Hace algunos años, muchas personas bien calificadas tenían dificultades para encontrar trabajo. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente. Hoy en día, la mayoría de las personas tienen empleo y buscan uno mejor.

La tasa de desempleo ha disminuido drásticamente en los últimos años. Es improbable que el desempleo se mantenga tan bajo y, de hecho, ya hay señales de que está subiendo en algunas áreas, debido en parte a factores estacionales.

Pero, como siempre, el diablo está en los detalles. En primer lugar, hay fuertes discrepancias entre los diferentes sectores de la economía. En segundo lugar, hay importantes diferencias entre las respectivas tasas de empleo de hombres y mujeres. Tercero, las cifras generales enmascaran un persistente problema de desempleo juvenil.

La calidad del empleo también es un problema. Los críticos señalan que muchos de los nuevos empleos son temporales, inseguros o mal remunerados. Los salarios siguen relativamente bajos.

La Carrera por el Talento

Para las empresas privadas, la baja tasa de desempleo significa, ante todo, una escasez de mano de obra.

Una iniciativa que ha ayudado a traer liquidez al mercado laboral es un sitio web del Gobierno, la Bolsa Nacional de Empleo (www.bne.cl). Lanzada en el 2011, permite que los trabajadores suban sus currículos y que las empresas promocionen vacantes. Cerca de 200.000 CV se han subido al sitio y se han promocionado 300.000 puestos de trabajo.

Sin embargo, de todos modos hay una falta de mano de obra. A lo largo del país, las constructoras tienen problemas para encontrar los trabajadores que necesitan. “Este es un problema que ha estado creciendo en los últimos dos años”, afirma Carolin Carboni, gerente de personas de Besalco, firma constructora que emplea a 9.300 personas.

El problema no se limita en ningún caso a las constructoras. Minoristas como Walmart están teniendo dificultades para atraer y mantener personal, ya sean trabajadores sin calificación para rellenar las estanterías de los supermercados o profesionales calificados para administrar la compañía.

Muchas empresas se quejan de perder personal frente a grandes empresas mineras. No es una sorpresa entonces que los sueldos estén subiendo. Según el INE, los salarios en Chile han subido un 6,6% en términos reales desde el 2009 y el costo de la mano de obra se ha elevado en un 9%. La Cámara Chilena de la Construcción afirma que los sueldos en su sector se han incrementado en un 20% desde el 2009 e incluso más en el norte, donde el atractivo de las mineras es más fuerte.

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Entonces, ¿dónde pueden encontrar estas empresas privadas más trabajadores a un precio razonable?

Una respuesta obvia yace en el gran potencial de las mujeres de Chile. Situada cerca del 50%, el país tiene una de las tasas más bajas de participación femenina en la fuerza laboral de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), si bien ha mejorado en los últimos años.

El Gobierno señala que está tratando de liberar ese potencial. El subsecretario Baranda apunta como ejemplo al programa Mujer Minera, lanzado en febrero de este año. El programa ofrece capacitación a 2.000 mujeres de los sectores más pobres de la sociedad para ayudarles a encontrar trabajo en la industria minera.

Pero aún hay obstáculos al empleo femenino, no solo las cláusulas extremadamente generosas de permiso maternal, que hacen que algunas empresas sean renuentes a contratar mujeres. Algunas mujeres señalan que les darían ganas de trabajar si tuvieran mejor acceso al cuidado infantil, pudieran trabajar en un horario flexible, si los salarios fueran más altos o si el transporte público fuera mejor, permitiéndoles llegar al trabajo más fácilmente y por menos dinero. Hasta que estos distintos problemas no se aborden, el potencial latente de la fuerza laboral de Chile posiblemente se mantenga simplemente así: latente.

Otra posible fuente de mano de obra está fuera de las fronteras de Chile. Hay millones de desempleados europeos y latinoamericanos ansiosos de trabajar, quienes potencialmente podrían encontrar empleos acá. Afirma que las empresas están comenzando a mirar a España, donde la tasa de desempleo es superior al 20%, en miras a reclutar potenciales profesionales bien calificados.

No obstante, existe un límite respecto de cuántos extranjeros pueden trabajar en una empresa en Chile. En la actualidad, una compañía con 25 o más empleados en sus registros tiene que asegurar que al menos el 85% de su fuerza laboral está compuesta por chilenos.

No son solo los extranjeros los que están siendo atraídos a Chile por la posibilidad de trabajo. Los chilenos también. En momentos en que la situación económica en Europa sigue espantosa, muchos chilenos avecindados en esa región están volviendo a su patria.

Atrapados en la Edad de Piedra

La otra gran fuente de potencial mano de obra latente en Chile son los jóvenes. Hay demasiados jóvenes chilenos atrapados en sus casas, sin trabajo, los que dependen del respaldo financiero de sus padres.

En este punto, la capacitación es clave y el historial de Chile en esta área, lamentable. La ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, reconoció recientemente que cuando se trata de capacitación laboral, Chile está “en la Edad de Piedra”.

El Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) es la entidad estatal encargada de fiscalizar la capacitación. El servicio ofrece una serie de subsidios, subvenciones y bonos a los empleadores y empleados para incentivar la capacitación, con particular énfasis en las mujeres, los jóvenes y los pobres.

Pero existe un creciente consenso en cuanto a que el sistema está fallando. Cerca del 27% de los fondos para capacitación se destinaban al 20% más rico de la fuerza laboral, concluyó.

El problema es que, demasiado a menudo, el dinero llega a grandes empresas con empleados que ya están relativamente bien capacitados. No les entregan necesariamente a los trabajadores las habilidades que los beneficiarán más tarde en su vida.

Finalmente, los cursos tienden a ser demasiado cortos: 19 horas en promedio en el 2010. Eso no es demasiado tiempo para enseñar nada a nadie.

La comisión de Larrañaga concluyó que los créditos fiscales del SENCE equivalieron a US$226 millones en el 2010, lo que representa el 80% del gasto público total en capacitación. Los beneficios para las empresas eran claros, pero los beneficios para los trabajadores eran mucho menos.

“La comisión halló que cerca de dos tercios del gasto público en capacitación se canalizaba a iniciativas que no tenían ningún impacto en lo absoluto”, sostiene Bravo, quien fue miembro de la comisión.

El panel de expertos elogió algunos de los programas del SENCE, en particular los que se financiaban a través del Fondo Nacional de Capacitación (FONCAP), que apunta a jóvenes y pobres. Sin embargo, señaló que su impacto era mínimo. En el 2009, por ejemplo, hubo 441.000 personas de entre 18 y 25 años de edad que estaban desempleados y que pertenecían al 40% más pobre de los hogares chilenos. De estos, solo 12.000, menos del 3%, recibieron capacitación financiada por el FONCAP.

Dicho sea a su favor, la ministra Matthei se ha tomado en serio las recomendaciones de la comisión y se comprometió a enviar un proyecto de ley al Congreso para modernizar la capacitación laboral en Chile.

Francisco Agüero, quien fuera director nacional del SENCE y ahora es jefe de su departamento de Empresa y Empleo, sostiene que aún no se ha tomado una decisión sobre si se establece una reducción progresiva de los créditos fiscales, como recomendó la comisión. “Se está debatiendo y analizando”, afirma.

Pero ya sea que se descarte o no, el énfasis claramente se está alejando de los créditos fiscales hacia otros programas del SENCE.

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