El Hospital del Trabajador en Vicuña Mackenna es un lugar donde el arte y la salud se entrelazan de manera única. Este hospital no solo se dedica a la atención médica, sino que también ofrece a sus pacientes y visitantes una experiencia enriquecedora a través de su extensa colección de arte contemporáneo.
La Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), una corporación sin fines de lucro, inició la construcción de un primer Hospital del Trabajador en Santiago, y luego una serie en regiones. El recordado Eugenio Heiremans, Presidente de la Sofofa a los 32 años, tomó una idea del consejero Ladislao Lira -amigo de San Alberto Hurtado-, para crear la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS).
En 1972 y «para humanizar» sus espacios, Heiremans convocó a un primer concurso de murales artísticos para ser instalados en sus hospitales. En un país enfrentado y convulso, siendo él una figura emblemática de la derecha, el primer lugar lo obtuvo la Brigada Ramona Parra, grupo creado por jóvenes comunistas para apoyar a los candidatos de su sector con obras de arte callejero; José Balmes, Carmen Waugh y él fueron los jurados.
En el costo de un edificio, un bonito mural no tiene mayor significado. Sin embargo, cambia absolutamente el aspecto de la construcción y le da al trabajador la posibilidad de conocer el arte chileno y estar en un ambiente más agradable, más grato.
La Fundación Futuro sigue la tradición, a través de murales fotográficos instalados en 40 hospitales públicos seleccionados junto al Ministerio de Salud. Luego del fallecimiento de Heiremans el año 2010 quien estuvo medio siglo a la cabeza de la institución.
Un Recorrido por el Arte en el Hospital
Me encontraba tomándole fotos a una escultura de Sergio Castillo en Vicuña Mackenna, esa que se llama “Génesis”, cuando un doctor (era lo que supuse pues se trataba de un señor con cotona blanca) me pregunta porqué me interesa esa obra. Le contesto que soy fanático del trabajo de Castillo y me pregunta si ya conocí las otras obras del artista que están adentro. ¿Adentro de qué? le pregunto. “Adentro del hospital”, me contesta. Claro, yo estaba tomando fotos justo frente a una de las entradas del Hospital del Trabajador pero ni me había preocupado del edificio en cuestión.
No llevaba ni dos minutos en el primer piso del Hospital del Trabajador y ya había visto un mural de Claudio Di Girólamo, dos esculturas más de Castillo, un gigante de Rodolfo Opazo y un mural de la Brigada Ramona Parra. No podía creerlo. Seguí recorriendo sus dependencias y prácticamente cada sala, cada pasillo, cada rincón de este gran hospital tenía espacio para el arte.
En el casino, un mural de Samy Benmayor. En la zona de habitaciones para enfermos, esculturas de Roberto Polhammer, Francisa Cerda, Jaime Antúnez, Patricia Vargas y Cecilia Campos. En la oficina de gerencia, un cuadro de Mario Toral. Y del mismo artista, un fantástico mural en la sala de espera de Urgencia. En la sala de espera de Radiografía, un cuadro de José Balmes. En la capilla, tres cuadros de Claudio Di Girólamo.
No hay otro recinto en Chile que junte tanto arte contemporáneo en un solo lugar. Por eso, si quiere maravillarse con grandes obras de grandes artistas chilenos, vaya al Hospital del Trabajador. Antes, pase por la estación Baquedano del metro, pues tanto la escultura “El sitio de las cosas” de Pablo Rivera como el gigantesco mural “Vida y trabajo” del Mono González que están ahí son prolongaciones de lo que verá en el centro de salud. Y si le toca cruzar la calle y conocer las oficinas de la ACHS, más toneladas de arte se aparecerán frente a sus ojos. Qué bien. Qué placer.
El arte logra que lugares fríos y tristes como los hospitales se transformen en espacios más humanos y acogedores. Éste se hace presente en la sociedad y se integra al mundo hospitalario, dejando testimonio de que esas edificaciones son también lugares de la ciudad que necesitan preocupación y belleza. De ésta forma se les regala a los pacientes y a sus familiares bellas y simples experiencias.
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