La concentración es un estado mental que todos han buscado en más de una oportunidad, ya sea para estudiar, leer, completar una tarea o simplemente evadir el mundo y concentrarse en otro objetivo específico. Existe más de una forma de lograrlo, cada método depende de los gustos personales de la persona, pero hay uno en particular que se repite: escuchar música.
No es fácil dar con el género específico para lograr este objetivo. Mientras algunos aseguran que el estado de enfoque lo consiguen escuchando su música favorita en diversidad de géneros, hay quienes prefieren las bandas sonoras de películas y series por la ausencia de letras que incitan a la distracción pero, de acuerdo a diversos estudios, este estilo musical tampoco es el preciso para concentrarse.
Por ello, es natural que al interior de un espacio de trabajo o estudio, las conversaciones sean un fuerte factor distractor. Lo mismo ocurre con las canciones con letras. Por una cuestión instintiva, es inevitable dejarse llevar -aunque sea por un lapso de segundos- por las letras aunque estén en otro idioma. Esto ocurre tanto si son canciones conocidas -que inducen a cantar- o si son desconocidas -que llevan a poner atención por la novedad que representan-.
Respecto a la melodía, hay elementos básicos que hacen de una canción un buen instrumento de concentración. En general, estás suelen ser repetitivas como en 'loop' para no representar un descubrimiento a quien escucha, con un volumen constante y transiciones paulatinas para no causar sobresaltos, y un ritmo que pretende ser un estímulo motivador para el jugador o bien, un elemento ambiental que no represente un estorbo.
La música de videojuegos está diseñada para que el usuario se sumerja por completo en el juego, de allí que es considerada la óptima para alcanzar un alto estado de concentración, asegura el sitio Popular Science.
Aunque 'la concentración' es una suerte de derivado natural de la música de videojuegos, el principal objetivo al momento de crearla no es este, ya que son pensadas bajo la lógica de cualquier banda sonora: "Reforzar la idea del juego y provocar en el gamer lo que el desarrollador quiere causar", explica Francisco Cerda, compositor de música para videojuegos (Jamestown, Gunpoint, Omen of Sorrow), y profesor del Diplomado de Producción Musical para Videojuegos en 101 Training.
El intérprete repasa a grandes rasgos cuáles son los elementos que debe considerar al momento de crear las melodías para un determinado juego: "Lo primero es entender de qué trata. Después tengo que comprender el contexto: no es lo mismo si es de pelea, transformers, si es dramático... también hay que ver la estética: no es lo mismo que sea de fantasía más bien alegre, a que tenga una temática oscura. Y la visión del mismo creador del desarrollador del juego es muy importante, porque a veces quieren música que sea totalmente contraria a lo que plantea el juego. En esos casos se da un contraste bien interesante".
Así le ocurrió cuando trabajó en el juego Jamestown, el cual se sitúa en Marte en el siglo XVII. La historia arranca cuando los conquistadores españoles y los aliens pretenden invadir la colonia británica que ocupa el lugar. Puedes tener un escenario hermoso, pero tal vez la historia del juego te sitúa en un momento muy triste... y es ahí en donde la música actúa, transportando ese hermoso lugar a un momento triste, no solo ayudando a reconocer el momento de tristeza, sino que también a que tu seas partícipe de ese momento, porque a diferencia del cine, tu eres el protagonista del juego, el gameplay es el valor agregado en donde tienes el control del juego, entonces todo lo que sucede en el juego, te está pasando a ti realmente".
Quien también trabaja en la musicalización de tráilers para Revolt Production Music en Estados Unidos, explica que se busca envolver al usuario en un sentimiento: "Según la rueda de emociones de Hevner la música puede evocar diferentes sentimientos, independiente de si eres partícipe de ellos o no, y puede mostrarte esos sentimientos, hacerlos tangibles. Solo necesitas que se den ciertas condiciones y parámetros de aquella música para que te muestre visual(mezclado con la imagen) y auditivamente ese momento".
En el caso específico de quien pretende enfocarse en tareas ajenas a un juego, Cerda afirma que depende mucho de los gustos de cada persona: "Hay gente que antes de dormir escucha reggaeton", dice riendo antes de confesar que a él le gusta escuchar la de Megaman. Pero hay un tipo de juego predilecto para los fieles creyentes de que este es el tipo de música indicada: los RPG (Rol Playing Game o juegos de rol).
"Son mundos enormes que se construyen para contar una historia. La inclusión educativa se basa en el principio de que cada niño/a tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje distintos y deben ser los sistemas educativos los que están diseñados, y los programas educativos puestos en marcha, teniendo en cuenta la amplia diversidad de dichas características y necesidades. Una herramienta que está al servicio de la educación para todos y todas es la música. Hay diversos estudios que demuestran la influencia de la música en distintos procesos que se desarrollan en la vida, así también en el aprendizaje.
Tipos de música que pueden ayudar:
- Música barroca: Un estudio de 2006 encontró que los estudiantes universitarios disfrutaban más de las matemáticas y las retenían mejor cuando sonaba música barroca durante la clase. Otros estudios también han relacionado la música barroca con un mejor aprendizaje. Brewer dice que el ritmo lento y constante de la música puede ayudar a los niños a concentrarse. Es además una música predecible. No hay cambios repentinos en el ritmo o en el volumen, y las armonías no son disonantes.
- Música melódica suave y lenta: La investigación sugiere que la música relajante puede ayudar a aliviar algunas respuestas físicas y emocionales de las personas ante el estrés. Si el niño tan solo necesita despejarse y aclarar su mente, dice Brewer, algo lento, suave y familiar puede hacerlo sentir más centrado.
- Música energética con un ritmo fuerte: Desde por lo menos 1970, los estudios han demostrado que la música estimula la productividad y eficiencia de los adultos mientras realizan trabajos de rutina. En la experiencia de Brewer, la música también podría ayudar a que los niños realicen tareas de memorización. “Digamos que la energía de su hijo está baja pero que debe terminar algo”, dice Brewer.
En 2011, estudios finlandeses encontraron que procesar el timbre (o la calidad del sonido) de una canción podía animar a hacer “vagar la mente”, lo que suele estar ligado con la creatividad. Brewer aconseja buscar música que se sienta espontánea, que se mueva en direcciones diferentes y sorprendentes. La música que no es predecible anima a que la mente divague. Esto puede ayudar a los niños a ver las cosas desde perspectivas diferentes.
La representación urbana de la música campesina, que se dio a partir de la década de 1920, se conoce como música típica. Nació por la necesidad y el afán de llevar el folclor de la zona central a los contextos del espectáculo en la ciudad: a las radios, a las boites y a los restaurantes. Esta estilización del cancionero, principalmente de tonadas, fue el eje central de una naciente industria discográfica en los años '30 y quedó en manos de una serie de grupos formados por profesionales, muchas veces sin oficio musical, que tomaron el repertorio del campo chileno para luego depurarlo en cuanto a sonido y a puesta en escena.
Los cuartetos de huasos fueron clave en esta línea, que no tardó en abrirse a la solista femenina estelar y a un cancionero de nuevos autores urbanos. Los Quincheros representan la expresión viva y activa de la tradición de los grupos de huasos inaugurada en Chile en la década del '20. Un grupo de profesionales vestidos como huasos patronales, intérpretes de un repertorio campesino elegantemente arreglado con voces y guitarras, conforman este modelo musical; creado por conjuntos como Los Cuatro Huasos o Los Guasos de Chincolco, y que, a la larga, ha llegado a ser el emblema de un tipo de folclor chileno.
Si las expresiones más fuertemente arraigadas a la música popular chilena en los años de oro de la música típica fueron siempre la tonada y la cueca, también existió una tercera variante, creada por el compositor Fernando Lecaros. Tuvo gran éxito en los años '40 y a través de ella su nombre fue recordado históricamente: la "mapuchina". Una denominación genérica para referirse a un tipo de canción urbana con una directa temática mapuche, de giros melódicos y rítmicos que evocaban la música ancestral de esta cultura originaria. La más conocida fue "A motu yanei", dedicada a Ester Soré en 1940 e interpretada luego por la estrella mexicana Pedro Vargas en 1942 y por la estrella chilena en Europa Rosita Serrano en 1948.
Más de medio siglo de historia musical chilena está asociado a la figura de Alberto Rey, arpista del célebre Dúo Rey-Silva y como solista. Luego de tocar con el temprano conjunto típico Los Guasos de Chincolco, en 1935 formó el Dúo Rey-Silva junto al guitarrista Sergio Silva, con quien emprendería una carrera de más cincuenta años ininterrumpidos. En paralelo desarrolló una cuantiosa discografía personal con arreglos de música folclórica para arpa, como también una frecuente colaboración en grabaciones de otros músicos. Antes que todos los músicos que han cantado a Pablo Neruda en el mundo, en el comienzo sólo estuvieron Silvia Infantas y los Baqueanos.
Nicanor Molinare es uno de los más productivos autores de la música típica chilena, a la que contribuyó con numerosas canciones y tonadas durante una carrera de escasos veinte años, entre 1937 y 1957. Molinare es el hombre que escribió ‘‘Chiu-chiu’’, ‘‘Cocorocó’’, ‘‘Galopa, galopa’’, ‘‘Cantarito de greda’’, ‘‘Cura de mi pueblo’’, ‘‘Mantelito blanco’’, ‘‘Oro purito’’ y ‘‘La copucha’’. Aunque porteño de nacimiento, Luis Bahamonde es el más huaso de los compositores de música típica chilena. ‘‘Fiesta linda’’, ‘‘Ende que te vi’’ (1940), ‘‘Viva Chile’’ y ‘‘Qué bonita es mi tierra’’ (1968) son sólo cuatro de las más célebres tonadas en las que el autor exalta por igual el amor por su país y el perfil del huaso a caballo como personaje característico.
Los Cóndores son el segundo y último grupo de la cantante folclórica Silvia Infantas, y como tal tuvieron una doble herencia. Sucedieron a Silvia Infantas y los Baqueanos, quienes habían ganado la estatura de clásicos populares con la canción ‘‘Tonadas de Manuel Rodríguez’’ (1956). Pedro Leal es un cantante y guitarrista folclórico conocido principalmente por haber integrado el conjunto de Silvia Infantas y Los Baqueanos y posteriormente el Dúo Leal-Del Campo, que desde los años 60 cantó junto a Ester Soré, su esposa y cómplice artística hasta entrados los años 90.
Aristócrata por naturaleza, terrateniente por excelencia, arquitecto de profesión, y esencialmente creador de una refinada música de raíz, de Ramón fue una de las más importantes y respetadas personalidades del círculo, un punto equidistante entre dos de las múltiples caras visibles del folclor: la música típica y el Neofolklore. Carmen Barros había adoptado el seudónimo Marianela en los años '40, cuando debutó en el canto popular, pese a la oposición de su familia que apoyaba su formación en la música docta. Dos décadas más tarde mantuvo el nombre para el grupo vocal que la proyectó como figura televisiva: Marianela y Los Gatos. El cuarteto se presentó principalmente en el programa "El tejado musical", transmitido desde 1965 por Canal 13 con la intención de replicar el formato de los programas radiales. Por eso, la disposición escénica del conjunto fue siempre pensada para las cámaras: ordenada, clara y tomando la canción como plataforma para una interpretación cantada y actuada.
Los Guasos de Chincolco fueron la primera agrupación de huasos de la música chilena, inaugurando un formato musical que, aunque en su génesis no tiene nada que ver con el campo ni los campesinos, hoy es una de las imágenes más reconocidas del folclor tradicional chileno. Nacidos en un teatro, fueron un dúo y luego un cuarteto, y sus tonadas fueron las primeras que se grabaron en la historia de la música chilena. Si bien su funcionamiento fue irregular, su nombre ha quedado como el comienzo de un camino en la música folclórica chilena y un antecedente ineludible de nombres como Los Cuatro Huasos (1927), Los Quincheros (1937) y Los Provincianos (1938).
Antes que Los Ángeles Negros, que Los Hermanos Arriagada y que Lucho Gatica incluso, entre otras figuras de celebridad internacional, fueron dos mujeres las que se adelantaron a exportar música chilena a América Latina: Sonia y Myriam. Y antes que Christell, María José Quintanilla y Gloria Benavides incluso, fueron dos niñas chicas las que también inauguraron la figura de la cantante infantil en la industria musical local: Sonia y Myriam. Con una carrera dividida en dos épocas, pocas figuras concentran tanta historia en la música chilena. Iniciadas a los 10 y 11 años, las hermanas Sonia y Myriam Von Schrebler ya habían cantado en Argentina y Brasil antes de egresar del liceo, y en una historia de 23 años impusieron en Chile, Perú, Colombia, Venezuela e incluso en las potencias de la música popular de Cuba y México un repertorio internacional de éxitos como el universal "Ay, ay, ay" (Osmán Pérez Freire), "Despierta, corazón" (Vicente Bianchi), "La flor de la canela" (Chabuca Granda) o "Piensa en mí" (Agustín Lara).
Ester Soré es la principal cantante de tonadas chilenas del último siglo. Grabó por primera vez la exitosa ‘‘Chile lindo’’, de Clara Solovera, y no sólo contribuyó a enriquecer el modo de interpretar esas canciones gracias a una voz reconocida entre las más claras y expresivas de su tiempo. Además fue una artista popular en un sentido amplio: en la radio, los discos, las giras y el cine.
Mirtha Iturra Bernales es una cantora de rodeo a la vez que figura de la música típica en la ciudad, activa intérprete y divulgadora del folclor centrino en los escenarios y los discos. Nacida en Constitución en el seno de una familia de agricultores y músicos, tuvo estrecho contacto con la vida campesina, la tierra y las canciones. Indisoluble de las figuras de sus dos máximos impulsores, Luis Bahamonde y Carmencita Ruiz, Fiesta Linda es además uno de los más importantes conjuntos de música típica y de raíz folclórica chilenos.
Bianchi fue el hombre que puso música a los versos en los que Neruda conjetura ‘‘Puede ser un obispo / puede y no puede / Puede ser sólo el viento / Sobre la nieve’’. Es ‘‘Tonadas de Manuel Rodríguez’’, su composición más escuchada. Y mostró de qué modo él llevó como nadie la música popular a otros campos: la poesía, el Conservatorio, la iglesia, el folclor y hasta el deporte están en sus obras completas. Después de 17 frustradas candidaturas, en 2016 obtuvo el Premio Nacionales de Artes Musicales, a sus 96 años.
Autora de los populares versos ‘‘Ayúdeme usted, compadre / pa’ gritar un viva Chile’’, Clara Solovera es una de las principales creadoras de la música típica chilena.

