La Ley 20.606 sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad, una norma ‘made in Chile’, ha generado controversia y reconocimiento a nivel mundial. Esta ley, que cumplió una década desde su primera promulgación, ha sido valorada por la ONU y replicada en varios países de Latinoamérica y otras latitudes.
En un escenario post pandemia con preocupantes índices de obesidad infantil y una explosión de trastornos asociados a la alimentación, la ley es nuevamente puesta bajo la lupa.
Orígenes de la Ley de Etiquetado
La Ley 20.606 comenzó a ser escrita en 2008 por el entonces parlamentario, Guido Girardi y por el médico especialista en Nutrición, Ricardo Uauy. Dicho proyecto obliga a los fabricantes de alimentos envasados a indicar en la etiqueta los ingredientes utilizados, incluyendo todos sus aditivos, su información nutricional y los contenidos de calorías, azúcares, sodio y grasas saturadas y los demás que el Ministerio de Salud determine. Además, la legislación hizo que los alimentos que superen ciertos límites establecidos deben rotularse como “alto en” dependiendo del caso.
A esto, también se sumaba la prohibición de publicidad dirigida a menores de 14 años de los alimentos con altos índices en ingredientes nocivos y la entrega de regalos, concursos, juguetes o caricaturas asociadas en productos con sellos. Fue el fin del “Kínder Sorpresa” en Chile, por dar un ejemplo.
Según cuenta Girardi, junto a Ricardo Uauy redactaron el proyecto de ley con la intención de que se denunciara visualmente a los productos procesados con exceso elementos nocivos para la salud. Si las cantidades de estos disminuían con el tiempo, los sellos podían ser quitados. “Entonces dijimos que los sellos rojos no pueden tener publicidad en televisión, no pueden tener juegos, no pueden ser vendidos en colegios y no pueden participar en compras públicas de Estado”, agrega.
El Debate sobre la Simbología: ¿Por qué Octágonos Negros?
Inicialmente, la idea era utilizar un semáforo para advertir sobre los componentes más nocivos para la salud. “Cuando fui director del Sesma, en los 90, me tocó hacer cumplir que las industrias cumplieran con las normas de emisión. Ahí se me ocurrió clasificarlos en un semáforo y publicarlos en los medios de comunicación todas las semanas, para que se expusieran a la sanción pública. El 90% era amarilla y roja, y en seis meses no había ninguna roja, producto de la presión mediática”, recuerda Guido Girardi. El político ocupó esa idea para replicarla en alimentos procesados.
Pero las presiones siguieron. “Fue la propia Presidenta Bachelet quien nos pidió que sacáramos el semáforo de la ley, debido a las presiones de la industria”, recuerda Girardi. Durante su primer gobierno, se les pidió modificar el proyecto para que no aparecieran estas señales de colores rotuladas en los envases. Luego de eso, la ley pudo ser promulgada en 2012, pero el mandatario de ese entonces, Sebastián Piñera, vetó la iniciativa. “Se generó una batahola y yo me puse con varios parlamentarios a las 10 de la mañana, en la puerta de La Moneda, con letreros que decían ‘Piñera vendió la salud de los niños’”, añade.
El veto fue quitado en el segundo periodo de Michelle Bachelet, pero ahora se debía redactar el reglamento a la ley. Ésta decía que debía tener un etiquetado frontal, pero no especificaba cuál ¿Se debía volver a la simbología del semáforo? Girardi y Uauy estaban convencidos de que esa era la opción, pero una serie de focus groups a niños y niñas a lo largo de todo Chile les dijo otra cosa: “Les mostramos una serie de figuras, de todos colores y formas. Para nuestra sorpresa fueron los niños quienes nos dijeron que entendían el octágono negro mucho más efectivo que los semáforos. Lo entendían mejor y era lo que ellos asociaban como algo negativo”.
Fue así que la Ley de Etiquetado de alimentos entró en funcionamiento en 2016, y en el intertanto la idea se ha replicado en Perú, México, Brasil, Uruguay y muchos otros países de América Latina y el resto del mundo. Incluso, la norma obtuvo el reconocimiento por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Impacto y Controversias Post-Pandemia
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reflejó que en 2019, el 34,1% de los adultos chilenos presentaron obesidad, mientras que el 44,5% de la población infantil también presentó rasgos de esta condición. Y el objetivo de los sellos en la Ley de Etiquetado es precisamente reducir esas cifras, pero la pandemia remeció el paradigma y ahora los octágonos negros son vistos como contraproducentes por expertos en trastornos alimenticios.
“Hay que darle importancia también a los niños que están dejando de comer, o que están desarrollando Trastornos de Conducta Alimenticia (TCA). Antes de la pandemia podía ver dos personas con TCA al año, y ahora veo dos al día. Es una explosión”, advierte la nutricionista de Clínica Dávila Vespucio, Paulina Mella.
Según detalla, la gente trata de evitar estos productos que tienen octágonos negros “pero no saben muy bien por qué. Solo lo atribuyen como algo malo, sin saber la contribución que pueda tener cada alimento. Hay alimentos que pueden ser altos en calorías, pero también están fortificados en vitaminas que son más importantes. Ha llevado a mucha confusión esto”.
La psicóloga infantojuvenil de Clínica Vidaintegra, Karina Navarro, incluso postula que estos sellos han generado una mayor inseguridad en jóvenes a la hora de elegir sus alimentos. “Y si miramos la culpa de una perspectiva psicológica, esto puede afectar emocionalmente. Ahí se puede originar un trastorno de conducta alimenticia (TCA), tanto en cuadros de anorexia como de obesidad provocado por ‘atracones’”. De hecho, la especialista confiesa que tanto a jóvenes como a los padres de quienes pasen por este tipo de trastornos les recomienda tapar o eliminar los sellos negros que trae el envase.
No obstante, Girardi es férreo defensor de su iniciativa que lleva 10 años desde su promulgación y 6 desde que comenzó a aplicarse. “Si fuese una mala ley, no habría sido replicada en muchas partes del mundo”, sostiene.
Además, una investigación desarrollada en la Universidad de Stanford analizó las principales conductas y efectos sobre las políticas en la Ley de Etiquetados. Frente a esto, la demanda por productos con sellos disminuyó un 26% con respecto a los productos sin sellos; la concentración promedio de azúcar y calorías bajó un 12% y 3% respectivamente; y el precio promedio de productos sin sello aumentó en 5,5% con respecto a otros.
Alternativas y el Futuro del Etiquetado
Por su parte, el Dr. Javier Vega, nutriólogo de la Red UC-Christus, expresa que los sellos “si bien, creo que ha servido, el gran problema es que el octágono es restrictivo y no hay alimentos que tengan ‘sellos verdes’, por así decirlo. No hay alimentos que nos digan que son más saludables, o que tienen un mayor aporte de nutrientes, sino que nos quedamos con lo prohibitivo”. Según concluye, la respuesta a mejorar la nutrición en Chile apunta más a educar que al restringir.
Paulina Mella complementa que actualmente se enfrenta la alimentación desde otro punto de vista. “Se busca más educar a las personas sobre alimentos, que darle una lista de alimentos prohibidos”. Además, la especialista destaca que es necesario remarcar los aspectos positivos de los alimentos. “Podría ser mucho más educativo mostrar la cantidad de vitaminas que tiene un producto en verde, y el azúcar, por ejemplo, en amarillo”, postula.
Pero los octágonos negros no son los únicos de su tipo. Actualmente existen otros tipos de etiquetado de alimentos en el mundo que siguen distintas lógicas a las aplicadas en Chile. En los países nórdicos, por ejemplo, los productos con alto contenido de elementos perjudiciales para la salud lleva la imagen de un cerrojo negro, mientras que los que tienen un aporte nutritivo importante llevan mismo ícono de color verde. Asimismo, en Australia y Nueva Zelanda existe un sistema de puntuación para determinar qué tan saludable es cada alimento y en Reino Unido el aporte nutricional lleva colores de un semáforo para advertir el aporte de su contenido.
Pero Girardi insiste que dichas experiencias se deben a que “el lobby está ganando la pelea. Ellos prefieren el semáforo, porque en todas partes del mundo están empezando a tener los discos negros y se están apurando para no tenerlos también. Si saben que Latinoamérica tiene los discos negros, y si la iniciativa está apoyada por la FAO y la ONU, se va a avanzar en esa dirección”, cierra.
De hecho, uno de los pendientes que tiene esa ley, según manifiesta, es la incorporación de sellos a comidas preparadas en el momento, como pizzas y hamburguesas, además de la prohibición de que existan juegos infantiles en recintos de venta de comida chatarra.
Si bien durante el proceso de discusión se logró ampliar en ciertos sentidos la implementación de la ley, tampoco estuvo exenta de frutos concretos del lobby de la industria alimentaria. Lo positivo del proceso fue que se incorporaron a la ley original alimentos inicialmente no contemplados (tales como cecinas), así como también se puso especial énfasis en los menores de 14 años, prohibiendo tanto la publicidad de productos alimentarios poco saludables dirigidos a este grupo como también la venta de alimentos con juguetes adosados u otros incentivos, como dibujos animados. También, digno de destacar, se prohíbe la venta de alimentos poco saludables en establecimientos educacionales.
Lo negativo fue que a lo largo del proceso -en medio de denuncias de parlamentarios sobre la presión de la industria alimentaria y la Sofofa-, se logró establecer una gradualidad para la implementación de ley. ¿A qué nos referimos con esto?
La ley establece límites para la concentración máxima de cada nutriente en 100 g. En caso de exceder ese límite, se deben incorporar los conocidos sellos. Originalmente, se le iba a dar 1 año a la industria alimentaria para que tuviera a todos sus productos con los sellos correspondientes. Lamentablemente, el lobby de la industria alimentaria logró que los límites adecuados se apliquen recién 3 años desde su entrada en vigencia. La industria tuvo 1 año para incorporar los sellos a sus alimentos, pero no con los límites nutricionales adecuados, sino que con límites “menos exigentes” que los recomendados. A los 2 años, estos límites serían más estrictos, para finalmente en 3 años, desde la entrada en vigencia, llegar a los límites considerados como saludables por el Ministerio de Salud.
Si bien eventualmente se lograrán los límites apropiados, condenamos tanto el rol que jugó la industria como también la obsecuencia de los parlamentarios y conceder un plazo de 3 años para su correcta implementación a riesgo de confundir a la población.
Esta campaña se lanzó en el contexto de una “preocupación” por parte de AB Chile ante los resultados de una encuesta encargada por ellos mismos a Cadem -que, además de levantar dudas sobre la legitimidad o la independencia a la hora de realizar el estudio, no es pública a la fecha en su sitio ni en el de AB-, en que supuestamente el 52% de los encuestados no ha dejado de comprar alimentos con sellos. Incluso si esta cifra fuera cierta, que un 48% de los chilenos haya cambiado su elección por el etiquetado de alimentos es sin duda algo digno de festejar. Es un consenso internacional que es difícil implementar estrategias exitosas para prevenir y tratar la obesidad, situación que se debe contrapesar al juzgar nuestras políticas públicas (1,2).
Una política pública de esta naturaleza, se debe evaluar a largo plazo en términos de los efectos esperados en la mejora de los patrones de alimentación de la población y su contribución a la reducción de la morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas.
Luego, el video presenta críticas tendenciosas que es importante aclarar:
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“El etiquetado es en base a 100 g y no a porciones”: Los sellos se presentan en 100 gramos y no en porciones con el fin de homogeneizar el criterio con que se asignan y poder comparar alimentos entre sí. Estos miden la calidad del alimento, ya que si en 100 gramos un alimento sobrepasa los límites, significa que la concentración del nutriente en cuestión es excesiva y hay que limitar su consumo. De utilizarse las porciones, podría darse a la industria la posibilidad de modificarlas artificialmente para aparentar que sus productos no son perjudiciales para la salud.
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“Los sellos no distinguen claramente entre cuál alimento es peor que otro”: Luis Jara -rostro habitual de campañas publicitarias de grandes cadenas de supermercados y otras empresas-, hace rato ya que las calorías dejaron de ser lo más importante para indicar la calidad del alimento. Y, claro, los sellos no permiten la comparación entre productos con sellos, pero ese no es su propósito, sino señalar productos no saludables. Para comparar productos sigue existiendo la información nutricional, en la que puedes ver qué producto tiene menos nutrientes nocivos.
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“Todo tiene sellos”: Iván Guerrero, antiguo suspicaz rostro de periodismo político, nos sorprende tu supuestamente ingenua sorpresa al ver que todos los productos que comes tienen sellos. Según la Encuesta Nacional de Salud del 2010 (3), un 67% de los chilenos tiene exceso de peso. En la misma línea, Chile lidera en las tasas de obesidad infantil en América Latina. También, recientemente, gracias a la ley se han eliminado las caricaturas de los cereales infantiles.
Hay una serie de mejoras que es posible introducir a la regulación del etiquetado nutricional y también se debe avanzar crecientemente en estrategias que permitan tanto aumentar la educación de la población con respecto a nutrición saludable, como también generar ambientes que promuevan lo mismo.
Valoramos la existencia de debate público en torno a la Ley de Etiquetado de Alimentos -que está lejos de ser perfecta-, porque creemos que las políticas de salud deben ser objeto de deliberación colectiva y reflexión crítica. Ahora, la discusión debe hacerse sobre la base de evidencia y de valores sociales y no falseando los hechos para defender intereses empresariales.
Como reza la sabiduría popular: si el río suena es porque piedras trae. No es azaroso que la industria esté haciendo la burda contracampaña que vimos hace algunos días sino que justamente responde a que sus intereses comerciales se ven afectados. Lamentablemente las diversas industrias, y en particular la industria alimentaria, no tienen en el centro de sus motivaciones la salud de la población ni otras consideraciones sino que cuidar sus ganancias es su interés nuclear, a cualquier precio. Escuchar a la industria alimentaria cuando se trata de regular el marketing y el consumo de lo que comemos es tan absurdo como consultarle a la industria de combustibles fósiles -uno de los grandes responsables del desastre del cambio climático- si acaso es pertinente desarrollar las energías renovables.
| Aspecto | Datos/Resultados |
|---|---|
| Obesidad en adultos (2019) | 34.1% de los chilenos |
| Obesidad infantil (2019) | 44.5% de la población infantil |
| Reducción en la compra de productos con sellos | 6.2% |
| Disminución de la demanda por productos con sellos | 26% |
| Disminución de azúcar en productos | 12% |
| Disminución de calorías en productos | 3% |
| Aumento del precio de productos sin sellos | 5.5% |
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