Si Cauas fue quien puso en vigor las bases de las transformaciones estructurales, el ex ministro de Econom铆a y de Hacienda, Sergio de Castro, fue quien culmin贸 la crucial apertura al exterior y profundiz贸 las reformas para extender a la esfera social el modelo neoliberal. De Castro, doctor en Econom铆a en la Universidad de Chicago, fue gu铆a, ejemplo y maestro chileno de los tecn贸cratas ortodoxos.
Cauas, De Castro y B眉chi forman el tr铆o de hombres claves de la historia econ贸mica del gobierno militar. De los 16 a帽os de dictadura, casi doce estuvieron bajo la conducci贸n econ贸mica de alguno de ellos. B眉chi, como subsecretario de Salud, ministro director de Odeplan, superintendente de Bancos y ministro de Hacienda, y De Castro est谩n entre los funcionarios que m谩s a帽os permanecieron en sus puestos.
Agudo polemista, en茅rgico, mordaz, usuario de ep铆tetos y de convincente exposici贸n, De Castro fue el l铆der natural del equipo de Chicago en la primera etapa de la dictadura. Seguro de s铆 mismo, descalificador de sus adversarios, dogm谩tico y terco, pronto advirti贸 que estas caracter铆sticas pod铆a aprovecharlas bien dentro del r茅gimen militar. Organiz贸 los primeros equipos cohesionados de trabajo y era el vocero de los Chicago boys en las pol茅micas internas. A 茅l consultaban otros ministros cuando dudaban de la conducci贸n econ贸mica.
Sus caracter铆sticas personales no son ajenas a la determinaci贸n, profundidad y radicalidad de los cambios econ贸micos. Si era necesario, De Castro discut铆a con Pinochet, algo que pocos ten铆an la osad铆a de hacer.
Impacto en la estructura productiva y el comercio exterior
Los efectos negativos de la r谩pida apertura al exterior se hicieron visibles con el acelerado aumento de las importaciones que dej贸 convaleciente a la industria nacional. Tambi茅n hubo un incremento de las exportaciones, aunque comparativamente m谩s moderado.
El resultado concreto de estos cambios modific贸, a lo largo del tiempo, la estructura productiva del pa铆s. Las transformaciones m谩s cruciales fueron el aumento de la importancia de los servicios, en contraste con la disminuci贸n del peso espec铆fico de la industria manufacturera y el incremento de la significaci贸n en la econom铆a de los llamados sectores transables, o sea, los que venden sus productos en el exterior.
En 1970 el sector terciario de la econom铆a, representado por los servicios (sector financiero, propiedad de vivienda, educaci贸n, salud, turismo y otros), el comercio y el transporte y comunicaciones, representaban el 47,6 por ciento del PGB. Dieciocho a帽os despu茅s, en 1988, los servicios y el comercio representaban el 53,5 por ciento del PGB. Entre ambas fechas, paralelamente, la significaci贸n de la industria manufacturera decreci贸 desde 24,7 al 21 por ciento.
Al mismo tiempo, la econom铆a chilena pas贸 a tener una vinculaci贸n mucho m谩s estrecha con la econom铆a internacional. Si en 1970 un 35,5 por ciento del PGB depend铆a de las exportaciones e importaciones, en 1988 esta relaci贸n hab铆a subido a 52 por ciento. La cascada de importaciones era notoria en las vitrinas de cualquier tienda y en los anaqueles de los supermercados. La apertura al exterior fue el comienzo de un nuevo mundo de consumo.
En las estad铆sticas del Banco Central hay constancia del ingreso a Chile de 2.112.000 televisores; 154.000 cocinas; 332.000 refrigeradores y 132.600 lavadoras, entre 1976 y 1981.
Chile gast贸 en importar entre los a帽os 1980 y 1981, entre otros art铆culos de consumo suntuario: 18,7 millones de d贸lares en golosinas; 26,5 millones de d贸lares en prendas de cuero y peleter铆a; 33,3 millones de d贸lares en perfumes y productos de tocador; 50,3 millones de d贸lares en bebidas alcoh贸licas y cigarrillos; 67,3 millones de d贸lares en calzado, sombreros y paraguas; 74,4 millones 路de d贸lares en juguetes y art铆culos de recreo.
Respecto de 1970, las importaciones que m谩s aumentaron en 1981 fueron: perfumes y productos de tocador (19.500 por ciento); televisores (9.357 por ciento); golosinas (5.150 por ciento) y bebidas alcoh贸licas y cigarrillos (2.400 por ciento)'. Este flujo actu贸 durante el "milagro" en desmedro de la producci贸n nacional, menos eficiente, pero con mayor capacidad para generar empleos en Chile que las importaciones.
Entre 1975 y 1981 Chile gast贸 1.074 millones de d贸lares en importar 226.700 autom贸viles. En econom铆a existe lo que se llama el "costo alternativo", esto es, lo que se deja de hacer al realizar un gasto, debido a que siempre los recursos son escasos. Si el monto gastado en importar autom贸viles se hubiera destinado a otras prioridades habr铆a permitido -por ejemplo- el desarrollo del proyecto minero de La Escondida con inversi贸n nacional.
Consumismo y polarizaci贸n social
La apertura a las importaciones provoc贸 cambios sociol贸gicos y culturales en la sociedad. La aparici贸n del consumismo, como un valor y s铆mbolo de status social, y del lucro como medio de desarrollo personal, son quiz谩 los aspectos m谩s relevantes. Paralelamente, se intensific贸 la polarizaci贸n social en las ciudades chilenas. La segmentaci贸n era clara entre quienes pod铆an acceder de lleno al consumo suntuario y quienes lo hac铆an s贸lo marginalmente.
La divisi贸n social qued贸 incluso con l铆mites geogr谩ficos, marcados por la opini贸n p煤blica. En Santiago el l铆mite es de Plaza Italia hacia arriba o hacia abajo y, en Valpara铆so, entre el plan y los cerros.
Un recorrido por Santiago a mediados de 1989 permit铆a observar dos tipos de contrastes, surgidos en la 茅poca del "milagro" consumista. Uno entre los barrios muy lujosos, varios de ellos nuevos como La Dehesa, San Dami谩n y Lo Curro, con la miseria de las comunas populares al sur de la capital: La Pintana, San Ram贸n, La Cisterna, que acogieron las "erradicaciones" de pobladores pobres del barrio alto. El otro contraste se daba dentro de estas mismas comunas populares: hogares de extrema pobreza, hacinados y con carencias nutricionales, viviendo de allegados en casas de familiares o amigos, esperando una soluci贸n habitacional. Sin embargo, muchos de estos hogares dispon铆an de radio cassette o televisor en color.
Para los Chicago boys, esta apertura fue econ贸mica y 茅ticamente imprescindible: La libertad econ贸mica y de consumo, en especial, es un motor del desarrollo e implica, adem谩s, un respeto por la capacidad de decisi贸n de las personas y sus derechos m谩s elementales(...) En un pa铆s como Chile, sin embargo, donde el grueso de la poblaci贸n no contaba con estos bienes, el televisor o un radiorreceptor son una inversi贸n que constantemente est谩 rindiendo un flujo de cultura y educaci贸n, conocimiento del mundo, un buen lenguaje y, en fin, un conjunto de novedades que capitalizan, por decirlo as铆, al poseedor de estos aparatos. Ello, adem谩s de la entretenci贸n a baj铆simo costo que significa para mucha gente.
Paralelamente, la apertura al exterior pretendi贸 promover las exportaciones chilenas, en especial aquellas no tradicionales. Entre 1976 y 1981, de acuerdo con datos del Banco Central, las exportaciones aumentaron 82,6 por ciento, de 2.115,6 millones de d贸lares a 3.836,5 millones de d贸lares.
Un mayor 茅xito relativo se logr贸 con la diversificaci贸n exportadora. La importancia de las exportaciones mineras dentro del total baj贸 en esos mismos a帽os de 67 a 57 por ciento. Esto se debi贸 a dos factores: al aumento de los embarques al exterior de productos agr铆colas, celulosa, madera y harina de pescado, como tambi茅n al bajo precio internacional que registr贸 la libra de cobre en el per铆odo.
Parte del af谩n exportador se volc贸 en la b煤squeda de nuevos mercados. En 1976, los Chicago boys retiraron a Chile del Pacto Andino. Este acuerdo (integrado tambi茅n por Bolivia, Colombia, Ecuador, Per煤 y Venezuela) ofrec铆a un mercado seis veces mayor que el local. El motivo de la salida chilena fue la apertura al exterior y el trato m谩s ventajoso a la inversi贸n extranjera. Las exportaciones chilenas, un tercio de las cuales llegaban a pa铆ses del Pacto Andino entre 1970 y 1976, buscaron otros rumbos: Estados Unidos, Europa y los pa铆ses asi谩ticos (Jap贸n en especial).
El financiamiento del consumismo y la deuda externa
La balanza comercial, que mide la relaci贸n entre exportaciones e importaciones de un pa铆s, registr贸 un saldo negativo durante todos los a帽os del llamado "milagro", con la excepci贸n de 1976. Las cifras en rojo subieron desde 230 millones de d贸lares en 1977, hasta 3.480 millones de d贸lares en 1981.
Si las exportaciones no alcanzaron para pagar todos los bienes importados en el per铆odo del "milagro", 驴c贸mo se financi贸 entonces el d茅ficit comercial? La respuesta se encuentra en el aumento de la deuda externa.
El boom importador fue financiado mediante los cr茅ditos externos concedidos por la banca internacional a los grupos econ贸micos, en su mayor parte. La deuda externa fue contra铆da por el sector privado, pero sus intereses han sido pagados por todos los chilenos, por el aval estatal que el r茅gimen concedi贸 en las renegociaciones con los acreedores. Debido a esto, la deuda externa contra铆da por los grupos econ贸micos y por los estratos de mayores ingresos, ha sido endosada a la sociedad en su conjunto.
La deuda externa chilena, que en 1975 era de 9.301 millones de d贸lares, se elev贸 a 16.343 millones de d贸lares en 1981. Tuvo en este per铆odo una tasa de incremento del doce por ciento anual. Cinco a帽os m谩s tarde, en 1986, la deuda externa chilena ascendi贸 a su record de 20.716 millones de d贸lares, cifra superior al PGB y casi cinco veces las exportaciones de ese a帽o. Esto represent贸 una deuda externa por persona de 1.680 d贸lares.
Aparte del argumento de los Chicago, que sosten铆a que no era riesgoso endeudarse, porque los compromisos eran del sector privado y no del Estado, los neoliberales usaron el concepto de "ahorro externo". Seg煤n ellos, si el dinero lo ofrec铆an los depositantes de otros pa铆ses era necesario hablar de ahorro, antes que de deuda externa. Adem谩s, planteaban que la ca铆da del precio del cobre y los mayores costos del petr贸leo importado crearon una econom铆a sedienta por capitales.
Frente a los llamados a moderar el endeudamiento exterior, los Chicago boys afirmaron que no hab铆a motivo de inquietud. Las reservas internacionales del Banco Central estaban aumentando mes a mes. Y fueron poco cautelosos hasta el 煤ltimo momento que precedi贸 a la crisis sosteniendo que la recesi贸n era una nube en el horizonte. Ninguna cr铆tica fue o铆da.
Crecimiento econ贸mico y pobreza
El crecimiento del PGB chileno alcanz贸 entre 1976 y 1981 un promedio anual de 7,2 por ciento. Durante cuatro a帽os consecutivos las tasas de aumento del PGB superaron el siete por ciento. El record fue el 9,9 por ciento de 1977. Si se eval煤a s贸lo el per铆odo entre 1977 y 1981, el PGB creci贸 a un 8,5 por ciento anual.
El comercio, la pesca, el transporte y las comunicaciones fueron los sectores que tuvieron el mayor crecimiento en el per铆odo. El dinamismo de estas actividades fue notable. En 1978 el comercio se expandi贸 un 24,8 por ciento. La pesca, despu茅s de crecer un 33,6 por ciento en 1976, tuvo tasas sobre 14 por ciento en los cinco a帽os siguientes, salvo uno. Durante dos a帽os, el transporte y las comunicaciones crecieron sobre diez por ciento.
Estos datos fueron la base emp铆rica usada por la prensa financiera internacional y por los Chicago boys para hablar de un crecimiento "milagroso" en la econom铆a chilena.
El propio Milton Friedman le dio a mediados de 1981 su bendici贸n al modelo chileno, en una entrevista al semanario franc茅s Le Nouvel Observateur. Esto, seis meses antes de la estrepitosa ca铆da de 1982: Si yo hubiera dirigido los asuntos de Chile desde mi despacho de Chicago, como dice la leyenda, tendr铆a motivos para estar orgulloso. El pa铆s est谩 en pleno boom. Lo que se observa all铆 es comparable con el milagro econ贸mico de la Alemania de postguerra.
驴Es posible combatir y vencer la pobreza con m茅todos ortodoxos? 驴Deber铆amos buscar nuevas soluciones, como la de separar el derecho al sustento de la venta del trabajo en el mercado laboral y ampliar todo el concepto de trabajo tal como la sociedad lo ha entendido hasta ahora? Una cosa es ser pobre en una comunidad de productores con empleos para todos, y otra muy diferente es serlo en una sociedad de consumidores cuyos proyectos de vida se construyen en torno a la elecci贸n de lo que se consume y no alrededor del trabajo, la capacidad profesional o la disponibilidad de empleos.
Si en otras 茅pocas ser pobre significaba estar sin trabajo, hoy este calificativo se refiere, sobre todo, a los apuros de unos consumidores expulsados del mercado. Esta diferencia cambia la situaci贸n radicalmente y afecta tanto la experiencia misma de la pobreza como las oportunidades y perspectivas de resolver sus penurias.
| Indicador | 1970 (%) | 1988 (%) | Cambio (%) |
|---|---|---|---|
| Sector Servicios en el PGB | 47.6 | 53.5 | +5.9 |
| Industria Manufacturera en el PGB | 24.7 | 21.0 | -3.7 |
| Dependencia del PGB en Exportaciones e Importaciones | 35.5 | 52.0 | +16.5 |
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