Este artículo aporta evidencia empírica sobre la relación entre los salarios y sus determinantes en la economía española desde una perspectiva macroeconómica, así como sobre la velocidad de ajuste hacia el equilibrio a largo plazo. Los resultados revelan que la tasa de desempleo y las variables de negociación no tienen efecto sobre la evolución de los salarios. La variable que explica dicha evolución en el largo plazo son los precios, observándose una espiral inflacionista. A corto plazo, los salarios vienen explicados por sus valores pasados, reflejando una inercia nominal.

Este artículo analiza los determinantes de los salarios en la economía española, entre 1980 y 2000, desde una perspectiva macroeconómica, estimando una ecuación de salarios mediante la técnica de cointegración con mecanismo de corrección del error por métodos no lineales. La ecuación de salarios que se propone relaciona los salarios nominales con el desempleo, los precios, la productividad, los impuestos directos y las cotizaciones a la seguridad social.

El período elegido se inicia con la puesta en práctica de las medidas de política económica derivadas de los Pactos de la Moncloa, entre las cuales se incluyen cambios en el modelo de negociación salarial, dando prioridad a la firma de pactos sociales en busca de la moderación en los salarios y la mejora de la competitividad. El período finaliza una vez que la economía española se incorpora al euro, con la consiguiente pérdida de las políticas macroeconómicas de ajuste, en particular la política monetaria y de tipo de cambio, lo cual convierte la política de moderación salarial y el control de la espiral precios salarios en un factor decisivo para mantener la competitividad y la estabilidad macroeconómica de la economía española. Se trata de un período que no ha sido considerado por los trabajos empíricos existentes para la economía española, a pesar de su relevancia para el análisis de los factores que influyen en la dinámica salarial.

En dicho período han tenido lugar varios ciclos económicos, que comienzan con una fase de bajo crecimiento durante la primera mitad de los ochenta, seguida de una fuerte expansión desde 1986 hasta 1992. Posteriormente, una breve pero intensa etapa recesiva hasta 1994 da paso al siguiente ciclo alcista que abarca hasta el final del período considerado.

Además, importantes cambios institucionales se han producido en el mercado de trabajo durante este período (Toharia, 2003). Por una parte, la aprobación del Estatuto de los Trabajadores y la Ley Básica de Empleo de 1980 estableció las bases para la normalización de las relaciones laborales. Por otra, a lo largo del período se suceden varias reformas relativas a los sistemas de contratación y despido, políticas activas de empleo y formación, protección por desempleo, negociación colectiva y condiciones de trabajo (Palacio y Alvarez, 2004). Así, en este período se forjó el marco institucional del mercado de trabajo y su configuración se ha mantenido, en líneas generales, hasta el presente.

En este proceso de cambio institucional se pueden distinguir tres etapas. En la primera, hasta mediados de los ochenta, la política de concertación dio prioridad a la firma de pactos sociales a nivel centralizado, lo cual favoreció la moderación salarial. La reforma de 1984 dio paso a las primeras medidas de flexibilización del mercado de trabajo. Durante la segunda etapa, desde mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa, la falta de acuerdo social en materia de salarios y de flexibilización del mercado de trabajo impidió la continuación de la política de concertación y moderación salarial desarrollada en el período anterior (Malo de Molina, 1993). Este hecho, unido a la crisis económica de la primera mitad de la década, llevó a la imposición unilateral por el gobierno de medidas flexibilizadoras del mercado de trabajo a través de la reforma laboral de 1994. La última etapa, desde mediados de los noventa, recupera un ambiente de diálogo social, que se materializó en la reforma de 1997, dotando de una mayor flexibilidad al mercado de trabajo.

Por un lado, se producen cambios importantes en la estructura de la negociación colectiva, instaurando una mayor coordinación entre los distintos niveles de negociación y, por otro, el proceso de fijación de salarios lleva a una nueva etapa de moderación. El comportamiento cíclico de la economía española, unido a los importantes cambios institucionales mencionados, ha quedado reflejado en el comportamiento de variables como la inflación, el desempleo y la productividad. Tanto en las etapas de estanflación y crisis como en las de recuperación y expansión, se ha mantenido el debate sobre la necesidad de vincular los incrementos salariales a la productividad, promoviendo un mayor grado de flexibilidad salarial. Así, la fijación de un nivel adecuado de crecimiento salarial ha constituido uno de los principales temas de interés para la política económica en el período estudiado.

La literatura sobre la determinación de los salarios ha utilizado las variables anteriormente señaladas como factores explicativos, tal como se pone de manifiesto en el epígrafe siguiente. El artículo se organiza como sigue. En la Sección 2 se desarrolla el marco teórico, en la Sección 3 se describe el modelo y la metodología utilizada. La Sección 4 contiene los principales resultados y la Sección 5 presenta las conclusiones más relevantes. Las referencias bibliográficas cierran el artículo.

Marco Teórico de los Determinantes Salariales

El análisis de los determinantes salariales desde una perspectiva macroeconómica constituye uno de los temas relevantes en la literatura económica, iniciándose con la relación entre salarios y desempleo mostrada por Phillips (1958), que establece una relación negativa entre cambios en los salarios nominales y tasa de paro. La curva de Phillips ofrece a la política económica la posibilidad de un trade-off entre inflación y desempleo.

El marco teórico sobre la determinación de salarios basado en la curva de Phillips ha evolucionado desde una relación negativa entre el crecimiento de los salarios y la tasa de paro y sus variaciones, hacia el establecimiento de una relación entre la fijación de salarios y precios en un marco de negociación, con una tasa de desempleo que, en el equilibrio, coincide con la tasa de desempleo estructural o NAIRU. Esta aproximación se ha visto enriquecida con las aportaciones de Phelps (1967) y Friedman (1968) sobre la tasa natural de desempleo. Estos autores sugieren una curva de Phillips rígida a largo plazo, que muestra una única tasa de paro compatible con una inflación estable, denominada tasa natural de desempleo.

En este contexto, las autoridades tienen un estrecho margen para aplicar la política económica. Además, Lucas (1972) añade expectativas racionales a la curva de Phillips. De acuerdo con esta teoría, la información de los agentes es perfecta y sus previsiones perfectamente anticipadas, en cuyo caso la política económica será efectiva sólo si el gobierno es capaz de sorprender a los agentes, por lo que el anteriormente mencionado trade-off no existiría1. Posteriormente, Friedman (1977) aporta una interpretación institucional de la curva de Phillips mostrando la escasa flexibilidad de los salarios respecto al desempleo. En la línea de esta propuesta teórica, Lipsey y Parkin (1970) señalan que la flexibilidad de los salarios con respecto al desempleo se reduce cuando se aplican acuerdos sociales, lo cual muestra la existencia de rigideces en el marco institucional del mercado de trabajo.

Este débil poder explicativo de la tasa de desempleo con respecto a los salarios se refleja también en Parkin, Summer y Ward (1976) y en Brandsma y VanderWindt (1983), encontrando el primero de ellos una fuerte influencia de los precios en la determinación de los salarios nominales. Posteriormente, los trabajos de Layard y Nickell (1985) y Layard, Nickell y Jackman (1991) definen una ecuación de salarios dinámica que incorpora las variables desempleo, precios y productividad, sin olvidar la influencia de factores institucionales sobre la determinación de los salarios. Estos autores explican la determinación de salarios a través de la política de fijación de precios por las empresas y del proceso de negociación. En este contexto, si no hay compatibilidad entre la fijación de precios y salarios aparecerá una espiral inflacionista que dependerá de la relación entre la NAIRU y la tasa efectiva de paro. En esta línea, señalan que sólo un desempleo superior al de equilibrio puede ejercer una influencia significativa sobre el comportamiento de los salarios, moderando su crecimiento.

Más recientemente, Akerlof, Dickens y Perry (1996) y Akerlof, Dickens y Perry (2000) proponen un modelo que contempla la rigidez a la baja de los salarios nominales, así como la influencia de las expectativas de precios sobre la negociación salarial. Un modelo de similares características ha sido contrastado por Napolitano (2000), mostrando la existencia de una espiral inflacionista y una tendencia al crecimiento de los salarios a través del tiempo. Estos aspectos han sido también desarrollados por Ascari (2003) que destaca, además, la influencia que las rigideces del mercado de trabajo, en concreto la escasa movilidad que el factor trabajo tiene sobre la determinación de salarios y la persistencia del desempleo. Por su parte, Karanassou, Sala y Snower (2005) ponen de manifiesto la presencia de una espiral salarios-precios.

Karanassou, Sala y Snower (2008b) analizan la persistencia de salarios y precios observada en la mayoría de los países en los últimos años, mostrando que los salarios se ajustan más rápido que los precios. Por otra parte, señalan que la elasticidad a largo plazo de los salarios con respecto a la productividad es elevada y que el desempleo presiona a los salarios a la baja.

Un conjunto de trabajos empíricos se han desarrollado sobre la base de esta literatura teórica, utilizando la técnica de series temporales aplicada a varios países europeos, entre los cuales podemos citar Sargan (1980), Nymoen (1989), Abraham, De-Bruyne y Van der Auwera (2000), Pesaran, Shin y Smith (2001), Broesma y Den-Butter (2002) y Nymoen y Rodseth (2003). Sargan (1980) obtiene una relación negativa y significativa de los salarios respecto al desempleo, mientras que Pesaran, Shin y Smith (2001) encuentran esta relación negativa pero no significativa. Nymoen (1989) introduce dummies para medir el efecto de la política de rentas y obtiene que, a corto plazo, los precios tienen un fuerte efecto sobre los salarios, mientras que la productividad tiene un efecto menor. A largo plazo, esta variable gana en significatividad. Broesma y Den-Butter (2002) señalan que los salarios dependen, a largo plazo, del desempleo, de los precios, de la productividad y de los impuestos y cotizaciones sociales, mientras Nymoen y Rodseth (2003) obtienen que la flexibilidad del salario es baja y que las políticas de rentas tienen efectos sobre los salarios sólo cuando se implementan con fuertes medidas legales. Castle y Hendry (2009) analizan los determinantes salariales estimando una ecuación de salarios que incluye como variables independientes el desempleo, los precios y los salarios retardados. Concluyen que el nivel de desempleo no juega un papel importante en la evolución de los salarios.

Por lo que respecta a la economía española, los trabajos existentes muestran, en general, una influencia significativa de la tasa de desempleo sobre los salarios para diferentes períodos. Entre ellos, podemos citar a Dolado, Malo de Molina y Zabalza (1986), que han encontrado también una influencia significativa de las variables de negociación. Coe (1988), sin embargo, encuentra que la tasa de desempleo y la inflación no tienen una influencia significativa sobre la variación de los salarios. Andrés y García (1990) señalan, junto a la significatividad del desempleo ya mencionada, la falta de inercia en el crecimiento de los salarios así como su rápida respuesta ante las variaciones de precios. López (1991) señala que el valor estimado de la elasticidad de los salarios reales respecto a la tasa de desempleo es negativa y ligeramente superior a la unidad. Para Anderton (1993) y Anderton (1998), los salarios están relacionados negativamente con el desempleo, apareciendo una ruptura estructural después de la reforma de 1984, la cual introduce una mayor flexibillidad en el sistema de contratación. Karanassou, Sala y Snower (2008a) observan que los salarios en España están relacionados negativamente con la tasa de desempleo y positivamente con la productividad, existiendo un importante efecto de los precios sobre los salarios.

Dentro de este marco de referencia, analizamos la existencia de una relación de cointegración entre los salarios nominales y sus determinantes en España, así como la relación a corto plazo y el ajuste al equilibrio a largo plazo, estimando un mecanismo de corrección del error por métodos no lineales (MCNL).

Modelo Empírico y Metodología

Siguiendo la literatura revisada en la sección anterior, hemos especificado un modelo basado en la siguiente ecuación de salarios:

Wt = β0 + P1Ut + β2 Pt + β3qt + β4CTt + εt [1]

donde Wt son los salarios nominales medidos en términos de los pagos totales de todos los sectores de la economía; Pt es el nivel de precios medido por el índice de precios al consumo (IPC); Ut es la tasa de desempleo agregada; qt es la productividad, medida por una proxy definida como el cociente entre el producto interior bruto (PIB) a precios constantes y la población activa; CTt son los costes laborales no salariales, que incluyen los impuestos directos y las cotizaciones a la seguridad social; εt es un término de error aleatorio.

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