La Inteligencia Emocional es un concepto clave para comprender el rumbo que ha tomado la psicología en las últimas décadas. Siempre hemos oído decir que el Coeficiente intelectual es un buen indicador para saber si una persona será exitosa en la vida.

La puntuación del test de inteligencia, decían, podría establecer una relación fuerte con el desempeño académico y el éxito profesional. No obstante, los investigadores y las corporaciones empezaron a detectar hace unas décadas que las capacidades y habilidades necesarias para tener éxito en la vida eran otras, y éstas no eran evaluables mediante ningún test de inteligencia.

Es necesario tener en cuenta una concepción más amplia de lo que son las habilidades cognitivas básicas, aquello que entendemos que es la inteligencia. Si pensamos detenidamente en la trascendencia de nuestras emociones en nuestra vida diaria nos daremos cuenta rápidamente que son muchas las ocasiones en que éstas influyen decisivamente en nuestra vida, aunque no nos demos cuenta.

Podríamos plantearnos: (1) ¿Compré mi coche haciendo cálculos sobre la rentabilidad y los comparé con otros modelos y marcas? (2) ¿Elegí a mi pareja porque era objetivamente la mejor opción? (3) ¿Es mi empleo el que me ofrece el mejor salario? Gran parte de nuestras decisiones son influenciadas en mayor o menor grado por las emociones.

Ante esta realidad, cabe resaltar que existen personas con un dominio de su faceta emocional mucho más desarrollado que otras. Seguro que conoces a alguien en tu vida que se le da bien escuchar, dar buenos consejos para hacerte sentir bien, que no pierde el control cuando se enfada ni se deja hundir.

Daniel Goleman, experto en inteligencia emocional, la define como la capacidad para reconocer sentimientos en uno mismo y en otros, siendo hábil para gestionarlos y dirigirlos a la hora de relacionarse con los demás. ¿Te gustaría formar parte de las personas emocionalmente inteligentes?

Pilares Fundamentales de la Inteligencia Emocional

El autoconocimiento y autoconciencia, capacidad de saber qué está pasando en nuestro cuerpo y qué estamos sintiendo, son dos de los pilares fundamentales para desarrollar la Inteligencia Emocional. La conciencia de uno mismo es la clave de la inteligencia emocional. Saber cuál es tu reacción ante ciertas situaciones o saber reconocer cómo te sientes a lo largo de un día es clave para conocerte a ti mismo.

Ejercicios para el Autoconocimiento

¿Qué cosas no soportas de los demás? ¿Qué cosas te hacen sentir mejor? Una buena forma de conocerse a uno mismo es plasmarlo en papel. Pon en un papel tus sentimientos, emociones, pensamientos y creencias ante las distintas situaciones que protagonizas en tu vida. Esto te hará ser más consciente de cómo eres y cómo actúas, lo que te dará la llave para gestionar y manejar todo cuanto no suponga un beneficio para ti.

Desarrollando la Empatía

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y ser capaz de sentir lo que el otro está sintiendo. Seguro que en muchas ocasiones has juzgado a muchas personas. No te preocupes, la sociedad de hoy en día nos programa para hacerlo. Sin embargo, creo que hoy es un buen día para que cambies todo eso y, en lugar de juzgar al resto de las personas, ¿qué tal si pruebas entenderlas y ponerte en su lugar?

Ayuda a los educandos a ponerse en el lugar de la otra persona y a pensar cómo se sentiría él en aquella situación. De esta manera estarás favoreciendo el desarrollar la empatía. Reconocer y nombrar las emociones: realizando ejercicios prácticos que ayuden a desarrollar la empatía entre compañeros de clase. Enséñale a pedir perdón.

Gestión Emocional y Resolución de Conflictos

Enseñar que cuando se tiene un problema, lo primero que hay que hacer es reflexionar y luego actuar de una forma pacífica, sin lastimar a otras personas para solucionar el problema. Enseñarle al educando cómo afrontar emociones negativas como la ira, el enojo, la rabia, etc. Enseñarle a los niños a esperar hasta que llegue el momento de tener lo que se quiere y, que mientras tanto, tenemos que seguir viviendo. Todas las personas tenemos impulsos, pero las personas emocionalmente inteligentes se diferencian del resto en que piensan antes de actuar y controlan su impulsividad.

En las relaciones sociales, enseña a tus educandos que la mejor manera de solucionar conflictos es conversando, no agrediendo ni física ni verbalmente a la otra persona. Una buena charla puede achicar brechas, enseñarnos a ver las cosas desde otro punto de vista, aprender y aceptar que quizás lo mejor es lo que la otra persona propone. De no ser así, enseñar a expresar lo que siente para que pueda lograrse la solución del conflicto.

Enseñar que cada vez que se tiene un problema, se debe reflexionar y luego responder. Demostrarle al alumno de que el es una persona importante y sus sentimientos son válidos. Dedicar unos minutos a escuchar atentamente sobre lo que siente el niño o niña.

Motivación y Actitudes Positivas

La capacidad de automotivarse y de motivar a los demás. Tener la habilidad de despertar en uno mismo y en otras personas la estimulación para llevar a cabo acciones o tareas está íntimamente ligada al optimismo y autoestima. Se debe realizar mayor énfasis en los aspectos positivos de nuestros estudiantes, por encima de los negativos.

Ser emocionalmente inteligente implica que tus relaciones con los demás no son sólo beneficiosas y productivas para ti, sino también para ellos. Debes estar motivado para que esa recompensa sea la máxima y no te quedes a mitad del camino por un mal día.

Y es que las personas emocionalmente inteligentes saben reconocer sus emociones: cuando están tristes, contentos, emocionados... Desgraciadamente, muchas personas asocian la felicidad con recibir o poseer cosas materiales, pero se equivocan: los que realmente son felices son los que siempre dan, en todos los aspectos: dan alegría cuando la necesitas, te dan motivación en los peores momentos, energía para un mal día... Es importante poder identificar, comprender y manejar los sentimientos.

Inteligencia Emocional en el Aula

Parte importante del rol del docente es saber captar los distintos mensajes que le transmiten sus alumnos y alumnas, respondiendo a sus intereses y necesidades, favoreciendo la comunicación con ellos y adecuando las estrategias educativas para tratar de integrarlos a todos al proceso de aprendizaje. Como profesores, debemos tratar a nuestros alumnos como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Siendo conscientes sobre nuestras emociones y actitudes.

Dejar que los educandos expresen sus sentimientos y emociones y, como adulto, escuchar y expresar las propias. Dialoga con tus educandos. Felicita al educando cada vez que enfrente una emoción negativa de manera adecuada. Felicita a cada alumno que haya enfrentado una emoción negativa de la manera adecuada. Mostrar que la persona con la que está tratando es importante. Enseñar que en la vida no siempre se puede tener lo que queremos. A veces es posible, aunque es probable que cueste mucho esfuerzo y trabajo.

Cuando se reconocen las actitudes y acciones positivas que tus educandos realizan, también se debe señalar con firmeza que algo está mal cuando una acción es negativa. Enseñar que no siempre podemos tener lo que queremos y eso no es motivo para actuar mal. El aprendizaje cooperativo.

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