En la actualidad, cada vez son más las personas que aspiran a ser sus propios jefes, seducidas por la independencia que esto conlleva. Pero, ¿es realmente rentable? ¿Es más conveniente un empleo tradicional o apostar por las nuevas tendencias y emprender un negocio propio?

Ventajas del Trabajo Freelance

  • Compromiso a corto plazo: Generalmente, cuando se trabaja en un proyecto freelance, una vez finalizado, se tiene la libertad de pasar al siguiente.
  • Potencial de ingresos: La posibilidad de ganar más dinero depende directamente del esfuerzo y la dedicación de cada uno. En los empleos tradicionales, el trabajo arduo no siempre se ve recompensado económicamente.
  • Desarrollo de habilidades y ampliación de contactos: La exposición a diversos entornos laborales acelera el desarrollo de habilidades y, como consecuencia, expande la red de contactos profesionales.

Desventajas del Trabajo Freelance

  • Pago por hora: Si no se trabaja, no se gana. Esto puede ser problemático durante periodos de inactividad, como vacaciones o entre proyectos.
  • Gastos a cuenta propia: Los gastos de seguridad social, impuestos y viáticos corren por cuenta del trabajador independiente.
  • Estrés: La búsqueda constante de trabajo puede generar un alto nivel de estrés.
  • Incertidumbre laboral: Existe el riesgo de que un proyecto se interrumpa en cualquier momento.

En resumen, el trabajo freelance no es para todos. Requiere de una gran disciplina, organización y capacidad de adaptación.

Diario de Japón: Un Ejemplo de Ensayo Personal y Reflexivo

El libro "Diario de Japón" de María José Ferrada (Seix Barral, 2022) es un texto que reconstruye distintos viajes a Japón y sus vínculos con Chile, con lugares, con personas y con espacios.

Un libro que es un diario pero que podría ser un álbum de fotos y también un ensayo. Las tres cosas a la vez o por separado. Y no en el sentido convencional.

Un Diario Atípico

Diario de Japón es un diario, pero no cualquier diario. Acá no hay progresiones cronológicas ni fechas precisas, como si de postales se tratara. No son cartas al yo para leer en la posteridad. Los episodios no fueron escritos poco después de sucedidos. Son evocaciones posteriores sobre hechos del pasado, con toda la bruma y opacidad que el paso de los años imprime en la frágil memoria. En un punto la narradora reconoce: “Ha pasado mucho tiempo. Los recuerdos han perdido contornos y se mezclan”. Y después: “Yo misma ordeno y desordeno recuerdos”.

Un Álbum de Recuerdos

Diario de Japón es también un álbum de fotos. Entre las páginas 71 y 99 vemos 15 fotografías de Japón en blanco y negro, capturadas por Rodrigo Marín. Cada una tiene una breve leyenda. Libros en Jimbocho leemos bajo una imagen de una estrecha escalera rodeada por pilas de libros que cubren los muros desde piso a techo.

Son paisajes, árboles, personas, objetos, panorámicas de Tokio y su Torre. En el texto se hace mención a algunas imágenes, pero a otras no. Cada fotografía habla por sí sola, aunque algunas, como la del Hombre caja caminando por Shibuya, despiertan una curiosidad insaciable.

Un Ensayo sobre Japón

Y Diario de Japón es, finalmente, un ensayo sobre Japón, su alma, su gente, su idioma y sus tradiciones. Pero con ritmo y reglas propias.

Un ensayo que parece bestiario, como cuando describe la fascinación de ese país por los monstruos: “Ancianas de la montaña que devoran a sus visitantes (yamauba), un gato con dos colas que simboliza la rabia (nekomata), mujeres-arañas que matan a sus amantes (jorōgumo)”. Un ensayo que parece análisis sociológico, como cuando enumera objetos para explicar una transición histórica: “El nuevo Japón, a cambio, garantiza cosas. A las tres S de la década de los cincuenta: senpūki (ventilador eléctrico), sentakki (lavadora) y suihanki (arrocera) se sumarán las tres K de las décadas del sesenta y setenta: k de kā (car, automóvil), kūrā (cooler, aire acondicionado) y karāterebi (televisión a color). Un crecimiento anual del 10 % permite ese tipo de lujos”.

Un ensayo-diario-álbum que nos permite, como lectores, entablar una conversación silenciosa con su autora mientras nos toma de la mano para recorrer un país lejano que, gracias a su pluma, se acerca un poco más.

Y un ensayo que parece diccionario, como cuando intenta explicar el significado de palabras brevísimas que encierran un universo: “Existen palabras en japonés que marcan la jerarquía al interior de determinadas relaciones. Una de ellas es senpai, con que se refieren a un compañero de mayor edad o con más experiencia en cierto campo (literalmente: compañero de antes), y, visto desde el otro lado, kohai: un compañero de menor edad o con menos experiencia al que se guía e intenta facilitar el camino (literalmente: compañero de después)”.

Hay un momento en que la protagonista cuenta a una amiga que está escribiendo un diario sobre Japón y esta le advierte sobre la dificultad de la tarea: han pasado muchos años desde su primer viaje. “Le digo que no se preocupe”, responde la protagonista. “Soy buena modificando y reparando. Tal como lo hacía mi abuelo carpintero con los muebles rotos: reemplazo, pego, emparejo”.

Diario de Japón es un ensamblaje de distintas piezas: apuntes, experiencias, dolores, diálogos, temperaturas -parece que en Tokio y en Temuco siempre hace frío-, comidas, ritos y traumas. Cada una de estas piezas es distinta y no tienen un encaje único.

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