En España, la adopción de herramientas como ChatGPT o Copilot ha sido veloz, con cuatro de cada cinco trabajadores declarando usarlas. Esta revolución tecnológica ha abierto oportunidades, pero también ha despertado temores. ¿Nos quitarán el trabajo? ¿Qué tan fundadas son estas preocupaciones según el riesgo real de automatización? ¿A quiénes preocupa más quedar obsoletos frente a las máquinas?

Desde fines del siglo XX, se ha instalado una visión apocalíptica del cambio tecnológico: un futuro sin trabajo, marcado por la automatización de tareas manuales y rutinarias que dejaría a millones de personas sin empleo. Más recientemente, el excepcionalismo de la IA ha modificado la discusión. La IA generativa representaría una ruptura respecto de olas anteriores de automatización, pues ella puede asumir tareas cognitivas complejas, hasta ahora consideradas dominio exclusivo de trabajadores calificados.

Estas transformaciones cargan el presente de ansiedades. La preocupación ante la automatización del trabajo no surge solo del temor a quedar obsoletos frente a las máquinas, sino de una presión actual: la experiencia del riesgo. La incertidumbre sobre lo que ocurrirá en pocos años con las tecnologías digitales obliga a las personas a anticiparse y decidir hoy, aunque sin garantías. Las instituciones (las empresas, el Estado, la legislación) reducen estas ansiedades: al delinear los contornos del futuro orientan las decisiones individuales en el presente.

Estas ansiedades se expresan en los sondeos de opinión. Pero esta ansiedad es menor cuando se refiere al empleo propio: solo un 26% declara estar muy o bastante preocupado por la posibilidad de que su trabajo sea reemplazado por las tecnologías digitales. Esta diferencia sugiere que la experiencia directa con el propio empleo actúa como un filtro que reduce la percepción de riesgo.

Riesgo de Automatización y Percepción Subjetiva

¿Se justifica este nivel de preocupación por la obsolescencia laboral? Diversos estudios han calculado el riesgo de automatización para el empleo en España. En conjunto, estos estudios proyectan que entre el 17% y el 27% de las ocupaciones se encuentran en alto riesgo de ser automatizadas, con una mediana del 23%. Llama la atención que esta cifra sea similar al 26% de los trabajadores que declaran estar muy o bastante preocupados por esa posibilidad.

La Figura 2 muestra que los empleos de calificación media son los más expuestos a la automatización, en línea con lo reportado en la literatura internacional. No obstante, quienes expresan mayor preocupación por este fenómeno son los trabajadores de baja calificación, con niveles de inquietud casi 20 puntos porcentuales por encima del promedio nacional. Este desajuste podría reflejar una percepción más aguda de vulnerabilidad frente a los cambios tecnológicos o mayor incertidumbre sobre el futuro del trabajo.

En cuanto a las diferencias según sexo, tres estudios coinciden en que los hombres tienen una mayor proporción de empleos con alto riesgo de automatización. Al analizar según nivel de ingresos, dos estudios encuentran que tanto los quintiles más bajos como los más altos muestran una menor proporción de empleos expuestos a la automatización, en comparación con los grupos medios. Esta distribución en forma de «U» invertida podría estar vinculada con la concentración de tareas automatizables en ciertos segmentos intermedios del mercado laboral.

En resumen, los datos sobre el riesgo de automatización muestran que tanto los trabajadores de los quintiles más altos como de los más bajos, al igual que quienes se desempeñan en ocupaciones más y menos calificadas, enfrentan un menor riesgo de automatización. No obstante, en términos de preocupación subjetiva, esta menor exposición solo se refleja entre los grupos de alta calificación y nivel socioeconómico elevado.

Factores que Influyen en la Preocupación

Como se vio más arriba, no todos temen por igual la automatización del trabajo. Según los resultados presentados en la Figura 3, la preocupación es más alta entre los trabajadores mayores de 65 años. Este grupo, que ingresó al mundo digital en etapas avanzadas del ciclo de vida, representa a los llamados “inmigrantes digitales”: personas que han debido adaptarse al uso de nuevas tecnologías, pero sin alcanzar la familiaridad de quienes crecieron con ellas. Aunque lograron manejar el idioma digital, lo hacen con acento e inseguridad.

El efecto de la digitalización sobre la preocupación por el reemplazo laboral es ambivalente. Por un lado, quienes usan con mayor frecuencia herramientas digitales en su trabajo tienden a estar menos preocupados. La familiaridad con estas tecnologías implica un mayor dominio sobre ellas, pero también una apreciación más clara de sus beneficios. Por otro lado, quienes perciben que la digitalización ha aumentado considerable o moderadamente en los últimos tres años en sus trabajos tienen un 83% más de probabilidades de estar preocupados por perder su empleo, en comparación con quienes perciben que se ha mantenido igual.

Finalmente, declararse competente en las habilidades digitales para el trabajo no tiene un efecto claro sobre esta preocupación. Tampoco lo tiene haber participado en algún curso de capacitación en los últimos 12 meses. Algo sorprendente considerando que la adaptabilidad al futuro pasa por la adquisición de nuevas competencias en el presente. El hallazgo podría deberse a que quienes se perciben con menor preparación digital -quienes más podrían beneficiarse- son precisamente los que menos acceden a capacitación.

Los trabajadores más preocupados son también los más vulnerables: aquellos en ocupaciones de baja calificación -aun cuando su riesgo objetivo es menor-, entre los adultos mayores y en contextos de digitalización reciente. En contraste, quienes ya usan estas tecnologías con frecuencia en su trabajo tienden a sentirse más seguros. Llama la atención que esta preocupación no se explica por el nivel de habilidades digitales autorreportadas ni por haber participado en capacitaciones.

Sin soportes institucionales que faciliten la transición, la presión sobre el presente queda modulada por la experiencia y el ciclo de vida individual. En la era de la inteligencia artificial, la actualización de competencias y el aprendizaje continuo son más esenciales que nunca.

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