La precarización del empleo es un fenómeno global que ha re-emergido con fuerza, convirtiéndose en la otra cara de la moneda de la flexibilización progresiva de los mercados de trabajo.
Causas Estructurales de la Precarización Laboral
En Chile, esta flexibilización se consolidó institucionalmente en el Plan Laboral de 1982, contemporáneamente con profundas transformaciones a la seguridad social (pensiones y salud), vigentes con ajustes menores hasta hoy. En este modelo, los trabajadores son concebidos sólo como un factor más de la economía, y no como sujetos de derecho.
Si bien la precariedad laboral en Chile tiene raíces históricas, se vio reforzada por las políticas económicas neoliberales impulsadas durante la dictadura militar. Desde 1990 en adelante, a pesar de la fuerte disminución de la pobreza, la inestabilidad en el empleo ha sido persistente.
En términos de matriz productiva, la implementación del neoliberalismo significó la interrupción de un proceso incipiente de industrialización y el reforzamiento de la explotación de recursos naturales como modo de producción principal. La adopción del extractivismo, impulsada por la promoción del libre mercado y la liberalización de las importaciones y exportaciones, generó un modelo de desarrollo excesivamente dependiente de los precios internacionales de los commodities, caracterizado por marcadas fluctuaciones que impactan en la calidad y estabilidad del empleo.
En este contexto, en el discurso público y académico, el concepto de pobreza fue sucesivamente reemplazado por el de vulnerabilidad, refiriéndose a personas que habían mejorado su situación económica pero que, debido a sus condiciones precarias de empleo, cualquier shock externo como despido o la enfermedad de algún miembro de la familia las haría volver a la condición de pobreza. Cabe destacar que la pandemia y su fuerte impacto en el empleo, puede considerarse como un caso generalizado de aquel shock que tanto se temía que llegara a afectar a una nueva clase media vulnerable.
Impactos Subjetivos de la Precariedad Laboral
La precariedad laboral tiene consecuencias más allá de los aspectos materiales del trabajo. Impacta de manera importante a un nivel subjetivo, en las percepciones y en la experiencia diaria de los trabajadores, provocando un escenario de incertidumbre y agobio que pueden generar un malestar social generalizado. Los impactos subjetivos de la precariedad laboral parecen haber tenido un rol importante en el masivo descontento que llevó al estallido social de octubre del 2019, sumándose a las carencias materiales y a la desigualdad socioeconómica.
Para analizar el impacto subjetivo de la precariedad laboral se construyó un índice general de percepción subjetiva basándose en trabajos de autores que proponen la inclusión de la dimensión subjetiva en los estudios sobre empleo. Este indicador está compuesto de 5 dimensiones referidas a la satisfacción económica, la calidad del empleo, la percepción de estabilidad laboral, la posibilidad de subsistir en casos de emergencia, como despidos o enfermedades catastróficas y las perspectivas de futuro a partir del trabajo actual.
Con respecto al índice general, vuelve a presentarse una disparidad importante, donde a mayor nivel socioeconómico se presenta una mejor percepción sobre las condiciones de trabajo, con una diferencia de 1,4 puntos entre el NSE alto, con nota 5,8, y el NSE bajo, con nota 4,4.
Las diferencias en la satisfacción económica del empleo permiten tener una visión desde la subjetividad de los trabajadores sobre la disparidad entre las remuneraciones y el costo de la vida que otros estudios han levantado de manera cuantitativa, dando cuenta de las dificultades que experimentan muchas familias para subsistir económicamente y de la ansiedad e incertidumbre que esto genera en términos cotidianos.
El indicador sobre calidad del empleo combina tres atributos que nos permiten tener un panorama general sobre la percepción del trabajador sobre su ocupación. La poca disponibilidad de tiempo libre es ilustrativa de las exigencias del empleo con respecto al tiempo de las personas y el agobio que esto significa para la vida cotidiana. Mientras que la percepción sobre clima laboral da cuenta de abusos y malos tratos que pueden impactar a los trabajadores durante su jornada laboral. Asímismo, la contribución personal de empleo se refiere a la dificultad que muchos tienen para darle un sentido más profundo a su quehacer.
La percepción sobre la estabilidad del empleo da cuenta del temor cotidiano frente a posibles despidos o desvinculaciones. Además de la preocupación frente a los posibles perjuicios económicos futuros, la falta de certezas frente al futuro laboral dificulta la planificación y proyección en un mediano plazo, acentuando la ansiedad en el día a día.
La visión pesimista frente a la subsistencia en casos de emergencias da cuenta del temor respecto a que sus condiciones económicas no permitan afrontar catástrofes, como la enfermedad de un ser querido; o a ser desvinculados de su empleo actual. Esta dimensión en especial refleja las falencias de los sistemas de protección laboral, de salud y de pensiones, cuya función es precisamente entregar una red de seguridad para poder vivir con mayores certezas en el presente.
La última dimensión se refiere a las perspectivas de futuro de la situación laboral actual, si el esfuerzo invertido en el empleo presente significará mejoras a futuro. Aquí llama la atención la alta disparidad entre los NSE alto y bajo. Mientras las personas de altos ingresos (y como vimos, con bajos niveles de precariedad) son optimistas frente a las perspectivas económicas que les traerá su trabajo (nota 6,3), aquellas de menor NSE y trabajo más precario son mucho más pesimistas, perdiendo las esperanzas en la posibilidad de mejorar su situación económica a partir del empleo (nota 4,4).
Esta falta de proyección es una amenaza para un aspecto fundamental del neoliberalismo implementado en Chile: la creencia de que a través del esfuerzo y el trabajo duro es posible mejorar la situación económica, logrando que hijos e hijas tengan una mejor situación económica que sus padres. Esta creencia, que muchas veces justificaba el sacrificio del presente por un futuro mejor, está en retroceso, lo que puede estar socavando la legitimidad del sistema económico en general.
Consecuencias Sociales y Políticas
En Argentina, esta cruda realidad en la estructura social tiene una correlación en su superestructura política. Ante la falta de perspectiva social colectiva, sindicatos corrompidos y que no representan a ese gran sector informal, movimiento sociales en retroceso y una oposición perdida sin claras alternativas, gran parte de la masa popular elige como camino no votar en un contexto de descreimiento generalizado, una apatía política y una forma de expresarse en la abstención.
El estallido social y la pandemia develaron la importancia de la precariedad laboral como una deficiencia fundamental de la economía chilena bajo las políticas neoliberales. La pandemia mostró con crueldad las consecuencias que tiene un shock generalizado en el empleo desprotegido. Ambos fenómenos nos obligan a reconsiderar el papel que jugó la precariedad laboral en el desarrollo económico reciente de Chile.
La “flexibilidad laboral” se ha legitimado, desde una mirada económica, por el fomento de competencia y la eficiencia en el uso de factores productivas, pero implica que los riesgos asociados son asumidos principalmente por los trabajadores. Así la persistencia de la precariedad laboral generó un clima de incertidumbre que parece haber contribuido de manera importante a un malestar social generalizado. Así mismo, el trabajo precario y los bajos sueldos limitan la participación de los trabajadores en la riqueza generada, acentuando la desigualdad social y económica.
En resumen, el trabajo estable, protegido y bien remunerado contribuye al bienestar presente y futuro de los trabajadores, tanto a un nivel material como en términos subjetivos. Argumentamos además que el trabajo estable y protegido es un requisito ineludible para lograr un desarrollo sustentable, ya que, desde la visión de la justicia intergeneracional, la explotación a nivel subjetivo por la subsistencia material no es sustentable para el futuro ni para el presente.
Precariedad Laboral y Salud Pública
El empleo precario suele mirarse como un problema para la economía de las familias. Pero las autoras remarcan que se ha transformado también en un problema de salud pública. No es extraño entonces que demandas salariales y otras vinculadas con el trabajo aparezcan con fuerza que en las semanas de intensas protestas que hemos vivido.
El trabajo es un determinante clave de la calidad de vida y la salud. Por una parte, cumple la función “manifiesta” de proveer los ingresos necesarios para la reproducción de las familias y alcanzar un nivel de vida socialmente aceptable, proveyendo las condiciones materiales de vida que permitan alcanzar un buen estado de salud.
Desde los años 30 se vienen desarrollando estudios científicos que muestran que el desempleo afecta la salud de las personas, y en especial su salud mental. Más recientemente existe además evidencia del rol protector que cumple en seguro de desempleo frente a los efectos tóxicos de éste. A su vez, a partir de los 80 se ha acumulado la evidencia epidemiológica que muestra que también el empleo precario tiene efectos negativos sobre la salud.
Los trabajadores con empleos temporales suelen tener más lesiones por accidentes de trabajo, lo que se ha atribuido a peores condiciones de trabajo, menor inversión en capacitación y equipos de protección personal, así como menor experiencia adquirida en las tareas realizadas.
Sumado a ello, las personas en situación de desventaja en el mercado de trabajo (como por ejemplo mujeres, jóvenes y adultos mayores, o quienes están en ocupaciones de baja cualificación) son las más expuestas a tener empleos precarios y muy precarios.
Desde la salud pública, la gran cantidad de personas expuestas a los efectos tóxicos de la precariedad laboral en Chile nos pone frente a una epidemia social urgente, que exige mirar íntegramente al empleo y la seguridad social.
Políticas para Combatir la Precariedad Laboral
Por tanto, deben ser nuevas políticas y nuevas leyes las que aseguren íntegramente la función social del empleo. En este sentido, existen al menos tres caminos de política para atacar la epidemia de la precariedad hoy en Chile.
- El primero, sin dudas, es el aumento real de los salarios, que asegure la reproducción de la vida como función manifiesta del empleo. Esto implica ir más allá de lo planteado hasta ahora, puesto que no puede depender de subsidios estatales ni de la buena voluntad de un sector del empresariado.
- El segundo, refiere al fortalecimiento de la parte débil de la relación salarial, avanzando hacia la negociación colectiva ya sea por rama o territorio, y así anulando las brechas existentes entre trabajadores de alta y baja capacidad negociadora.
- Finalmente, un tercer camino es el fortalecimiento de la protección frente al desempleo. Urge mejorar la cobertura del actual seguro de cesantía, eliminando las excesivas barreras de acceso a esta prestación, especialmente las relativas a la continuidad laboral.
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