El proyecto de retiro de fondos previsionales aprobado por el Congreso ha desatado un intenso debate en torno al sistema de jubilación chileno. En general, los defensores del modelo esgrimen dos clases de argumentos: uno político-económico y otro técnico.
Argumento Político-Económico
El primer argumento no apunta al sistema en cuanto proveedor de pensiones, sino que resalta sus efectos estabilizadores y macroeconómicos. Llamamos a esta clase de argumento “político-económico” porque se manifiesta en dos formas: por una parte, se expresa económicamente cuando apunta al impacto macroeconómico positivo que tuvo la reforma previsional ideada en los ‘80 en ciertos indicadores: el PIB, el crecimiento del mercado de capitales, la productividad total de factores, entre otros.
Un claro ejemplo de esta argumentación es el informe “Efectos Macroeconómicos de la Reforma de Pensiones en Chile”, elaborado en 2013 por los economistas Vittorio Corbo y Klaus Schmidt-Hebbel por encargo de la Asociación de AFP.
El argumento político-económico es interesante porque es bastante persuasivo: las AFP aportan al crecimiento económico, entregan estabilidad política y parecen representar una solución al problema demográfico que habitualmente se utiliza para rechazar la construcción de sistemas de reparto: el creciente envejecimiento poblacional reduce la cantidad de trabajadores activos que permitan sostener a quienes dejan el mercado laboral.
Sin embargo, a pesar de su nivel de persuasión, el argumento tiene dos problemas centrales: en primer lugar, evade el asunto de las bajas pensiones, lo que resulta delicado considerando que entregar buenas pensiones debiese ser el objetivo central del sistema. En segundo lugar, este argumento nos revela hasta qué punto el mercado se ha erigido como el lugar de producción de verdad: a partir del surgimiento del liberalismo, y sobre todo en el neoliberalismo contemporáneo, son el mercado y la ciencia económica los encargados de establecer los límites de lo posible.
Esto último se hace particularmente evidente en el argumento poblacional: el sistema de reparto ha sido completamente descartado de la discusión previsional y reducido a una caricatura debido a que es económicamente imposible ante la actual configuración demográfica del mundo. Lo anterior es problemático porque tanto la subjetividad como la política están estrictamente delimitadas por la dinámica de mercado como fuente de verdad y esto limita las posibilidades de configurar un sistema previsional que desafíe este marco.
La constatación anterior nos lleva a una aparente encrucijada: el modelo de AFP está incrustado a tal nivel en el modelo de desarrollo nacional que no es posible modificarlo estructuralmente, pues aquello escapa del marco establecido por la gubernamentalidad neoliberal y, peor aún, amenaza con poner en riesgo la estabilidad del país. Sin embargo, la aprobación del proyecto de retiro del 10% mostró que el sistema puede intervenirse sin que el país se desmorone.
A pesar de que las consecuencias de largo plazo aún son inciertas, hemos visto que las Administradoras han modificado su estrategia comunicacional para, en lugar de criticar el proceso, contribuir a facilitarlo y, además, varios(as) analistas económicos - e incluso el actual ministro de Economía - han señalado que el proyecto tendrá incluso un impacto positivo en el corto plazo, pues la inyección de liquidez aumentará el consumo privado y, con ello, se moderaría el impacto de la crisis económica.
Argumento Técnico
El argumento técnico será el objeto central de este artículo. A diferencia de lo mencionado, este argumento se hace cargo del problema de las bajas pensiones y se articula de la siguiente manera: la rentabilidad que obtienen las Administradoras es alta considerando el monto de las cotizaciones y la edad de jubilación. Por lo tanto, el problema no es el modelo - es más, en condiciones ideales, dicen sus defensores, el modelo funcionaría bien. El problema es el mercado laboral y las reglas que se le imponen al sistema.
Esta idea no es sólo teórica, sino que recurre a la matemática financiera para mostrar el “bajo” aporte que hacen los(as) trabajadores(as) a sus futuras pensiones y lo determinante que resulta la rentabilidad obtenida por las AFP. El argumento es fuerte y, dado que se reviste de técnica matemática, parece infranqueable.
Ante la alta complejidad del fenómeno económico, la economía debe recurrir a supuestos que habitualmente contienen un alto grado de idealización para intentar construir modelos que permitan explicarlo. Desde un punto de vista filosófico, esto es un problema porque nos lleva a una paradoja en torno al concepto de “explicación”.
Una paradoja ocurre cuando dos o más afirmaciones son individualmente ciertas, pero, al ser tomadas conjuntamente, son contradictorias. Esto ocurre con la explicación económica, pues los modelos se construyen sobre supuestos ideales, es decir, (i) los modelos son falsos, pero (ii) sólo las descripciones verdaderas pueden explicar. En este sentido, un modelo fundado sobre supuestos falsos no puede explicar - en el sentido filosófico de la palabra - adecuadamente el fenómeno económico.
Esta paradoja ha llevado a la filosofía de las ciencias a cuestionar el poder explicativo de la economía e incluso a dudar de su carácter científico. Lejos de pretender solucionar esta paradoja, nos interesa utilizarla como punto de partida para analizar filosóficamente el argumento técnico de defensa al modelo de capitalización individual. Como intentaremos mostrar, por más técnica que sea una explicación económica, ella no puede escapar de consideraciones morales o, si se quiere, ideológicas.
Como muestran Hausman y McPherson, la imagen del economista como un proveedor de información técnica y carente de juicios de valor es una caricatura, pues la moralidad ocupa un rol central en economía: no sólo porque incide directamente en el comportamiento de los agentes que interactúan en el mercado, sino porque en el corazón mismo de la teoría económica reside una teoría moral: la teoría de elección racional.
A partir de esto, como apuntan Hausman y McPherson, la economía no puede concebirse como una disciplina estrictamente técnica. Está impregnada de consideraciones morales e ideológicas y recurre constantemente a supuestos idealizados que, como veremos, ponen en tela de juicio algunos argumentos. La defensa técnica establece que el modelo de AFP funciona adecuadamente si existen ciertas condiciones que lo permitan.
El problema es que esas condiciones son extremadamente ideales: altas cotizaciones, elevada edad de jubilación, alta competencia en el sistema, baja informalidad laboral, mínimas lagunas previsionales, entre otras exigencias. Como es evidente, el mercado laboral chileno está lejos de todos estos supuestos. Ahora bien, si el contexto económico fuese una variable independiente de las AFP, podríamos conceder el punto y afirmar que el modelo “funciona” y, en consecuencia, lo que habría que hacer es acercar el mercado laboral a esas condiciones ideales.
AFP y Financiarización de la Economía
Sin embargo, como buscaremos mostrar, no existe tal independencia. Para mostrar esto último, es necesario retroceder en la historia. La década de 1980 fue un periodo de liberalización, privatización y financiarización de las economías mundiales. Este proceso fue liderado por las reformas neoliberales de los gobiernos de Reagan, Thatcher y la dictadura de Pinochet.
El caso de Chile es relevante pues, a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos y Reino Unido, experimentó la aplicación de estas políticas económicas sin contrapeso democrático. En tal sentido, nuestro país representó un tipo de neoliberalismo “puro” en el contexto internacional, pues se desarrolló en “condiciones de laboratorio” y aquello llevó a que el modelo chileno fuese alabado por insignes figuras del pensamiento neoliberal como Milton Friedman y Friedrich Von Hayek.
En ese contexto de despliegue de políticas de corte monetarista a nivel mundial, la creación de las AFP no puede entenderse como una medida aislada. Lejos de ello, el sistema de capitalización individual se erigió como un pilar de la economía nacional y, de paso, aportó a la consolidación de la primacía del mercado financiero por sobre el mercado productivo.
¿Cómo la privatización del sistema de pensiones colaboró con el proceso de financiarización? Como describe Andrea Fumagalli, existen varios procesos que permitieron el ascenso del capital financiero y su posterior primacía sobre el mercado productivo. Entre ellos, la exigencia de generación de valor para los accionistas, el endeudamiento creciente en los hogares y el fin del fordismo.
Tales procesos condujeron a una tendencia general de obtención de beneficios económicos a través de vías financieras y no productivas. Como muestran Pardo y Pico, un elemento central en este aumento de la preponderancia del capital financiero en la economía es la integración de la política social a los mercados financieros como consecuencia del estancamiento del crecimiento económico mundial a partir de la crisis del sistema Breton Woods: la caída de la demanda agregada forzó la búsqueda de nuevas vías de rentas que encontró en la privatización de la protección social una fuente de capital para reactivar la economía.
De esta forma, los fondos de pensiones se convirtieron en una de las principales fuentes de crecimiento del capital financiero y, con ello, aceleraron el proceso de financiarización de la economía. La financiarización avanzó con gran voracidad y, por supuesto, afectó al mercado del trabajo.
Como muestra Alberto Garzón, el proceso de ajuste de la economía a los requerimientos del mercado financiero se tradujo en “dramáticos incrementos del desempleo y bajos niveles de crecimiento económico y tuvieron un impacto durísimo en las deudas externas contraídas por los países subdesarrollados”.
En el caso chileno, el plan laboral elaborado por José Piñera derivó en un aumento de la precariedad del empleo, pues inició un proceso de flexibilización unilateral del trabajo que debilitó la actividad sindical - actualmente la tasa de sindicalización es del 20%, lo que impide una negociación colectiva beneficiosa para los trabajadores - y fortaleció el poder del empleador en la relación laboral.
La financiarización impulsada por la privatización de los fondos de pensiones tiene, en el plano recién descrito, dos impactos sociales relevantes: como hemos dicho, tiene un impacto original, pues colaboró con la desregulación del mercado laboral y aquello se tradujo en alta informalidad y bajos salarios, pero, además, tiene un impacto en la creación de deuda, pues la consecuencia lógica de un bajo nivel salarial es el endeudamiento progresivo de la población.
Considerando lo anterior, la afirmación “el modelo funciona” contiene una cantidad tal de supuestos idealizados que, en el contexto económico antes descrito, simplemente no puede considerarse aceptable. Es importante notar que este problema - el de la idealización - no es exclusivo del sistema previsional chileno.
Un ejemplo de esto es la crítica de Joseph Stiglitz a la economía estándar: para Stiglitz, la crisis financiera mundial de 2008 tiene su origen en la construcción y aplicación de modelos económicos fundados sobre supuestos irreales de competencia perfecta en los que la regulación simplemente no era necesaria. Otro ejemplo es el del salario mínimo: según la economía estándar, fijar el sueldo mínimo por sobre el equilibrio tendrá como consecuencia un aumento en el desempleo.
Sin embargo, muchos estudios empíricos de mediados de la década de 1990 en adelante han mostrado que leves incrementos en los salarios mínimos podrían, por el contrario, disminuir los niveles de desempleo. Lo anterior muestra que lidiamos con un problema propio de la disciplina económica: tanto en el argumento técnico de defensa del modelo de AFP como en los casos que hemos mencionado ocurre que la idealización permanece velada tras el discurso técnico y aquello es posible debido a que el mercado ha conquistado un estatus normativo en el seno de las prácticas de gobierno.
Ahora bien, incluso aceptando el argumento idealizado - “el modelo de AFP funciona si se cumplen ciertas condiciones” -, la íntima relación entre la financiarización de la economía y el debilitamiento del mercado laboral - relación que, al igual que la idealización, permanece oculta bajo la argumentación técnica - complejiza estructuralmente la posibilidad de “rescatar” al modelo a través del trabajo. Ya sea a través de un aumento en las cotizaciones (lo que sería complejo considerando el nivel de endeudamiento y, en caso de ser un aumento con cargo al empleador, es bastante probable que opere como un impuesto y termine cargándose en mayor proporción al trabajador a través de una disminución salarial) o de un aumento en la edad de jubilación.
Esto último es también difícil considerando que, según la OCDE, la edad efectiva promedio de retiro del mercado laboral en Chile es 70 años en hombres y 67 en mujeres.
Al repasar el argumento político-económico, notamos que los reparos filosóficos acerca de las consecuencias del carácter normativo del mercado sobre el sistema de pensiones son evidentes, esto es, no exigen un develamiento; se manifiestan con claridad: el problema consiste en que pensar un mecanismo previsional robusto exige superar las reglas de inteligibilidad impuestas por el mercado.
Ahora bien, el proyecto de retiro de fondos mostró que existe una posibilidad para pensar por fuera del marco constituido por la gubernamentalidad neoliberal. Hemos intentado mostrar que gran parte de la fortaleza de la defensa técnica descansa sobre la base de un ocultamiento y la intención de este artículo ha sido revelar aquello que permanece velado.
Al quitar el velo, evidenciamos que en la utilización de supuestos altamente idealizados y en la omisión de la relación financiarización-AFP-trabajo se exhibe aquello que la ciencia económica pretende ocultar bajo la discursividad técnica. Resulta interesante constatar que, mientras que tras el argumento político-económico subyace un régimen de verdad - el mercado - que limita la acción política y determina su plausibilidad, lo que sustenta al argumento técnico es precisamente la fuente de saber de ese régimen de producción de verdad: la economía.
Ventajas y Desventajas del Sistema de AFP en Chile
El sistema de fondos de pensiones actual presenta grandes ventajas para los chilenos, aunque también presenta inconsistencias que deben ser reguladas o mejoradas por el gobierno chileno. En 1981 se instauró en Chile el sistema de pensiones de capitalización individual privado que a día de hoy sigue vigente.
Ventajas del Sistema de AFP
- Basado en el aporte individual de los trabajadores de un 10% de sus remuneraciones a una cuenta personal en una AFP, la cual se encarga de administrar estos recursos, logrando una alta rentabilidad (8% promedio anual).
- Ha creado un fondo de ahorro que asciende a US$200.000 millones, al cual se le incorporan US$7.000 millones anualmente.
- Las AFP están obligadas por ley a presentar sus comisiones cada trimestre, y la Superintendencia de Pensiones en su sitio web ofrece herramientas para comparar los costos y para simular pensiones.
- Bonificación por hijo vivo: Se trata de un aporte estatal para los trabajadores de entre 18 y 65 años vigente en el mes de nacimiento del hijo.
- Los fondos son heredables.
Desventajas y Críticas al Sistema de AFP
- Las AFP no cumplen la función y promesa para la cual fueron creadas: entregar mejores pensiones que las del sistema de reparto.
- En efecto, ellas son bajísimas, sin cubrir las necesidades mínimas de un trabajador que jubila a la edad que le permite la ley.
- Perjudica a las mujeres.
- Un sector de los trabajadores no está integrado al sistema.
El sistema privado de pensiones tiene fallas estructurales, las cuales se encuentran en el mercado del trabajo. Ahí está la raíz de su incapacidad para cumplir su función. Los empresarios, por tanto, tienen una cuota de responsabilidad en esta incapacidad de las AFP. Este mercado se caracteriza por la inestabilidad laboral, los bajos sueldos, el rechazo al trabajo de las mujeres, etc. Estos problemas han sido silenciados por las AFP y por sus partidarios.
El fracaso de las AFP para cumplir su función propia no es el único problema que enfrenta el sistema privado de pensiones. Además, tiene una débil legitimidad ante la sociedad, porque reciben una baja confianza de la ciudadanía. Peor aún, las AFP se ubican entre las instituciones que reciben la menor confianza ciudadana.
Las AFP tienen un tercer problema político: administran con amplia autonomía los fondos de pensiones, que han alcanzado una gigantesca dimensión, superior al PIB. Ante esta ausencia del Estado, se ha consolidado un enorme poder económico y político en una industria altamente concentrada en solo seis AFP: Habitat, Provida, Cuprum, Capital, Planvital y Modelo.
Cuatro de ellas -Provida, Cuprum, Capital y Planvital- son controladas por multinacionales extranjeras, las cuales siguen las orientaciones y prioridades de sus casas matrices, con la consiguiente tensión con los intereses nacionales.
La ausencia de un verdadero Sistema de Seguridad Social reproduce y profundiza las desigualdades en las diversas esferas sociales y económicas, lo cual contraviene los principios históricos de la Seguridad Social, como aquellos propuestos por la Organización Internacional del Trabajo, de solidaridad, suficiencia, universalidad y legitimidad social.
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