Keynes fue el mayor economista político del siglo XX. Su obra principal, la Teoría General, fue el fruto sazonado de una vida y una época singulares y desencadenó transformaciones en la ciencia económica.
El Contexto Histórico y la Crítica al Libre Mercado
En el mundo de Keynes el Estado carecía de funciones económicas: su misión era defender al país de una agresión externa o asegurar el cumplimiento de contratos y derechos adquiridos. Por su parte, los mercados en las sociedades modernas eran incapaces de generar por sí mismos el pleno empleo de la fuerza laboral. El libremercado operaba en la práctica como un mecanismo de exclusión social. De ahí la necesidad de una actividad pública supletoria, finanzas funcionales y estado benefactor.
En la época actual el mundo, y en particular los países de menor desarrollo económico, han vuelto al libremercado, luego de las políticas económicas de Thatcher y Reagan y la receta derivada de ellas para América Latina, el Consenso de Washington, que aconsejó reformas para minimizar el gasto público, privatizar empresas y demás recursos económicos bajo órbita estatal, y suprimir toda norma reguladora de las decisiones de la empresa privada (como la legislación laboral). Tal programa se sustentó en las conclusiones de la llamada (por Keynes) teoría clásica, hoy conocida como neoliberalismo u ortodoxia.
Las enseñanzas del neoliberalismo, como diría Keynes, fueron desastrosas al aplicarse a la realidad. Sus resultados han sido trágicos: deuda externa agobiante, mayor desempleo, desmantelamiento de la seguridad social, máxima inequidad distributiva, empobrecimiento de las clases medias, desnutrición infantil, desamparo de la vejez, retroceso de la educación y la salud públicas, crecimiento de la inseguridad y la marginalidad. Nadie que piense con humanidad, con un mínimo de dignidad y sensatez, calificaría semejantes resultados como satisfactorios. La sensibilidad a tales problemas y la urgencia por descubrir posibles alternativas pueden haber motivado al lector a acercarse a este libro.
"Volver a Keynes": Una Perspectiva Actual de Axel Kicillof
Volver a Keynes. Fundamentos de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero es la nueva edición publicada por Siglo XXI Editores en abril de este año, de la tesis doctoral en Economía de Axel Kicillof. La publicación cuenta con un prólogo que analiza la situación internacional actual, también cuenta con cinco capítulos donde Kicillof aborda el contexto en que el teórico inglés realizó sus escritos, un estudio de las distintas edades del capitalismo, un desarrollo tanto de su Teoría general, los conceptos centrales y un cierre con “Observaciones finales”.
¿Por qué la publicación de este libro a veinte años de su primera versión? Kicillof responde que “cuando la economía se estanca, los empresarios deciden, por la incertidumbre, dejar de invertir y dejar de contratar. Pero sin inversión para Keynes no hay empleo y por eso es importante que haya algún tipo de políticas para paliar el desempleo. Se trata de discutir el rol o no del Estado para la recomposición económica, en una discusión clara contra el gobierno de Javier Milei, pero sin olvidar a los mercados.
En el prólogo actualizado, Axel Kicillof analiza la situación internacional y, en particular, de Latinoamérica. El cambio central que toma como contexto, lo remite a la crisis de 2008, dado que la publicación anterior del libro fue justo previa a ese momento. “la economía mundial quedó sumida en un estado permanente de fragilidad e incertidumbre sin precedentes recientes. Lo cierto es que la inestabilidad del sistema trajo en lo sucesivo enormes dificultades para todos los gobiernos: los Estados y sus herramientas de política económica parecen ser insuficientes e inadecuados al momento de lidiar con los nuevos y crecientes desafíos de un mundo en transición (...) desde entonces, los gobiernos (tanto de izquierda como de derecha, populares o aristocráticos) están experimentando enormes dificultades para cumplir con las expectativas de los votantes.
La tesis doctoral del gobernador es un intento de retomar herramientas conceptuales dentro de la “economía clásica” para proponer una salida a las crisis actual. Así como se suele pensar a la macroeconomía como una “caja de herramientas” para poder analizar cómo funciona la economía en la realidad, e intervenir sobre esta, Kicillof trae las herramientas de la teoría keynesianas en función de pensar una versión del capitalismo que permita “superar las desgracias propias del capitalismo actual”.
Kicillof retoma a Keynes dado que sus escritos revolucionaron la disciplina económica de las primeras décadas del siglo XX, al plantear la necesidad de dotarse de nuevos fundamentos para asegurar la reproducción del capitalismo. Los escritos del economista inglés, plasmados en la Teoría general del empleo, el interés y el dinero, analizaron un contexto de depresión económica histórica. Este proceso se caracterizó por la baja inversión de capitales privados después del estallido financiero ligado a la alta especulación en la bolsa de Wall Street, junto al tendal de desempleo masivo que produjo en los países capitalistas desarrollados.
Para evitar que la depresión se profundice en el tiempo, Keynes planteaba la necesidad de medidas para no caer en la espera de que los mecanismos del mercado iban a salvar a la economía internacional. La teoría del economista británico propuso un nuevo andamiaje teórico para fundamentar medidas que daban una salida burguesa a la crisis que se atravesaba. Axel Kicillof, con su propuesta de Volver a Keynes, plantea que la “caja de herramientas” keynesiana puede ser útil para pensar la situación actual. Se trata de una extrapolación muy limitada: no se trata de un país imperialista como los que hablaba Keynes, no estamos en una “Gran depresión”, y, además, se trata de una Argentina dependiente para la cual la caja de herramientas queda con elementos acotados.
El Rol del Estado y la Inversión Socializada
Partiendo del problema del desempleo (el cual fue uno de los problemas centrales de la crisis de 1930), el Gobernador retoma las ideas de Keynes alrededor de la inversión privada y el rol del Estado. “... las nuevas condiciones históricas, la única garantía para evitar el desempleo consistiría en eximir a los privados de la responsabilidad que tienen en la determinación del volumen de inversión. “Si el Estado se ocupara de incrementar sustancial y sostenidamente el monto de la inversión, la escasez que caracteriza a la producción de equipos de capital podría ser superada. Keynes imagina una situación (...) en la que el Estado consiguiera reducir la eficiencia marginal del capital prácticamente a cero. ¿Cómo? Mediante la ‘organización social de las inversiones’, es decir, creando una situación de abundancia de capital”.
El problema central que ve el economista inglés, y que Kicillof ve replicado en la actualidad, es que los capitalistas se orientan por obtener la mayor ganancia posible en el menor tiempo. De ahí, que la especulación financiera sea una “tentación”, que puede terminar frenando la inversión en industrias, el campo y servicios. Kicillof también retoma una de las sugerencias con las que juega el economista británico bastante poco difundida, que figura en la cita antes mencionada: la “socialización de las grandes empresas”, que si bien se mantenían como capitales privados, eran dirigidas por grupos de individuos asociados.
En una conferencia en 1924 en Oxford, Keynes planteó que estaba surgiendo cierta “[…] tendencia de las instituciones capitalistas,(...) a aproximarse al status de las corporaciones públicas más que al de la empresa privada individualista. Esta suerte de capitalismo con socialización de inversiones, dirigido por el Estado en función de generar abundancia de capital y paliar el desempleo, busca rescatar un Keynes que va más allá de aquello en lo que se convirtió el keynesianismo durante los años de posguerra.
Con la intervención estatal como promotor en la acumulación de capitales, Kicillof ve un capitalismo que podría ser “mejor” al permitir a los privados invertir en donde tuvieran mayor tasa de ganancia, mientras el Estado se concentra en aquellos sectores que tendrían rentabilidades menores o irían a pérdida. Así se podría pensar un capitalismo mixto entre inversiones privadas y públicas que busquen cierta estabilidad macroeconómica. No se trata simplemente de un método para el pleno empleo, sino mecanismos para una simbiosis mercado-Estado que produzca transformaciones estructurales virtuosas mitigando los efectos más adversos de la acumulación de capital. La alquimia para el “capitalismo con rostro humano” que no surge automáticamente de los mecanismos de la valorización privada.
Críticas a la Aplicación de la Teoría Keynesiana
Esta relectura de Keynes, desde una perspectiva que ve al Estado como árbitro ubicado por fuera y por encima de las contradicciones sociales, es algo que no necesariamente el británico habría suscrito. El Estado no es un actor externo a las contradicciones del capitalismo, sino que está atravesado por las mismas. No puede ser por tanto un agente autónomo de una resolución virtuosa de las contradicciones como la que quiere defender Kicillof apoyado en Keynes.
Ahora bien, como admite el propio Kicillof en su libro, la teoría keynesiana es profundamente contradictoria y posee múltiples huecos teóricos que imposibilitan, en parte, su aplicación. En Volver a Keynes, dice que “La tesis más fuerte que ofrece enfatiza el avance de la concentración del capital y examina sus efectos sobre la fisonomía de la clase capitalista y de la clase obrera, pero no puede explicar, en cambio, el origen mismo de esta concentración.”.
Si, como desarrollamos en el apartado anterior, parte de la organización de las inversiones fuera socializada dentro de un régimen capitalista que promueva además la iniciativa privada, se llegaría a una abundancia del capital que dejaría afuera a los especuladores (Keynes hablaba de la eutanasia del rentista por ejemplo del “hombre de la bolsa de Wall Street”). Esto (en teoría) permitiría una rentabilidad mínima premiando el esfuerzo de los capitales que ya no tendrían riesgo en sus inversiones. El problema central de este planteo, es que resulta completamente utópico, dado que plantearía un capitalismo casi sin ganancias. El economista británico decidió no mencionar esta contradicción, dado que planteaba un esquema de ganancia casi cero, cuestión inviable para cualquier capitalista.
En el caso de Kicillof hallamos una incongruencia mayúscula entre esta apropiación teórica “propia” y su acción práctica. El Gobernador, aunque en la teoría lo retoma aun con los problemas que señalamos, en los hechos propone una relación entre lo público y lo privado muy distinta, otorgando múltiples beneficios con el Régimen Provincial de Inversiones Estratégicas (RIGI) a capitales privados.
Kicillof en su Volver a Keynes intenta resolver la rentabilidad mínima con una propuesta de un “capitalismo mixto” en su composición, garantizando ganancias al gran capital con la promoción estatal. Como analizó Esteban Martine en Ideas de Izquierda, el RIGI tuvo una precuela con el pacto con Chevrón en 2013, siendo que un mes antes de la firma se creó mediante decreto un Régimen de Promoción de Inversión para la Explotación de Hidrocarburos que habilitaba la exportación de parte de su producción sin pagar un peso y con libre disponibilidad de divisas. Además, en 2014 se aprobó la Ley 27.007, que fijó en 35 años el plazo para las concesiones de explotación no convencionales, prorrogable por 10 más, entre otros beneficios más otorgados a la multinacional norteamericana Chevron, que pudo comenzar a exportar una porción de su producción con 0% de alícuota ese mismo año. Hubo intervención estatal en pos de un acuerdo que motorice ese sector económico, pero es del privado ahora de quien depende el desarrollo y el impacto en la economía local. Con la posibilidad de sacar las ganancias tan fácilmente, resulta dudoso esperar que las ganancias se traduzcan en inversiones.
De esta manera, todo lo que Kicillof estudió y profundizó sobre la obra de Keynes, que sin dudas resulta interesante como aporte a la divulgación del pensamiento económico, termina de alguna forma en el aire, al momento de traducir una estructura teórica conceptual con marcadas inconsistencias en aspectos de política económica. Kicillof plantea aún así la necesidad de realizar una revisión de conceptos de la economía clásica para explicar el nivel de crisis del régimen capitalista en aquel momento, pero sin cuestionar las relaciones sociales sobre las cuales se sustenta el capitalismo.
No es casual, entonces, que no haya en la teoría keynesiana referencias teóricas a Marx por ejemplo, lo cual limita cualquier debate sobre el sistema que se intenta analizar, dado que invisibiliza las bases sobre las cuales se impone este régimen. Frente a esa problemática y haciendo caso omiso a la teoría marxista, su programa no implica una renovación del sistema productivo y acumulación capitalista, sino más bien una intervención quirúrgica por parte del Estado para sostener el sistema.
El libro escrito por Axel Kicillof, es un aporte a los análisis sobre la teoría keynesiana de las últimas décadas. Además, permite una vía de entrada para comprender cómo teoriza el llamado “campo nacional y popular” la defensa y administración del capitalismo.
Ahora bien, no podemos entretenernos en los ilusionismos del Dr Kicillof. Mientras nos recuerda las virtudes del keynesianismo y asevera que otro capitalismo es posible, no deja de ser también el Gobernador de la provincia que produce el 40% del PBI a nivel nacional desde el año 2019 y que, previo a eso, ocupó el puesto de Ministro de Economía del Poder Ejecutivo Nacional. Una figura política que en su inicio fue tildado de “marxista soviético” y que al día de hoy convalida que multinacionales, como Georgaloso Molinos, no cumplan conciliaciones obligatorias dejando familias en la calle por despidos.
La tesis doctoral de Kicillof y la publicación de su libro, fueron previos a los cargos públicos que ocupó y, desde los mismos, podemos afirmar que actuó todo lo keynesiano posible que, tanto el propio Keynes como el FMI y los fondos buitres, le permiten ser a cualquiera que retome esta teoría. El Kicillof que publicó este libro en 2007 no era funcionario público, pero el que decide republicarlo casi veinte años después sí, es quien hoy gobierna la Provincia de Buenos Aires pero sigue planteando las mismas conclusiones y contradicciones como si en todos estos años, nada hubiera pasado.
Con esta nueva edición del libro, quiere mantener vigente la propuesta de que es posible recuperar otros caminos dentro de la teoría económica para una hoja de ruta de “humanizar” al capitalismo. Además lo hace en una ubicación más contradictoria (¿o perversa?) sosteniendo al mismo tiempo reuniones con la Asociación Empresaria Argentina, actor clave en la organización de la última dictadura cívico militar que ahora promueve una reforma laboral que permita explotar más a los trabajadores. Además, es el responsable político frente a los casos de gatillo fácil de la maldita policía bonaerense y quien custodia a las multinacionales enviando fuerzas represivas ante cada huelga obrera.
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