Las pancartas en las manifestaciones sociales, especialmente en el ámbito laboral, han cobrado un protagonismo significativo como medio de expresión y reclamo. Los lingüistas de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), a través del doctor Juan Pablo Reyes, han analizado en detalle distintos tipos de formas de comunicación, prestando especial atención a estas expresiones.
Análisis Lingüístico de las Pancartas
“(Las pancartas) nos llaman mucho la atención. Además, sabemos que los fenómenos sociales afectan directamente a los fenómenos lingüísticos. Entonces, lo que estamos viendo ahora es un tipo de pancarta nueva, tanto en sus contenidos como en las formas, que no se veía antes.
El especialista agrega que se han encontrado pancartas que dan cuenta de presencia de indigenismos, específicamente Mapuche, como “Desmilitarización del Wallmapu” y también anglicismos como “Esto es solo el opening, falta el ending”.
El Receptor del Mensaje
Otro aspecto que llama la atención del investigador dice relación con quién es el receptor del mensaje. Es decir, a quién apela el contenido de cada pancarta. En algunos casos -precisa- el mensaje va dirigido a la autoridad, a las instituciones o a quienes toman decisiones.
“Las frases, las oraciones o slogan… generalmente (la pancarta) es una frase espontánea, es muy irónica. Nace desde los afectos, la emoción, a veces de la rabia, angustia o miedo. Es una voz de reclamo, es acusación, aclamación y que se entronca con esos aspectos carnavalescos que se producen en nuestras manifestaciones masivas, ya sea por festivales, o pasacalles.
El doctor Reyes asegura, además, que la pancarta tiene la posibilidad de influir en la opinión del otro. Para ello, el mensaje es muy local (nacional), en el sentido de que solo lo entienden las personas que viven en el país, a quienes les hace mucho sentido el mensaje de reclamo o denuncia de las pancartas.
Finalmente, el lingüista advierte que el grado de impacto que tiene una pancarta es muy alto, pues el mensaje queda escrito, el mensaje se puede acompañar con dibujos o con símbolos, siempre es muy claro y minimiza toda doble interpretación.
El Contexto del Estallido Social en Chile
En Chile, con el Estallido Social de octubre de 2019 explotó el descontento contra casi todo lo establecido. Aunque se suele decir que con este acontecimiento el país “despertó”, lo cierto es que hemos asistido a un ciclo de movilizaciones que no han cesado desde el 2006 en adelante y en el que los feminismos han adquirido un protagonismo extraordinario durante los últimos tres años.
Ya desde el 2011, en el contexto de las protestas del movimiento estudiantil, junto a las proclamas que demandaban una educación “gratuita y de calidad”, empezamos a ver carteles que también reclamaban una “educación no sexista”.
En los años siguientes observamos cada vez más cómo las calles se iban llenando de manifestaciones enlazadas a lo que ocurría globalmente, con movimientos como Me too, que denunciaban la violencia sexual, o, como en el caso de América Latina, con las movilizaciones por “Ni una menos” contra los femicidios y la “marea verde” en favor del derecho al aborto.
El Tsunami Feminista y su Impacto
En mayo del 2018 se produjo el “Tsunami Feminista”, cuando debido a la indignación que provocaron escandalosas denuncias de acoso sexual en las universidades, las estudiantes feministas mantuvieron en “toma” a más de 30 facultades, 15 universidades y algunos emblemáticos liceos en las principales ciudades del país.
A la par, rebasaron las calles con innumerables movilizaciones bajo un nuevo repertorio de protesta, reconfigurando otro tipo de liderazgos, feministas y disidentes. Con ello, las estudiantes lograron también alterar las clásicas formas de politización estudiantil de la izquierda masculina universitaria y disputar los imaginarios sociales sobre la violencia de género que la reducían al espacio doméstico o a un problema de varones desadaptados.
En paralelo, esta movilización tensionó la propia trayectoria del movimiento feminista chileno, uno que ya venía complejizándose con nuevas interrogantes acerca del movimiento, o los desafíos que implica reconocer la interseccionalidad de las diferentes formas de dominación en las que participa el género, entre otras.
Poco más de un año después, para el Estallido de octubre del 2019, los feminismos fueron parte esencial de la movilización y del proceso constituyente que se abrió a partir de este acontecimiento.
Sabemos que, tanto en Chile como en Latinoamérica, el movimiento feminista es de larga data, ha tenido diferentes maneras de ser nombrado e historizado y se ha sostenido por años de activismo y trabajo en múltiples espacios y desde disímiles formas. Lo nuevo es la masividad en las movilizaciones y la radicalidad de la interpelación feminista que atraviesa prácticamente todos los ámbitos del orden social.
Análisis de las Conmemoraciones del 8M en Valparaíso
Este texto analiza las conmemoraciones del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, entre los años 2017 y 2021, basándose en un vasto trabajo etnográfico longitudinal de diferentes movilizaciones. Específicamente, se centra en el análisis de los registros visuales de los lienzos, pancartas y carteles que portan las manifestantes durante las marchas.
Para ello se usa la metáfora de la gramática, no porque se crea en una visión estructuralista del lenguaje sino porque interpretamos las movilizaciones feministas como una provocación a las reglas y normas del habla que, a partir de un “Basta”, buscan cambiar el juego.
Los resultados muestran cómo esta movilización, que históricamente ha sido el escenario más importante de las demandas del movimiento feminista, se transformó en un masivo acto de denuncia de la represión política de las manifestaciones del Estallido Social.
La hipótesis es que la forma en que los movimientos feministas disputan el género y amplían el reclamo contra la violencia, se relaciona estrechamente con las memorias sociales de la dictadura, especialmente con aquellas de las resistencias y las denuncias de las violaciones a los derechos humanos, así como con la presencia de diferentes formas de transmisión generacional de esas memorias dentro de los movimientos feministas.
En línea con otras investigaciones recientes, se ha estudiado el repertorio de las manifestaciones de los últimos años, considerando especialmente el uso de los cuerpos y “cuerpas” como un aspecto clave de la acción colectiva de estudiantes, mujeres y disidencias sexuales. Sin embargo, creemos que ello no debería dejar de lado el análisis de las palabras y sus soportes -lienzos, carteles, pancartas- como parte fundamental de la protesta.
A través de esta gramática de la acción colectiva se denuncia, se demanda, se solidariza, se interpela y se abren nuevas posibilidades para “con-vivir”. Las palabras operan en una trama donde se articula la indignación que provoca la violencia de género del presente y del pasado con la creatividad de la política feminista para imaginar y proponer otras formas de vivir que interrumpan y transformen la precarización de la vida. Esta gramática es el foco de nuestra reflexión.
Despliegue de los Carteles en las Marchas del 8M
Los carteles de las marchas del 8M y sus consignas se despliegan en distintos niveles:
- Como un acto de denuncia.
- Como un artefacto de memoria.
- Como espacio de transmisión del pasado para la activación política.
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