Poco más de dos años desde que el Congreso brasileño destituyó a la Presidenta Dilma Rousseff, cuyo gobierno terminó en escándalos de corrupción y una severa recesión, Brasil eligió un nuevo presidente el 28 de octubre: Jair Bolsonaro, un capitán retirado del Ejército y diputado durante los últimos 28 años.
Contexto Económico y Político Previo a 2017
Durante los últimos años del gobierno de la Presidenta Dilma Rousseff, Brasil experimentó la peor recesión de su historia reciente y altas tasas de inflación. En los años previos a la crisis, el gobierno federal recurrió a la contabilidad creativa para maquillar el déficit presupuestario. El artificio consistió en retrasar deliberadamente pagos a bancos públicos para financiar el gasto del gobierno.
Esto creó préstamos que no fueron autorizados por el Congreso y por lo tanto violaba la ley de responsabilidad fiscal brasileña. A fines de 2014, este gasto no autorizado alcanzó casi el 1% del PIB. El vicepresidente Michel Temer asumió el cargo de presidente interino en mayo de 2016 y fue juramentado oficialmente como jefe de Estado después de terminado el proceso de impeachment.
Temer prometió un gobierno de transición enfocado en sacar al país de la recesión, reducir la inflación, limitar los gastos públicos y aprobar una serie de reformas económicas. El equipo económico de Temer también redactó una propuesta de reforma del sistema de pensiones, que no fue enviada al Congreso porque sería seguramente rechazada.
Como se muestra en la Figura 2, el déficit en el sistema de pensiones para los trabajadores del sector privado alcanzó el 2,8% del PIB en 2017, mientras que el déficit en el sistema para los trabajadores del sector público a nivel federal alcanzó el 1,4% del PIB.
Ante las acusaciones de corrupción y un índice de aprobación en un solo dígito, Temer no pudo poner fin a la crisis política que condujo a la destitución de su antecesor. Aunque la inflación ha retrocedido a menos del 4% al año, y la tasa de interés nominal ha alcanzado un mínimo histórico del 6,5% al año, el PIB brasileño aún se encuentra por debajo de su nivel anterior a la recesión.
Después de un modesto crecimiento del 1.1% en 2017, se espera que el PIB aumente solo un 1.3% en 2018. La tasa de desempleo se mantiene al casi 12%, luego de alcanzar un máximo de más de 13% en 2017.
El Ascenso de Jair Bolsonaro
Para muchos analistas, en América Latina, existen condiciones propicias para que prosperen políticos populistas, tal como a ocurrido en Estados Unidos y gran parte de Europa. Pero, si en algo estuvieron de acuerdo nuestros invitados es, que si bien existe esta preocupación, Latinoamérica tiene diferencias de contexto respecto de Europa y EEUU que se aprecian incluso el el propio Brasil.
En Brasil, el recientemente electo Presidente, Jair Bolsonaro no cuenta con una maquinaria partidista que lo respalde. Es miembro del Partido Social Liberal, que ha cambiado gran parte de su plataforma -abrazando políticas sociales más conservadoras- desde que Bolsonaro se les unió este año. Su triunfo responden circunstancias particulares de su país, que incluyen una devastadora recesión económica y revelaciones de escándalos de corrupción masiva que han manchado al Partido de los Trabajadores, PT y a toda la clase política del país.
Su triunfo, el de Bolsonaro, responde más bien a un estado de ánimo de la sociedad brasilera que se manifiesta en los altos indices de inseguridad pública que se expresan en las altas tasas de homicidios, el desempleo y la corrupción”. Según el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada, IPEA, la violencia que desangra a Brasil logró imponer su propia marca histórica el 2016: por primera vez, la tasa de homicidios llegó a las 30,3 víctimas por cada 100.000 habitantes. Cifra que, en términos totales, equivale a 62.517 asesinatos durante ese año.
Un sondeo hecho el 2017 arrojó datos preocupantes sobre la opinión de los brasileños sobre su clase política: sólo un 13% de la población se encuentra satisfecha con el estado de la democracia y sólo un 6% respaldaba la actuación del Gobierno de Michel Temer. Sin embargo, las fuerzas armadas lideraban la confianza de la población, 40% dice confiar mucho en las Fuerza Armadas.
Bolsonaro empezó a crecer en 2016, cuando la operación Lava Jato vinculó a la corrupción al entonces candidato del PSDB, Aécio Neves. La Lava Jato acabó con la carrera presidencial de Aécio y lastró a Geraldo Alckmin. Lava Jato es el nombre de la operación policial en 2014 que destapó la corrupción encubierta en una de las mayores empresas estatales de América Latina y la mayor de Brasil, la petrolera Petrobras.
Francisco Javier Leturia, coincidió con Ominami en la idea de que “la sociedad brasilera tiene un extrema molestia que fue capitalizada políticamente por Bolsonaro”. Y sostuvo “el triunfo de Bolsonaro equivale al triunfo del NO en Chile del 88”. Y argumento su afirmación anterior indicando que en Brasil existe una ”Indignación Moral equivalente a la que había en el Chile Pre Plebiscito del 88”.
Para Leturia, el gobierno del PT no funciona en Brasil porque cometió mucho errores en su administración. \”Un antecedente que nos cuesta entender en Chile es que en Brasil los militares tienen altos grados de aprobación y credibilidad ciudadana cercanas al 70%, entonces apoyar un candidato que viene de sus filas fue un recurso estratégico de campaña más que ayudó a triunfar en las urnas”.
Desafíos y Perspectivas Futuras
Es difícil anticipar la agenda económica de Bolsonaro. Durante la campaña presidencial, se abstuvo de responder preguntas relacionadas con la economía y prefirió centrarse en temas morales y en ataques a sus adversarios en la izquierda. Sin embargo, durante sus casi 30 años de actividad parlamentaria, cuando se trataba de cuestiones económicas, a menudo se aliaba con sus colegas de izquierda: votó en contra del Plan Real, que puso fin a los años de hiperinflación en 1994, en contra de las privatizaciones en el sector de las telecomunicaciones, contra el fin del monopolio de Petrobras en la industria petrolera y, más recientemente, contra el techo del gasto público (todos los cuales fueron aprobados).
Paulo Guedes, el nuevo Ministro de Economía, es un economista que recibió su doctorado de la Universidad de Chicago y realizó una exitosa carrera como banquero de inversiones. Desde el principio de la campaña, Bolsonaro admitía su ignorancia en materia económica y delegaba a Guedes cualquier pregunta al respecto. Después de la elección, Bolsonaro anunció la creación de un súper-ministerio para Guedes, resultado de la fusión de tres ministerios actuales: Hacienda, Industria y Comercio, y Planificación.
El desafío más importante para Guedes será proponer una reforma de pensiones que se pueda aprobar en el Congreso. Él mismo propuso la introducción de un sistema de capitalización para reemplazar el actual sistema de reparto. Esta reforma está inspirada en el modelo chileno, que Guedes utiliza como ejemplo de éxito. Pero antes de convencer al Congreso, Guedes primero tendrá que convencer al presidente.
Jair Bolsonaro atrajo a los votantes jugando el rol de outsider, con una fuerte retórica contra la corrupción y la “vieja manera de hacer política”, mientras atrajo a los mercados con la promesa de que Guedes tendría poder suficiente para perseguir sus metas. Si bien los mercados reaccionaron positivamente a la nominación de Guedes, muchas de las medidas que éste pretende tomar enfrentarán una fuerte oposición del público.
Queda por verse si el apoyo de Bolsonaro a las políticas de Guedes durará cuando esto suceda.

