Agatha Christie (1890-1976) fue una prolífica escritora inglesa, autora de varias novelas de detectives, colecciones de historias cortas, de una obra de teatro, que estuvo varios años en cartelera, así como de seis novelas más, bajo el pseudónimo de Mary Westamacott.

El Encuentro Inicial y la Inspiración Mitológica

La obra comienza con una charla de Poirot con un doctor Burton, quien lo cuestiona por su nombre, Hércules, y por qué lo habían bautizado así. Por otro lado, Poirot le informa que está por retirarse como detective y que desea establecer un negocio sobre extracción de savia de vegetales, para fines curativos. El doctor le dice que duda que lo haga, ya que ser detective es su pasión.

“Sus tareas no son las doce de Hércules, son tareas de amor”, replica Burton, antes de marcharse. Poirot se enfrasca en esos doce trabajos, justo en el orden en que Hércules, su legendario tocayo, los realizó. Fueron ordenados por Euristeo, su primo, después de que Hércules se vuelve loco, por la acción de Hera, y asesina a su esposa Megara y a sus hijos.

Los Doce Trabajos de Poirot

1. El León de Nemea: Lady Carnaby y los Pequineses

El primero fue matar al león de Nemea. El caso equivalente, para Poirot, tiene como “criminal” a una dama, Amy Carnaby, que antes cuidaba a mujeres de alcurnia. Como últimamente le había disminuido el trabajo, lady Carnaby había ideado, junto con su postrada hermana - estaba enferma -, un truco con su perro pequinés, Augusto, con el cual había tramado secuestrar perros pequineses de familias ricas y pedirles doscientas libras como “rescate”.

Pero como ese dinero, le dijo lady Carnaby a Poirot, era para que ella y su hermana pudieran subsistir, no vio el detective mayor crimen y sólo le pidió que ya no lo hiciera y que se abocara a seguir cuidando a ancianas ricachonas. Poirot se muestra, muchas veces, magnánimo con los que cometen cosas ilegales, siempre y cuando, hayan sido para una buena causa. A lady Carnaby, la denominó una moderna Robin Hood.

2. La Hidra de Lerna: El Caso del Doctor Oldfield

El segundo trabajo de Hércules, el fortachón, fue acabar con la Hidra, monstruo de nueve venenosas cabezas, lo que logró con ayuda de su sobrino Yolao. Hércules le cortó las nueve cabezas y Yolao las cauterizó con una antorcha, para evitar que volvieran a crecer. Poirot conectó esa tarea con el caso del doctor Charles Oldfield, cuya esposa había fallecido un año antes, de una larga enfermedad.

Los chismes del pueblo en donde vivía habían esparcido el rumor de que él y su prometida, Jean Moncrieffe, con la que se había comprometido algunos meses después del fallecimiento de su esposa, eran los asesinos. La perspicacia de Poirot dio con la verdadera asesina, la enfermera Harrison, quien había estado cuidando a la esposa del doctor en sus últimos días. Fue la que, en efecto, la envenenó, pues creyó que sería la perfecta sustituta de ella, para contraer nupcias con el doctor Oldfield, una vez muerta aquélla.

3. La Cierva de Cerinea: Un Amor Platónico

Antes, Hércules tuvo que vérselas con Artemisa, la diosa que quería para sí a la venada de los cuernos de oro y pezuñas de bronce. Casi mata a Hércules, hasta que éste le explicó que era una de las doce tareas impuestas por Euristeo. Es el tercer caso de Poirot, en el que involucra la búsqueda de una chica, de la cual estaba enamorado un mecánico que le arregló a Poirot su auto, un Mesarro Gratz - marca inexistente de auto, una ocurrencia de Christie.

El mecánico le dijo que sólo la había visto una vez, pero que estaba perdidamente enamorado de ella. Fue, para Poirot, como buscar a la venada sagrada Cerinea, pues por más que averiguaba, no daba con ella. Finalmente, sus pesquisas rindieron frutos y supo que la chica en cuestión había muerto de enfermedad. Había sido dama de compañía de una actriz rusa, Katrina, que le cuenta del triste destino de esa chica.

Poirot le dice que, por la fallecida, un mecánico decente y bien parecido, sentía gran amor. Y qué mejor que Katrina para brindárselo, en vista de que ella, así como el joven mecánico, estaban tan solos y ansiosos de amor.

4. El Jabalí de Erimanto: La Captura de Mascarraud

El cuarto trabajo de Hércules fue capturar al jabalí del monte Erimanto, animal muy salvaje y destructor. Vivía junto a los centauros. Poirot, en su cuarta tarea, tuvo que descubrir en dónde se escondía un peligroso asesino, Mascarraud, que había escapado de la cárcel y había cambiado su personalidad.

Poirot, casualmente, estaba en Suiza, en donde un inspector de la policía de ese país, le informó que el prófugo se reuniría con sus cómplices. La sagacidad de Poirot, le permite descubrir que Mascarraud se había hecho pasar como un mesero de un aislado hotel en las montañas, en donde, justamente porque la única forma de llegar allí era por el teleférico, ese asesino se había refugiado.

5. Los Establos de Augías: Un Escándalo Político

La quinta tarea de Hércules fue limpiar los establos de Áugeas o Augías, rey de Élide, quien poseía cientos de cabezas de ganado, pero cuyos establos no se habían limpiado en treinta años. Hércules los logró limpiar en un solo día, desviando dos ríos. Fue el quinto caso de Poirot, que consistió en acallar un escándalo político.

John Hammett, del Partido Popular (ficticia organización política), ministro en quien la gente confiaba bastante, se descubrió que, en realidad era un deshonesto, corrupto hombre. Su yerno, Edward Ferrier, temía que con esa desacreditación, la gente votara otra vez por el acostumbrado partido en el poder, lo cual no convendría por ningún motivo, pues, según Ferrier, era retroceder. Percy Perry, editor del amarillista diario, cayó en la trampa y es acusado de libelo.

6. Las Aves del Estínfalo: Extorsión y Falsedad

La sexta tarea encomendada a Hércules (también conocido como Heraclio), fue deshacerse de las aves de Estínfalo, voraces aladas que comían carne y sus venenosos excrementos destruían las cosechas. Hércules trató, primero, de matarlas a flechazos, pero fue inútil. Pero la diosa Atenea le proporcionó un cascabel que ahuyentó a esos pájaros infernales, muchos de los cuales sí fueron alcanzados, finalmente, por las flechas de Hércules.

Una joven y hermosa mujer, Elsie Clayton, mata a su celoso esposo, que la atacó al sospechar que ella y Harold tenían una aventura. La madre de Elsie, la señora Rice, pretende actuar rápidamente y le dice a Harold que es posible sobornar a la policía de ese país, pero que costará mucho dinero. Se vale de un par de mujeres que están también en el hotel que todos ellos comparten, un par de polacas sesentonas, a las que acusa de ser extorsionadoras, pues se dieron cuenta de que Elsie había asesinado a su esposo.

Al final, Poirot descubre que la señora Rice es la que siempre, disfrazada, personifica al “esposo” de Elsie y que esa farsa la habían representado en muchos sitios, pues eran extorsionadoras profesionales.

7. El Toro de Creta: Paranoia y Suicidio

El séptimo trabajo de Hércules fue capturar al toro de Creta, que Poseidón hizo salir del mar, para que el rey Minos, lo sacrificara para aquél. Como Minos no lo hizo, por verlo tan hermoso, Poseidón hizo que la esposa de Minos, Pasifae, se cruzara con el toro, de lo cual nació el Minotauro (la zoofilia a todo lo que daba). Hércules capturó al toro y lo llevó a Euristeo, quien lo ofreció como sacrificio a Hera, que lo rechazó al ver la ferocidad del animal.

Tiempo después, Teseo, el ateniense, lo mató, pues el animal todo destruía a su paso. Diana quería saber si eso era cierto y si ameritaba que se rompiera el matrimonio. Todo era una trama de Charles Chandler para que Hugh creyera que tenía la misma tendencia paranoica, suicida, de él, que había sido heredada por varias generaciones.

Al ser descubierto Charles, Hugh y Diane vuelven a comprometerse, muy felices. Charles, toma un fusil, se pierde entre el bosque y se suicida.

8. Las Yeguas de Diomedes: Una Red de Drogas

El octavo encargo de Hércules fue atrapar a las cuatro yeguas de Diomedes, rey de Tracia, gigante hijo de Ares y Cirene. Esas yeguas, comían carne humana, devorando a todo aquél que se les pusiera enfrente. Hércules logró atraparlas. Diomedes lo persiguió con su ejército, pero fue derrotado. Después, quedaron tan mansas, que Hércules las ató al carruaje de Diomedes y con él se fue a entregarlas a Hera.

El caso número ocho de Poirot fue el descubrimiento de una red de distribución de drogas. En especial, la cocaína es mencionada en esta historia. Un falso “general retirado”, Grant, se había hecho de cuatro jovencitas, a las que presentaba como sus hijas. En realidad, las usaba para enganchar a gente en el uso de las drogas, como la cocaína, que ellas les vendían.

9. El Cinturón de Hipólita: Robo de Arte

La novena tarea de Hércules fue robar el cinturón mágico de Hipólita, hija de Ares, reina de las Amazonas, legendarias, bravas guerreras. Al principio, Hipólita, seducida por el físico de Hércules, no tiene inconveniente en regalarle el cinturón, que sería para dárselo a Admete, hija de Euristeo. Sin embargo, Hera, que siempre buscó complicarle las cosas a su hijo, se hizo pasar por una amazona y engañó al ejército de guerreras, con que Hipólita había sido secuestrada por Hércules.

Este caso, el noveno de Poirot, contempló el descubrimiento de un par de ladrones de pinturas de famosos artistas, como Rubens, que escondían en las mochilas de jovencitas de secundaria. Ellas, ignoraban que, entre sus útiles, llevaran costosas obras de arte. Poirot descubrió la ingeniosa trama cuando una de esas alumnas es hallada deambulando a un lado de las vías del tren.

Antes, la habían reportado como extraviada, que había abandonado el tren, a pesar de que éste no había parado en ninguna estación. Poirot dedujo que los ladrones, una mujer y un hombre, hicieron pasar a la ladrona como a la alumna. La habían drogado, para que no subiera al tren, y en su mochila, habían guardado la pintura. La disfrazaron como si fuera un cuadro mal hecho de acuarela de la alumna, y que ésta, lo había regalado a la directora.

Poirot despintó la superficial capa del feo dibujo y apareció la robada pintura de Rubens.

10. El Ganado de Gerión: Crítica a las Sectas

El décimo trabajo de Hércules fue que tuvo que robar el ganado de Gerión, monstruo de tres cuerpos, unidos por la cintura. Hércules tuvo que pasar por varios contratiempos para llevarle el ganado a Euristeo. Uno de ellos, fue que Hera, otra vez complicándole la vida, envió moscas panteoneras para que picaran el ganado y se dispersara. Hércules lo reunió de nuevo, pero, luego, la princesa Celtina se enamoró de él, y escondió el ganado, que sólo le daría si le hacía el amor. Así lo hizo Hércules y de ese desliz, nació Celtus, el progenitor de los celtas, antiguo pueblo guerrero.

Para Poirot, el noveno caso fue el descubrir una secta, que se hacía pasar por muy religiosa y ética, que acogía a mujeres solas, para que en ella, hallaran la paz y la compañía que necesitaban. Poirot tiene la ayuda de Amy Carnaby, la mujer que había usado a su perro Augusto para secuestrar a otros. Ya, enmendada, le comenta que tiene una amiga, Emmeline Clegg, que está en esa secta, y que siente que la están enajenando mucho.

Al final, Poirot descubre que Andersen empleaba una droga para enajenar a esas mujeres, averiguar que enfermedad tenían, y aumentar las dosis, para que tal enfermedad se acentuara y murieran de eso. Muy interesante este caso, pues es una abierta crítica de Christie a las tóxicas sectas que sólo sacan provecho económico de sus ingenuos adeptos (recomiendo ver la cinta mexicana “González: Falsos Profetas”, del 2013, dirigida por Christian Díaz Pardo, que muestra muy bien ese extendido problema.

11. Las Manzanas de las Hespérides: Un Cáliz de Oro Robado

La onceava tarea de Hércules fue robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, nobles y bellas ninfas que vivían en un encantador jardín. Hércules las robó engañando a Atlas, el sostenedor del cielo, de que las hurtara. Al final, Hércules le pidió que sostuviera de nuevo el cielo, para que él se colocara su capa, y le arrebató las manzanas, para llevarlas él mismo a Euristeo (luego fueron devueltas por la diosa Atenea).

Para Poirot, su onceavo caso fue descubrir en donde se hallaba un cáliz de oro, robado a Emery Power, rico banquero. La histórica joya, cargada de asesinatos y peleas por poseerla, que había pertenecido al Papa Alejandro VI (Rodrigo de Borja), llevaba diez años perdida y Power, haciendo alusión a su apellido, quería recuperarla, pues había pagado treinta mil libras por ella.

Poirot tuvo que recorrer varios países para dar con la joya, la que finalmente estaba en un convento. Poirot, habiéndola recuperado, la lleva a Power. Éste le pregunta que a cuánto ascenderán sus honorarios. “A nada, sólo quiero que devuelva la joya, que al fin y al cabo, ha estado sellada con ambiciones y muertes por poseerla. Allí, estará a salvo, y usted podrá librarse de su maldición mortal”.

Lleva la joya de regreso con las mojas, diciéndoles que Power puso como condición que rezaran por él. “Él, necesita sus rezos”, dice Poirot a la madre superiora. “Es un hombre infeliz”, inquiere ella. “Tan infeliz, que ha olvidado lo que la felicidad significa. Tan infeliz, que él no sabe que es infeliz”, replica Poirot.

12. Cerbero: Contrabando y Desilusión

La última tarea de Hércules fue llevarle el temible Cerbero a Euristeo, el perro de tres cabezas que vigilaba la entrada al inframundo. Tuvo que hacer varias cosas, como casarse con Deyanira, hermana de Melaguer. Hades, dueño de Cerbero, según una versión, se lo regala, a condición de que no le haga nada. Hércules lo lleva a Euristeo, quien al ver a la “horrible bestia”, le pide que la regrese en donde la halló.

Es el último caso de Poirot, que tiene que ver con su encuentro con una vieja amiga, la condesa Vera Rossakoff, “toda una mujer, elegante, de gran personalidad, muy femenina”. Deja ver Christie, a través de Poirot, que para ella es muy importante que la mujer sea femenina y elegante, ante todo. Poirot la visita y queda maravillado con el sitio, que es en donde conoce a Alice Cunningham, novia de Niki, hijo de la condesa, el cual, trabaja en Estados Unidos.

Alice es estadounidense y visita Inglaterra para hacer un ensayo sobre las personalidades criminales. Esa es su pantalla, pues, en realidad, opera una red de contrabando de cocaína, que hace dentro del cabaret, sin que la condesa lo supiera. La condesa tiene a un fiero perro, Dou-dou, quizá un rottweiler (no se especifica la raza, pero es muy bravo), que está allí para vigilar el lugar.

Habían dicho inspectores policiacos a Poirot, de que en el sitio se contrabandeaban drogas, pero no era tan grave, en opinión de la condesa, “algo normal”. Sin embargo, cuando Poirot le dice que Alice era la que coordinaba la red de narcotráfico, se queda estupefacta. Todo se aclara y lo único que lamenta la condesa es que su hijo se haya quedado sin novia, pues Alice estará varios años en la cárcel.

La condesa ha sido la obsesión de Poirot durante varios años. Se queda pensando Miss Lemon si no será que Poirot esté enamorado.

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