De entre todos los héroes griegos, probablemente ninguno haya alcanzado tanta fama como Hércules. En los distintos capítulos del presente libro, el joven lector conocerá los motivos que le llevaron a afrontar los legendarios doce trabajos que tuvo que realizar para el rey Euristeo de Tirinto, desde el enfrentamiento con el león de Nemea hasta su descenso a los Infiernos. Un apasionante relato que le pondrá en contacto con el mundo de los mitos clásicos, con su rico cortejo de dioses y de monstruos fabulosos.

Para complementar material sobre los signos del zodíaco, agregaremos las doce tareas de Hércules, como representante del espíritu humano y símbolo de lo que el héroe va aprendiendo de cada signo en sus doce trabajos. Estas tareas tienen origen divino, pues es Hera quien las encarga y simbolizan el impulso al desarrollo interior del individuo.

El Origen de las Tareas

En la mitología griega Zeus, esposo de Hera, tras dejar embarazada a Alcmena -quien dará a luz a Hércules-, proclamó que el próximo hijo nacido en la casa de Perseo se convertiría en rey. Hera adelantó el parto de Euristeo, primo de Hércules, que nació a los siete meses de gestación, mientras que Hércules se quedará hasta los diez en el vientre de su madre. De esta forma Euristeo se convierte en el rey de Micenas. Cuando Zeus advierte lo que ha sucedido montó en cólera, pero su imprudente proclama siguió en pie.

Las Yeguas de Diómedes: Aries

Euristeo encarga a Hércules traerle las yeguas carnívoras de Diómedes, rey de Tracia. Éstas han sido criadas para la guerra y se alimentan de carne humana. Hércules deberá traerlas vivas a Euristeo.

«Con gritos de triunfo Hércules se lanzó, con arrogante confianza y seguridad de poder» (A. Bailey 1974). Para realizar esta hazaña Hércules se acompaña de su amigo Abderis. Juntos, rompen las cadenas, sacan las yeguas de los establos y escapan de su dueño logrando una gran ventaja. Sin embargo, antes de embarcar, Hércules impulsado por la ira y el orgullo, deja a Abderis al cuidado de las yeguas y regresa para castigar a Diómedes y sus soldados, haciéndolos caer en un canal que construye en ese momento para frustrar la persecución.

De vuelta donde Abderis, se da cuenta que su amigo no fue capaz de cumplir sus órdenes y observa horrorizado que las yeguas lo han pisoteado y desgarrado su carne. En venganza por la muerte de su amigo, Hércules asesina a Diómedes y lo entrega a las yeguas para que se lo coman. Esto las calma momentáneamente, pero ha de capturarlas nuevamente para llevarlas solo a Micenas.

La forma en que Hércules enfrenta esta tarea, tan impetuosamente, sin medir las fuerzas necesarias, dejándose dominar por la ira y el orgullo, finaliza en dos pérdidas: la muerte de su amigo Abderis y tener que capturar las yeguas nuevamente, pero la segunda vez solo. Debe aprender la verdadera lección de esta tarea, para poder pasar a la siguiente. Después del fracaso, recomienza con más madurez, mesura y estrategia. Sopesa las fuerzas con que se está batiendo y los recursos con que cuenta. Esto es no ser tan incauto y arrogante y cerciorarse que la tarea está terminada. Tiene las fuerzas necesarias y la competencia para ello, pero debe planificar y usar los dones de la mente en el trabajo, no sólo el cuerpo.

Alice Bailey relaciona este trabajo con Aries debido a la actitud de Hércules en esta tarea y su fracaso inicial, el impulso de empezar, de crear y de recomenzar.

El Toro de Creta: Tauro

El trabajo, relacionado con este signo, que Euristeo le impone a Hércules consiste en atrapar vivo el toro de Creta. El otro toro es el que llevó a Europa hasta las costas de Creta. Minos se casó con Pasifae y cuando murió Asterión, aspiró a ser rey de Creta. Para justificar sus pretensiones le pidió al dios Poseidón, señor de los mares, que le entregara un toro para sacrificarlo.

Esto refleja parte del lado sombrío de Tauro cuando es dominado por la codicia y la vanidad. Asimismo, como relata Daniel Dancourt, la negación al sacrificio del toro se convierte en una negación al desarrollo del espíritu, ya que dicho sacrificio habría significado el de la propia avaricia. Pero Poseidón como dios, no era engañable y castigó a Minos, enloqueciendo al toro. Además, llamó a Afrodita -la de mirada vacuna-, para fraguar otra venganza: La diosa hizo que el toro desatara una pasión desenfrenada en la esposa del rey Minos.

Pasifae se las arregló para satisfacer su ardiente lujuria -otro aspecto sombrío de Tauro-, con la ayuda de Dédalo -un genial inventor y escultor-, artífice de estatuas que parecían vivas, quien construyó una vaca de madera de tamaño real en cuyo interior se escondió la reina. Fue así como ella engañó al toro que dio rienda suelta a su natural fogosidad. Pasifae aplacó su deseo y el resultado de esta extraña relación fue el nacimiento del Minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre que se alimentaba exclusivamente de carne humana.

Alertado por unos oráculos, Minos no se atrevió a matar a la extraña criatura y le pidió a Dédalo que construyera un lugar donde albergarle, lejos de cualquier mirada humana. Otro aspecto de Tauro es su visión realista de la vida que limita su percepción a las cosas como son aparentemente, y no quiere profundizar en las realidades ocultas, el inconsciente, las emociones reprimidas, un mundo subterráneo que va más allá de las buenas intenciones taurinas. Si sólo se percibe lo aparente, la vida es un laberinto sin salida.

Por otra parte, el toro blanco enloquecido por Poseidón, echaba fuego por la nariz, pisoteaba las cosechas y mataba a embestidas a todo el que se cruzase con él. Euristeo, enterándose de las terribles destrucciones en Creta pensó que sería un desafío insalvable para su primo Hércules y le ordenó: «Irás a Creta, capturarás al toro y me lo traerás vivo».

Hércules, en esta tarea, decidió ir solo a la batalla, no llevar ningún arma y valerse únicamente de unas cadenas de bronce para atraparlo. Cuando llegaron ante la presencia del rey, sorprendido por el coraje de Hércules, Euristeo anunció que sacrificarían al animal celeste en el templo de Hera. seguía considerando a Hércules su enemigo y no aceptó nada que viniese de sus manos.

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