Uno de cada cinco menores de 25 años no trabaja en Chile. Junto con los adultos mayores, es el grupo etario más rezagado en la recuperación de los niveles registrados previos a la pandemia.

Chile es uno de los tres países de Latinoamérica con más rezago en la recuperación de los empleos perdidos durante la pandemia, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina (Cepal). Todavía faltan 278.000 puestos que recuperar, lo que representa un 13% de los casi dos millones de empleos destruidos a mediados de 2020. El golpe más duro lo padecen los menores de 25 años, el grupo etario con mayor rezago, seguido por los adultos mayores.

La tasa de desempleo juvenil al trimestre de mayo-julio se ubicó en un 21,4%, cuando la tasa general es 8,7%.

Barreras en el Mercado Laboral para Jóvenes

Carmen Cifuentes, investigadora del Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la Pontificia Universidad Católica (CLAPES UC), explica que una de las principales barreras que enfrentan quienes desean ingresar al mercado laboral formal está en los requisitos de experiencia que exigen los reclutadores.

“Si bien no es posible establecer alguna causalidad, se ha visto una masificación de la educación terciaria. [Los jóvenes] están estudiando en la universidad o en un instituto técnico, por lo tanto son más los que compiten por más ofertas laborales”, apunta. Los que estudian, dice, cuando quieren trabajar buscan jornadas con flexibilidad de horario. Si no encuentran esto, muchos recurren al mercado laboral informal.

La proporción de los jóvenes que no estudian ni trabajan con remuneración -conocidos como ‘ni ni’- que en 2020 llegó a un 23,3%, el mayor porcentaje en 15 años, ha experimentado una reducción significativa y ahora se sitúa en un 13%.

Tanto Rafael Morales como Patricia Sepúlveda forman parte del 17,1% de jóvenes chilenos entre 20 y 24 años que no tienen trabajo, según la encuesta de Ocupación y Desocupación del Gran Santiago realizada por el Centro de Micro Datos de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. El mismo estudio reveló que un 11,9% de los jóvenes entre 25 y 29 años están cesantes.

“Nuestra capacidad productiva no le está dando trabajo a los jóvenes. Entonces, como producimos poco y como el crecimiento económico es poco, ellos se quedan sin trabajo. Pero la desocupación laboral juvenil repercute no sólo a nivel económico, si no que también incide en la esfera individual y colectiva. Más allá de obtener una remuneración y una ocupación, el trabajo desarrolla externalidades como la identidad y la cohesión social. El acceso a oportunidades impacta fuertemente a los sectores más vulnerables.

“La falta de experiencia, problemas de capacitación y problemas de tiraje de la economía (oferta y demanda) afectan a tipos bien particulares.

A su juicio, el desempleo juvenil se relaciona con el capital humano que cada joven cultiva, según su formación educacional y experiencia. “La estructura del sistema del trabajo en Chile no permite a jóvenes sin educación entrar a puestos laborales.

El diagnóstico de Nicolás Farfán, Director del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), es claro: “La transición escuela-trabajo está costando mucho porque quien requiere de contratar personas está buscando habilidades, herramientas o competencias que quizás no se están otorgando en la educación”. Al analizar el contexto que afecta a la educación técnico profesional, la evaluación es similar.

“Observamos una desconexión entre la educación técnico profesional de nivel medio y las empresas.

Iniciativas para Mejorar la Empleabilidad Juvenil

En 2014 el desempleo juvenil en Europa era crítico. Mientras en algunos países la cesantía de jóvenes era del 20%, en otros, como España, la estadística se disparaba al 50%. Una muestra de ello es el programa “Iniciativa por los Jóvenes”, que desarrolla Nestlé a nivel mundial hace dos años, para fortalecer la empleabilidad juvenil y ser puente con otras empresas del mundo privado.

En Chile, según expresa Juan Esteban Dulcic -gerente de Recursos Humanos de la compañía en el país-, ven que “para contribuir a la solución del problema, se necesita que más empresas se sumen, que el Estado se sume, y hemos encontrado buena recepción en distintas entidades, considerando que se trata de una problemática multisectorial y multifactorial que nos compete a todos para crear valor en el país.

Esta conexión entre el mundo público y el privado también se está gestando en otros rubros como el automotriz.

Respecto al perfil de las y los trabajadores jóvenes de la región, un 52,6% son mujeres, y, del total de jóvenes ocupados, un 33% son sostenedores económicos en el hogar.

Doris Sandoval, seremi de Trabajo y Previsión Social, resaltó los datos entregados en el boletín: “En el aspecto positivo, hay que destacar el cambio generacional que se ve reflejado en estas cifras, que dan cuenta de cómo la fuerza laboral joven está compuesta mayoritariamente por mujeres.

Pero, por otro lado, los desafíos que nos entregan estos datos tienen que ver con el mejor acceso a la educación y capacitación, sobre todo enfocado en ese 7,9 % de jóvenes que ni estudia ni trabaja, donde ahí sí se repite un patrón generacional que debemos romper y que tiene que ver con que un 53% de las mujeres que se embarazan desde los 15 años, dejan los estudios y no trabaja, por tener que ser la cuidadora de ese nuevo ser.

El boletín Empleo Joven da cuenta también, de qué forma la emergencia provocada por el COVID -19, afectó el empleo joven haciendo una comparación de la evolución del número de ocupados en los últimos cuatro años. Así, se puede ver que de 19.287 jóvenes que se encontraban trabajando en el trimestre abril-junio de 2019, este número bajó dramáticamente a 12.518 jóvenes trabajadores, en el mismo periodo del 2020, primer año de pandemia.

Durante el trimestre abril-junio de 2022, el 78% de jóvenes que trabajan lo hacen en la formalidad, y un 61% trabaja 45 horas a más, a la semana.

Otro de los análisis que se pueden encontrar en este boletín, se refieren a las competencias digitales, con las que cuenta mayoritariamente la población joven y que les generarían mayores oportunidades laborales, dada la alta demanda de estas competencias a nivel mundial.

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