Sin duda, la inclusión y la diversidad son valores fundamentales en cualquier lugar de trabajo moderno y consciente. Y para hacer realidad estos valores, es necesario reconocer que en una sociedad diversa todos necesitamos distintos apoyos para desenvolvernos plenamente. En este sentido, los ajustes razonables son una herramienta clave para garantizar que todas las personas tengan acceso a oportunidades laborales, independientemente de sus capacidades o habilidades específicas. Pero, ¿qué son exactamente los ajustes razonables y cómo pueden aplicarse en la práctica?

Definición de Ajustes Razonables

Los ajustes razonables surgieron por primera vez como obligación en EE. UU, a través de la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (En inglés, American with Disabilities Act o ADA). Son medidas de adecuación del ambiente físico, social y de actitud a las carencias específicas de las personas con discapacidad que, de forma eficaz y sin que suponga una carga desproporcionada, faciliten la accesibilidad o participación de una persona con discapacidad en igualdad de condiciones que el resto de los ciudadanos. Si bien la ley chilena no contempla un mecanismo concreto para implementar los ajustes razonables, deja claro que son medios para alcanzar la igualdad de condiciones.

Son precisamente ajustes, adecuaciones que se realizan sobre el ambiente sin la necesidad de cambios fundamentales o estructurales. Por ejemplo, cambiar la naturaleza de un puesto de trabajo no cabe dentro de los ajustes razonables; flexibilizar la modalidad y horarios de trabajo, sí. Puesto que su función es garantizar la igualdad para ejercer nuestros derechos fundamentales, los ajustes razonables no son “privilegios” o “concesiones” hacia los trabajadores con discapacidad, son una condición base para lograr la igualdad de oportunidades.

Para que sean razonables, los ajustes requeridos deben ser viables y no perjudicar a otros trabajadores o las funciones mismas de la empresa. Los ajustes razonables se implementan a partir de una solicitud o requerimiento, y se ajustan a necesidades específicas de una persona o un grupo de personas. Por el contrario, los ajustes razonables se implementan en situaciones concretas.

La práctica de diseño universal puede reducir la probabilidad de necesitar ajustes en el futuro, pero no la elimina. Aunque existen una serie de recomendaciones de posibles ajustes frente a determinados tipos de déficit, es fundamental analizar cada situación concreta para identificar los ajustes necesarios y adecuados a esa persona en particular. Sin embargo, los empleadores también pueden adelantarse a los requerimientos más comunes de las personas con discapacidad, y planificar para ciertos ajustes. Aquí recopilamos algunas sugerencias de ajustes que implican costos muy bajos o inexistentes.

  • Incluir en el Reglamento Interno de Higiene y Seguridad la definición del concepto de ajustes razonables.

Materiales de Apoyo en Presentaciones Orales

Desde el amado “papelógrafo” cuando éramos pequeños, hasta el PowerPoint o Prezi en la universidad, los materiales de apoyo en una presentación oral parecen casi una obligación en la actualidad. Si bien hay ocasiones en las que podrías no usarlos, la verdad es que lo más frecuente es que siempre exista un material de apoyo cuando haces una presentación, una ponencia, una defensa de tesis u otras actividades orales académicas.

En general, un buen material es aquel que te permite enriquecer lo que vas diciendo en tu presentación. Por ejemplo, una línea de tiempo para ir marcando los hitos que narras; una imagen que muestre los componentes de lo que estás explicando; un mapa en el que describas cierta información; un gráfico que destaque los hallazgos importantes de un análisis de datos; un artefacto manual o un video que demuestre un mecanismo. Tú puedes decidir qué agregar y cómo, pero lo importante es que estos elementos complementen tu exposición y no al revés. Es decir, el foco sigues siendo tú como presentador.

Lo anterior significa en términos prácticos que tu material de apoyo debe ser breve y no distraer. Recuerda que una presentación oral no tiene la misma estructura que un texto escrito y por eso debes buscar formas de mostrar cuando pasas de un tema a otro. Te sugerimos usar diapositivas de transición en tu presentación para facilitar estos cambios.

También esto ayuda a explicitar la estructura de tu presentación, lo que le sirve a tu audiencia para saber qué esperar e integrar lo que ya sabe, pero también te sirve directamente para no “perder el hilo” y terminar tu presentación con éxito. Procura usar estratégicamente los colores, las animaciones y el espacio en blanco para comunicar aquello que es importante. También, cuando uses texto, prefiere oraciones breves que expresen una idea y no solo un contenido.

Si sabes dónde vas a hacer tu presentación puedes hacer una evaluación previa para saber, por ejemplo, el porte de la sala, la cantidad de personas, cuánta luz hay y cuál es el espacio para moverte o para proyectar. Ten en cuenta esto, pues si, por ejemplo, presentarás en una sala con mucha luz, la proyección será difícil de apreciar. En ese caso, tendrías que usar recursos sencillos, con colores muy contrastantes para que se puedan comprender en esas circunstancias adversas.

Lo ideal es que tú expongas las ideas y el material sea refuerzo de conceptos claves. Hay ocasiones en las que algún contenido debe entregarse de forma textual y precisa (por ejemplo, tus objetivos en una defensa de tesis), en cuyo caso está bien que leas. Sin embargo, esto debe ser más bien esporádico.

No te conviene saltar diapositivas, ya que esto da la impresión de que no te planificaste o preparaste lo suficiente. Si has planificado tu presentación adecuadamente, tu material debería reflejar ese orden. Recuerda que tu material de apoyo está ahí para tu audiencia y no para ti. Por eso, evita mirarlo a menos que debas interactuar con él.

Seguramente ya sabes que debes tener una diapositiva de inicio en el que aparezca tu nombre, tu trabajo y otros datos relevantes. Te recomendamos repetirla al final de la presentación, para que así quede como fondo mientras te hacen preguntas o comentarios.

Actitudes para Trabajar en Equipo

Lo primero que debes de tener en cuenta para tener buenas actitudes para trabajar en equipo es la importancia de escuchar las opiniones de los demás. Esto promoverá un ambiente de respeto, aprendizaje y colaboración entre los miembros del equipo, facilitando el trabajo conjunto. Trabajar en equipo ofrece una serie de ventajas que permiten cumplir cualquier proyecto y tener las mejores actitudes para trabajar en equipo, si son aplicadas de la mejor manera.

  • Motivación y apoyo mutuo: La motivación es clave para aumentar la productividad del equipo.
  • Compartir el éxito: Los equipos permiten a los miembros compartir las responsabilidades y el éxito.

Thomas J. Peters escritor estadounidense, especialista en prácticas de gestión empresarial, realizó un estudio de actitudes para trabajar en equipo de alto rendimiento. donde pudo rescatar 5 características principales las cuales denominó: las 5 C del trabajo en equipo.

  • Comunicación: La comunicación es una de las actitudes para trabajar en equipo base para un grupo exitoso.
  • Confianza: Los miembros del equipo deben tener confianza en sus habilidades y en las habilidades de los demás.
  • Coordinación: La existencia de un líder es importante para poder derivar las funciones que cada uno tiene en el equipo.
  • Complementariedad: Para lograr el éxito un equipo debe estar integrado por personas que tengan conocimientos y habilidades particulares que den respuestas inmediatas a las necesidades que se puedan presentar.

Cuando los miembros del equipo no trabajan juntos, se pierde tiempo y energía al tratar de alcanzar los mismos objetivos. Esto puede tener un fuerte impacto negativo en la productividad. La falta de trabajo en equipo puede desmotivar a los miembros del equipo. La importancia de un líder en el trabajo en equipo es innegable para evitar este tipo de conflictos. Estos integrantes deberán cooperar entre sí dejando de lado sus intereses personales que podrían perjudicar los objetivos.

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