El pasado martes primero de mayo de 2018 se conmemoró el Día Internacional del Trabajo. Como es costumbre, la Central Unitaria de Trabajadores convocó a una movilización nacional cuya actividad principal se desarrolló en Santiago, en una marcha a lo largo de la Alameda.

Se propone una reflexión política sobre la situación actual del movimiento de trabajadores y trabajadoras en Chile, con la que se busca aportar no sólo a una delimitación de aquellos “problemas” que enfrenta hoy el mundo del trabajo organizado, sino también proponer algunas coordenadas para la construcción de un proyecto de izquierda que sintonice con la realidad del mundo del trabajo.

Un espectador desprevenido podría confundirse, ¿Por qué dos marchas?, ¿No parece de sentido común que las y los trabajadores organizados se movilicen de manera unitaria?, ¿Acaso la CUT ya no es el principal referente de organización del mundo del trabajo?, ¿Dónde quedó el impacto de figuras referentes de unidad para este mundo como Luis Emilio Recabarren o Clotario Blest?, ¿No se había efectuado una reforma laboral que “emparejó la cancha” a favor de los sindicatos? En definitiva, ¿Para qué y por qué dos marchas simultáneas? Estas preguntas tienen alta relevancia política, y en esta reflexión se propondrán elementos para construir una respuesta.

El Panorama Laboral en Chile

En términos generales, puede afirmarse que el modelo de desarrollo chileno deja bastante que desear en lo que respecta a la situación de las trabajadoras y los trabajadores de nuestro país. Si bien recientemente se han celebrado ligeros incrementos de la tasa de sindicalización, la trastienda de las cifras sigue indicando más bien el desarme organizativo (en Chile, solo 1 de cada 5 trabajadores está sindicalizado) y la carencia de orientaciones políticas del actual sindicalismo chileno, cuestión que se refleja en otros aspectos de la vida nacional.

Por ejemplo, en términos de remuneraciones, según datos del 2016, la mitad de los trabajadores chilenos gana menos de $350.000, mientras que 7 de cada 10 trabajadores no llegan a ganar más de $500.000 líquidos; por otra parte, si se consideran solo los ingresos salariales, es decir, remuneraciones producto del trabajo, un tercio de las personas en Chile no cuenta con ingresos que le permitan superar la situación de pobreza.

En este escenario, un campo laboral organizado políticamente, que logre realmente “nivelar la cancha” respecto al peso que hoy ejerce el gran empresariado, no solamente parece algo sano para nuestra democracia, sino que se convierte en una necesidad urgente. La interrogante abierta es por qué, en tales condiciones, no existe actualmente un movimiento sindical organizado, con fuerza de movilización social, unidad orgánica y claridad política.

En este confuso contexto la presente reflexión busca abrir una discusión colectiva hacia el mundo sindical de izquierda, proponiendo elementos de análisis para la construcción de claves de interpretación de la realidad, que orienten la acción política desde el mundo del trabajo.

Transformaciones Económicas y Laborales

Un primer elemento a considerar son las transformaciones de la economía chilena de finales de la década de los ochenta y primera mitad de los noventa, pues estos años arrojan un panorama laboral completamente nuevo para la historia del trabajo. Esta situación no es casual y se desarrolló de manera coherente con el reordenamiento del mapa empresarial en este período.

En este segundo aspecto, pueden anotarse varias dinámicas: primero, una fuerte tendencia a la privatización de la economía; segundo, producto de la creciente desindustrialización, una gran concentración de los puestos de trabajo y los procesos productivos en los servicios: ventas, atención al cliente, comunicaciones, apoyo operativo a otros sectores productivos, labores administrativas y de logística, etc.; tercero, los grupos empresariales de mayor relevancia cobran una fuerza inusitada al establecer alianzas con actores económicos de talla mundial que pavimentan la expansión regional reciente del gran empresariado chileno.

Estas reorientaciones económicas y laborales también han incorporado diversas estrategias de organización del trabajo al interior de las empresas que, decididamente, buscan dificultar las relaciones de organización entre los trabajadores y trabajadoras. En este tercer elemento del diagnóstico destacan las dinámicas de precarización de los puestos de trabajo, la incorporación de salarios variables, la discriminación por género, los procesos de externalización y subcontratación de puestos de trabajo, así como las contrataciones “flexibles” (sujetas a despidos arbitrarios), resultan explicativas de las situaciones de pobreza y desigualdad ya señaladas.

Tales características de la economía configuran un escenario abrumador para los chilenos y chilenas que viven de su trabajo. Los salarios no alcanzan, el endeudamiento está en alza y al final de una vida de trabajo se recibe una pensión de miseria.

Miradas así las cosas, fenómenos como la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral marcada por profundas desigualdades de género, el incremento del trabajo (y la pobreza) en la vejez, así como las diferentes vías de incorporación precaria del trabajo juvenil, no parecen dinámicas donde se expresa una “libre elección” de los individuos: son dinámicas expresivas de una obligación para que las familias chilenas logren sobrevivir, en las condiciones de vida que ha impuesto el gran empresariado durante los últimos 35 años.

Considerando tales cambios sociales, el cuarto elemento de este diagnóstico es que la desaparición de la figura obrera clásica -el obrero (masculino)-, ligada a trabajos manuales de sectores de mayor productividad y que sustentó los modelos de organización sindical más dinámicos del siglo pasado, abrió paso a una clase obrera mucho más amplia y heterogénea que presenta nuevas características.

El Rol de la Izquierda Tradicional

En esta situación histórica, las organizaciones sindicales tradicionales y sus organizaciones políticas quedan fuera de lugar frente a las nuevas dinámicas sociales. La primera es el apoyo entregado por las dirigencias del sindicalismo tradicional a la última reforma laboral, que no contribuyó en nada a “emparejar la cancha” entre empresarios y trabajadores, efectuando solamente transformaciones cosméticas a un Código del Trabajo que no ha visto alterado su espíritu contrario a una organización del trabajo que aspire a influir en los destinos de la sociedad.

Este abandono político de los intereses del mundo del trabajo también se ha visto reflejado, en segundo lugar, en la nula voluntad de adaptar las organizaciones íconos del mundo sindical (Central Unitaria de Trabajadores, Asociación Nacional de Empleados Fiscales, etc.) a las nuevas realidades del mundo del trabajo en Chile, situación que ha terminado por disminuir de manera tajante la identificación que históricamente la clase trabajadora chilena tuviera con tales organizaciones.

Un tercer elemento es la fuerte dinámica de precarización del empleo en el aparato estatal, que ha corrido bajo la égida “progresista” de las administraciones concertacionistas del aparato estatal: de manera específica destaca el incremento sostenido de las contrataciones a honorarios y el aumento de la subcontratación, como también la legislación en torno a la Nueva Carrera Docente diseñada y aprobada a espaldas del movimiento de profesores, cuya lógica sólo terminó mercantilizando y precarizando aún más la situación de las y los profesores de nuestro país.

Se observa, así, como quinto punto de este diagnóstico, que la izquierda tradicional (Partido Comunista y Partido Socialista) y también los sectores “progresistas” de la política chilena (Partido Por la Democracia y Democracia Cristiana) han efectuado un “abandono político” en relación al mundo del trabajo, pues son sus militantes y cuadros políticos los que durante casi cuatro décadas de democracia han construido desde diferentes ámbitos una efectiva neutralización del campo laboral organizado, tomando las riendas de la defensa de un orden económico e institucional completamente adverso para la clase trabajadora.

Se trata precisamente de organizaciones políticas que históricamente tuvieron un anclaje real y específico en diferentes franjas de trabajadores, es decir, que conocían de primera mano la experiencia de la organización colectiva en el ámbito laboral.

El Neoliberalismo y la Falta de Contestación

Recogiendo los elementos ya analizados, es posible afirmar que durante más de tres décadas la sociedad chilena ha caminado por las veredas del neoliberalismo sin que existan contestaciones sustantivas en el plano de las relaciones laborales y económicas.

Ahora bien, ¿Por qué interesa la sistematización de los elementos de diagnóstico que aquí se presentan?: tales aspectos de análisis se encuentran a la base de una narrativa compartida en una importante franja de la militancia sindical de izquierda en Chile. Sobre todo, en aquellas organizaciones e individuos que han mantenido una práctica política autónoma respecto a los partidos y organizaciones sociales controladas por la otrora Concertación.

Ahora, volviendo a la pregunta que abre la presente reflexión, ¿Por qué el pasado primero de mayo hubo dos marchas? Se puede afirmar que las nuevas condiciones de vida han hecho emerger a una amplia franja de trabajadores y trabajadoras que no han encontrado cabida en el actual modelo de desarrollo y, menos aún, en el debate público; no sólo han visto precarizadas brutalmente sus condiciones de vida, sino que tampoco han encontrado en el cuadro político existente organizaciones dispuestas a asumir las nuevas condiciones de lucha, puesto que se han convertido en defensores del orden.

La contraposición de marchas en la Alameda resulta expresiva de la situación de vacío político que caracteriza al Chile actual, en el que nuevas franjas sociales pugnan por constituirse como actores políticos por fuera de las coordenadas tradicionales, en un intento por superar su exclusión histórica de las definiciones de la vida nacional. Este fenómeno provoca un rebalse continuo respecto al sistema de organizaciones y partidos políticos del viejo orden.

Tareas Estratégicas para el Movimiento de Trabajadores

¿Es posible pensar una situación histórica alternativa?, ¿Hacia dónde deben enfocarse los esfuerzos de las franjas sociales y fuerzas políticas emergentes?, ¿Cuáles son las tareas de las fuerzas de cambio?

Tomando tales preguntas, se propone abrir una discusión pública, principalmente hacia la izquierda y el mundo progresista, sobre las tareas estratégicas que enfrenta el movimiento de trabajadores y trabajadoras en el Chile del siglo XXI. Se habla de tareas estratégicas para remarcar que estos elementos superan los desafíos del escenario político inmediato. Son definiciones amplias que permitirán definir una hoja de ruta sustantiva, que no se pierda en discusiones vacías cómo, por ejemplo, una unificación del campo sindical actual en torno a la premisa de enfrentar la “contraofensiva empresarial” que significa el retorno de la derecha política al Poder Ejecutivo, o si tal o cual organización política o sindical debe o no dialogar con el gobierno de Sebastián Piñera con relación a temáticas de legislación laboral o reformas al sistema de pensiones.

  • Una de las primeras tareas que enfrenta el movimiento de trabajadores y trabajadoras chileno es la (re)construcción de una disposición hacia la militancia sindical. Frente a la hegemonía cultural que el gran empresariado ejerce sobre el resto de la sociedad es prioritario reposicionar una actitud favorable hacia la autoorganización de trabajadoras y trabajadores.
  • Un segundo elemento es la construcción de organizaciones de trabajadoras y trabajadores que desarrollen espacios de sociabilidad y de esparcimiento comunitario: el movimiento de trabajadores debe aspirar a arrebatar de las manos del gran empresariado la organización de su vida afectiva y cultural.
  • Un tercer elemento refiere a la construcción de una franja de militantes con capacidades de organización, administración y dirección política de las organizaciones ancladas en el mundo del trabajo. En este campo resulta central ampliar la mirada sobre lo que se entiende como formación sindical (hoy reducido a coachings de negociación y capacitaciones en legislación laboral) avanzando hacia la construcción de verdaderas instituciones educativas de la clase trabajadora: talleres o cursos permanentes de formación y discusión política, revistas de debate político y cultural, medios de comunicación audiovisuales (radios, programas de televisión, uso de redes sociales), etc.
  • En cuarto lugar, se apunta el desafío de desarrollar dinámicas de organización autónomas al empresariado y a la política de la transición. Si los intereses de las clases subalternas han resultado avasallados por los intereses del gran capital y la política ha terminado convertida en administración del país para el beneficio de sus negocios, ¿desde dónde construir movimiento sindical?

Finalmente, se indican dos aspectos que se consideran centrales para potenciar la influencia del movimiento de trabajadoras y trabajadores en el escenario nacional. Por un lado, resulta fundamental trabajar la capacidad de alianzas que el mundo del trabajo organizado pueda establecer con otros movimientos sociales y, por tanto, con las diferentes problemáticas que hoy aquejan a las clases subalternas: el movimiento feminista, las organizaciones de migrantes, el movimiento mapuche, la amplia diversidad de organizaciones reunidas en torno a la diversidad de género y sexual, los movimientos en defensa de la...

Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras

La Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras es un instrumento sindical que responderá con fuerza, movilización y combatividad a los empresarios chilenos y extranjeros. Los hombres y mujeres agrupados en la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores, nos declaramos herederos de todas las luchas clasistas que han dado los trabajadores a través de la historia, de sus valores y principios, sueños y variados métodos de lucha que han ido en busca de mejorar las condiciones de vida de nuestra clase.

La Central Clasista busca conquistar mejores condiciones de trabajo y de vida para el conjunto de la clase trabajadora en el marco de la actual sociedad capitalista, pero teniendo siempre como norte la abolición de las condiciones de explotación y opresión bajo las que vive hoy nuestra clase y el conjunto del pueblo trabajador. Sintetizar el acumulado histórico de derechos impostergables, denunciando los obstáculos y proponiendo alternativas de lucha.

Hitos Importantes de la Central Clasista

  • Conmemoración 53 Aniversario de la Nacionalización del Cobre: La Central Clasista participó en el encuentro organizado por el Movimiento Recuperemos el Cobre para Chile.
  • Peña: La Clasista y Popular: Concurrida y amena resultó la Peña La Clasista y Popular que organizamos en la sede de la CEPCH (Confederación de Empleados Particulares de Chile).
  • Pre estreno Obra de Teatro Obrero «MOBBING LABORAL»: El 26 de junio participamos en el pre estreno de la obra de teatro obrero “MOBBING LABORAL” de la Agrupación Cultural Mulatos.
  • Conversatorio Ley Karin: El pasado martes 25 de junio realizamos, en conjunto con las y los Dirigentes Sindicales de FENTRA y FENTRACH del Banco de Chile, un conversatorio sobre la Ley Karin.
  • Convocatoria Funa Denuncia por desafueros Banco de Chile: Las y los invitamos a sumarse y ser parte de este llamado de solidaridad con las y los compañeros de los sindicatos interempresas del Banco de Chile.
  • Día de la Memoria y del Compromiso Sindical: Desde los días del Comité de Iniciativa por la unidad Sindical - CIUS, y desde hace 5 años la Central Clasista ha realizado un homenaje a Dirigentes, Dirigentas, activistas y trabajadores fallecidos, a las y los asesinados tanto durante la dictadura como en democracia, el cual hemos llamado Día de la Memoria y del compromiso sindical.
  • Sindicato LAB del País Vasco a la Central Clasista: Koldo Saenz, Dirigente del Sindicato LAB del Pais Vasco (EUSKAL HERRIA), entrega una saludo a las y los trabajadores de Chile y por sobre todo a los sindicatos afiliados a la Central Clasista.
  • Solidaridad con el Pueblo Palestino: Por parte de nuestra Central, solidarizamos con todo el pueblo Palestino, en estos momentos.
  • Foro: El Trabajo bajo la pandemia sanitaria y Neoliberal: Nuestros compañeros Ramón López y Catalina Rojas estarán conversando y entregando nuestra opinión como Central este Foro.

Dentro del movimiento sindical chileno, se ha acuñado la concepción del sindicalismo clasista, siendo el hito de importancia, el surgimiento de la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores, quienes promulgan y desarrollan el Sindicalismo de Clase. Tal proceso, se ha percibido como un nuevo fenómeno dentro de las dirigencias del movimiento de trabajadores en Chile. Sin embargo, tales concepciones tienen una explicación histórica y política, en respuesta a las deficiencias y necesidades de la clase trabajadora por radicalizar sus demandas y representatividades.

Podemos dar varias explicaciones al delimitar el porqué de este nuevo fenómeno dentro de las clases trabajadoras, no obstante, la respuesta que engloba a las demás, se basa en la funcionalidad estructural del sistema Capitalista. Por un lado, el empobrecimiento, la poca estabilidad laboral, la perdida de derechos laborales, la dictadura del empresariado y la política de consensos que ha desarrollado la CUT, visibilizando problemas de representatividad.

Con respecto a esto último, a la llegada de la democracia, se reconstituye la CUT, aunque supeditada al proyecto político que encarnaba la Concertación, que impuso la lógica del consenso por sobre la del enfrentamiento hacia los grandes grupos económicos. En los años 90 hasta nuestros días, se han consolidado las políticas neoliberales como hegemónicas, como también dando paso a las transnacionales para sobreexplotar los recursos naturales.

El Sindicalismo Clasista en la Historia de Chile

Sin embargo, este “nuevo” fenómeno del sindicalismo de clase, no es algo nuevo en nuestra historia. Luis Vitale, distingue dos etapas del sindicalismo. La primera se puede llamar sindicalismo independiente, hasta 1930, y a la segunda, sindicalismo institucionalizado, otorgándole al primero un componente clasista, y por lado es el que tenemos actualmente teniendo como representante a la CUT.

Un hecho importante lo constituye la creación de la Federación Obrera de Chile (1909 a 1936), que fue la gran escuela del sindicalismo clasista de Chile. Siendo Luis Emilio Recabarren quien la convierte en una central sindical y le imprime nuevos principios: como la independencia de clases, la lucha contra el sistema capitalista, y a la propiedad privada de los medios de producción, además, de plantear la necesidad de luchar por una sociedad socialista, sin explotados ni explotadores.

Es así, como la Federación Obrera de Chile, levanta su bandera inspirada en estas dos profundas sentencias internacionales: la unión hace la fuerza y la emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de los propios trabajadores. Desde este enfoque y según los planteamientos de Carlos Marx, el sindicato constituye un instrumento para la lucha de clases y la revolución, donde la clase obrera debe adquirir protagonismo, como fuerza de cambio al orden económico y social establecido, que lo mantiene oprimido.

La Central Única de Trabajadores (CUT)

Otra etapa del sindicalismo clasista es en la década del 50, donde surge un ascenso mundial de movilización de trabajadores. En este caso, en Chile, en febrero del año 1953, se forma una nueva organización sindical, la Central Única de Trabajadores (CUT), que retoma los principios de la FOCH e incluso, la luchar contra el imperialismo y la construcción de la sociedad socialista.

Dentro de este proceso de configuración del sindicalismo, se observan distintos cortes y continuidades, con la aparición de la FOCH y la constitución de la Central Única de Trabajadores en 1953. Actualmente lo que se distingue en el sindicalismo en Chile, es la relación del movimiento con los partidos políticos, ya que existe una relación estrecha entre los partidos políticos gubernamentales y el movimiento social, clarificándolo a través de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), donde durante estos últimos años ha tenido representación directa con la coalición en el gobierno de turno y los intereses económicos y políticos del último.

Actualmente, podemos observar que, en este periodo gubernamental, ha tenido posturas insatisfactorias a las necesidades de los trabajadores, teniendo un papel sumiso ante la dictadura de los grandes empresarios. Por ende, el movimiento social se traduce como instrumento de agitación o cohesión de las masas, según el gobierno de turno. A raíz de la ineficiencia de las organizaciones de las y los trabajadores, ha nacido una instancia de representación del sindicalismo clasista, la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores (CCTT), la cual toma los principios de la FOCH y de la CUT de 1953, y podríamos señalar que se presenta como la continuidad histórica y política de la clase trabajadora y del pueblo.

El Congreso Fundacional de la CCTT

El día sábado 1° de septiembre del presente año se celebró el Congreso Fundacional de la Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras (CCTT). Más de 150 delegados y delegadas asistieron durante la jornada a la sede del sindicato de panaderos Sirtrapán, ubicado en la comuna de la Reina, para dar discusión y aprobación a los principios y plataforma de lucha de la central naciente.

El Directorio de este nuevo instrumento de organización y lucha de las y los trabajadores quedó compuesto por Manuel Ahumada (presidente), Isolina Acosta (secretaria), Catalina Rojas (tesorera), Ramón López, Guillermo Solís, Erick Rojas, Andrés Troncoso, Sergio Alegría, Claudio Abarzúa y Esteban Galleguillos.

En esa misma línea fue que por amplia votación se aprobó que la Central Clasista será de hecho y no buscará el reconocimiento por parte de la legalidad burguesa, ya que su legitimidad se basa en las cientos de asambleas de aprobación de la CCTT como instrumento de aglutinamiento de los sectores clasistas del sindicalismo. Por otro lado, apelará a la fuerza misma de las y los trabajadores y su capacidad de presionar por medio de la huelga y la movilización para transformarse en actores de la sociedad e instalar las justas demandas de la clase.

Hitos Históricos del Movimiento Obrero en Chile

  • 1909: Fundación de la Federación Obrera de Chile (FOCH).
  • 1912: Fundación del Partido Obrero Socialista (POS).
  • 1919: Reformulación de las orientaciones doctrinarias de la FOCH.
  • 1921: La FOCH adhiere a la Internacional Sindical Roja.
  • 1925: Fundación de la Unión Republicana de Asalariados de Chile (URACH).
  • 1931: Creación de la Confederación General de Trabajadores (CGT).
  • 1936: Creación de la Confederación de Trabajadores de Chile CTCH.
  • 1943: Fundación de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).
  • 1953: Fundación de la Central Única de Trabajadores de Chile (CUT).

No por accidente el encuentro inaugural que eligió a su directorio nacional de transición, fue clausurado con la entonación de La Internacional y el grito de ‘trabajadores al poder’. El Presidente de la primera dirección nacional de la CCTT es el líder de la Confederación General de Trabajadores, Manuel Ahumada Lillo, además, uno de los sobrevivientes del golpe de Estado de 1973.

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