La misoginia, cuyo origen se encuentra en las raíces griegas misein μισείν («odiar» o «detestar») y gynē γυνή («mujer»), se refiere a la animosidad hacia las mujeres. Es una manifestación del androcentrismo, una actitud de odio y rechazo a las mujeres y/o niñas basado en una ideología machista, que concibe a las mujeres como seres humanos inferiores y, por lo tanto, subordinadas en sus roles.

Formas Sutiles de Misoginia en el Ámbito Laboral

Esta forma más sutil es la que aparece con mayor frecuencia en las conversaciones cotidianas. El uso de diminutivos y términos infantilizadores como “cariño”, “querida” o “mi niña” para dirigirse a mujeres adultas con las que el hablante no tiene una conexión íntima puede parecer benigno, pero es un ejemplo de misoginia conversacional.

Las expectativas sesgadas también subyacen a otras formas de misoginia conversacional. El “Mansplaining”, es un concepto que usualmente vemos, pero que está tan naturalizado que no nos damos cuando está sucediendo. Es frecuente ver hombres bajando el perfil a las opiniones de mujeres en medios (y todo tipo de situaciones) o presenciar paneles únicamente de hombres, aunque existan voces femeninas expertas en el tema.

El libro comienza con la ilustración de Holly Jolley, “Hay carreras para hombres y carreras para mujeres”, frase que representa la división histórica del trabajo y las ocupaciones de acuerdo al género. La segunda ilustración es de Alfredo Cáceres, con la frase “Detrás de un hombre hay una gran mujer”, que muestra el lugar secundario que ocupa la mujer en la sociedad, que la mantiene en la esfera de lo privado, como responsable del éxito de su par masculino. Hombres y mujeres son capaces de aportar al desarrollo pleno de un otro u otra desde el compañerismo y la valoración mutua.

La tercera ilustración es de Carla Vaccaro, con la frase “Deberías ser un poco más femenina”. Lo que somos y hacemos no debería ajustarse a las exigencias sociales y culturales de los géneros. Lo único que mujeres, hombres, niños y niñas deben ser, es lo que los hace sentir cómodos, felices y únicos. “Los hombres no lloran” es la cuarta frase, ilustrada por Tomás Olivos.

La tristeza, la emoción y la debilidad no le pertenecen sólo al género femenino y son expresiones que ayudan al desarrollo emocional y a las relaciones interpersonales de niñas, niños, hombres y mujeres. De las 13 frases, Fernanda Frick eligió “Ser mamá es lo más lindo de ser mujer”, que reduce el rol de la mujer a uno netamente procreativo y maternal. Lo más lindo de ser mujer es la libertad de moverse en diferentes roles, de acuerdo a sus gustos, sueños y aspiraciones.

Patricia Aguilera, retrata una de las expresiones más violentas que hoy enfrentan las mujeres. “Se lo buscó por andar vestida así”, es una frase aterradora y machista, que responsabiliza a las mujeres de ser víctimas del acoso y las agresiones sexuales. No existen provocaciones, ni contextos que justifiquen agresiones. Paloma Amaya ilustra una frase que parece inofensiva, pero que encierra una diferenciación incluso desde antes que podamos elegir.

“Si un niño te trata mal es porque le gustas”, por Catalina Bu, busca crear consciencia sobre la naturalización de la violencia desde la infancia. Un niño no trata mal a una niña porque le gusta, la trata mal porque la violencia está aceptada. A las niñas se le dice que deben comprender este comportamiento, lo que también es violento. Dannaé Alvarez con “A las mujeres no hay que entenderlas, hay que quererlas” transmite un mensaje claro: ante la imposibilidad de entender el comportamiento femenino, se desecha la idea de profundizar en su interioridad, subestimando sus actitudes y opiniones.

Jorge Roa ilustra la expresión más grave de la violencia hacia las mujeres, “Fue un crimen pasional”. De acuerdo a las cifras de la Red Chilena Contra la Violencia, en 2017, hubo un 20% más de femicidios respecto a 2016 en Chile. Lo cierto es que no existen crímenes pasionales ni por celos ni por amor, sino que son formas de asesinato que implican un problema profundo, que nace del sentido de posesión del hombre hacia la mujer. La última ilustración es de Catalina Cartagena con la frase “Ella no es para pololear”. Habla de la mujer que vive libremente su sexualidad y lo expresa sin miedo al juicio de los demás; o aquella que nunca ha tenido una pareja estable; O la que es muy independiente o se viste raro.

El Acoso Sexual y el Abuso de Poder

Siguiendo la premisa de que la violencia contra las mujeres es estructural, el sector público se suma a la larga lista de espacios en los cuales podemos llegar a vivir violencia. En 2020 la Corte Suprema revirtió un fallo en contra de Alex Muñoz Prado, administrador zonal de la Corporación Administrativa del Poder Judicial, quien incluso previamente había reconocido los hechos claramente constitutivos de acoso sexual (tocaciones, acercamientos inapropiados e indeseados, lenguaje sexualizado, abrazos incómodos, entre otros).

Cabe mencionar que fueron seis funcionarias las que se hicieron parte de las denuncias. El acusado se reintegró a sus labores al interior del Poder Judicial. Entonces, ¿cómo es posible que frente a cada caso de abuso o acoso sexual en el sector público el llamado sea a denunciarlo? Otro ámbito sumamente cuestionado es el de las Fuerzas Armadas y de Orden, por cuanto las funcionarias se desempeñan en instituciones donde opera, por una parte, la jerarquía formal de las instituciones y, por otra, un fuerte machismo característico de la cultura organizacional castrense, que lleva a desestimar las denuncias o, más todavía, a inhibir a las mujeres de no iniciar ningún proceso y vivirlo en silencio, que suele terminar en la renuncia a estos espacios laborales.

Quien acosa sexualmente en el ámbito laboral se sirve de posiciones de poder para ejercer estas manifestaciones de la violencia. Por ello, no es raro encontrar que en la mayoría de los casos el perpetrador es un hombre con una posición jerárquica superior a la de la víctima, que suele ser una o varias mujeres en una posición de subordinación.

“Realizar cualquier acto atentatorio a la dignidad de los demás funcionarios. Se considerará como una acción de este tipo el acoso sexual, entendido según los términos del artículo 2°, inciso segundo, del Código del Trabajo, y la discriminación arbitraria, según la define el artículo 2° de la ley que establece medidas contra la discriminación” (Contraloría General de la República, 2018, p.

De esta manera, el sumario administrativo como herramienta para determinar las responsabilidades en materia de acoso sexual es sumamente insuficiente para la complejidad de las situaciones en las que se denuncia violencia machista. La Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres en la campaña ¡Cuidado! El machismo mata de 2017, lanzó el afiche “Agresores de mujeres fuera de cargos públicos”, por cuanto en nuestro trabajo activista hemos sido testigos de cómo las mujeres agredidas por funcionarios y autoridades públicas no consiguen la justicia que merecen, pues se someten a procesos extenuantes, revictimizantes y sobre ellas siempre se aprecia un manto de sospecha.

Cómo Abordar la Misoginia en el Trabajo: Llamadas de Atención

Una llamada de atención es una confrontación directa, a menudo pública, de un discurso o una acción problemática. El objetivo es responsabilizar públicamente a la persona y aclarar que su comportamiento es inaceptable. Para ilustrar esto, supongamos que en una reunión de trabajo, un compañero de trabajo, Beto, no deja de interrumpir a su compañera Elisa antes de que pueda terminar de exponer su punto de vista.

Una llamada de atención es una forma más privada y empática de abordar el discurso o la conducta misógina. Por ejemplo, en lugar de llamar la atención de Beto durante una reunión de trabajo, podrías hablar con él en privado después de la reunión y decirle: “Me di cuenta de que interrumpiste a Elisa varias veces. Las llamadas de atención en privado pueden ayudar a prevenir la escalada de un entorno hostil en el hogar, la escuela o el trabajo y fomentar el cambio sin antagonizar al infractor.

Pero hacerlo en público también puede tener beneficios. Una llamada de atención pública puede ser necesaria cuando en hacerlo en privado no es factible. En este escenario, hacerlo en privado no es posible para los miembros de la audiencia, que solo pueden acceder al orador durante la sesión de preguntas y respuestas. Por lo tanto, para pedir cuentas al orador, un miembro de la audiencia podría optar por llamar la atención durante la sesión de preguntas y respuestas, diciendo, por ejemplo, “Usted se refirió una y otra vez a las directoras ejecutivas como ‘agresivas’ y a los directores ejecutivos como ‘asertivos’.

Una llamada de atención pública también puede ser preferible cuando ya se ha hablado con alguien en privado pero continúa con el comportamiento injustificado. En este escenario, la mejor opción puede ser señalar el comportamiento la próxima vez que suceda, diciendo algo como “Quiero señalar que Julia hizo esta sugerencia exacta antes, que nadie reconoció. Esto no deja de suceder y es inaceptable.

A modo de ejemplo, supongamos que estamos en un panel universitario cuando un panelista interrumpe despectivamente a una profesora a mitad de una frase, diciendo: “Volvamos a una perspectiva más racional”, lo que implica que su argumento es emocional en lugar de lógico. Para detener la humillación de la profesora, podríamos llamar la atención al ofensor original, diciendo, por ejemplo, “Disculpe, profesor, pero ese comentario fue despectivo e inapropiado. El discurso racional no es exclusivo de los hombres, e interrumpir a una colega de esa manera es inaceptable.

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