Este ensayo tiene como finalidad comprender críticamente los aportes del Pensamiento Latinoamericano a la disciplinaria y la praxis del Trabajo Social.
En particular, lo anterior se plantea como una necesidad de revisar los aspectos epistemológicos y políticos, del Pensamiento Latinoamericano, y como ello se podría expresar, en un tipo de Trabajo Social, que disciplinariamente se distancie de la dominación intelectual eurocentrada y norteamericana.
Cabe recordar que, el Pensamiento Crítico y su filosofía de praxis liberadora, sufrió una especie de agotamiento e incluso hostigamiento académico y político, producto de las dictaduras militares, y del predominio de la ideología neoliberal, que permeabilizó los diferentes ámbitos de producción material y simbólica (Alemian, 2005; Borón, 2000, 2006).
Pero desde fines del siglo XX, el Pensamiento Latinoamericano, ha tenido un nuevo impulso, que vienen no sólo de los ámbitos académicos, sino que responde a una fuerte influencia de los movimientos sociales, que en sí mismo constituyen una nueva fuente de producción de conocimientos y de debate político (García, 2008; Quijano, 2005; Sader, 2009; Seaone & Taddei, 2004; Seaone et al.
Las perspectivas orientadas a la des-colonización (Quijano, 2005), ha dado lugar a un rico debate, que ha reinstalado el Pensamiento Crítico, como un contra -discurso generado desde el margen, pero mirando al centro, como punto de referencia y de antagonismo (Dussel, 2011).
El escenario de conflictividad presente en los distintos países de América Latina, ha permitido la visibilización de las profundas contradicciones generadas por el modo de producción colonial capitalista, en su fase neoliberal.
Los nuevos y diferentes actores de los sectores subalternos, permitiría a la disciplina reposicionarse, nutrirse desde una episteme latinoamericana, con nuevos marcos conceptuales, para desarrollar una praxis disciplinaria descolonizada.
Esto requiere de un desplazamiento epistemológico y político, que parta por el reconocimiento de nuevos saberes, nuevas formas de saber, para abrirse a una nueva praxis disciplinaria, a la luz del nuevo escenario.
La relación del Trabajo Social con el Pensamiento Crítico Latinoamericano, representa una interpelación a la necesidad de ir nutriendo el contenido teórico con la praxis sociopolítica (Vivero, 2012a, 2012b) expresada en la acción profesional, con diferentes actorías en el actual momento histórico en América Latina.
Con la llegada de los europeos, América se constituyó ontológica y políticamente como el campo geopolítico de dominación, de un nuevo patrón de poder construido, a partir de la negación y/o sometimiento de estos otros, de la raza no-blanca (Dussel, 2011, Quijano, 2005).
Un espacio controlado por el centro a partir de la contradicción conquistador/conquistado, instalando en esta construcción ontológica-política la idea de raza, para diferenciar - a juicio de ellos - lo moderno de lo bárbaro.
Para los conquistadores, esta nueva tierra, era el vasto imperio del diablo, de redención imposible o dudosa, por lo cual “la espada y la cruz marchaban juntas en la conquista y en el despojo colonial” (Galeano, 2005, p.
Así entonces, la idea de reza, permitió “la codificación de las diferencias entre conquistadores y conquistados en la idea de raza, es decir, una supuesta diferente estructura biológica que ubicaba a los unos en situación natural de inferioridad respecto de los otros” (Quijano, 2005, p. 202).
La concepción de raza, se posiciona como el argumento ideológico central de los europeos, para fundamentar, justificar y legitimar las relaciones de dominación que impusieron los conquistadores.
De esta forma, se constituyen nuevas identidades históricas producidas sobre la base de la idea de raza, serán asociadas a la naturaleza de los roles y lugares en la nueva estructura global de control del trabajo (Dussel, 2011; Galeano, 2005; Quijano, 2005).
Desde la llegada de los europeos a América, el Pensamiento Crítico Latinoamericano, representa en los ámbitos intelectuales y políticos, una importante expresión de lucha contra hegemónica.
El Pensamiento Latinoamericano, es una práctica filosofía crítica que surge desde el seno de América Latina.
Entre sus hitos hay dos movimientos que dan cuenta de cómo se va articulando, en el mundo intelectual latinoamericano, una producción de conocimientos, que se sustenta en un profundo análisis de los conflictos y contradicciones históricas que viven los pueblos latinoamericanos.
Este contra-discurso, que propone el Pensamiento Latinoamericano se fundamenta en una praxis emancipadora y descolonizadora (Dussel, 2005, 2011; Quijano, 2005; Sader, 2009).
Una perspectiva y práctica político-intelectual que re-emerge a partir de la década del noventa del siglo XX, que simbólicamente tiene mucho significado, porque coincide con los 500 años de la llegada de los españoles al “nuevo mundo”.
El Pensamiento Crítico Latinoamericano, es un discurso y una práctica que se construye desde la periferia social, desde las clases oprimidas, desde los/as excluidos/as (Dussel, 2011).
Entre las ideas propuestas en este trabaj o, se plantea que existiría una complementariedad entre el Pensamiento Latinoamericano y el Trabajo Social, particularmente aquel que se sitúa desde una perspectiva crítica.
Las tensiones y contradicciones generadas por el patrón de poder capitalista hegemónico, al interior de la disciplina se manifestaría en su nivel epistemológico (lo que se conoce y cómo se conoce) y en un nivel práctico (lo que se hace, por qué y cómo se hace).
Hoy si bien es cierto, estamos en un momento histórico distinto a aquel en que se desarrolla esta apuesta por la reconceptualización disciplinaria, estimamos que la crisis de hegemonía que experimenta el modo de producción capitalista neoliberal.
En la década del sesenta, en pleno proceso de reconceptualización, entre otros cuestionamientos, se ponía en discusión la naturaleza y esencia misma de la disciplina y el quehacer profesional.
En tal sentido, se hacía un análisis crítico de ésta, concluyendo que su acción contribuye a la reproducción de la ideología y el conocimiento dominante (Iamamoto, 1992, Netto, 1992, 2012), y por tanto su práctica está limitada por el espacio que el aparato de dominación permite, en un determinado campo de acción.
Aquel escenario, a pesar de las distancias y diferencias históricas y políticas, lleva a preguntarnos respecto de los ethos que hoy mueven el ser y el quehacer del Trabajo Social, en tanto disciplina que tiene su génesis en la matriz capitalista y en la concepción de la racionalidad moderna (Aguayo, 2007, Netto, 1992, 2012).
El Pensamiento Latinoamericano, es un soporte importante, coherente y pertinente para retomar la senda de la praxis consciente, concientizadora y liberadora como se planteó en los orígenes del proceso de reconceptualización.
Creemos que esto, entre otras cosas, permitiría nutrirse y resignificar algunas categorías de análisis y formas de acción profesional, que conlleva, a un importante y urgente proceso de des-colonización del saber y del poder (Quijano, 2005).
El arsenal conceptual que se desprende desde el Pensamiento Latinoamericano es extenso, por lo cual tomaremos algunos elementos, pertinentes y necesarios para poner en discusión la necesidad de una articulación entre el Trabajo Social Crítico y esta corriente intelectual.
En tal sentido, la conciencia crítica, la concientización, la necesidad de auto-conocer las peculiaridades del continente y la búsqueda de la emancipación y las luchas anticoloniales (Devés, 2003; Quijano, 2005), lo entendemos como contenidos fundamentales en la producción intelectual y política latinoamericana.
Esto sigue estando presente en Pensamiento Crítico Latinoamericano, y para el Trabajo Social constituye un recurso epistémico para el análisis, la reflexión teórica y de sustento en las metodologías de la acción profesional.
Coincidiendo con algunos autores (Borón, 2000, 2003, 2006; Dussel, 2005; Seaone & Taddei, 2004, Seaone, Taddei, & Algranati, 2006), se considera que el escenario actual, presenta una notoria agudización de las desigualdades, como consecuencia del modelo de acumulación capitalista globalizado.
Pero a la vez, esto mismo ha permitido una revitalización, un nuevo impulso del Pensamiento Latinoamericano, lo cual tiene la particularidad de estar impregnado de una fuerte influencia de los movimientos sociales, que en sí mismo constituyen una nueva fuente de producción de conocimientos y de debate político.
Para el Trabajo Social Crítico, resulta necesario retomar la senda trazada por la tradición del pensamiento latinoamericano, como la praxis consciente, concientizadora y liberadora.
Fundamentos que tienen plena sintonía con los sustentos que se planteó el proceso de reconceptualización (Vivero, 2016, 2017a, 2017b).
Como señalábamos más arriba, retomar esta perspectiva, entre otras cosas, permitiría nutrirse y resignificar algunas categorías de análisis y formas de acción profesional, que conlleva, a un importante y urgente proceso de des-colonización del saber y del poder (Quijano, 2005).
Se puede entender, por tanto, que, en el ethos de los intelectuales críticos latinoamericanos, está presente una postura de carácter ético político, que busca abrirse a la reflexión sobre las históricas condiciones de dominación sufridas por el continente.
La conciencia crítica y concientización, es tal vez una de las tantas categorías características de lo que fue y sigue siendo el Pensamiento Crítico Latinoamericano.
En la misma línea anterior, la educación liberadora, desarrollada por Paulo Freire, pasa desde una posición inicial de “intransitividad de conciencia” a una “conciencia crítica”, que en definitiva es lo que permite la liberación tanto del oprimido como del opresor (Freire, 2004, p. 55).
Por lo tanto, “la conciencia del mundo y la consciencia de mí no me hacen un ser en el mundo, sino con el mundo y con los otros; un ser capaz de intervenir en el mundo y no solo de adaptarse a él” (Freire, 2001, p. 50).
Entonces, es el diálogo consciente, en que el hombre y la mujer aprehenden el mundo y son con el mundo mismo, reconociendo los desafíos y problemas que enfrentan.
La educación liberadora, por lo tanto, es histórica y crítica en el cual “los oprimidos van descubriendo el mundo de la opresión y se van comprometiendo en la praxis, con su transformación (...)” (Freire, 2002, p.
Hoy más que nunca, este pensar y actuar se inscribe “desde la periferia política, porque dominados o coloniales, desde la periferia económica, porque colonos, desde la periferia geopolítica, porque excluidos, (...)” (Dussel, 2011, p. 20).
En el actual escenario en que se visualiza una dicotomía en torno a la hegemonía neoliberal, en donde aparecen por un lado procesos que ponen en cuestionamiento y disputa dicho control y, por otro lado, contextos en que este dominio pareciera mantenerse y consolidarse.
Sin embargo, lo que no se puede dejar de considerar, es que este nuevo ciclo de conflictividad social está protagonizado por nuevos sujetos colectivos1, en que su acción ha contribuido a abrir una crisis de legitimidad y de hegemonía del modelo neoliberal en toda Latinoamérica.
Hay que reconocer, además, que son los movimientos sociales los que han nutrido de nuevos sentidos y significados la producción intelectual latinoamericana, siendo por tanto ellos, los protagonistas principales no sólo de los procesos sociopolíticos, sino que del nuevo contenido político y simbólico del discurso de los intelectuales críticos.
El significado axiológico y político del Pensamiento Crítico y del Trabajo Social Crítico, sin duda nos deja planteado el gran desafío de profundizar la discusión sobre ello.
Ahora, a la luz de las transformaciones sociopolíticas en el último cuarto de siglo en nuestra América Latina y caribeña, continuamos preguntándonos qué significa hoy, un Pensamiento Crítico propiamente latinoamericano y una práctica social crítica.
Habría que repensar el Trabajo Social y fundamentalmente su dimensión política, que reproduce en sus prácticas consientes o inconscientes, la matriz propia de la ideología neoliberal, partiendo por la separación entre lo social y lo político.
De manera insoslayable, dicha separación, no sólo contribuye al fortalecimiento del Estado neoliberal, sino que perpetúa las formas de dominación y exclusión.
La ruptura epistémica-política con la matriz conservadora del Trabajo Social, hoy tributaria de la ideología neoliberal, debe representar la consecuencia y coherencia con los discursos críticos, si quiere ser parte contribuyente de las transformaciones que se están fraguando.
De lo contrario, la disciplina seguirá relegada a un nivel eminentemente tecno - asistencial- burocrático, como instrumento de control y dominación de las clases dominantes, y etiquetadores de la desigualdad por medio de la operacionalización de las distintas estrategias de contrainsurgencia social, expresadas en las políticas públicas y sociales.
No se trata de que todo el ámbito disciplinario deba instalarse en el campo de lo crítico, pero tampoco puede seguir esta hegemonía de las corrientes conservadoras y neoconservadoras.
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