El problema de la desigualdad en Chile se manifiesta en todos los niveles, incluyendo su principal estructura democrática. El entramado político-institucional ha generado un sistema donde diputados y senadores perciben sueldos que se encuentran totalmente fuera de proporción respecto de lo que gana la mayoría de la población.
Y esto tiene serias consecuencias para la calidad de la democracia chilena, porque se establece una distancia abismal entre los representantes y sus representados. Tal brecha no es solo simbólica, sino que, como muestra este análisis, material. Incluso sería posible argumentar que esta distancia económica “blinda” a los parlamentarios chilenos de las condiciones de vida promedio de chilenas y chilenos, haciéndoles insensibles a tales condiciones.
Más aún, esta realidad transforma en “pares” de diputados y senadores, en términos no solo de ingresos sino que de estilo y calidad de vida, a los hombres y mujeres más poderosos de Chile, por su situación económica. En este sentido, propuestas como la de los diputados Boric y Jackson apuntan en la dirección correcta, al buscar que se genere una señal en términos de ajustar las proporciones.
Lo anterior no incluye el, también controversial, ámbito de las asignaciones parlamentarias, como ilustra un reciente reportaje publicado por CIPER, y que debiera, quizás, ser sujeto de un estudio independiente que permita establecer montos diferenciados a la luz de las importantes diferencias geográficas, demográficas y sociales de los distintos distritos y circunscripciones del país.
Comparación Internacional de Dietas Parlamentarias
Con este objetivo se generó una base de datos con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde se incluyó:
- Dieta de la Cámara Baja anual (dólar de EE.UU. nominal, ajustados por paridad del poder adquisitivo, PPA).
- Dieta de la Cámara Baja anual (moneda local).
- PIB per cápita (dólar de EE.UU. nominal, ajustados por PPA).
- Sueldo mínimo anual (dólar de EE.UU.).
El Senado no se incluyó en el estudio con el fin de facilitar la comparación entre países, ya que no todos poseen una institucionalidad bicameral.
Al comparar a Chile con los países de la OCDE, se observa que el salario anual de $103.265.772 (pesos chilenos), equivalente a US$252.505 (ajustado por paridad del poder adquisitivo, PPA) es el más alto del grupo. Le siguen en la lista países como Estados Unidos, con US$174.000 (PPA); Italia, con US$173.488 (PPA); y Japón, con US$140.263 (PPA).
El ejercicio anterior, sin embargo, no permite sacar muchas conclusiones, ya que siempre se puede argumentar qué significa realmente un salario más o menos alto al interior de cada país. Por lo mismo, una mejor forma de enfocar la discusión es preguntarse qué implica este salario respecto del PIB per cápita de cada nación y del ingreso mínimo al interior de los países. Es en este desglose donde emerge la principal conclusión de este estudio, y que apunta a la magnitud de la diferencia de ingresos entre nuestros parlamentarios y los de otros países.
Así, Chile ocupa el primer lugar al comparar la diferencia entre el sueldo de los parlamentarios con el PIB per cápita (11,8), seguido por Turquía (6,3), México (5,6) e Italia (5,1). En el extremo opuesto se encuentra un país como Suiza, donde esta diferencia es de 0,7 veces, es decir, el sueldo de un parlamentario es inferior al PIB per cápita de dicho país.
En el caso de la relación entre dieta parlamentaria e ingreso mínimo, Chile ocupa el segundo lugar, ya que los parlamentarios perciben 40 veces el ingreso mínimo. Nuestro país solo es superado por México, donde esta diferencia es de 55,8 veces.
Tabla Comparativa de Salarios Parlamentarios vs. PIB per Cápita y Salario Mínimo
| País | Relación Sueldo Parlamentario/PIB per Cápita | Relación Sueldo Parlamentario/Ingreso Mínimo |
|---|---|---|
| Chile | 11,8 | 40 |
| Turquía | 6,3 | N/A |
| México | 5,6 | 55,8 |
| Italia | 5,1 | N/A |
| Suiza | 0,7 | N/A |
Propuestas de Reducción de la Dieta Parlamentaria
Con los cambios que introdujo el Senado, se definió que a futuro deberá crearse una comisión especial que fije cada cuatro años las rentas de diputados, senadores, Presidente de la República, de los funcionarios de la exclusiva confianza del mandatario, de gobernadores y de sus respectivos asesores.
Es un proyecto de ley que, después de seis años durmiendo, se reactivó luego del estallido social. Las masivas protestas y el cuestionamiento al mundo político consiguieron que el Congreso Nacional apurara la tramitación de la iniciativa presentada en 2014 por los diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric que busca reducir las dietas parlamentarias en un 50%.
Boric y Jackson aclararon al ingresar el proyecto que rebajar la dieta parlamentaria no busca solucionar definitivamente la desigualdad imperante en Chile, pero sí puede ser un paso importante y simbólico para avanzar en tal sentido. A su juicio, los honorarios parlamentarios debiesen fijarse con relación al ingreso mínimo, ya que el Congreso no puede ser “cómplice” en la reproducción de la desigualdad. En el caso de las asignaciones parlamentarias, han señalado que estas debiesen mantenerse, al ser centrales para llevar a cabo la labor legislativa.
Las reacciones de sus colegas a dicha propuesta no se hicieron esperar. El diputado Gustavo Hasbún (UDI) calificó la medida de “populista” y a sus autores de “oportunistas e inconsecuentes”, mientras su correligionario Felipe Ward les instó a donar la mitad de su sueldo mientras se tramita el proyecto, como un acto de consecuencia.
En la vereda políticamente opuesta, Pepe Auth (PPD) recalcó el supuesto desconocimiento de Boric y Jackson respecto de los “compromisos” parlamentarios, que incluirían la mantención de una familia y lo que él denomina la “acción territorial”. Sin embargo, quien fue más lejos fue el diputado José Manuel Edwards (RN), al señalar que “me parece hasta pintoresco que una persona que un año atrás recibía la mesada de sus papás hoy día esté reclamando por esto”. Y remató: «Primero, lo que tiene que hacer es comprarse un terno el señor Boric. Y después, trabajar por las leyes y por que tengamos un mejor Congreso.
Críticas al Mecanismo de Fijación de Dietas
Además de la experiencia comparada, también un argumento de igualdad ante la ley, o más bien, igualdad en la ley,' habla en contra de una regulación constitucional de estos sueldos. Las sociedades modernas se oponen a las diferencias estructurales que establezcan órdenes jerárquicos rígidos y categorías de ciudadanos. Es en este sentido, que debe tenderse a generar regímenes que, si bien pueden contener diferencias, no deben dotar de privilegios.
Asimismo, resulta desacertada e imprecisa la asimilación de la dieta parlamentaria a la remuneración de los Ministros de Estado más todas sus asignaciones. En términos generales, ya que no todos ellos reciben el mismo salario, los Ministros de Estado reciben un sueldo base al cual se suman distintas bonificaciones, incrementos y asignaciones, muchas de cuales resulta incomprensible sean utilizadas para incrementar la dieta parlamentaria.
Es decir, la determinación de las rentas que reciben los Ministros de Estado es un entramado complejo de distintas leyes y asignaciones que están pensadas desde la función ministerial, difícilmente aplicable a la labor parlamentaria sin ulterior adecuación o cuya modificación conlleva mayor oscuridad de la forma específica en que se determina la dieta parlamentaria.
En consecuencia, la consagración en la Constitución Política de la República, si bien busca sacar de la competencia de los congresistas la decisión sobre su propia dieta, tiene por resultado meramente una regulación indirecta y rígida por la vía de fijación en referencia a la remuneración de los Ministros.
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