¿Es usted de clase media? Es muy probable que su respuesta sea sí, pues el 70% de los chilenos y chilenas cree serlo. Digo “cree” porque cuando se consideran factores como la ocupación (cualificada o semi cualificada) o el nivel de ingresos (entre $ 600.000 y $ 2.000.000 por hogar, según la Asociación de Investigadores de Mercado en 2015), el nivel de consumo o de educación (media, técnica y universitaria), sólo un 30% de la población tiene las características que definen a ese grupo.

Los datos muestran que la mitad de quienes se identifican con la clase media pertenece en realidad a grupos acomodados o populares (o clases trabajadoras en otra clave). Históricamente se ha asociado la existencia de una clase media amplia con cierta salud económica y política y con un nivel de desarrollo más avanzado que el de países dominados por grandes sectores pobres con una elite en la punta de la pirámide, como ha sido históricamente el caso de América Latina. ¿Dónde se ubica hoy Chile? Aunque gran parte de la clase política se piensa al borde del desarrollo por el promedio de los ingresos de los hogares, una mirada a fondo de la clase media revela algunas trampas en esa expectativa.

¿Por qué el 70% de los chilenos se identifica con la clase media?

¿Por qué el 70% de los chilenos piensa que pertenece a ese sector? Primero porque declararse rico o pobre produce pudor. Hasta Sebastián Piñera, ex presidente multimillonario, se declaró de clase media. Eso se ve reforzado por los altos grados de segregación social y territorial que tiene Chile. Una persona que se escolarizó y socializó en grupos primarios muy parecidos a su familia tiene pocas oportunidades de codearse e interactuar con otros grupos sociales. No todos saben dónde comienza y menos donde termina la pirámide social.

Esto da una idea errada de la propia posición o permite pensar que todos son como uno. Además, ningún partido o sindicato apela ya a grupos sociales específicos, como hacían antaño. La bajada drástica de la pobreza de un 45% en 1988 a un 20% hoy, significa que han crecido los contingentes de sectores populares o la franja baja de la clase media, que poco tiene de clase media.

Evolución histórica de la clase media en Chile

La clase media apareció en Chile en el siglo XIX, a partir de un grupo de trabajadores independientes, empleados, comerciantes y profesionales liberales que emergieron como resultado de los procesos de modernización y urbanización. Este grupo aumentó fuertemente entre los años 1920 y 1960 debido a que el Estado comenzó a desarrollar políticas en educación, salud o fomento de la economía, las cuales requirieron nuevos contingentes de empleados. Esta clase media consiguió cierta estabilidad económica porque, si bien su sueldo no era abultado, su presencia en la estructura estatal le aseguraba beneficios y prebendas en términos de educación, protección social, salud y pensiones.

Este grupo alcanzó su auge en los años 1960, pero nunca superó el 30% de la estructura social. Por ello, Chile nunca ha sido un país mayoritariamente de clase media. Tampoco lo es ahora. En proporción, pobres y sectores populares son más numerosos. Obviamente, la clase media de hoy poco tiene que ver con la clase media de antaño, que estaba conformada más bien por empleados públicos representados por el Partido Radical o a la Democracia Cristiana. Hoy es muy variada y lo correcto es hablar de “las” clases medias.

Características actuales de la clase media chilena

Como se dijo, hoy consideramos -con algunas variaciones según la forma de medir-, que una familia de clase media gana entre $ 600.000 y $ 2.000.000 por hogar. Sus integrantes adultos tienen en general educación media completa, técnica o universitaria y si ambos trabajan, lo hacen como como empleados en el servicio público o privado, o son independientes o empleadores con pocos trabajadores. Todos, en general, tienen cierto nivel de calificación en las tareas que realizan.

Treinta años de crecimiento económico debido en parte al súper ciclo del cobre, por lo menos hasta 2015, han permitido, junto con la apertura de la economía, la aparición de nuevos grupos de empleados y profesionales del sector privado, que han surfeado exitosamente sobre la bonanza económica. Organismos internacionales como el Banco Mundial o la OECD o Brookings recientemente han celebrado la masificación de una nueva clase media global en los países en desarrollo, la cual puede llegar a representar la mitad de la población mundial.

Pero hay cinco malas noticias para Chile en esa buena nueva: primero, el 88% de esa clase media global será asiática; muy poco de ella se afianzará en nuestro barrio global. Tercero, la ola de movilidad estructural de los años 1980 y 1990, si bien ha revuelto la parte baja y media de la pirámide social, no ha abierto más caminos para que los sectores medios avancen hacia los sectores acomodados o hacia una clase media más estable y numerosa. La cuarta mala noticia es que la estabilidad de los nuevos contingentes de clase media depende estrechamente de la salud de la economía.

Volver a bajas tasas de crecimiento agudiza la vulnerabilidad de estos grupos en un país donde tienen poco o nada asegurado, y donde lo que se prioriza es la ayuda social hacia los sectores pobres. ¿Puede Chile llegar a ser prontamente un país mayoritariamente de clase media? Este dilema ha sido resumido como “la trampa del ingreso medio”, que corresponde a la situación en que países en desarrollo logran reducir sustancialmente su pobreza, usando su mano de obra barata o exportando materias primas con alta demanda.

Sin embargo, esta ventaja de competitividad no permite ingresar al club de los países ricos. Para un país como Chile, la dificultad es doble: si bien el promedio de los ingresos es cercano al umbral de la riqueza, este promedio esconde una mediana más baja, pues los ingresos altos estiran la cifra hacia arriba.

Propuesta de Impuesto Patrimonial en Chile

Analizando la experiencia de seis países que tienen impuestos especiales al patrimonio de los más ricos, este artículo saca lecciones para aplicar un impuesto similar en Chile. Invitamos a un debate democrático sobre el impuesto patrimonial propuesto recientemente por una gran mayoría de la Cámara de Diputados. Este artículo espera servir al debate público. Se hace énfasis en la experiencia internacional comparada, destacando las características principales de los impuestos patrimoniales vigentes en varios países.

Estos seis países aplican actualmente un impuesto a la riqueza o impuesto patrimonial no tradicional. El patrimonio afecto corresponde a los activos menos los pasivos (deudas) y en algunos casos se descuenta la vivienda habitual (España y Colombia) u otro tipo bienes (Uruguay). El caso de Colombia es interesante, se implementó en 2002 con el apoyo del FMI y ha sufrido varias modificaciones (aumento del monto desde el cual se paga el impuesto, incorporación de una tasa única, mejores medidas en la fiscalización, etc.), logrando actualmente recaudar un 0.4% del PIB, contribuyendo con el 2,7% del total de impuestos, sin afectar a las capas medias. El caso de Suiza es también muy importante. A pesar de mantener un secreto bancario estricto este impuesto ha contribuido casi el 4% de la recaudación total.

Un problema frecuente en los países considerados es que varios de ellos aplican una variedad de tasas y también el hecho que las tasas varían con el tipo de activos. Esto aumenta la complejidad del sistema y facilita la evasión. El impuesto patrimonial propuesto parte desde un nivel de riqueza mucho más alto que en los demás países, US$5 millones. A diferencia de todos los países que han introducido impuestos al patrimonio en el pasado, el esquema propuesto se focaliza en un grupo muy reducido de personas (0,07% de la población adulta); esto permite evitar que la inmensa mayoría de la población se vea afectada (eliminando así el rechazo social) y permite focalizar de manera eficiente la fiscalización.

El impuesto propuesto se debe aplicar al total de las fortunas ya sea se encuentren en el país o fuera de él, usando una misma tasa; un problema que también ha afectado a algunos países es que han gravado solo a las fortunas localizadas en el país. El diseño que proponemos presenta dos tasas impositivas o, alternativamente, una tasa única, lo cual permite una gran simplicidad para la fiscalización del impuesto.

Cabe mencionar que en Chile la recaudación tributaria es de un 21% del PIB (OCDE, 2020), el promedio de los países OCDE cuando tenían mismo PIB/cápita era de 33% del PIB; por otra parte el impuesto corporativo en Chile permite la devolución de entre el 65% a 100% a los dueños (o accionistas) de las empresas, siendo mucho menor en términos netos que en los países aquí comparados.

Muchos países, con la excepción de Colombia, tienen una distribución de la riqueza e ingresos menos desigual que Chile. En contraste, Chile tiene bajos niveles de impuesto a la renta, casi no aplica royalties y la mayor parte de las ganancias de capital están exentas de todo impuesto. En general, la legislación chilena trata los ingresos de capital de manera mucho más favorable que en la mayoría de los países que tienen impuestos patrimoniales.

Cuando estos impuestos han sido bien diseñados su elusión y evasión son muy reducidos. Mientras estuvieron vigentes en Suecia y Dinamarca, los niveles de recaudación efectiva estuvieron por encima del 98% de la recaudación teórica o potencial (ver Seim, 2017 y Jakobsen et al., 2018, respectivamente); en esos países se derogaron porque no eran necesarios dado que estos países tienen altísimos impuestos de otros tipos.

Para efectos de la valorización de los diferentes activos, recomendamos utilizar la fórmula de valuación de activos utilizada por Suiza, la cual ha sido reconocida como muy exitosa y precisa (OCDE, 2019). La valorización de activos físicos puede hacerse usando los catastros oficiales de las municipalidades sobre propiedades incluyendo tierras y bosques. Existe una tendencia entre los súper ricos a dividir sus fortunas entre sus familiares lo cual puede diluir el pago de los impuestos patrimoniales. Por esta razón el nivel deductible no debe ser demasiado alto.

Con el nivel deductible propuesto aquí de US$5 millones, este problema no debiera ser muy serio ya que se requeriría dividir las grandes fortunas (digamos de más de US$100 millones) entre muchos individuos para tener un efecto.

Una preocupación importante sobre la aplicación de estos impuestos tiene que ver con la posibilidad de esconder activos en otros países, particularmente en paraísos fiscales. Al respecto, es importante entender que existe una amplia red internacional de reporteros dedicados a descubrir cuentas en paraísos fiscales exponiendo nombres y volumen de activos escondidos en ellos. La OECD ha desarrollado un sistema de transparencia tributaria de intercambio de información financiera internacional que facilita enormemente el control de la evasión tributaria al permitir identificar las fuentes originales de grandes fortunas escondidas bajo diferentes subterfugios (OECD, 2019).

Además existe un sistema de Country by Country Reporting (CBCR), perteneciente a Financial Transparency Corporation, que establece informes país por país requerirían que las multinacionales compartan esta información para cada país donde operan. Finalmente, está el acuerdo reciproco de información financiera entre bancos y otras instituciones de EE. UU. En la actualidad, esconder activos usando entramados societarios de gran complejidad es extremadamente difícil en la medida que los países utilicen los medios que estos sistemas de información proveen.

Resulta clave disponer de una declaración que pueda servir a los fines de control. El diseño tiene que ser estable en el tiempo. Un ejemplo de esto es el caso de Suiza, donde debido al secreto bancario, no hay informes de terceros sobre la riqueza financiera. De acuerdo a Brülhart et al. De acuerdo con la OCDE (2019), diez años después de que el G20 declarara el fin del secreto bancario, la comunidad internacional ha logrado un éxito sin precedentes en el uso de nuevos estándares de transparencia para combatir la evasión fiscal.

El intercambio automático de información corresponde a la transmisión sistemática y periódica de información fiscal entre países (incluyendo dividendos, intereses, ingresos brutos, regalías, salarios, pensiones, etc.). El estándar global común sobre el intercambio automático de la información de la cuenta financiera se estableció en 2014 y tenía como objetivo poner fin al secreto bancario de una vez por todas. Hoy, más de 90 jurisdicciones intercambian información de cuentas financieras de forma automática, con más de 95 mil millones de euros recuperados hasta ahora gracias a este sistema. Chile cuenta desde 2009 con una ley que permite, bajo ciertas condiciones, el acceso de la autoridad tributaria a la información bancaria protegida con secreto o reserva.

El libro “Empresarios zombis: La mayor elusión tributaria de la elite chilena”, Guzmán, J. y J. Rojas (2017), presenta un estudio periodístico acabado sobre la elusión de impuestos por parte de grandes grupos económicos en Chile, los cuales no sólo eludieron impuestos, sino que además concentraron la riqueza. En la investigación desentrañan grandes montos involucrados en elusiones a través de múltiples estrategias tributarias. Y establecen una lúcida conexión entre las estrategias de elusión y la profunda desigualdad económica del país.

Ingreso Laboral Promedio en Chile (2023)

Durante la jornada de este viernes 23 de agosto, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dio a conocer los resultados de la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) de 2023, la que reveló que el ingreso laboral promedio de las personas ocupadas en Chile fue de $826.535 neto mensual -el que corresponde al ingreso bruto menos los descuentos de previsión y salud-.

En tanto, el ingreso mediano, es decir el que recibe una persona representativa de la mitad de la población, llegó a $582.559 mensuales, lo que quiere decir que el 50% de quienes trabajan en Chile recibieron ingresos menores o iguales a este monto. Esta encuesta fue aplicada en el trimestre octubre-diciembre de 2023, con el objetivo de caracterizar los ingresos laborales de las personas ocupadas, a nivel nacional y regional.

La encuesta además indicó que los ingresos medio y mediano de los hombres se ubicaron en $919.574 y $602.647; mientras que en las mujeres estos alcanzaron los $704.953 y $502.205, respectivamente.

Indicador Hombres Mujeres Total
Ingreso Laboral Promedio Neto Mensual $919.574 $704.953 $826.535
Ingreso Mediano Mensual $602.647 $502.205 $582.559

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