La historia de Lucchetti es un relato de emprendimiento, innovación y, en ocasiones, controversia. Desde sus inicios como un pequeño negocio familiar hasta convertirse en una marca reconocida a nivel internacional, Lucchetti ha dejado una huella significativa en la industria alimentaria.

Orígenes y Fundación

A mediados de la década de 1920, los miembros de la colonia italiana en Chile se dedicaban mayoritariamente a actividades mercantiles. En todas las ciudades del país eran tradicionales los negocios de los "bachichas", en ámbitos tan variados como abarrotes, emporios, tiendas y bazares, panaderías y pastelerías, cafés y restaurantes. El origen del seudónimo "bachicha" se explica porque la mayoría de los inmigrantes eran de nombre Bautista y los chilenos escuchaban el nombre y sonaba como "bachicha", entonces les dieron este apodo. También se les encontraba ejerciendo profesiones liberales, como dentistas, ingenieros, médicos, ebanistas, fotógrafos, profesores de piano y pintura.

Dos inmigrantes italianos, los hermanos Antonio y José Traverso, establecen en Santiago un pequeño negocio destinado a la fabricación artesanal de fideos llamada “La Proveedora”. Con una gran visión de los negocios y su espíritu emprendedor Lucchetti encabeza las operaciones. Viaja a Italia para comprar nuevas maquinarias y así modernizar sus instalaciones. Se asocia con otro italiano, Pedro Bassi, y nace la fábrica de fideos “La Nueva Proveedora. El negocio familiar prosperó rápidamente.

Leopoldo Lucchetti compra un gran terreno en calle Santa Isabel 0124 para instalar su fábrica y las modernas maquinas que trae desde Italia. La demanda de fideos aumentaba y Lucchetti necesita apoyo. Invita a sus sobrinos Carlos y Juan Dagnino a participar. Adquiere un terreno de 6.000 metros cuadrados en calle Emilio Vaisse 383, aledaño a la fábrica, para levantar un molino propio, amplias bodegas para almacenaje de semillas, maquinarias y caballerizas.

La empresa familiar se convierte en sociedad anónima bajo el nombre de “Molinos y Fideos Lucchetti S.A.”, manteniéndose en el negocio de pastas, harinas y el rubro agroindustrial. Continúa la modernización del negocio con la adquisición de las primeras máquinas para elaboración automática y continua de fideos. Inicia una importante etapa de diversificación de sus productos e ingresa al mercado de las sopas, caldos y aceites.

Expansión y Diversificación

Continúa el proceso de diversificación e innovación de nuevos productos. Tresmontes Lucchetti, tanto para Lucchetti, como para todas sus marcas, se ha preocupado de ofrecer productos adecuados a las necesidades de sus clientes y de sorprenderlos con una estrategia comercial creativa e innovadora, enfocada en sus diferentes líneas de productos.

“Nuestra preocupación por los clientes va más allá de sólo ofrecer productos de consumo. En esta línea, recientemente lanzamos los canelones Lucchetti, un alimento que viene pre-cocido y que es muy fácil de cocinar. Así, ampliamos la oferta de la marca y las alternativas de consumo.

“La innovación en nuestros productos es un pilar fundamental, que nos permite ir ampliando la oferta y ayudar a nuestros consumidores con soluciones prácticas y novedosas”, señaló el presidente de Tresmontes Lucchetti y vicepresidente para México y Chile del Grupo Nutresa S.A., Justo García.

El Caso Lucchetti en Perú

En 1993 el fabricante de pastas Lucchetti se estableció en Argentina, dando inicio a la expansión de empresas chilenas en Sudamérica. Era la época en la que Chile se suponía era “el jaguar” de la región. Animado por la incursión transandina, Luksic, quien aún no cumplía 40 años, convenció a su padre, Andrónico Luksic Abaroa, que había adquirido esa empresa en 1968, de continuar la expansión. El destino escogido fue Perú.

Así, el actual dueño de Canal 13 y presidente del grupo empresarial Quiñenco, adquirió por US$1.878.000 casi 60 hectáreas en Lima con el fin de instalar una moderna fábrica de Lucchetti. Estos terrenos, según publicó la revista peruana Caretas en 2001, no debieron haber costado más de US$ 700 mil. La inversión total se estimaba en US$ 37 millones y, según declararon ejecutivos de Lucchetti al diario El Comercio de ese país en diciembre de 1997, la operación peruana de las pastas de Luksic esperaba facturar unos US$30 millones al año.

La raíz de su conflicto fue que el lugar para emplazar la fábrica estaba en el Área Natural Protegida de los Pantanos de Villa, ubicada en el distrito de Chorrillos de Lima, un importante refugio de vida silvestre en la zona. La empresa adquirió terrenos a dos propietarios individuales. ¿Por qué hacerlo en un lugar que estaba protegido ambientalmente por el gobierno peruano? El ingeniero de la obra, José Sobrino, dijo al diario La República en octubre de 1997 que buscaban mostrar a los clientes que el producto era “tan bueno que lo fabricamos en medio de la naturaleza. Es una cuestión de marketing. Nuestra mejor carta de presentación es convivir con el ecosistema”.

Pero es más probable que los motivos fueran comerciales: la zona cuenta con una ubicación conveniente para acceder al mercado nacional e internacional por su cercanía a carreteras y puertos. Además, según estudios de expertos, el pantano permitía acceder a agua dulce del subsuelo. El 23 de mayo de 1997 Lucchetti comenzó la construcción de la planta con una autorización provisoria del municipio de Chorrillos, sin tener todavía un estudio de impacto ambiental del proyecto que diera una autorización definitiva.

A medida que los meses pasaban y la planta tomaba forma, la molestia de los vecinos y las acciones de los grupos ecologistas se intensificaron, tanto por el daño a la vida silvestre como por los ruidos molestos de las obras. Además, como el permiso provisorio sólo permitía el levantamiento de una industria liviana, la institucionalidad ambiental también comenzó a fiscalizar. Pero no fue hasta octubre de ese año en que apareció el verdadero enemigo para los intereses de Luksic.

Alberto Andrade, alcalde metropolitano de Lima en 1997, se convirtió en el actor principal de la avanzada en contra de la fábrica. La entonces autoridad -fallecida en 2009- fue parte de la fundación del partido social cristiano Somos Perú, uno de los principales opositores al régimen de Fujimori. El propio Andrade albergaba en esa época esperanzas presidenciales de cara a las elecciones que se realizaron en 2000 y que finalmente ganó Fujimori. A ello se sumaron presiones del Grupo Romero, uno de los mayores conglomerados empresariales de ese país, y que hasta la llegada de la empresa chilena controlaba gran parte del mercado de las pastas en Perú.

El 2 de octubre de 1997 el Concejo de la Municipalidad de Lima acordó “a la brevedad (72 horas) … la inmediata paralización de las obras de construcción de la planta Lucchetti”, dando inicio a una larga batalla en tribunales para la empresa chilena y Luksic en Perú. En enero de 1998, Lucchetti presentó una acción de amparo ante el Primer Juzgado Corporativo Transitorio Especializado en Derecho Público, con el fin de revertir la decisión municipal de Lima. Fue justo en esos días en que se comenzó a gestar el nexo entre Luksic y los ejecutivos de Lucchetti con las redes de corrupción de Fujimori y Montesinos.

En esos momentos, ante la opinión pública de ambos países se trataba sólo de un problema entre un privado y un municipio respecto de la instalación de una fábrica. Sin embargo, la opinión pública desconocía lo que estaba sucediendo detrás del telón. Un mes después del recurso presentado por los abogados de Lucchetti, y tras lanzar una fuerte campaña de marketing en los medios peruanos, los tribunales peruanos accedieron a la acción de amparo el 6 de febrero de 1998. Sin embargo, el alcalde de Lima apeló, acción que finalmente también fue rechazada en junio de ese año.

Vladimiro Montesinos y los Vladivideos

Vladimiro Montesinos Torres, actualmente de 74 años, es un capitán del Ejército peruano ya en retiro. Desde 1990 hasta 2001, período en que gobernó Fujimori, Montesinos fue el brazo derecho del Presidente como jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). Su mirada era fundamental para las decisiones del régimen y su estilo fue parte de la sentencia de muerte de aquel gobierno. Él era el poder en las sombras, temido por militares y civiles, una especie de Rasputín peruano.

Cuando en septiembre de 2000 los Vladivideos comenzaron a revelarse, Andrónico Luksic supo que había cometido un gran error. Dos años antes él había estado en las oficinas del SIN pidiendo, como muchos, favores a Montesinos. La relación entre Lucchetti y el militar partió el 8 de enero de 1998, el mismo día en que la empresa presentó su acción de amparo en contra del municipio limeño por la paralización de las obras de la fábrica.

Aquel día llegó hasta la oficina del SIN uno de los hombres más cercanos a Luksic, el entonces presidente del directorio de Lucchetti, Gonzalo Menéndez Duque -fallecido el pasado 29 de junio-. “Yo quiero una guerra corta, sangrienta y decisiva. Como se ganan las batallas”, le dijo Menéndez a Montesinos. Un mes después, un tribunal fallaba a favor de los intereses de Lucchetti. Su contenido, revelado públicamente el 16 de marzo de 2001, muestra cómo el objetivo de la empresa era salir rápidamente del conflicto judicial en Lima y poder instalar la fábrica.

Al entrar Menéndez a la oficina, Montesinos lo esperaba de pie. El ejecutivo iba acompañado de quien hizo posible la reunión, el publicista argentino Daniel Borobio, ex asesor de imagen de Fujimori y asesor comunicacional de José Antonio Kast en la elección presidencial chilena de 2017. El entonces presidente del directorio de Lucchetti fue claro, pidió una guerra corta y sangrienta y Montesinos correspondió.

En un momento del diálogo el jefe del SIN se paró de su asiento y sin salir de la sala cogió el teléfono y llamó a Edgar Solís Cano, entonces viceministro del Interior de Fujimori, quien a la vez era el encargado de contactar a los jueces que veían causas que interesaban a Montesinos, según consta en información judicial peruana publicada por el diario La República. “Quiero que te comuniques ahorita con Percy Escobar y le preguntes si él tiene la demanda de la empresa Lucchetti contra Andrade. Llámalo ahorita por teléfono. Si la tiene él o la tiene el otro juez”, comentó por teléfono Montesinos a Solís.

Efectivamente, Percy Escobar Lino era uno de los jueces que revisaría el recurso presentado por Lucchetti junto con el magistrado Víctor Raúl Martínez Candela. Ya contactado, Montesinos le dijo a Menéndez que se fuera tranquilo, que él ya estaba trabajando en resolver el lío judicial y que “el juez va a manejar el asunto en función de lo que nosotros queramos a dónde llegue”, afirma el ex jefe del SIN en el video.

Los jueces fallaron a favor de Lucchetti y Alberto Andrade apeló, pero los chilenos no tenían de qué preocuparse en ese momento.

El apoyo político desde Chile

Durante su conflicto en Perú, Andrónico Luksic Craig y Lucchetti recibieron un fuerte apoyo político desde Chile. El actual senador de Andrés Allamand (RN), como también el ex diputado Edmundo Eluchans (UDI), formaban parte de su equipo de asesores. Allamand era el nexo con el primer ministro de Toledo, Roberto Dañino, a quien había conocido compartiendo estudios en Estados Unidos. Mientras que el segundo, ejercía como abogado del empresario chileno.

Los cancilleres del gobierno de Lagos, Soledad Alvear e Ignacio Walker (ambos DC), realizaron varias declaraciones públicas a favor de la empresa cuando les tocó ocupar el cargo de Relaciones Exteriores. “Por el caso Lucchetti los inversionistas chilenos pierden la confianza en Perú”, afirmó en diciembre de 2002 Alvear, según lo que consignó el diario peruano La República. Eran los tiempos en los que Chile se creía el jaguar de Sudamérica.

Unos años después, en julio de 2005, su sucesor Ignacio Walker afirmó a La Tercera: “Pensamos que así como hemos tenido la voluntad para avanzar en otros temas, también se pueda avanzar en este. Esperemos que el caso Lucchetti no se interponga en este camino y creo que hay vías de solución que se pueden explorar”.

El primero en visitar a Toledo en Lima cuando ya era presidente fue el publicista chileno y experto en campañas políticas Juan Forch, uno de los ideólogos de la famosa “Campaña del No” en Chile en 1988.

Adquisición por Grupo Nutresa

El grupo peruano Alicorp se comunicó hace varias semanas con los dueños de Tresmontes Lucchetti. El conglomerado de la familia Romero transmitió una atractiva oferta: estaban dispuestos a adquirir el holding. El precio superaba los parámetros que los dueños de Tresmontes -Pedro Ibáñez y sus seis hijos, la familia Swett y un fondo de inversión- habían definido para un proceso de apertura a Bolsa programado para la segunda parte de 2013.

Los accionistas se habían fijado un ambicioso rango entre US$ 450 millones y US$ 550 millones como valor bursátil para la compañía. Y estaban entusiasmados en ese proceso: habían definido un itinerario de expansión a materializar con los recursos a recaudar en la apertura y hasta posibles objetivos de adquisición en Colombia y México.

La aparición de un interesado cambió las prioridades y le encomendaron a Celfin -asesor para la apertura bursátil- la búsqueda de otros potenciales compradores. El proceso concluyó este jueves, con la firma de un compromiso de venta de Tresmontes Lucchetti. El grupo colombiano Nutresa pagará US$ 636 millones por el 100% de las acciones.

Los colombianos llegaron a Chile el miércoles en un vuelo privado. La comitiva no era numerosa y venía liderada por su presidente, Carlos Piedrahíta. Traían sus propios abogados y en Chile se asesoraron por el banco de inversiones MBA Lazard. Pocos días antes, el viernes de la semana pasada, dice una fuente involucrada en el proceso, se habían presentado las ofertas por Tresmontes Lucchetti.

Nutresa debió competir con varios actores locales e internacionales. Todos los grandes del rubro a nivel regional fueron convocados: la suiza Nestlé, la mexicana Bimbo y la internacional Mondeléz.

También fueron invitadas dos chilenas: CCU, que ofertó y estaba en tratativas con otros actores de la región para comprar en conjunto; y Embotelladora Andina, que decidió no participar, porque su estrategia es crecer en bebidas y no en multiformato como CCU. Esta última está en un proceso de aumento de capital que coincidentemente busca levantar US$ 700 millones para adquisiciones en la región. Y en la compra de Tresmontes estaba interesada en sus marcas de consumo masivo y no en Lucchetti, empresa de pastas que ya controló y que vendió a Ibáñez en 2004.

Tresmontes Lucchetti facturó más de US$ 440 millones el año pasado, con un 62% de las ventas aportadas por su operación en Chile y 20% por México. Tiene 11 plantas, 15 centros de distribución y 24 marcas en 12 categorías distintas como jugos, pastas, café, sopas, aceites y snacks. Su mayor negocio es el de las bebidas instantáneas frías (BIF), con las marcas Zuko y Livean, donde el mayor actor en la región es Mondeléz, dueño de la marca Tang.

Tresmontes fue fundada en 1893, pero 109 años después surgió su actual fisonomía, tras la compra de Lucchetti. Es controlada en un 69,68% por Pedro Ibáñez y sus seis hijos. Los otros socios eran Alfonso Swett, dueño de 13,8% de la firma, y el fondo de inversiones Magallanes, con un 14,9%, quienes entraron en 2011 y en dos años lograrán duplicar su inversión con la venta a Nutresa y la enajenación, en 2012, del negocio agroindustrial en US$ 107 millones.

Pedro Ibáñez Santa María tiene 69 años y decidió convertir el holding en un patrimonio líquido. Es director junto a dos de sus hijos: Maximiliano y Elisa Ibáñez, quienes también estuvieron de acuerdo con la venta. En la decisión familiar -compartida con sus socios-, primó una consideración estratégica básica: el desarrollo de Tresmontes Lucchetti se hacía más probable y acelerado en manos de un conglomerado regional que bajo el control de los actuales socios, que además requerían más capital para expandirse y crecer como lo habían previsto. En definitiva, la firma valía más para los colombianos -cuyas ventas superan en casi siete veces las de Tresmontes- que para los chilenos. "Era una decisión estratégica", según un negociador.

Responsabilidad Social y Percepción del Consumidor

El ejecutivo agrega que la responsabilidad social de una empresa se transmite a través de distintas maneras. “Tresmontes Lucchetti entiende la responsabilidad social como un concepto que se aplica a diario en el trabajo y en cómo hacemos las cosas. Un ejemplo de ello, es nuestro sello Proslow, el cual anunciamos hace varios años, con el objetivo de incentivar la preparación de las pastas al dente, que tienen un bajo índice glicémico.

Mediante la aplicación de encuestas presenciales a 3.840 personas, se midió la percepción de los consumidores respecto a 430 marcas de 74 categorías diferentes. Los cuestionarios fueron aplicados en 30 comunas a lo largo del país y contemplaron un universo de consumidores que estuvo integrado por hombres y mujeres, mayores de 15 años, de distintos niveles socioeconómicos.

De este modo, se elaboró un Índice de Capital de Marca basado en tres pilares: Prestigio, Afecto y Presencia, y que en una escala de 0 a 1.000, muestra cuáles son las marcas más valoradas por los chilenos.

Para el presidente de Tresmontes Lucchetti y vicepresidente para México y Chile del Grupo Nutresa S.A., Justo García, comprender las necesidades de los consumidores es trascendental. En este contexto, cabe señalar que no solo Lucchetti resultó ser una de las marcas más destacadas de la compañía de alimentos Tresmontes Lucchetti, si no también Livean y Talliani. Ambas se ubicaron en el grupo de las marcas que más alzas obtuvieron en el puntaje del Índice de Capital de Marca, en comparación con el análisis del año 2014, 55 y 51 puntos sumaron respectivamente. Además Livean estuvo dentro de las primeras que más subió en el segmento etario de 35 a 44 años.

Tabla Resumen de la Adquisición por Grupo Nutresa

Detalle Valor
Precio pagado por Nutresa US$ 636 millones
Ventas anuales de Tresmontes Lucchetti US$ 440 millones
Participación de Chile en las ventas 62%
Participación de México en las ventas 20%

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