En la madrugada, mientras sonaba la alarma del reloj despertador, encendí mi teléfono celular y me encontré con una fotografía en las redes sociales de Roberto Márquez, voz principal y uno de los fundadores del grupo chileno, Illapu.
Tuvimos la maravillosa oportunidad de asistir al concierto de Illapu en la Old Town School of Folk Music. Recuerdo que yo tenía la ilusión de entrevistarlos pero parecía algo imposible, no soy una persona que esté en los medios de comunicación; es decir no tengo acceso exclusivo (o como dicen VIP) a ningún lugar a donde las fotos y los contactos son lo primordial.
En el concierto me encontré con varias personas de la comunidad chilena y latinoamericana con quienes he compartido en otras ocasiones, se sorprendieron de vernos con mi hermana; no pudieron evitar el asombro, era algo así como de preguntarse, ¿qué hacen estas guatemaltecas, empleadas domésticas aquí, entre la crema y la nata?
Porque ahí para ellos yo no era escritora, ni poeta, ni articulista, como cuando mi invitan a eventos para recaudación de fondos. Ahí me bajaron al grado de empleada doméstica, debido al nivel del evento y el lugar donde se realizaba. Era como preguntarse, ¿qué saben éstas de arte? Por supuesto, los saludos de beso y abrazo no faltaron, pero los gestos, el tono de voz, y la expresión corporal nos lo dijeron con claridad. Nos saludaban porque no había de otra.
Pregunté a varios de la comunidad chilena si sabían si existía alguna forma de poder acercarse a Illapu porque yo tenía la ilusión de entrevistarlos, me dijeron que no, que no había ningún modo. Yo tenía entre ceja y ceja la entrevista y cuando sucede algo así no desisto hasta poder realizarlo.
Aquello era un mundo de gente subiendo y bajando del sótano en donde se encontraba el camerino donde estaba Illapu. Para mi sorpresa me encontré con todos, descansando un poco y tomando agua, pregunté si los podía entrevistar y me dijeron que sí pero después de que terminaran de dar autógrafos, que nos pusiéramos cómodas y que nos quedáramos ahí esperándolos. Se sorprendieron cuando nos vieron sentadas cómodamente con mi hermana, como si hubiéramos llegado también de gira con el grupo, así en esa complicidad.
No duraron en preguntar, ¿y ustedes qué hacen aquí? Es decir; ¿ustedes sirvientas guatemaltecas indocumentadas, qué hacen aquí en el área VIP revolviéndose con nosotros? Porque por supuesto, nunca falta la visita del cónsul con su comitiva, aquellos que se autodenominan representantes de sus países en el extranjero. Para ellos nosotras no teníamos cabida ahí, estorbábamos por no tener el glamour, el porte, la educación y esos modales bien marcados de quienes se creen de distinta clase social.
Junto a nosotros se sentaron con aquella humildad sorprendente Colombina Parra y su hermano, sobrinos de Violeta Parra e hijos del gran anti poeta Nicanor Parra. Illapu subió al primer piso a firmar autógrafos al público al filo de la media noche, los músicos iban y venían y cada vez nos preguntaban si necesitábamos algo, que por favor no nos fuéramos a desesperar porque pronto estaría con nosotros Roberto Márquez, el vocalista y uno de los fundadores que era quien daba las entrevistas.
Al filo de la una de madrugada apareció Roberto Márquez, solo quedábamos en el recinto, ellos, su representante, mi hermana y yo. Y a esas deshoras después de un día arduo de trabajo, Roberto Márquez me dio la que puedo decir que es la entrevista de mi vida. El hombre se sentó con toda la tranquilidad del mundo y con una humildad sorprendente me resumió la historia de Illapu, desde sus inicios hasta ese momento.
La historia de Chile, de todo lo que sucedió con Allende, de las luchas de los estudiantes por una educación gratuita. Me contó de la lucha Mapuche. El hombre me dio cátedra. No estoy idealizándolo, estoy contando lo que realmente pasó y era algo con lo que no me iba a quedar y a guardar en silencio.
Pocas veces en la vida uno tiene la oportunidad de conocer seres humildes, enteros y activos en la necesidades de sus pueblos. Nunca voy a olvidar esa entrevista, nunca olvidaré esa conversación con Roberto Márquez, la forma en la que nos trató el grupo a mi hermana y a mí, un grupo reconocido mundialmente y con la humildad que solo tienen los seres extraordinarios.
A Roberto no le importó que no fuera corresponsal de ningún medio reconocido, que mi nombre no fuera reconocido como articulista, él vio en mí a una persona que tenía hambre del saber y me dio del pan del conocimiento y la experiencia.
La conversación duró casi una hora, en la que habló sin prisa, con toda la paciencia y con todas las ganas de que yo aprendiera y conociera. Fuimos los últimos en salir del recinto, ellos tomaron para un lado de la calle y nosotras con mi hermana para el otro. Desde aquella noche dejé de asistir a eventos sociales organizados por la comunidad chilena y latinoamericana que asistió a aquel concierto.
Cabe decir que conocer Chile y andar por las veredas donde caminó Violeta Parra, mi amor de amores, es uno de los sueños de mi vida.
TAG: #Trabaja

