La sistematización de experiencias en Trabajo Social puede ser concebida como un proceso que reconstruye la intervención social desde los saberes que se generan desde la propia dinámica social, con fines de comunicación y comprensión de los procesos de cambio y transformación social impulsados por la profesión.

En ese marco se reconoce, por una parte, a los saberes provenientes de los propios sujetos sociales que han sido puestos en juego durante el proceso de la intervención; y, por otra, a los saberes profesionales que establecen vínculos con categorías conceptuales existentes o emergentes para explicitar la acción y la reflexión presentes en el marco del desempeño (Goldar y Chiavetta, 2021).

Como consecuencia, la reconstrucción y comprensión de las experiencias a partir de los saberes generados busca producir un conocimiento social cuyos aportes queden al servicio de la propia experiencia y de otras similares (Cifuentes-Patiño, 2021).

Para llevar a cabo esta aspiración de generación de conocimientos desde la propia intervención social, el proceso de sistematización requiere contar con bases de datos que le aporten información detallada y confiable de las acciones realizadas.

De manera tradicional, puede reconocerse que estos sistemas de registros son realizados principalmente a través de formatos escritos en soportes papel o digital, condiciones que facilitan su archivo y conservación, permitiendo a la profesión asumir los roles de producción y de conservación documental (Palacios, 1999).

Sus principales avales son las firmas profesionales y los respectivos timbres, membretes y folios de las instituciones patrocinadoras, los que permiten a los sistemas de registros asumir el carácter de medio de prueba o evidencia de la realización de las acciones profesionales, adquiriendo en consecuencia valor administrativo y existencia formalizada.

Asimismo, se deben tener siempre presentes las directrices establecidas por la normativa chilena respecto de la custodia, protección y seguridad de los datos personales con el fin de garantizar la privacidad y el respeto por la vida privada de las personas (Benussi, 2020).

A los sistemas de registros escritos se han sumado, en las últimas décadas, los sistemas de registros fotográficos y audiovisuales, los que apoyados en dispositivos electrónicos facilitados por las tecnologías, comunican las acciones profesionales a partir de renovados soportes y lenguajes (Bedoya y López, 2021).

En este marco, el artículo presenta los resultados de un proceso de reflexión interuniversitaria realizado en torno a los aportes de los sistemas de registros escritos a la sistematización de experiencias, complementados por las renovadas oportunidades que representan los registros sociales fotográficos y audiovisuales facilitados por las tecnologías digitales, para la generación de conocimiento profesional distintivo.

Para llevar a cabo este propósito, se aplicó el método de revisión documental con enfoque cualitativo, analizando y valorando referentes conceptuales provenientes de las disciplinas archivísticas, artísticas, fotográficas y audiovisuales, las que aportan esquemas de organización y oportunidades de expresión a la diversidad de lenguajes en que puede comunicarse la información social, enriqueciendo la comprensión de los alcances a los que refiere su contenido.

Los criterios de búsqueda de los referentes conceptuales correspondieron a pertenencia de la información disponible y complementariedad disciplinaria de sus planteamientos.

A partir de los resultados obtenidos, el artículo se organiza en cuatro apartados. En el primero se analiza el aporte de los sistemas de registros sociales escritos para la generación de conocimientos profesionales, y sus oportunidades de reconstrucción a partir de la aplicación de los recursos de estabilización.

En el segundo apartado se revisan los registros sociales fotográficos y sus implicancias en la sistematización de experiencias profesionales. En el tercer apartado se exploran los sistemas de registros audiovisuales y su utilidad como respaldos de los procesos de intervención social.

1. Registros Escritos en Trabajo Social

En Trabajo Social la elaboración de registros escritos refleja un dominio avanzado en la producción escrita de textos, asentado en su tradición como carrera del área de las Ciencias Sociales (Castañeda y Salamé, 2014).

Los registros permiten respaldar la realización de cada acción profesional a través de la descripción de su ejecución directa, visibilizando los diversos repertorios que se movilizan en los procesos de intervención.

Completar la información de los diversos formatos escritos vigentes, correspondientes a ficha social, actas, crónicas de trabajo, cuaderno diario, cuaderno de campo, informes profesionales y correspondencia, entre los de mayor recurrencia, demanda el uso de un lenguaje especializado acorde con el ámbito de desempeño en que se realizan, para caracterizar con precisión y detalle las situaciones sociales implementadas bajo responsabilidad directa.

Asimismo, los sistemas de registros poseen una importante capacidad de capturar los procesos de intervención social, en atención a su posición mediadora entre una situación particular sucedida en un lugar, fecha y hora determinada; y la concepción general del plan de trabajo.

Desde la perspectiva de las técnicas de generación de conocimientos en ciencias sociales, los registros escritos pueden homologarse con las evidencias producidas por la aplicación de la observación participante.

Transferir los referentes de dicha técnica al desempeño permite apreciar que cada profesional posee una posición privilegiada para consignar los eventos sucedidos en una realidad social cuyas manifestaciones se observan directamente; y en las que también se involucra en calidad de responsable o corresponsable de las acciones que se implementan en el cumplimiento de los objetivos de intervención (Campos y Lule, 2012).

En estas circunstancias, las categorías definidas para los registros derivados de la observación están asociadas a los referentes institucionales, programáticos, profesionales y de contexto en que se enmarca la actividad realizada y desde donde se proyectan las acciones futuras.

En ocasiones, el valor de los sistemas de registros es desconocido por el colectivo profesional y percibido como un trámite o una gestión de cumplimiento forzoso.

Conspiran en esta valoración los rutinarios ejercicios realizados en el pregrado, que no siempre logran transmitir su importancia y su directa contribución con los procesos de descripción, análisis, reflexión y comunicación de los aprendizajes de una experiencia profesional.

Así también, los registros tienden a ser definidos en forma preeminente desde el valor administrativo que poseen, el que se impone por sobre cualquier otra valoración posible de reconocer en los sistemas de archivos disponibles.

Ahora bien, existen ocasiones en que debido a diversas circunstancias o por fuerza mayor los registros no se han realizado en su debida oportunidad, pero se presentan las condiciones que permiten su reconstrucción, ya sea porque se cuenta con testigos directos de la actividad que pueden aportar información base para su formulación, o porque los vacíos existentes pueden ser inferidos desde los datos parciales disponibles.

En esta situación pueden activarse los recursos de estabilización, concebidos como “estrategias que dotan de estabilidad al contenido profesional recopilado y respaldan los procesos de análisis e interpretación de mayor abstracción” (Castañeda, 2014, p. 115).

Como resultado del acopio de los sistemas de registros a través de tiempo emergen los archivos profesionales, concebidos como lugares preferentes para la conservación de los documentos que aportan respaldos y evidencias a los procesos de intervención social.

Estos archivos poseen documentación de acceso abierto y acceso restringido, diferenciando su condición a partir de la presencia de datos genéricos y de datos específicos de situaciones sociales que requieren manejo en condiciones éticas de confidencialidad.

Finalmente, debe señalarse que los registros escritos son los referentes desde donde se diseñan los sistemas de información digitalizados orientados a generar las bases de datos y sistemas estadísticos que recopilan y consolidan información estratégica requerida para el monitoreo y la evaluación de las políticas sociales (Berner y Van Hemelryck, 2020).

Estos sistemas digitalizados buscan transformar la información social en datos codificados a través de dispositivos sociotécnicos, que si bien aportan síntesis ejecutivas de las actividades realizadas, cuentan con escasa disponibilidad para sumar registros con mayor detalle narrativo o procesual (Hozven, 2021).

Desde la perspectiva de la sistematización de experiencias, aun cuando se reconoce la obligatoriedad normativa y la instrumentalidad de los sistemas de información social en la realización de las actividades comprometidas por un programa social específico, su uso no sustituye a los sistemas de registros escritos construidos desde lógicas profesionales, destinados a describir, analizar y comunicar los procesos sociales de los que Trabajo Social forma parte como espectador privilegiado.

Por ello, se debe evitar el riesgo de que los sistemas de registros tradicionales sean sustituidos por bases de datos minimalistas que definen información esencial desde criterios instrumentales.

2. Registros Fotográficos en la Intervención Social

Puede afirmarse que los registros fotográficos han estado presentes en forma permanente en los procesos de intervención social, siendo concebidos en una condición de complemento a los registros escritos.

Las imágenes fotográficas permiten consignar hitos públicos desarrollados bajo responsabilidad profesional, especialmente en los ámbitos institucionales, grupales, organizacionales, comunitarios y territoriales; y con menor presencia en intervenciones profesionales de perfil casuístico o familiar, debido a las condiciones de privacidad y confidencialidad de datos sensibles que requieren las instancias personales (Escalante y De la Iglesia, 2013).

Dado el carácter de complementariedad con los que han sido concebidos los registros fotográficos en perspectiva histórica, especialmente al considerar los costos asociados con su disponibilidad durante su etapa análoga; en la actualidad no se cuenta con una tradición profesional que permita dar cuenta de sus usos como respaldo o evidencia, ni de su estandarización en un sistema de citación, ni de su validación a través de formatos que consideren su inclusión formal en informes técnicos o documentos de trabajo.

Incorporar la fotografía a los sistemas de registros profesionales permite certificar la realización efectiva de la intervención social a través de la captura de imágenes y diversificar las bases de datos disponibles, facilitando la reconstrucción de la trama de los procesos que serán sistematizados.

Específicamente, los registros fotográficos entregan información sustantiva respecto del nivel compositivo de las acciones profesionales observables, situando a sus participantes en el marco de los contextos materiales, temporales, sociales y simbólicos en que se insertan (Triquell, 2015).

En este sentido, se reconoce su condición de registro relevante en la narrativa de la intervención, al que aporta densidad en la identificación de las secuencias de actividades realizadas, rescata los ámbitos materiales y espaciales en que se lleva a cabo y grafica las actitudes corporales y gestuales de las personas involucradas, información que tiende a ser invisibilizada o poco explicitada en los registros escritos (Augustowsky, 2017).

En el marco de la sistematización de experiencias, el proceso de análisis e interpretación de las fotografías puede caracterizarse a partir del acto mismo de fotografiar, acción que permite codificar en imágenes los conceptos y referentes de las ciencias sociales y del Trabajo Social que se encuentran presentes en el proceso de intervención social, y que son mediados por la captura fotográfica que realiza cada profesional en el contexto de su desempeño.

Puede agregarse que la fotografía enriquece las oportunidades de describir, analizar y transmitir las secuencias de trabajo y los esquemas comprensivos inferidos de la dinámica social analizada.

Así entonces, el uso de fotografías en las experiencias de sistematización aporta puntos de referencia que ilustran el detalle de las interacciones sucedidas en un proceso de intervención social, captura imágenes de situaciones sociales iniciales respecto de situaciones finales, o expone los cambios de paisajes naturales o culturales en un espacio comunitario, permitiendo representar y recrear los aspectos de la intervención.

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