El libro de Isaías, tanto en los manuscritos hebreos como en la Septuaginta (LXX), lleva el título "Isaías". En el Nuevo Testamento, específicamente en Lucas 4:17, se le refiere como "el libro del profeta Isaías", y en Hechos 8:30, simplemente como el "profeta Isaías". Dentro de las Biblias hebreas, este libro se encuentra en la sección designada como "los profetas", precedido por los libros combinados de Reyes y seguido por Jeremías, Ezequiel y "Los Doce".

Autoría y Contexto Histórico

El profeta Isaías, hijo de Amoz y descendiente del linaje real, es reconocido como el autor del libro que lleva su nombre. Fue llamado al oficio profético siendo joven, hacia fines del reinado de Uzías (Azarías, 790-739 a. C.), durante la corregencia de Jotam. Esto ubicaría la vocación de Isaías entre los años 750-739 a. C.

Su ministerio se extendió por al menos 60 años, abarcando los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. El hecho de que Isaías nunca mencione a Manasés, cuyo reinado comenzó en 686 a. C., sugiere que su ministerio terminó poco después de la muerte de Ezequías en 686 a. C. En este caso, debió haber empezado no más tarde que alrededor de 745 a. C. Es probable que los mensajes proféticos de Isaías 1-5 fueron dados entre los años 745 y 739, quizá durante el último año del reinado de Uzías pero antes de la visión del cap. 6.

Isaías se casó y tuvo dos hijos, Sear-Jasub y Maher-salal-hasbaz. En Jerusalén, el escenario principal de sus labores, llegó a ser predicador de la corte y tuvo mucha influencia. Durante muchos años fue consejero político y religioso de la nación. Su ministerio profético, junto con el de Miqueas y quizá también la influencia indirecta de Oseas en el reino del norte, contribuyeron a las reformas de Ezequías.

Sin embargo, Manasés siguió el impío proceder de su abuelo Acaz, abolió las reformas de su padre Ezequías y mandó matar a los hombres que habían fomentado el culto del verdadero Dios. Según el Talmud babilónico, Isaías fue muerto por Manasés; lo mismo afirma Elena de White. La misma autora confirma las palabras de Heb. 11:37, que algunos fueron aserrados, como una descripción de la suerte de Isaías.

Debate sobre la Autoría Múltiple

Durante unos 25 siglos no hubo duda alguna respecto a la paternidad literaria del libro de Isaías. Sin embargo, durante el siglo XIX, los críticos alemanes empezaron a poner en duda su unidad de origen. La opinión de esos hombres siguió ganando terreno hasta que es casi universalmente aceptado el punto de vista de que el libro fue escrito por lo menos por dos autores, un Isaías I, que escribió los capítulos 1-39 y que realizó su obra a fines del siglo VIII a. C., y un Isaías II, o Déutero- Isaías, que escribió los capítulos 40-66 hacia fines del cautiverio babilónico. Hay varias versiones de esta teoría. Algunos críticos asignan más de la mitad del libro de Isaías al período de los Macabeos, es decir, al siglo II a.

Uno de los argumentos principales de estos críticos a favor de una doble paternidad literaria de Isaías es que los capítulos 40-66 no parecen haber sido escritos desde el punto de vista de un autor de fines del siglo VIII a. C., sino por un autor que vivía cerca del fin del cautiverio babilónico. La mención de Ciro por nombre (cap. 44: 28; 45: 1) es considerada por ellos como una evidencia concluyente de que estos capítulos fueron escritos durante el tiempo de Ciro; es decir, durante la segunda mitad del siglo VI a. C. Sin embargo, el hecho de que Isaías mencione a Ciro no es un argumento a favor de una fecha posterior para el libro, sino más bien una evidencia de la sabiduría y presciencia de Dios.

A lo largo del libro hay predicciones concernientes al futuro. Entre estas se encuentran las profecías de la caída de los gobernantes de Israel y de Siria (cap. 7: 7-8, 16), del derrocamiento de Tiro (cap. 23), del espanto de Asiria (cap. 14: 25; 31: 8; 37: 6-7, 29, 33-35), de la humillación de Babilonia (cap. 14: 4-23), de la insensatez de confiar en Egipto (cap. 30: 1-3; 31: 1-3), y de la obra de Ciro (cap. 44: 28; 45: 1-4). En realidad, Isaías exalta la presciencia de Dios como un elocuente testimonio de su sabiduría y poder.

Evidencia de la Unidad del Libro

Hay muchas evidencias de la unidad de pensamiento y expresión entre la primera parte del libro y la última. Por ejemplo, una característica de Isaías es el uso de la expresión "Santo de Israel" como un título para referirse a Dios. Esta expresión aparece 25 veces en Isaías y solo 6 veces en el resto del Antiguo Testamento. Sin embargo, no es exclusiva de ninguna parte de Isaías, ya que se encuentra 12 veces en los capítulos 1-39 y 13 en los capítulos 40-66. El título "el Fuerte de Israel" o ["de Jacob"] aparece sólo en el libro de Isaías (cap. 1: 24; 49: 26; 60: 16).

Aunque el tema y el estilo literario de los capítulos 40-66 difieren considerablemente de los de los capítulos 1-39, hay un tema básico que corre a lo largo de ambas secciones: el quebrantamiento del yugo impuesto por enemigos políticos y espirituales, y el fin de la opresión del cuerpo y del alma. Isaías -cuyo nombre significa "el Señor es ayuda" o "el Señor es salvación"- presenta en la primera sección del libro la liberación del pecado, de Siria, Asiria y otros enemigos mediante el arrepentimiento, la reforma y la fe en Dios. La segunda sección se refiere a la liberación de Babilonia, y eventualmente del dominio del pecado mediante la fe en el Libertador venidero.

La primera sección del libro culmina con el relato de la destrucción de los ejércitos de Asirla comandados por Senaquerib. En la última sección, se anuncia proféticamente el fin del cautiverio babilónico. Una transición similar aparece en el libro de Ezequiel en relación con la caída de Jerusalén en 586 a. C., desde la anticipación del cautiverio hasta la restauración. Además, los primeros capítulos de Isaías registran los mensajes dados por Isaías durante su juventud.

Los primeros capítulos de Isaías tienen que ver con la invasión sufrida por Judá a manos de los asirios, y los últimos anticipan la liberación judía del cautiverio de Babilonia. La misión de Isaías era la de mantener firme el reino de Judá cuando el reino del norte desaparecía al ser llevado en cautiverio por los asirios. Por medio de Isaías los gobernantes tuvieron la oportunidad de entender la naturaleza y el significado de los acontecimientos de la época. Era el propósito divino que Judá sacara provecho de la triste suerte del reino del norte, y como resultado se volviera a Dios con un espíritu de sincero arrepentimiento.

La marea de la invasión asiria finalmente casi sumergió al pequeño reino de Judá, y el poder de Asiria fue rechazado sólo a las puertas de Jerusalén por un acto insólito de Dios. Empezando con el capítulo 40, Isaías anticipa la cautividad de Babilonia, pero con la seguridad de que la liberación final del cautiverio babilónico es tan cierta como la que habían experimentado poco antes frente al poderío asirio. Además, la liberación de manos de los enemigos nacionales llega a ser, para los que confían en Dios, una promesa de la liberación final del dominio del pecado.

Aunque ciertos críticos han asignado una parte considerable del libro de Isaías al período de los Macabeos, hay evidencias de que en ese tiempo el libro entero existía como una sola unidad. Escribiendo alrededor de 180 a. C., el autor del libro del Eclesiástico.

Sin embargo, la evidencia más concluyente de que el libro de Isaías era considerado como una sola unidad siglos antes de Cristo, procede de manuscritos bíblicos hallados en 1947 en una cueva cerca del mar Muerto. Entre ellos hay dos rollos del libro de Isaías conocidos como 1QIsª (siglo II a. C.) y IQIsb (siglo I a. C.). No hay evidencia alguna de que los capítulos 1-39 existieran alguna vez aislados como un documento aparte de los capítulos 40-66. Toda la evidencia comprueba lo contrario.

El NT con frecuencia cita el libro de Isaías, pero sin hacer ninguna distinción entre los capítulos 1-39 y 40-66.

Es evidente que Cristo y los apóstoles aceptaron el libro de Isaías como una sola unidad, fruto de la pluma del profeta Isaías, y podemos estar enteramente seguros que procedemos bien si hacemos lo mismo. Nótese especialmente la referencia de Cristo a Isa. 6: 9-10; 53: 1 tal como se cita en Juan 12: 38-41, donde él se refiere al profeta como autor de ambas secciones del libro; también Rom.

Los Rollos de Isaías del Mar Muerto

El comentador de Isaías tiene la suerte de disponer de dos manuscritos hebreos de este libro del Antiguo Testamento mil años más antiguos que cualquier otro manuscrito bíblico hebreo conocido anteriormente. Estos documentos de valor inapreciable -los Rollos de Isaías del Mar Muerto- demandan pues una atención especial.

De los dos rollos de Isaías encontrados en la primera cueva cerca de Khirbet Qumran, el que contiene el libro completo (vendido primeramente al monasterio sirio en Jerusalén) ha sido denominado con el símbolo 1QIsª; el rollo incompleto (vendido a la Universidad Hebrea) recibe el símbolo oficial de 1QIsb. Ambos están actualmente en el Santuario del Libro en Jerusalén. Ambos formaban parte de la biblioteca de una comunidad esenia y fueron guardados en una cueva antes del fin de la primera guerra judía (66-73 d. C.), según lo reveló la exploración profesional de la cueva. Se acepta que 1QIsª es del siglo II a. C.; el 1QIsb es del siglo I a. C.

1QIsª, que tiene el libro completo, fue publicado en fotografías facsímiles, con una transliteración en caracteres modernos hebreos efectuada por Millar Burrows (The Dead Sea Scrolls of St. Mark´s Monastery, t. I [New Haven: American Schools of Oriental Research, 1950]), lo que dio lugar a muchos estudios eruditos. En general este primer rollo de Isaías concuerda con el bien conocido texto masorético. Sin embargo, el escriba no fue profesional, y su caligrafía es menos hermosa que la de 1QIsb. Cometió muchos errores de copista. Da la impresión de que algunos de sus errores se debieron a no haber escuchado bien, puesto que algunas secciones parecen haber sido escritas al dictado. También hay evidencias de que la copia empleada como modelo tenía ciertas lagunas o vacíos.

Por lo tanto, cuando el escriba llegaba a una laguna, dejaba un espacio en blanco en su copia, y más tarde copiaba la parte que faltaba de otro ejemplar que quizá era más perfecto. A veces el escriba calculaba mal lo que faltaba, y el espacio que dejaba resultaba insuficiente. Resaltan algunas omisiones del texto donde el ojo del escriba, o del que dictaba, saltaba de cierta palabra al mismo vocablo un poco más adelante pasando por alto todas las palabras intermedias. Este error de escritura muy común, frecuente también en los manuscritos del Nuevo Testamento, se llama homoeotéleuton.

Hay pocas y cortas adiciones al texto: jamás pasan de pocas palabras. Hay muchas variantes textuales, pero la mayor parte de éstas son de poca monta y no afectan el significado del texto.

1QIsb tiene aproximadamente un tercio del largo del 1QIsa . Estaba en una condición deplorable cuando el Prof. A. L. Sukenik de la Universidad Hebrea de Jerusalén lo adquirió de los dueños o descubridores. Después de haber sido desenrollado, se halló que la parte que quedaba de este rollo conserva fragmentos de los siguientes capítulos de Isaías: 10; 13; 16; 19; 22; 26; 28-30; 35; 37-41; 43-66. Hasta el capítulo 37 los fragmentos en los cuales hay texto son muy pequeños y por lo tanto menos informativos que la última parte del libro, que está más o menos bien conservada, aunque en cada columna del rollo hay roturas grandes o pequeñas en el cuero, por lo cual el texto está dañado.

Su escritura revela que es obra de un escriba experimentado que tenía una caligrafía bellísima y que cometía muy pocos errores. Se ha conservado suficiente de este rollo para justificar la conclusión de que las partes que faltan no difieren de las que aún existen, en su concordancia notable con el texto masorético. Al examinar todo el 1QIsb se ha considerado que sólo ocho variantes con relación al texto masorético han sido de suficiente importancia como para recibir atención en este Comentario, y aun ellas son de un significado relativamente pequeño.

Las porciones conservadas muestran tan pocas diferencias con el texto masorético que algunos eruditos al principio rehusaron aceptar la antigüedad de un rollo cuyas peculiaridades textuales ellos creían que eran de origen muy posterior. Este segundo rollo de Isaías revela que el texto ha llegado a nosotros virtualmente intacto desde el tiempo de Cristo, mientras que el 1QIsa muestra que en aquel entonces existían algunos textos copiados con menor cuidado.

El rollo de Isaías (1QIsb) de la Universidad Hebrea fue publicado en forma póstuma por A. L. Sukenik, siendo su editor N. Avigad, en la obra The Dead Sea Scrolls of the Hebrew University Jerusalén: Universidad Hebrea, The Magnes Press, 1955). De la caverna 4 de Qumrán provienen 15 fragmentos de manuscritos de Isaías -14 escritos en cuero y uno en papiro- ninguno de los cuales se acerca en importancia a los dos ya mencionados.

Cronología del Libro de Isaías

La ubicación cronológica del libro de Isaías es precisa, y el período del cual proviene es bien conocido en la historia del Cercano Oriente. Isaías fue llamado a su cargo profético antes de que le fuera dada la visión de la gloria divina que se halla en el cap. 6, y llevó a cabo su ministerio durante los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías (Isa. 1: 1). Según la cronología aproximada de este Comentario (t. II, pp. 79, 86, 88) Uzías murió alrededor del año 739, y Ezequías murió en 686, siendo el sucesor su hijo Manasés.

Los reyes de Asiria durante este período fueron: Tiglat-pileser III (745-727), Salmanasar V (727-722), Sargón II (722-705), Senaquerib (705-681) y Esar-hadón (681-669). Estos...

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