A lo largo de los últimos años, la preocupación por la calidad y equidad en el sistema escolar en Chile ha cobrado capital importancia en el marco de un debate político y técnico.

La profesionalización de los servicios de asistencia escolar se verifica en la conformación de equipos de trabajo multidisciplinar que entregan apoyo diferenciado a alumnos que requieren de un abordaje integral para su pleno desarrollo escolar, social y personal.

Se ha constatado que en Chile las escuelas más vulnerables que logran procesos de mejoramiento escolar han utilizado como parte de su estrategia institucional este tipo de apoyo, demandando por consecuencia una mayor contratación de profesionales del ámbito psicosocial.

En este contexto, el presente artículo tiene un doble objetivo.

  • Por una parte, busca caracterizar la participación laboral del personal de apoyo psicosocial en los establecimientos escolares de Chile como parte del estamento de los asistentes de la educación, enfatizando la colaboración interprofesional de una creciente modalidad de trabajo: las duplas psicosociales escolares.
  • Por otra parte, busca proporcionar luces respecto del rol que deben asumir los trabajadores sociales al interior de las unidades educativas.

Marco Contextual del Sistema Educativo Chileno

El sistema educativo chileno se distingue por evidenciar elevados niveles de segmentación académica e inequidad, situación que constituye un nítido correlato de la fuerte desigualdad territorial y socioeconómica del país.

Esta inequidad de resultados se explica principalmente por el efecto mediador de la composición socioeconómica del alumnado, pero también por la diferenciada calidad de la oferta institucional que opera con rezagos sobre los estudiantes del sistema público municipal en cuanto a la instalación de actitudes, destrezas y habilidades.

Esta segmentación impacta tanto en el desempeño del estudiante como en la probabilidad de que complete la enseñanza media, coartando el progreso social al no generar las condiciones necesarias para maximizar las capacidades y competencias que la población estudiantil requiere a fin de insertarse exitosamente en el mercado del trabajo y conseguir niveles óptimos de bienestar.

Desde el punto de vista histórico-político, la segmentación del sistema es el corolario de la promoción de un sistema educativo que entrega indebida importancia a los mecanismos de mercado y competencia.

Un conjunto de variables socioeconómicas determinan una serie de outcomes educativos, tales como los resultados en test estandarizados, tasas de deserción escolar y porcentajes de acceso a la educación superior y, en un sentido amplio, la adquisición de habilidades para la vida, aun cuando existan resultados exitosos, mas no frecuentes, en contextos de alta vulnerabilidad escolar.

Un sistema así entendido exige compensar ciertas características asociadas a la posición de origen del estudiante a fin de evitar que el medio educativo funcione como un mecanismo de reproducción de disparidades preexistentes.

Amparados en esta lógica, los gobiernos democráticos en Chile han diseñado cambios en el modelo de financiamiento que, no obstante, salvaguardan su estructura básica.

Sin duda el más notable de estos ha sido la implementación, en el año 2008, de la Ley de Subvención Escolar Preferencial (SEP), la cual reconoce explícitamente la dificultosa tarea que afrontan los establecimientos educacionales en el proceso de enseñanza-aprendizaje cuando las condiciones de educabilidad son adversas, prestando apoyo a través de la adición de recursos por condición de vulnerabilidad.

Es conveniente señalar que la igualdad de oportunidades para el aprendizaje e inclusión educacional está también vinculada a otra serie de variables, no siendo menor en este sentido la importancia que ejerce la participación y accesibilidad de las personas con diversidad funcional al interior del aula de clases, mandato social y humano que ha adquirido capital relevancia durante el último tiempo en Chile.

Siguiendo esta línea, un enfoque inclusivo implicaría proporcionar apoyo especializado a quienes presenten Necesidades Educativas Especiales (NEE), a fin de favorecer el progreso del currículum escolar sin que estos alumnos vean limitadas sus oportunidades de desarrollo (MINEDUC, 2012a).

En consecuencia, considerando la existencia de lastres sociales y barreras del entorno educativo que impiden un accionar pedagógico efectivo, es evidente que en contextos de mayor vulnerabilidad escolar los esfuerzos por generar cambios deben ser superiores a los suscitados en la actualidad, ameritando un sistema compensatorio que abarque las necesidades de carácter biopsicosocial que afectan con mayor fuerza a estos estudiantes.

Es decir, cuando las condiciones de educabilidad limitan las estrategias para el aprendizaje, la escuela asume una responsabilidad adicional por contrarrestar los efectos de la pobreza a fin de compensar los promedios estadísticos de las distribuciones de origen de sus alumnos.

A este respecto han contribuido los recursos por concepto de SEP y PIE, los cuales promueven la inserción de nuevos profesionales asistentes de la educación al escenario educativo, situación que se constituye en una ventana de oportunidades para el fortalecimiento de la integralidad de la educación, la disminución de la inequidad escolar y el mejoramiento de la calidad del sistema.

Dentro del heterogéneo grupo de los asistentes de la educación, el estamento profesional es el que estrecha un mayor vínculo con las necesidades biopsicosociales de los estudiantes y, ocasionalmente, sus familias.

En ellos se identifican funciones de mediación, asesoramiento, evaluación, rehabilitación, seguimiento y promoción, así como también actividades profesionales de intervención indirecta.

El objetivo común de estos trabajos es sentar las condiciones para una eficiente acción educativa dentro de un marco de inclusión escolar, situación que implica hacerse cargo del desarrollo integral de las capacidades individuales.

La investigación se configura a partir de un análisis descriptivo-exploratorio de carácter cuantitativo estructurado en tres secciones.

  • En la primera parte se explora la dotación de asistentes de la educación en Chile, confiriendo atención preferencial al grupo del estamento profesional.
  • La segunda parte estudia la participación laboral o presencia de los trabajadores sociales y psicólogos en los establecimientos educativos.
  • Finalmente, en la tercera sección se estudia la distribución de los trabajadores sociales escolares según las características estructurales de los establecimientos educativos, teniendo como base una población de 10.824 establecimientos identificables en la base de cargos asistentes de la educación.

La información que sustenta este estudio fue extraída de la base de datos Cargos Asistentes de la Educación 2015, proporcionada por la Unidad de Estadísticas del Ministerio de Educación (MINEDUC).

En Chile, los 142.036 asistentes de la educación integran un grupo heterogéneo de personal no docente, representando al año 2015 más de un tercio del total de cargos en el sistema escolar de enseñanza básica y media.

Este contingente de funcionarios está compuesto principalmente por mujeres cuya dependencia laboral tiende a concentrarse en establecimientos urbanos con prevalencia en las regiones Metropolitana y del Bío-Bío.

Quienes se identifican como parte del estamento profesional cuentan con títulos de carreras cuya duración mínima es de ocho semestres y que han sido otorgados por una universidad.

La Terapia Ocupacional en el Programa de Integración Escolar

La Terapia Ocupacional es una rama del área de la salud que trabaja en la promoción de la autonomía, del desarrollo funcional y adaptación a las tareas cotidianas de personas que lo requieren.

En el Servicio Local de Barrancas, todas las escuelas cuentan con un/a Terapeuta Ocupacional.

Los quince profesionales que son parte de Barrancas trabajan principalmente en el Programa de Integración Escolar (PIE), apoyando a los estudiantes que necesitan potenciar aspectos como el desarrollo de la motricidad, la conducta adaptativa, el autocuidado, entre otros.

En el caso de las Escuelas Especiales, su trabajo abarca muchas más áreas.

En la escuela Quillahue trabaja Ana Alcántara, Terapeuta Ocupacional, quien lleva más de 10 años en el establecimiento.

Ana trabaja con estudiantes de 4 a 26 años.

Con los más pequeños, realiza actividades de autonomía para la vida diaria, desarrollo psicomotor y del área sensorial.

Con los estudiantes mayores de 13 años, desarrolla las habilidades laborales, ya que una de las misiones de la escuela Quillahue es formar jóvenes autónomos, participativos en la sociedad, reflejado a través de la inclusión laboral.

En este sentido, el trabajo es bastante eficaz, pues la tasa de empleabilidad de efectiva de sus egresados es de un 80%.

Función distinta realiza Naskarina Grez, profesional que se desempeña desde hace 3 años en el PIE de 6 escuelas del territorio, especialmente con niños y niñas con Necesidades Educativas Especiales (NEE).

En todos sus establecimientos trabaja en reforzar las rutinas, en cómo adaptar los hábitos que tienen en la casa al mundo escolar.

Además, refuerza las actividades motrices finas, gruesas, como, por ejemplo, cómo tomar el lápiz.

Sin embargo, hay un área que trabaja como terapeuta que es una de las más trascendentales para el desarrollo del niño o niña en relación con las experiencias educativas: las habilidades sociales.

De acuerdo con la experiencia de Naskarina, “los terapeutas en educación trabajamos mucho en cómo yo me enfrento a otro, por ejemplo, en que un niño aprenda a jugar con otro, a conocer rutinas de juego.

El tema de la independencia y autonomía es súper importante porque esto está ligado estrechamente al contexto de aula, pero también traspasa a otras áreas donde los niños tienen desempeño y no solo es el colegio.

Respecto a los resultados de esta red, Rubén Soto, destaca, “un sentido de pertenencia que ayuda a la coordinación de un trabajo territorial con lineamientos claros, en una disciplina que es vital en la educación en términos de mejora de la calidad de los aprendizajes, porque la calidad no es solo es aspecto pedagógico curricular, sino que, en el desempeño en otros aspectos, como el desarrollo de la motricidad, la conducta adaptativa, el autocuidado.

Para finalizar, Naskarina señala que la conformación de esta red de trabajo ha sido muy importante, especialmente, “porque nos da un sentido de pertenencia como terapeutas, de empoderarnos mucho mas de nuestro rol.

No es lo mismo mostrar tu quehacer a alguien de tu escuela que no es terapeuta, a hacerlo con otro terapeuta.

Nosotros somos los más desconocidos del Programa de Integración Escolar.

El Apoyo del PIE en las Especialidades Técnico Profesionales

Cuatro educadoras diferenciales del colegio Ernesto Bertelsen Temple de Quillota, Región de Valparaíso, que pertenece a la RED Irarrázaval, se reparten las especialidades técnico profesionales del colegio.

“Ha sido súper desafiante y estimulante”, asegura Carolina Aguilera al referirse al reto de aprender especialidades técnicas y agrega que “uno se siente como un alumno más”.

Cuenta Estela que fue una educadora diferencial quien solicitó hace cuatro años el ingresar a los talleres TP.

El apoyo del PIE en las especialidades técnico profesionales, en materia de seguridad, comienza en la sala de clases, desde la teoría y las normas.

Las educadoras cuentan que durante las primeras clases se trata de reforzar y repetir los conceptos enseñados.

En esas instancias conocen el torno, la fresadora, el taller de soldadura, etc.

Como complemento, Francisca González explica que uno de los apoyos educativos que entrega el colegio son reforzamientos en las tardes, donde asisten los estudiantes del PIE.

“En esas instancias vemos y reforzamos los temas de seguridad.

Para González, uno de los mayores beneficios de su participación en los talleres es el trabajo colaborativo con los profesores del área técnica.

“Nosotros también aclaramos dudas con ellos, incluso dentro del taller.

Nos enseñan, para después nosotros poder enseñar a los estudiantes.

Se trató de todo un reto, cuenta Carolina Aguilera.

“Fueron ganándose los espacios.

Estela está convencida de que el aporte ha sido considerable, “porque los profesores de las ramas TP han ido tomando conciencia y se ha creado la cultura de lo que son las Necesidades Educativas Especiales.

Ahora conocen los diagnósticos, conocen más a los alumnos y nos preguntan qué hacer en cada caso.

Vamos trabajando a la par.

Por su parte, Carolina observa que hubo avances importantes después del ingreso de las educadoras en el taller.

“La expertise del taller la tiene el profesor.

Ejemplo de esto, cuenta Aguilera, es que “el año pasado revisamos los circuitos de electromecánica y la evaluación consistió en repasarlos, de manera pictórica, en el computador con un programa, con reforzamiento en el mismo taller, con las maquinarias.

Sin embargo, un desafío aún mayor son los alumnos con NEE que les impiden utilizar algunos tipos de máquina de alto riesgo.

Carolina acota que “en primero medio tenemos un alumno con un trastorno motor en su mano derecha.

Se está trabajando con un psicólogo.

Cuando ingrese a tercero medio veremos cómo apoyar ese proceso.

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