El rol de la mujer en la sociedad y en la vida pública en general aún permanece invisibilizado, a pesar de que en el último tiempo estamos ocupando espacios en la política, la ciencia y otros lugares laborales comúnmente copados por hombres.
Ahora bien, complementa Paula Navarrete, académica de Ingeniería UC e investigadora CIGIDEN, es evidente que las mujeres hemos logrado abrirnos un espacio en la academia, y en la ciencia, específicamente en los últimos años.
“Las mujeres estamos igualmente capacitadas para generar conocimiento y contenido en ciencia”, asegura Valentina Carraro, post doctorada de CIGIDEN. En el contexto actual, además de nuestro trabajo y experticia, la mujer aporta con miradas distintas a las problemáticas que aquejan a los centros de investigación.
Como en cualquier otra disciplina, en la ciencia siempre se pueden distinguir diferencias en cómo enfrentan las investigaciones mujeres y hombres. “Este carácter es evidente en las investigaciones abordadas por CIGIDEN, advierte Valentina, ya que estudian directamente cómo se relacionan las comunidades con el riesgo de desastres y qué tan vulnerables se encuentran a estos.
Para que no se repliquen las mismas lógicas de desigualdad en términos legales, sociales, estructurales, pero también al interior del mundo académico y de la ciencia, dice Sofía Valdivieso, antropóloga e investigadora de CIGIDEN, es fundamental que todas las voces sean parte de la construcción del conocimiento. Una de nuestras responsabilidades, asegura la cientista social, es visibilizar que a pesar del aumento de la participación de mujeres en la ciencia a través de décadas, hay mucho camino por recorrer.
“Sin embargo, agrega, no es poco común encontrarnos en una sala de reuniones rodeadas exclusivamente por hombres o seminarios donde los ‘representantes’ del saber constituyen paneles exclusivamente de hombres. En ese momento, nos damos cuenta que si bien muchas mujeres lucharon para que nosotras tuviéramos este espacio hoy en la investigación científica, aún hay muchas profesionales capaces fuera de estas esferas laborales, y otras invisibilizadas entre sus pares”, dice la académica UC.
Este sistema laboral afecta a todas y todos, pero las mujeres nos hemos visto mayormente perjudicadas, ya que históricamente se nos ha atribuido la responsabilidad de los trabajos reproductivos y de cuidados, es decir, la administración del hogar, limpieza, alimentación de parejas e hijos, cuidado de niños, ancianos y personas con discapacidad, y otros.
Las exigencias laborales de la academia hacen muy difícil conciliar el trabajo y la familia, para muchas mujeres, advierte Leila Juzam. “Para que la mujer pueda insertarse en el mundo laboral, hay que avanzar hacia la corresponsabilidad en la crianza y en el quehacer doméstico entre madres y padres.
Para esto se necesita un cambio cultural, pero también desde la política pública, que permita que hombres y mujeres puedan conciliar la vida laboral y familiar. Esto permitirá crear las condiciones para que las mujeres ocupemos espacios laborales sin sacrificar nuestro mundo familiar, o lo que es aún más grave, que eso signifique tener doble jornada de trabajo.
Por lo tanto, indica la investigadora, la lucha por la que se conmemora el 8 de marzo aún está vigente: “recordemos a las más de 100 trabajadoras textiles -inmigrantes en su mayoría- que murieron en el incendio de la fábrica de Triangle Shirtwaist de Nueva York, el 25 de marzo de 1911, como consecuencia de las precarias condiciones laborales”.
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