En pleno apogeo de su creatividad e internacionalización de su música, el quiebre de Los Prisioneros se dejó caer como un metal pesado en el amanecer de la transición chilena. Si en algo coinciden las memorias de Jorge González y Claudio Narea es que para fines de 1989, cuando el trío ya era una de las escasas bandas chilenas conocidas en el extranjero gracias a sus letras, las canciones de Los Prisioneros los volvieron portavoces de una rabia, por ahí un discurso, tal vez un sentir de alcance continental.
Pero las diferencias entre dos de sus partes, devinieron en un choque entre ideas de cambio y continuidad que alterarían el curso de la historia del grupo más representativo del rock chileno de los años 80.
Contexto Histórico y Creación
El lanzamiento de "El Baile de los que Sobran" coincide con un momento crucial en la historia de Chile. La grabación del disco “Pateando Piedras” comenzó en junio de 1986. Desde mayo de ese año, la tiranía había resuelto completar el proceso de municipalización de los liceos públicos, privatizando además los establecimientos secundarios técnico-profesionales. Era uno de los pilares del proyecto neoliberal de educación de mercado, que implicaba que la educación dejaría de ser concebida como derecho: el sistema educacional ya no sería una herramienta de movilidad social, sino de reproducción de la segregación y la distribución desigual de los bienes.
En el momento en el que “Los Prisioneros” grababan “Pateando Piedras”, los estudiantes agrupados en el Comité Pro FESES (Federación de Estudiantes Secundarios), se tomaban los liceos y ocupaban las avenidas en protesta contra la municipalización, lo cual se extendió por poco más de dos meses. Ello se vinculó con la movilización que se desplegaba en todo Chile para poner fin a la dictadura, en circunstancias que la oposición social y política había proclamado que 1986 sería el “Año Decisivo” para la conquista de la democracia.
Según recuerda Jorge González: "Para mí era una canción como cualquier otra, no pensaba en lo que iba a pasar con ella. Esa idea de que la escribí con una guitarra acústica en la pobla no es real. La hice con una caja de ritmos chiquitita que me prestó el Miguel Conejeros de los Pinochet Boys. Quería hacer un tema como los de Heaven 17, o Depeche Mode. Al comienzo no tenía guitarra, y el tempo era más lento. Cuando la estábamos grabando entera estaba fome, entonces decidí grabarla de nuevo. Ahí fue cuando la aceleramos, le metimos el perrito al sampler, y le pedí al Claudio (Narea) que hiciera guitarra acústica".
Manuel Maira cuenta lo siguiente en su libro “Jorge González. Una Historia Original”: “Para ‘El Baile de los que Sobran’ Jorge consiguió una caja de ritmos Korg con Miguel Conejeros de Pinochet Boys. También ocupó sintetizadores Casio. Para la letra, tomó un cuaderno con apuntes de conversaciones que había tenido con antiguos compañeros de liceo y comenzó a pulirlos. Escribía y reescribía. Una vez en el estudio, programó con Miguel Tapia la batería Yamaha RX7 e hicieron una toma de una canción que a los días le pareció aburrida, pero con algo especial. Luego volvió a la carga con arreglos más bailables y modificando acordes en el final. Ladridos de perro y timbales se sumaron a la nueva grabación.
Jorge González comentó que “está dedicado, con todo cariño, a nuestros compañeros del Liceo N° 6 de San Miguel. -La mayoría de nuestros compañeros de curso del Liceo 6 de San Miguel. Uno es cartero… el otro día me encontré con otro que es chofer de micro y el otro inspector.
Significado y Legado
Esta canción, compuesta por Jorge González e incluida en el disco Pateando piedras de 1986, ha sido considerada por el grupo como su mejor tema y es, indudablemente, una de las más emblemáticas de la música popular chilena de los años ochenta. Su letra ilustra de manera amarga y desesperanzada las diferencias de clases existentes entre la juventud chilena.
Sin buscarlo, Los Prisioneros se convirtieron en un símbolo de lucha contra la represión militar y su mensaje reivindicativo atravesó edades y segmentos sociales. A más de tres décadas de su publicación, revisamos en detalle el cuarto álbum de Los Prisioneros, que puso el candado a los años ochenta y que continúa abriendo puertas culturales, políticas y estéticas.
Sobre “El baile de los que Sobran” comentó que es “el himno más representativo de Los Prisioneros de todos los tiempos y la canción más coreada durante la presentación del grupo en Viña 2003 (…) Es un tema estremecedor desde su título, además de poseer un mayor grado de elaboración poética y musical, y contar con una interpretación de alto nivel. Habla de gente joven, tal vez con esperanzas, pero sin futuro definido o escapándosele de las manos; de aquellos que el sistema neoliberal automáticamente deja botados a medio camino (…) De la educación que no es igual para todos, de los juegos, del éxito y del fracaso. En efecto, “El Baile de los que Sobran” se instaló como un himno de la juventud y todos los perjudicados por el modelo, porque representó con inaudito talento poético y musical los violentos impactos del neoliberalismo en la vida de las personas, los que fueron capaces de recoger con una aguda capacidad de observación a mediados de los 80.
Claudio Narea ha contado: “Es evidente que ‘El Baile de los que Sobran’ es la mejor canción, la más importante de todas, un clásico absoluto. Por supuesto me gusta mucho y me conmueve que las personas la entonen con tanta fuerza y convicción hasta ahora”.
En octubre de 2001, cuando la banda se reagrupó por un período, Jorge González sentenció en el programa “De Pe a Pa” en TVN: “La lata es que la (crítica social) la expresamos en canciones del año del cuete y todavía es lo mismo. Tocamos ‘El Baile de los que Sobran’ y todavía es lo mismo.
-¿Cuál es el origen del Baile de los que Sobran? -pregunté a Jorge González en el verano de 1991. “Era el año 86. Por esos tiempos me encontré con varios ex compañeros de colegio y les pregunté cómo estaban. La respuesta era ‘bueno, yo estoy trabajando de junior’. Casi todos estaban en la misma, es decir, los encontrábamos en la calle con unos papelitos, repartiéndolos de un lado para otro. Me llamo la atención, porque era gente que tenía planes para el futuro”, contó. Detalló: “Empecé a escribir cosas sueltas y armar la canción, bastante a la rápida. Hicimos una primera grabación, en que el arreglo era distinto al actual. Luego, la regrabamos y le agregamos la guitarra española y el sonido de un acordeón.
El Baile de los que Sobran como himno de protesta social en 2019
Fue lanzado el 15 de septiembre de 1986. En esas circunstancias, fue ciertamente notable que poco más de 33 años después fuera asumido por la ciudadanía, incluyendo a los más jóvenes de los jóvenes, como himno de la protesta social desencadenada el 18 de octubre de 2019. Por las noches, desde las casas se confundían sus acordes con el sonido de las cacerolas. En las calles y barrios, era cantado a viva voz por los manifestantes, seguido a través de improvisados parlantes o entonado por una multitud acompañada por decenas de músicos. Retumbó en las Alamedas y en la Plaza de la Dignidad el día de la “marcha más grande de la historia”. Sus versos fueron proyectados sobre la Torre Entel y el Edificio de Telefónica.
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