El ASI es un fenómeno que recién está siendo denunciado y que evidencia la necesidad de abordaje, ya que se aprecia falta de información en el sistema escolar-pastoral. Los objetivos principales de los programas de prevención del abuso sexual infantil (en adelante ASI) se orientan a la evitación y a la detección temprana del abuso, estimulando la revelación. En cuanto a los contenidos de los programas, se prioriza incluir temas sobre la naturaleza del abuso sexual, propiedad sobre su cuerpo, sistemas de apoyo y culpabilidad, habilidades de afrontamiento.
Este artículo, basado en una revisión de bibliografía, tiene por objetivo aproximarse a conocer la forma en que se canaliza la prevención de ASI en contextos eclesiales, particularmente los programas de prevención que ha implementado la Iglesia, y aporta recomendaciones respecto de su puesta en prática en ambientes eclesiales. Los programas de prevención se canalizan principalmente a través de estrategias educativas.
De cierta manera, en Chile algunos colegios y parroquias han diseñado protocolos que guían a los catequistas y/o docentes en las acciones que se deben realizar frente al ASI. Sin embargo, todavía hay profesores, apoderados, catequistas, estudiantes, niños, niñas y adolescentes (en adelante NNA) que están en desconocimiento del fenómeno y muchas veces ignoran los pasos que deben seguir en caso de verse enfrentados a él, lo cual es grave puesto que conocer esta problemática es fundamental a la hora de prevenir.
Este artículo comprende cuatro secciones. La primera presenta marcos regulatorios nacionales para la prevención de ASI; luego, se exponen estadísticas e investigaciones que han profundizado en los programas de prevención infanto-juvenil; la tercera parte resume el fenómeno del abuso sexual para luego afrontar lo específico de la prevención.
Marcos Regulatorios Nacionales para la Prevención de ASI
Para comprender la relevancia de desarrollar programas de prevención en ASI a nivel eclesial es importante conocer el contexto de política social y directrices eclesiales para el abordaje de estas iniciativas. Un referente integral de protección a los derechos de NNA está dado por la Convención de Derechos de los Niños (CDN).
En Chile, en 1990, el Estado promulga el decreto n.° 830, que dispone y manda que se cumpla y lleve a efecto como ley la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en 1989. Se asegura los derechos a la protección integral contra el maltrato en todas sus formas, lo que garantiza que el Estado adoptará las medidas correspondientes para la protección de NNA, su reparación, la asistencia a sus familias y la prevención de las vulneraciones asociadas al maltrato. Específicamente respecto de los abusos sexuales, el artículo 34 compromete a los Estados Parte a proteger al niño contra toda forma de explotación y abuso sexuales, ya sea la incitación a la actividad sexual, la explotación a través de la prostitución o en espectáculos, o produciendo material pornográfico.
Sin embargo, en 2015 el Comité de Derechos del Niño hizo observaciones al Estado de Chile por la presencia de violencia en el hogar, sugiriendo adoptar las medidas necesarias para poner fin a esta vulneración, así como también a los casos de abuso sexual, reforzando programas de prevención y detección temprana en las instituciones escolares, promoviendo que se haga efectiva la denuncia si hay sospecha o el delito llega a ocurrir. Al constatar la gravedad de estas vulneraciones surge la necesidad de contar con instrumentos efectivos de detección de las distintas formas de violencia, información clave para generar sistemas preventivos que garanticen una efectiva protección de la vida de NNA.
En los establecimientos educacionales chilenos reconocidos por el Estado, la Ley de Salud 20.418 indica que deberán incluirse dentro del ciclo de Educación Media un programa de educación sexual. En este marco surgen las Orientaciones para la implementación de los programas de sexualidad, afectividad y género. Existen, además, algunas iniciativas como la Guía educativa prevención del abuso sexual a niños y niñas del Ministerio de Justicia del Gobierno de Chile, que presenta indicaciones de dónde denunciar, qué es el abuso sexual, los tipos de abuso y algunos indicadores. Así también, el instrumento Abuso sexual en niños/as y adolescentes. Prevenir, proteger y acoger, del Ministerio de Educación, que explica distintos aspectos en torno a la prevención, protección y acogida de casos de abuso sexual infantil y juvenil.
Otra iniciativa de prevención es la Guía básica de prevención del abuso sexual infantil, que busca proporcionar elementos técnicos para la prevención del ASI y está orientada a quienes estén vinculados al trabajo con NNA. El Manual de maltrato y abuso sexual infantil; estrategias de protección para niños y niñas vulnerados en sus derechos, de Fundación Integra, contiene orientaciones técnicas para facilitar y clarificar la labor de las agentes educativas, educadoras y equipos regionales de la fundación en torno a la protección de derechos.
El Abordaje Eclesial
En el ámbito eclesial, en 2011 la Conferencia Episcopal de Chile presenta un protocolo para hacer cuanto sea necesario ‒con caridad, pero con justicia‒ para evitar los males que provienen de las graves faltas que algunos ministros de la Iglesia pueden cometer contra los más pequeños. Seguidamente, conforma un programa de prevención de abusos sexuales llamado Líneas guía cuidado y esperanza, el cual se presenta como parte de la educación religiosa eclesial, orientado a capacitar a agentes pastorales para responder ante signos de abusos de NNA; con el fin de promover ambientes sanos y seguros para todos, este programa apunta a la detección temprana de las situaciones de abuso, así como de los factores que facilitan su posible ocurrencia y la promoción de la dignidad de los NNA.
Desde el año 2015 se presenta a las comunidades de la Iglesia, a las familias y la sociedad chilena el documento elaborado y aprobado por la Santa Sede Cuidado y esperanza. Líneas guía de la Conferencia Episcopal de Chile para tratar los casos de abusos sexuales a menores de edad. Las Líneas guía (LLGG) de la CECh confirman esta institucionalidad mínima que se ha propuesto para la Iglesia a nivel nacional. Esta considera un Consejo para la prevención del obispo diocesano cuyas funciones son: acoger denuncias, contribuir con los programas de prevención y proveer acompañamiento a las víctimas.
De esta manera, el Consejo Diocesano de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas de cada diócesis inicia la formación en prevención de ASI, dictado por personas acreditadas en estos conocimientos , en cuatro sesiones de noventa minutos cada una. Se hace referencia al camino de la Iglesia en responder a esta crisis y el proceso de elaboración de las Líneas Guía, conceptualizaciones que permiten la comprensión del ASI como sistema abusivo, sus implicancias y efectos, y define lineamientos para la acogida y acompañamiento de los denunciantes y/o víctimas, y antecedentes sobre el procedimiento que se requiere seguir en el Derecho Canónico y establecer un paralelo con la legislación nacional sobre delitos sexuales contra NNA.
De manera complementaria, investigaciones nacionales como la de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2020) indican que la Iglesia ha elaborado manuales que apoyan la prevención, señalando que “en este aspecto la Iglesia chilena ha elaborado protocolos y manuales preventivos de gran precisión y detalle, como el Manual de Cuidado de niñas, niños y adolescentes, prevención del abuso sexual en el ambiente escolar” (2012) y el manual Promoviendo ambientes sanos y seguros (2015), ambas iniciativas del Arzobispado de Santiago. Se señala que, aunque se ofrecen como material de apoyo y guías de acción, carecen de normas y compromisos claros de implementación, monitoreo y evaluación.
Estadísticas e Investigaciones sobre Programas de Prevención
En Chile, el organismo que está encargado de administrar protección a los niños y niñas es el Servicio Nacional de Menores (SENAME), que indica que en el año 2015 hubo 8.952 niños, niñas y adolescentes que ingresaron a su programa de protección por ser víctimas de abuso sexual, de los cuales un 86% eran mujeres y un 14% hombres. Otro dato indica que ese mismo año ingresaron al sistema de protección 61.909 mujeres, de las cuales 527 estaban embarazadas y 30 de ellas eran menores de 14 años. Según el Boletín Institucional de la Fiscalía de Chile (2020), entre enero y septiembre de 2020 hubo un total de 20.490 denuncias por delitos sexuales, es decir, 85 víctimas diarias.
De acuerdo a estadísticas del SENAME (2015), del total de NNA ingresados a programas de protección de derechos ha habido un incremento sistemático en la cantidad de ingresos por las causales de maltrato y abuso sexual. De los niños vigentes en el mes de diciembre de los años 2012, 2013, 2014 y 2015, el incremento ha sido sostenido: 46%, 49,9%, 53,3% y en 2015, un 56,4%.
Con respecto al contexto eclesial, el informe de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC, 2020) indica que, según las diversas fuentes disponibles, 194 ofensores (incluyendo hermanos y diáconos) han sido objeto de denuncias por abuso sexual de NNA cometidos en Chile en el período 1970-2019, es decir, en el lapso de casi cincuenta años. Hasta el momento se habían dictado 73 sentencias condenatorias que han afectado a 61 clérigos, 36 en la justicia canónica, 20 en la justicia ordinaria y 5 en ambos tribunales.
Una de las preocupaciones del Área de Educación de la CECh, comprometida con la prevención del ASI, es saber si estos programas son efectivos, en qué ámbito lo son, qué particularidades tienen sus diseños, metodologías, mecanismos de evaluación, entre otros aspectos. Estas inquietudes han despertado el interés de profesionales e investigadores especializados y algunos estudios se han enfocado en estos análisis.
Por ejemplo, en Perú, Mamani et al. (2020) investigaron el programa “Mi Sol”, que desarrolla conocimientos sobre ASI y habilidades de prevención en niños/as, a través de un manual con orientaciones del ASI desde la comunidad educativa. Esta investigación, desde un diseño cuasi experimental, con estudiantes de nivel primario, corroboró el impacto positivo del programa, el cual suma conocimientos sobre este riesgo y mejora las habilidades de los niños en el caso de tener que afrontar un abuso sexual. Un punto clave para la eficacia del programa fue el trabajo realizado con las familias, que contó con tres sesiones para concientizar sobre su rol como principal agente protector ante una situación de riesgo, incluso ya cometido el delito.
Otro estudio desarrollado en Colombia, en el que existen algunos programas de prevención en el medio escolar, exploró mediante el trabajo con grupos de padres (que fueron informados y consintieron en desarrollar uno de esos programas) una propuesta pedagógica que consistía en contrastar los mitos sobre el abuso y luego dialogar entre ellos acerca de la evidencia científica que existe sobre el abuso sexual. Se sensibilizó a los padres sobre la detección temprana, la prevención y las acciones ante ello.
En una investigación realizada por Salloum et al. (2020) en El Salvador, se examinaron conocimientos, actitudes y experiencias de prevención del ASI y las características relacionadas con un mayor conocimiento y apertura para participar en prevención entre padres. Es así como 478 padres completaron cuestionarios sobre demografía, definición, signos y síntomas de abuso infantil, experiencias personales de ASI, capacitación en prevención de ASI y conocimiento, actitudes y prácticas sobre la prevención. La mayoría de los padres estaban informados sobre la problemática, veían la prevención del ASI como su responsabilidad, y habían hablado con sus hijos sobre esto; aunque el 65,7% creía, incorrectamente, que es más probable que los niños sean abusados por personas extrañas a la familia. Los padres de menores ingresos tenían menos conocimientos y estaban menos dispuestos a participar en la prevención.
Tabla resumen de estadísticas SENAME (2012-2015)
| Año | Porcentaje de ingresos por maltrato y abuso sexual |
|---|---|
| 2012 | 46% |
| 2013 | 49.9% |
| 2014 | 53.3% |
| 2015 | 56.4% |

