La conflictividad laboral es una realidad en muchas organizaciones y representa uno de los principales desafíos para los equipos de gestión de personas. Se refiere a los desacuerdos o tensiones que surgen en el entorno de trabajo entre empleados, trabajadores y empleadores, o entre distintas áreas. Si no se gestionan de la manera correcta, los conflictos pueden afectar la productividad, el clima laboral y la motivación.

Causas de la Conflictividad Laboral

La conflictividad laboral puede ser el resultado de una variedad de factores. Una de las causas más frecuentes es la insatisfacción con las condiciones laborales, como los bajos salarios, la falta de beneficios o las jornadas laborales excesivas. La falta de comunicación clara y efectiva puede provocar malentendidos y conflictos. Un liderazgo inadecuado o inconsistente es otra causa común de conflicto laboral.

Consecuencias de la Conflictividad Laboral

Si el manejo de conflictos no se hace de manera adecuada, puede tener consecuencias negativas para la empresa y los trabajadores.

Prevención de Conflictos Laborales

Prevenir los conflictos laborales es posible si se aplican estrategias efectivas que promuevan un ambiente de respeto y colaboración. Promover la comunicación abierta y transparente es clave para evitar malentendidos y desconfianza entre los trabajadores y la dirección. Contar con políticas de trabajo claras y definidas ayuda a establecer expectativas y normas en la empresa. Ofrecer capacitación en resolución de conflictos y habilidades de comunicación puede ser una gran herramienta para que los empleados aprendan a resolver sus diferencias de manera constructiva. El reconocimiento adecuado del esfuerzo y desempeño de los empleados contribuye a un ambiente laboral positivo y reduce las tensiones. Fomentar una cultura de respeto y empatía entre los trabajadores ayuda a reducir los conflictos relacionados con diferencias personales y culturales.

Resolución de Conflictos Laborales

Cuando los conflictos laborales ya se han presentado, es fundamental contar con un proceso de resolución adecuado. El área de Gestión de Personas o Recursos Humanos, juega un rol fundamental en la prevención y resolución de conflictos laborales. Comprender las causas de los conflictos, aplicar estrategias de prevención y fomentar una cultura de respeto y comunicación abierta son fundamentales para mejorar el ambiente laboral.

El Endeudamiento y los Bajos Salarios en Chile

Uno de los grandes problemas que existe en el país, tiene que ver con el sobreendeudamiento por el que atraviesa un número importante de compatriotas. Una parte del endeudamiento está asociado a los bajos salarios. Según estimaciones de la Fundación Sol, 50% de las y los trabajadores gana en Chile un aproximado de $400.000.

Otra parte de este endeudamiento se explica por la mayor disponibilidad y acceso a crédito, que implica beneficios al “democratizar” el acceso a bienes de consumo, posibilitar una mayor inversión en educación o disponer de mayor liquidez de capital para un emprendimiento. En este sentido, el crédito puede funcionar como un vehículo para alcanzar cierto estatus social o producir un efecto de integración simbólica.

“La economía doméstica de los chilenos y chilenas se sostiene cada vez más sobre el endeudamiento. Paradójicamente, ese estrés puede ser un factor que atente al propio sistema financiero, pues dice relación con la respuesta adaptativa de la persona para resolver la tensión que se genera entre la deuda y la capacidad de pago. Y, cuando esta tensión es constante y duradera, puede generar agotamiento y afectar negativamente el desempeño de las y los trabajadores ya que da lugar a comportamientos negativos en la productividad, como ausencias, atrasos, errores, accidentes y pérdida de concentración, entre otros.

Deudas y Salud Mental

Las deudas y la salud mental tienen una estrecha relación, que se manifiesta también en repentinos cambios de humor. La persona está agobiada y tensa, concentrada en cómo resolver el problema. Con tantas preocupaciones, se vuelve más difícil conciliar el sueño. La sensación de culpa del deudor, lo lleva a revisar una y otra vez las decisiones financieras que lo llevaron a esta situación tan compleja. Tiende a pensar en cómo hubiera podido evitar el problema, buscando realidades paralelas o soluciones mágicas que lo ayuden a eliminar deudas. También experimenta una sensación de estancamiento vital.

El cuadro advierte que en Chile una importante proporción de los trabajadores requiere mejores salarios, educación financiera, seguridad social y mayor regulación.

Desigualdad Socioeconómica

La desigualdad socioeconómica puede entenderse en relación con las diferencias en la vida social de las personas, las que implican ventajas para unos y desventajas para otros. Son percibidas como injustas en sus orígenes, moralmente ofensivas en sus consecuencias, o ambas. Es preciso advertir que incluso los países más igualitarios exhiben algún grado basal de desigualdad vinculado a la división del trabajo, la que requiere pagos diferenciados acorde a la complejidad de las ocupaciones o para el fomento de actividades que están sujetas a un considerable nivel de riesgo, como la innovación y la labor empresarial.

Chile ha sido un país de muchas diferencias sociales a lo largo de toda su historia. En el siglo XIX, las élites nacionales construyeron el Estado nacional. Bajo su alero surgieron grandes fortunas, cuyo origen se centra en la minería, las finanzas y el comercio. Hacia fines de esa centuria se inició un periodo de inestabilidad en el marco de la “cuestión social”, que culminó con la elección de Arturo Alessandri en 1920 y el inicio del Estado benefactor.

Estos ciclos de alza y baja pueden observarse a través de la evolución del coeficiente de Gini, el cual es un indicador que se encuentra entre 0 y 1, donde un mayor número indica más desigualdad en la dimensión de los ingresos. Llama la atención que en ningún período de nuestra historia el coeficiente haya estado en un nivel comparable a los que muestran los países actualmente más desarrollados.

Indicador Descripción
Coeficiente de Gini Mide la desigualdad de ingresos en una escala de 0 a 1, donde 0 representa igualdad perfecta y 1 desigualdad perfecta.

De acuerdo a la última encuesta CASEN del año 2017, el 10% más rico de los hogares obtiene un 38,1% del ingreso monetario, mientras el 10% más pobre un 1,4%, con ingresos promedio de $3.605.800 y $129.300, respectivamente.

La caída de la desigualdad de ingresos en este período se explica, principalmente, por las mayores transferencias monetarias a grupos vulnerables y el aumento en el número de técnicos y profesionales, lo que amplió el segmento de clase media acomodada y moderó el crecimiento de los salarios en la parte media alta de la distribución, proceso que opera con mayor fuerza en las cohortes jóvenes (Sapelli, Claudio, Chile ¿más equitativo?

Debe tenerse en cuenta que las mediciones de la desigualdad monetaria basadas en encuestas a hogares no capturan bien los salarios más altos, porque estos se subdeclaran y, además, las entradas de utilidades figuran como inversión en las empresas. La contrapartida de la concentración en el tope son los bajos sueldos que obtiene la mitad de los asalariados, cuya remuneración es inferior al ingreso que necesita un hogar promedio para cubrir sus necesidades básicas (línea de pobreza).

Más allá de las diferencias de ingresos, la desigualdad socioeconómica se manifiesta en otras dimensiones de la vida de las personas. La que más rechazo provoca en la población es la disparidad en el trato y dignidad que, por ejemplo, se materializa en la atención de salud. La sociedad se fragmenta en grupos sociales que viven como si habitaran en naciones de nivel de desarrollo opuesto.

La desigualdad es un desafío ético porque implica una injusticia, ya que todos tenemos una dignidad por ser personas y el derecho a participar de los bienes y servicios que se producen en la sociedad; y es injusta porque esta realidad podría ser distinta mediante políticas públicas.

Desde la tradición del pensamiento social cristiano, san Alberto Hurtado define la justicia social como “aquella virtud por la que la sociedad, por sí o por sus miembros, satisface el derecho de todo hombre a lo que le es debido por su dignidad de persona humana”. Desde la tradición liberal, John Rawls afirma que “la justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento”. Por su parte, la filósofa Nancy Fraser habla de la paridad participativa y postula que la justicia exige unos acuerdos que permitan que todos los miembros de la sociedad interactúen en pie de igualdad, tanto a nivel de redistribución como de reconocimiento.

Desigualdad y Movilidad Social

La desigualdad sería menos problemática si el lugar que ocupan las personas en el orden social fuese pasajero, sujeto a cambios durante el ciclo de vida o, por último, si la posición social de los hijos no dependiera de la de los padres. Esto es, si hubiese movilidad social.

Una alta desigualdad de ingresos dificulta la igualación de las oportunidades en ámbitos como el desarrollo infantil temprano y el sistema educacional. Esto por las grandes divergencias que existen en el capital económico, social y cultural de los hogares de origen. Datos de Banco Mundial (2016) muestran que los países que presentan una mayor diferencia en los ingresos tienden a presentar un menor grado de movilidad intergeneracional. Esto significa que hay una correlación clara entre la disparidad de los resultados y la de oportunidades -que determina la movilidad social-.

Muchos trabajos de investigación han tratado de identificar cuán importante es la relación entre desigualdad y desarrollo, y los mecanismos para explicar dicha relación. Una de las conclusiones es que ella opera vía mecanismos más indirectos de lo que se creía. Esta situación, a su vez, limita las posibilidades de progreso de las sociedades, ya que se pierden capacidades de generación de nuevos negocios y otras instancias de mejora del bienestar de la sociedad.

Políticas para Disminuir la Desigualdad

Entre las políticas a considerar para disminuir la desigualdad, destacan las que mejoran la productividad vía capacitación y fortalecen todos los niveles del sistema educativo.

Por todo lo anterior, hay razones suficientes para afirmar que Chile debiera hacer un esfuerzo serio para reducir las diferencias en las próximas décadas. De estudios recientes se derivan algunos lineamientos a tener en cuenta. Siguiendo al texto Desiguales y a la OECD (2012), se necesita reducir las brechas que existen en la estructura productiva de la economía chilena, que se expresan en circuitos diferenciados de productividad, competencias laborales, salarios y estabilidad en los empleos.

Desiguales destaca el rol que le cabe a la política pública en igualar el acceso a los servicios sociales, reducir la concentración del ingreso en el 1% más alto y romper el vínculo entre el dinero y la influencia en las decisiones públicas.

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