El objetivo de este artículo es aportar evidencia empírica acerca de la importancia de la idea de felicidad que tienen las personas en el estudio de la relación entre los factores económicos y el nivel de felicidad autoreportado. En la investigación científica en el área de la economía de la felicidad, en casi todos los trabajos empíricos no se especifica qué entienden las personas por felicidad, y se pasa de inmediato a la cuantificación y análisis estadístico del nivel de felicidad.

Economía de la Felicidad: Un Vistazo General

La llamada economía de la felicidad se refiere a los estudios que relacionan las variables económicas, tales como el ingreso y el consumo, con el bienestar subjetivo de las personas. En el ámbito teórico, la economía de la felicidad se decanta más por reflexiones filosóficas acerca de la contribución de la riqueza, el consumo y el trabajo a la felicidad personal, entendida esta última de diversas maneras en función de determinadas corrientes filosóficas.

En el ámbito empírico, la economía de la felicidad utiliza los microdatos de encuestas que permiten llevar a cabo ejercicios estadísticos de correlación entre variables sociodemográficas y económicas, tales como el ingreso, la producción, el consumo, el desempleo, la inflación y el gasto público, con el nivel de felicidad o satisfacción con la vida que reportan los individuos. Por ejemplo, se ha encontrado de manera recurrente que el ingreso y el consumo contribuyen a la felicidad de las personas, aunque con lo que los economistas llaman rendimientos marginales decrecientes.

Es una característica común a casi todos los trabajos en el área de la economía de la felicidad no aclarar o especificar qué se entiende por felicidad, lo cual no deja de ser algo paradójico. Caravaggio (2016) señala que antes de medir la felicidad, o de indagar respecto de la utilidad que tendría una medición de la felicidad, es más importante haber definido en forma muy precisa qué se entiende por felicidad.

Algunos estudios trabajan con lo que Rojas (2009) llama las dos grandes tradiciones en la epistemología del bienestar. La primera tradición es la de imputación (muy utilizada en la ética y en los movimientos doctrinarios y moralistas), en la cual la felicidad es definida por filósofos o expertos, resultando irrelevante lo que la persona informe acerca de su felicidad. La segunda tradición es la de presunción, en la cual los expertos recurren a teorías, que se suponen de inicio válidas, y de ahí pasan a su corroboración a través de métodos estadísticos.

Esta observación metodológica en el estudio científico de la felicidad -que podemos resumir con la siguiente frase: antes de medir el nivel de felicidad de las personas, sería adecuado preguntarles a las personas qué entienden por felicidad- no ha sido suficientemente atendida en los trabajos, estudios y encuestas más reconocidos y utilizados a nivel internacional en el estudio de la felicidad, pues es una práctica común pasar directamente a la cuantificación de la felicidad, sin antes aproximar alguna definición.

Ejemplos Notables y Estudios Relevantes

Comenzamos con el multicitado y siempre bien visto ejemplo del Reino de Bután, donde se publica el Índice Nacional de Felicidad Bruta (Centre for Bhutan Studies and GNH Research, 2016). Este índice es la variable objetivo a maximizar a través de las políticas públicas, en lugar del Producto Interno Bruto (riqueza producida). Dicho índice explora la vida de cada persona en nueve dominios: bienestar psicológico, salud, educación, uso del tiempo, diversidad cultural y resiliencia, buen gobierno, vitalidad de la comunidad, diversidad ecológica y resiliencia, y estándares de vida.

El Global Happiness and Well-being Policy Report (Global Council for Happiness and Wellbeing, 2019) contiene colaboraciones de grupos de trabajo de expertos sobre el tema la felicidad, y proporciona evidencia y recomendaciones de políticas sobre las mejores prácticas para promover la felicidad y el bienestar en el mundo. El capítulo introductorio del reporte más reciente, escrito por el economista Jeffrey D.

El World Happiness Report (Helliwell, Layard y Sachs, 2019) es un excelente documento que presenta, además de estudios especializados, una serie histórica del estado de la felicidad mundial a través de un ranking de 156 países según lo felices que se sienten sus ciudadanos. En su edición más reciente el objeto central de estudio es cómo ha cambiado la felicidad ante la tecnología de la información, el gobierno y las normas sociales que influyen en las comunidades.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, por sus siglas en inglés) publica periódicamente How’s Life?:Measuring Well-being (OECD, 2017), documento que proporciona un panorama sobre el bienestar de las personas en los países miembros y asociados de la OECD.

The Happy Planet Index (HPI) es calculado tomando en cuenta cuatro categorías: bienestar, esperanza de vida, desigualdad y huella ecológica (Jeffrey, Wheatley y Abdallah, 2016). El concepto de bienestar no está definido, pues se limita a recopilar los datos de las encuestas de Gallup, en las que solo se pregunta a los residentes de cada país qué tan satisfechos se sienten con la vida en general, en una escala de cero a diez.

Concepciones de Felicidad en Diversos Estudios

Algunos autores han tratado de poner el tema del concepto de felicidad en el centro de sus estudios. Por ejemplo, Kapoor, Rahma y Kaur (2018) llevaron a cabo un estudio acerca de la construcción del concepto de felicidad en población adolescente en la India. Agbo y Ome (2017) realizaron un estudio de los jóvenes Igbos en Nigeria, en el que concluyen que los jóvenes Igbos definen la felicidad en función de cuestiones afectivas y cognitivas tal como lo hacen otras personas en todo el mundo, lo que refuerza la universalidad de algunos aspectos de la felicidad.

El estudio de Carrillo et al. (2017) señala que las investigaciones sobre la felicidad con frecuencia se concentran en la dimensión individual de la misma, prestando poca atención a una concepción de la felicidad como un constructo multidimensional conformado por aspectos individuales y por aspectos colectivos. Giarrizzo y Ferrer (2015) señalan que el concepto de felicidad no está definido dentro de la economía como una categorización teórica, ya que en gran medida se asocia a nociones como bienestar (sobre todo económico), vivir bien o satisfacción de vida.

Más detallado en este sentido resulta el trabajo de Caravaggio (2016) que resumen en dos las corrientes filosóficas de las que se han valido los economistas para definir la felicidad. La primera, más bien subjetiva, es la línea hedónica, donde el bienestar depende exclusivamente de lo sensible, de la felicidad percibida, del placer. De esta línea deriva la utilidad como comúnmente se la entiende en economía, y puede asociarse al pensamiento del filósofo inglés Jeremy Bentham (que en buena medida se apoya en la filosofía griega de la Escuela Cirenaica). La segunda línea, más bien objetiva, es la línea eudaimónica. Puede pensarse a Aristóteles como el padre de esta línea filosófica, con una mirada más política, más social, donde el bienestar personal también depende del bienestar de la polis.

Complementando lo anterior, Crespo y Mesurado (2015) señalan que el problema que enfrenta la economía de la felicidad es la variedad de nociones de felicidad que se han introducido en este campo, pues las dimensiones elegidas para definir la felicidad implican una concepción específica de la humanidad, por lo que consideran que una discusión sobre el concepto apropiado de felicidad utilizado en la economía de la felicidad es altamente relevante.

Tal vez el intento más acabado de sistematización, para fines de estudios empíricos, de las múltiples concepciones de felicidad que pueden existir (puede haber tantas definiciones de felicidad como personas en el mundo) lo encontramos en los trabajos de Mariano Rojas. Utilizando esa clasificación operativa de las diferentes concepciones de felicidad, Rojas (2005) demuestra que la probabilidad de abrazar un determinado referente conceptual de felicidad depende de la situación socioeconómica y demográfica de una persona.

En Rojas (2007) se concluye que la influencia (fuerte o débil) del ingreso sobre la felicidad dependerá de lo que cada persona entienda por felicidad, pues en determinadas concepciones el ingreso es una variable explicativa importante, en tanto que para otras personas esa variable puede llegar a ser completamente irrelevante. En suma, en el estudio científico de la felicidad se ha avanzado marcadamente en su cuantificación y análisis estadístico, pero no se ha prestado la suficiente atención a las implicaciones que tiene para dicho estudio científico las múltiples concepciones de felicidad.

Análisis Empírico: La Encuesta Nacional de Satisfacción con la Vida y la Sociedad

Para ello, se ha utilizado la base de datos de la Encuesta Nacional de Satisfacción con la Vida y la Sociedad, elaborada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM-IIS, 2014). La Encuesta aplicó un total de 1200 entrevistas a personas de dieciocho años y más, todos ciudadanos mexicanos residentes en el territorio nacional al momento del levantamiento de la información. En la encuesta se pregunta: Considerando una escala del 1 al 10, donde 1 significa “nada feliz” y 10 “muy feliz”, en general, ¿qué tan feliz es usted?

Los resultados del estudio demuestran que los factores económicos son un componente importante en la determinación de la felicidad de las personas en general, pero cuando se toma en cuenta el referente conceptual de felicidad, entonces la cantidad de factores económicos que inciden sobre el nivel de felicidad se reduce, en especial para aquellos que conciben la felicidad como sacrificio y esfuerzo. No obstante, se reconoce que la sugerencia anterior enfrenta la problemática que representa el hecho de que puede haber tantas ideas de felicidad como personas en el mundo, por lo cual metodológicamente se suele trabajar con definiciones de felicidad ya hechas de tipo filosófico, tales como estoicismo, hedonismo u otras.

Las variables económicas seleccionadas, y su estructura porcentual, se presentan en el Cuadro 1. En términos generales, puede decirse que seis de cada diez personas encuestadas comparten las siguientes características económicas: no atravesó por algún tipo de problema grave, considera que su situación económica le ha ayudado en la vida, se siente satisfecho con su situación económica actual, y ha ayudado económicamente a familiares.

En cuanto al referente conceptual de felicidad, la encuesta puso a elección de las personas catorce palabras, para que de ellas eligieran tres. Se procedió a dividir al total de la población encuestada en dos grupos con el objetivo de enfrentar dos concepciones antagónicas: por un lado, felicidad identificada predominantemente con las palabras placer y dinero, y por el otro, felicidad entendida preferentemente como esfuerzo y sacrifico. Como pude observarse, el 23,4% de la población encuestada identifica la felicidad predominantemente como esfuerzo y sacrificio, en tanto que el 17,1% concibe la felicidad básicamente como dinero y placer.

El Cuadro 4 muestra los resultados de un ejercicio estadístico de correlación entre las variables económicas y el nivel de felicidad reportado por los individuos encuestados, tomando en cuenta tres grupos: todos los encuestados, los que entienden la felicidad como sacrificio y esfuerzo, y los que identifican la felicidad con placer y dinero.

Para la población total, los problemas económicos graves reducen la felicidad. Igualmente, cuando la persona ha ayudado económicamente a familiares su nivel de felicidad es mayor. En cuanto al tema del desempleo, existe una relación positiva entre la felicidad y el hecho de tener un empleo, sin embargo, esta relación positiva deja de ser estadísticamente significativa cuando se elimina el efecto de algunas variables sociodemográficas, tales como sexo, edad, nivel de escolaridad y estado civil. Finalmente, no existe una correlación lineal entre la felicidad y el ingreso mensual.

Para aquellos que identifican la felicidad predominantemente con las palabras sacrificio y esfuerzo se observó que únicamente tres variables económicas tienen incidencia, estadísticamente significativa, sobre la felicidad.

De los resultados obtenidos se desprende que, del total de ocho factores económicos considerados en el ejercicio, únicamente dos -la satisfacción con el apoyo económico que recibe la persona de la familia y la satisfacción con su situación económica- inciden (positivamente) tanto en la población total como en los dos grupos con referentes conceptuales de felicidad antagónicos.

Por otro lado, existen dos factores económicos -los problemas económicos y tener empleo- que inciden (negativa y positivamente, de manera respectiva) sobre la felicidad de las personas cuando se toma a la población en general, pero esa incidencia se pierde cuando el individuo tiene una idea de la felicidad ya sea de sacrificio y esfuerzo o de placer y dinero. La situación económica como una ayuda en la vida y el hecho de ayudar económicamente a familiares son dos factores económicos que inciden sobre el nivel de felicidad de la población en general y de las personas que entienden la felicidad como placer y sacrificio, pero no así sobre el nivel de felicidad de aquellos que identifican la felicidad predominantemente como sacrifico y esfuerzo.

En la literatura sobre el tema del bienestar subjetivo prácticamente hay acuerdo unánime en que el altruismo, entendido como “lo contrario al comportamiento egoísta e individualista, cerrado sobre sí mismo o insensible ante las necesidades y sufrimiento de los demás” (Oviedo, 2016, pp. 174-175), contribuye de manera positiva sobre la felicidad, y los resultados de este ejercicio empírico está en esa línea. Sin embargo, resulta desconcertante que para las personas que enfocan la felicidad como sacrificio y esfuerzo, cuando ayudan económicamente a familiares -es decir, cuando se sacrifican por la familia- su nivel de felicidad no se incremente.

Otro resultado interesante es el siguiente: la satisfacción con las oportunidades para lograr un mejor ingreso en el lugar donde se vive, en general, aumenta el nivel de felicidad, pero no así en el caso de aquellos que conciben la felicidad como placer y dinero. Intuitivamente, es de suponerse que no fuera así, pues la expectativa de un mejor ingreso debería ser un elemento que contribuyera a la felicidad de alguien que cree que la felicidad es sinónimo de ...

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