunque éste no es la única forma de manifestarse. Los trastornos del lenguaje representan un conjunto de problemas que son aún poco comprendidos, poco diagnosticados y suelen inducir a confusión dado que no existe una conceptualización de los mismos aceptada unánimemente. Además un mismo trastorno puede recibir diferentes nombres y suelen confundirse los problemas del lenguaje con los del habla.
Según la teoría de Noam Chomsky, existe una gramática universal que forma parte del patrimonio genético de los seres humanos. Es decir, los seres humanos venimos al mundo dotados con una capacidad innata, codificada en nuestros genes y que constituyen un patrón lingüístico básico y universal. Algunos experimentos efectuados durante la gestación señalan que el inicio del aprendizaje de la lengua por el ser humano se produce ya durante el tercer trimestre de la gestación. Los primeros sonidos del lenguaje exterior llegarían al feto a través del líquido amniótico que lo envuelve. Cuando el espectacular desarrollo del lenguaje no sigue el patrón habitual que la naturaleza ha diseñado para el ser humano es cuando podemos estar delante de un Trastorno del lenguaje.
Desarrollo del lenguaje
Conozcamos, antes, el desarrollo del lenguaje desde las primeras etapas y según el curso habitual.
- Primeras palabras (entre los 12 y 18 meses): A esta edad empiezan a surgir las primeras palabras aisladas con intención comunicativa.
- Combinación de dos palabras (18 a 24 meses): Las palabras sueltas de la etapa anterior empiezan a combinarse. Normalmente esto sucede cuando su vocabulario es ya de unas 50 palabras aproximadamente.
- Etapa de la frase simple (2 a 3 años): En este período se empiezan a construir las primeras oraciones de 2 o 3 palabras a los que se van incorporando determinados morfemas o inflexiones.
- Desarrollo gramatical (3 a 4 años): Es una etapa de grandes avances en la evolución del lenguaje, especialmente en el dominio de la gramática con oraciones cada vez más complejas. Aproximadamente aparecen 1.000 palabras nuevas en el vocabulario.
- Desarrollo posterior (a partir de los 4 años): Ahora el sistema lingüístico se va perfeccionando y se cometen menos errores gramaticales. Aumenta considerablemente su capacidad para comprender los sentidos figurados, distanciándose del significado literal.
El lenguaje es un sistema complejo, estructurado y simbólico que comprende diferentes subsistemas. Sustituciones de palabras difíciles por otras más sencillas; no pronunciar la parte final de ciertas palabras; palabras incompletas; omisión o cambio de vocales.
Diagnóstico diferencial
Para este diagnóstico deberemos también asegurarnos de que las alteraciones en la articulación son lo suficientemente graves para considerarlas anormales y diferenciarlas de aquellas que pueden ser propias en niños pequeños. También debemos descartar la presencia de enfermedad física o psíquica como causa de los problemas de articulación.
Evolución y pronóstico
En términos generales, suele producirse una mejora total cuando el problema se reduce a unos pocos fonemas. Los niños con más de 5 años, en los que persiste el problema, deben ser evaluados a fondo para descartar algún trastorno asociado.
Características clínicas
Se trata de un trastorno del desarrollo del niño en el que la capacidad para la expresión oral es marcadamente inferior al nivel adecuado para su edad mental, pero en el que la comprensión del lenguaje está dentro de los límites normales. Aunque hay una considerable variación individual en el desarrollo normal del lenguaje, la ausencia de palabras simples (o aproximaciones de palabras) alrededor de los dos años y el fracaso de frases sencillas de dos palabras hacia los tres años, deben ser entendidos como indicadores significativos de un retraso.
Diagnóstico diferencial
Debe hacerse con el retraso mental, trastornos mixtos (receptivo-expresivo), trastornos generalizados del desarrollo, la afasia o disfasia (tipo receptivo) y también del mutismo selectivo.
Mientras que los niños con retraso mental tienen un deterioro generalizado de todo el funcionamiento intelectual, los niños con trastornos de la expresión tienen una inteligencia no verbal dentro de la normalidad (por ejemplo, medido con el WISC-IV, el C.I.). Hay también que diferenciar los niños con afasias o disfasias adquiridas ya que éstos presentan un desarrollo evolutivo normal y el deterioro ha tenido lugar después de enfermedad o traumatismo encefálico u otros trastornos de origen neurológico.
Finalmente en el mutismo selectivo, existe la capacidad de expresión oral pero ésta se manifiesta selectivamente delante de sólo ciertas personas o situaciones familiares al niño.
Evolución y pronóstico
En términos generales, la evolución del trastorno va asociada a la presencia de otros trastornos. Se trata de un trastorno específico del desarrollo, en el que la comprensión del lenguaje por parte del niño es inferior al nivel adecuado a su edad mental.
En el DSM-IV-TR, este trastorno corresponde al Trastorno mixto del lenguaje receptivo-expresivo.
Características clínicas
Las manifestaciones clínicas del componente comprensivo aparecen típicamente antes de los 4 años. Las formas más graves se manifiestan antes de los dos años, mientras que las formas más leves pueden no ser evidentes hasta los 7 u 8 años de edad. La mayoría de niños con este problema tienen dificultades en la socialización y en la comunicación no verbal. Estas producen a su vez una serie de problemas adicionales en el terreno emocional que cursan con baja autoestima, sentimiento de inferioridad y rechazo a la escuela, entre otros. Son más frecuentes en niños que en niñas con una prevalencia de entre el 3 y 5% respecto a la población general.
Por último señalar que este tipo de trastornos suele tener una etiología principalmente de origen genético.
Evaluación psicológica
La evaluación psicológica ante la sospecha de la presencia de trastornos del lenguaje comprende diferentes instrumentos y estrategias. Deberemos obtener una visión global de de todos los elementos y factores que pueden estar influyendo en la génesis y mantenimiento del problema. La evaluación del lenguaje no es una tarea fácil dada la complejidad de la conducta lingüística y comunicativa y la necesidad de evaluar diferentes procesos, aspectos estructurales y funcionales del sistema lingüístico. Por otra parte, es habitual que los niños con escaso lenguaje tengan mayores dificultades para establecer comunicación y muestren problemas en más de un aspecto del lenguaje. En primer lugar es necesario recoger exhaustivamente los datos evolutivos del niño/a desde el embarazo hasta la actualidad. También la estructura de la familia mediante un organigrama (padres, hermanos, abuelos, etc.) y las actuales circunstancias del entorno.
Para el diagnóstico es fundamental aplicar pruebas de capacidad intelectual general tipo WPPSI-III o WISC-IV (según edad). El objetivo es descartar el retraso mental u otros déficits que serían incompatibles con un diagnóstico de Trastorno del lenguaje. Un CI por debajo de 70 comprometería el diagnóstico. De todas formas, con frecuencia, es complicado el diagnóstico diferencial dado que pueden darse factores añadidos que pueden alterar la medición del C.I. real del niño. Por ejemplo, la mayor parte de las pruebas de inteligencia precisan en un u otro grado del uso (expresivo o comprensivo) del lenguaje y, por tanto, estos niños están en desventaja. Una solución habitual consiste en la aplicación de pruebas libres de la influencia del lenguaje como pueden ser las subescalas del WISC-IV: matrices, conceptos, claves, etc. También el Toni-2, las de Raven, etc, en las que el niño sólo tiene que ver imágenes y señalar la respuesta correcta.
Métodos de intervención
Los métodos de intervención en el lenguaje han variado desde el trabajo directo con el niño, en situaciones estructuradas, a otras formas más naturales basadas en el juego y en su propio ambiente con implicación de los familiares. Como objetivo general siempre hay que buscar estimular y motivar al niño para que participe activamente. El tratamiento más formal de los diferentes trastornos suele efectuarse a través de la intervención logopédica. En los trastornos de pronunciación o fonológicos, la intervención directa del logopeda con el niño en sesiones estructuradas es muy eficaz. El tratamiento incluye un entrenamiento en la producción de sonidos mediante ayudas visuales (gesticulación manual o símbolos que ilustran la forma correcta de pronunciar) y la imitación del modelo (logopeda).
Respecto a los otros trastornos del lenguaje (expresión, comprensión o mixto) parece que la mejor opción, en general, pasa por combinar el tratamiento logopédica individual con la intervención mediada por la familia. En los más pequeños es fundamental introducir el juego como un elemento de transmisión y práctica de las habilidades lingüísticas que pretendemos enseñar. El contexto de trabajo reflejará situaciones y objetos cotidianos para el niño, de forma que se mantenga un ambiente familiar para él. Es posible dada la alta comorbilidad de los trastornos del lenguaje que debamos actuar también sobre otros síntomas conductuales (hiperactividad, rabietas, déficit de atención, etc.) y emocionales (baja autoestima y motivación).
Recomendaciones adicionales
- Instruir a los padres para que se involucren en conversaciones adecuadas a las necesidades de su hijo. Normalmente, los adultos cuando se dirigen a los niños modifican su expresión y utilizan un lenguaje simplificado, sencillo y directo. Normalmente hay que hablar lentamente y utilizar estructuras redundantes, así como manejar pausas prolongadas entre emisiones.
- Hay que evitar en las escuelas la marginación entre sus compañeros y actuar con firmeza si detectamos algún tipo de acoso.
- Deberemos tener en cuenta que una situación de bilingüismo o plurilingüismo puede comportar dificultades añadidas a estos niños.
Desarrollo socioemocional
El desarrollo socio‐emocional es el proceso mediante el cual un niño llega a comprender los sentimientos de los demás, los sentimiento propios, y adquiere una base emocional segura sobre la cual ir construyendo la relación consigo mismo y los demás.
Para que los niños puedan adquirir las habilidades básicas que necesitan, tal como cooperación, seguir instrucciones, demostrar control propio y prestar atención, deben poseer habilidades socio‐emocionales. Los sentimientos de confianza, seguridad, amistad, afecto y humor son todos parte del desarrollo socio‐emocional de un niño, por lo que una relación positiva de un niño con adultos que le inspire confianza y seguridad, es la clave para el desarrollo socio‐emocional adecuado. Como ocurre en todas las áreas del desarrollo infantil, el aspecto socio emocional se va desarrollando desde los primeros meses en progresiva complejidad y en directa relación con el ambiente y experiencias que rodean al niño.
¿Para qué se necesitan las habilidades socio-emocionales?
- Identificar y comprender sus propios sentimientos
- Interpretar y comprender el estado emocional de otras personas
- Manejar emociones fuertes y sus expresiones de una forma constructiva
- Regular su propio comportamiento
- Desarrollar la capacidad para sentir empatía por los demás
- Establecer y mantener relaciones
- Desarrollar capacidades para confiar, relacionarse con otros, ser feliz consigo mismo y con los demás, sentirse eficaz y competente para lograr lo que se proponga a lo largo de la vida.
Como puedes ver, estas habilidades le servirán al niño durante la infancia, adolescencia y hasta la adultez, y sus bases se establecen durante los primeros años de vida. El fundamento del desarrollo socio‐emocional se inicia en la infancia. Un bebé al mes de edad hace contacto visual con sus cuidadores, conectándose de esta manera con ellos. Un bebé de dos meses de edad se tranquiliza y sonríe al oír la voz de uno de sus padres. Cuando la persona que cuida al niño le habla, él/ella fija su atención en la cara de esa persona. Saber leer las señales de su niño y prestarle atención desde el momento en que nace , da inicio a la formación de su desarrollo socio‐emocional.
¿Por qué son importantes?
El desarrollo socio‐emocional de un niño es tan importante como el desarrollo cognitivo y físico. Es importante saber que los niños no nacen con habilidades socio‐emocionales, y por lo tanto es rol de los padres, cuidadores y educadores, enseñar y promover estas habilidades. El desarrollo socio‐emocional provee a los niños un sentido de quienes son ellos en el mundo, cómo aprenden, y les ayuda a establecer relaciones de calidad con los demás.
Consideraciones adicionales
- Mayores índices de felicidad y bienestar general, incluso hasta la edad adulta.
- Debemos recordar que cada niño es diferente y único. Un niño puede ser extrovertido, cariñoso y reaccionar con curiosidad ante situaciones nuevas. Otros niños podrían ser tímidos, tener dificultad para entrar en confianza con las personas y ser cautelosos ante situaciones nuevas o podrían ser exigentes y poco colaboradores. Ninguna personalidad es “mejor” o “peor” que cualquier otra. Podría ser más diİcil para algunos niños que para otros participar en los juegos con sus compañeros, lo cual está bien.
- Como padres y personas a cargo de un niño, podemos ayudarlos con sus emociones, proporcionándoles estructura, consistencia y expectativas realistas con respecto a su conducta. Esto les ayudará a adquirir más confianza para establecer amistades y a participar en los juegos con sus compañeros. Las habilidades socio‐emocionales permanecerán con el niño durante toda su vida.
Si el desarrollo socio emocional de tu hijo o hija es algo que te preocupa, o ves señales de que podría haber algún problema, te recomendamos consultar con un profesional. En nuestro equipo contamos con psicólogas infantiles que te pueden ayudar. Si necesitas orientación o simplemente conversar con un profesional, estamos aquí para acompañarte.

