Santa Teresa, con una historia de 222 años, sigue siendo una compañía privada enraizada en Venezuela. Y mientras otras marcas famosas de ron venezolano como Pampero o Cacique están ya en manos extranjeras. La empresa representa una esperanza en medio de la crisis, dice su propietario para defenderse de las críticas.

Éxito en Medio del Colapso

A Santa Teresa le va bien, pese a la dura crisis en Venezuela, un país castigado por una hiperinflación que podría llegar este año al 13.000 por ciento, en el que los hospitales se quedan sin medicamentos y la gente pasa hambre. Santa Teresa es también líder de mercado en su país con una cuota del 35 por ciento en el primer trimestre de 2018. La destilería debe ser una de las pocas compañías que marchan bien en la Venezuela de Maduro, con cuyo Gobierno Vollmer mantiene buenas relaciones. El empresario coopera con el sector público como presidente de Conapri (Consejo Nacional para la Promoción de Inversiones).

«Hacer negocios en un país como Venezuela plantea dilemas éticos todos los días”, reconoce. «Pero uno hace mucho más por su país estando aquí que estando fuera. Uno tiene esta empresa como herramienta”.

El Programa "Alcatraz"

En el valle de Aragua, en los alrededores de esa hacienda histórica donde Simón Bolívar ratificó la proclama de la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, se puede observar cómo el empresario concibe esa herramienta. «Alcatraz” nació cuando tres «malandros” intentaron robar en la finca en 2003 y atacaron a un vigilante. Vollmer asegura que evitó que la Policía los ejecutara una vez capturados y creó el programa para darles una perspectiva a las bandas, patrocinando equipos de rugby y ofreciéndoles a los ex presidiarios trabajo como guías turísticos en la hacienda.

«Yo quise ver eso como una negociación. ¿Cuáles son sus intereses?”, analiza, otra vez pragmático. Vollmer se alió con sus enemigos de turno. De la misma manera se acercó a los hombres que invadieron sus terrenos cuando Chávez empezaba a causar furor con su discurso contra la injusticia social y fustigaba a «oligarcas” y «terratenientes”. La idea de Vollmer es mantener el legado familiar pese a ese ambiente hostil. Su labor social no es sólo altruismo, sino también el deseo de navegar bien por esos tiempos turbulentos, posiblemente a la espera de que lleguen días mejores para Venezuela.

El Magnate y el Chavista, Compadres

Impulsar programas sociales es una labor que asumen muchas empresas, pero la forma en que lo hace el dueño de Santa Teresa resulta muy simbólica para la historia reciente de Venezuela cuando se oye hablar a Omar Rodríguez, de 50 años. Como sargento de la fuerza aérea participó el 27 de noviembre de 1992 en el segundo intento fallido de golpe de Estado de ese año en Venezuela, que tenía también como objetivo liberar a Chávez, preso desde la primera sublevación de febrero. Rodríguez purgó un año de cárcel. Hoy trabaja en Aragua con Vollmer, cooperando con los programas para pintar de blanco y embellecer las casas más pobres en las colinas que rodean la Hacienda Santa Teresa.

Al empresario Rodríguez lo conoció primero como enemigo: en el año 2000 ocupó sus propiedades junto con otros activistas, animados por los incipientes discursos de reivindicación social del chavismo. «Fuimos a invadir las tierras de la gente que más tiene”, recuerda, de pie en una calle frente a la entrada de la finca. Pero Vollmer lo convenció de trabajar juntos. El empresario donó parte de los terrenos y a él lo mandó a hacer un taller en la Universidad de Harvard en Estados Unidos. Por otro lado, el idealismo que lo llevó a levantarse en armas sigue intacto, asegura Rodríguez, que hoy reniega de Maduro: «yo sigo siendo chavista”, critica, agudo. Al actual presidente lo acusa de haber traicionado los viejos ideales.

«Hugo Chávez fue un soñador”, dice Vollmer. No lo critica nunca explícitamente, como tampoco a Maduro. Luego se muestra conciliador con el primero. «La gran validez que tuvo Chávez es que, de alguna forma, denunció el olvido y la exclusión”, dice el empresario. «Quien no haya aprendido esa lección desperdició estos últimos 20 años”, agrega el rico heredero de Santa Teresa en ese momento en que su discurso político vuelve a tocarse con el de Rodríguez, el activista chavista. «Nosotros terminamos siendo compadres”, cuenta el ex militar.

Tras el episodio del asalto a su propiedad, decidió ir hasta la comisaria del pueblo y encarar a los sujetos que habían llevado a cabo el delito. Vollmer planteó dos opciones a los asaltantes: cumplir condena en la cárcel o realizar trabajo sin pago en su empresa durante tres meses para reponer el daño ocasionado. El empresario vio la posibilidad de hacer algo positivo por estas personas y recibió en su propiedad a 22 hombres cuya única realidad era el crimen, la violencia y las drogas.

Muchas veces el deporte, como el arte, la cultura y la recreación, tiene un trasfondo más allá de la práctica de la actividad como tal. La disputa de un balón, el lanzamiento de una pelota o el tramo final de una pista de atletismo, representa la superación y el esfuerzo de una persona por cumplir su sueño o, simplemente, demostrar que cuando existe voluntad y deseos de alcanzar algo, solo se necesita convicción y trabajo duro.

TAG: #Empleo

Lea también: